Recaudando fe: Rosa Vásquez vende chocotejas para costear su operación

Desde hace años, Vásquez vende sus productos elaborados de forma artesanal en la 15 de Calacoto. A la lucha diaria, se suma el reto de reunir 1.000 dólares para cubrir su intervención.
viernes, 05 de julio de 2019 · 00:04

Aldo Peralta  /  La Paz

Inmersa entre una multitud de autos parados y transeúntes contagiados por el virus de la prisa, Rosa Teresa Vásquez aprovecha los escasos segundos que dura el semáforo en rojo para vender sus deliciosas chocotejas.    Lo que recauda, aparte de ser el sustento de su vida diaria, es un aliento a la esperanza de poderse operar algún día  su codo derecho.

Envuelta en tonos oscuros, Vásquez sostiene en su brazo izquierdo una bandeja surtida de chocotejas. Cada vez que el semáforo le da un respiro a la quietud, Rosa se entrega a las líneas amarillas que dividen los carriles de la calle 15, en Calacoto, para ofrecer sus apetitosos productos a las personas que por momentos detienen su movilidad en la calle.

Caminar para vender es su rutina diaria, incluso hasta los domingos; una actividad que, a sus 55 años, Vásquez desarrolla desde primera hora de la mañana con el anhelo de reunir los 1.000 dólares que le permitirán cubrir algunos gastos de su operación.

“Es un poquito sacrificado porque hay que caminar toda la mañana. Yo llego aquí 7:15 o 7:30 y estoy hasta las 4:00 tarde aproximadamente, a veces hasta un poco más”, relata Vásquez, quien ante la falta de un espacio físico –como un kiosco o una tienda–, deambula sola en la calle con la expectativa de cruzarse con su clientela. O atraer algunos nuevos “caseros”. 

Asegura que lleva varios años vendiendo chocotejas en esta calle y pese a la dificultad de no tener el brazo derecho totalmente funcional, Vásquez tiene una meta cada día. “Procuro vender 40 (chocotejas) al día, es lo ideal. A veces me quedo con 10, a veces con tres. Hay fechas en que rápido termino y hay semanas en que varía la venta”, explica Vásquez. Revela que la peor venta que tuvo fue de cinco chocolates en un día entero de trabajo.

 Elaboración artesanal

Las chocotejas son un dulce representativo del Perú. Las que elabora Vásquez son unos bombones de chocolate alargados, del tamaño y grosor de un pulgar. Después de dar el primer mordisco, aflora el sabor del relleno que uno elige al comprarlos. La textura del coco rallado, el ciruelo, o la dulzura del manjar se siente por completo en el paladar. El precio unitario de cada chocoteja es de cinco bolivianos. 

Para elaborarlas, Vásquez emplea dos variedades de chocolate y un par de bandejas de silicona. Para hacer la base, recubre los moldes con una primera capa de chocolate derretido y espera a que enfríe. Este tipo de chocolate que ella emplea debe ser de mayor consistencia porque, de alguna manera, el producto final estará expuesto al sol antes de ser consumido.

“Luego que enfría uno pone el relleno: dulce de leche, ciruelo, en otras almendra, manjar puro, pasas o maní. También se hace con coco (rallado). Y una vez que se ha rellenado, se procede al tapado”, explica Vásquez, al tiempo de confesar que esta receta la aprendió gracias a su nuera. El chocolate que utiliza para “tapar” las chocotejas es un chocolate más sencillo, de menor consistencia que el primero. Pero ambos chocolates son de sabor amargo, para balancear la degustación con el sabor dulce del relleno. 

Rosa Vásquez  tiene dificultades para manipular su brazo derecho.

El último paso en la elaboración es el revestimiento de las chocotejas. En esta etapa, Vásquez maneja dos tipos de envoltura, dos papeles: uno interno, color blanco, y otro externo, de diferentes colores, los cuales le permiten diferenciar los productos. 

Comenta que por ahora una de sus hijas la ayuda en la producción de los chocolates, debido a que ella tiene dificultades para manipular el brazo derecho. Un accidente en diciembre de 2018 le dejó el codo afectado.

 El accidente

El incidente tuvo lugar a pocos metros de donde Vásquez realiza sus ventas, entre la avenida Ballivián y la calle 15 de Calacoto. Ocurrió la tarde del 20 de diciembre, después de concluir una jornada más de trabajo. La productora de chocotejas se disponía a retornar a su domicilio cuando, tratando de abordar el transporte, se cayó.  

 “Me caí al subir a un minibús. Había una funda de tela, entonces al subir se soltó la funda y yo, por no pegarme  en la cabeza, giré y caí sobre el brazo. Fui llevada a un hospital y me sacaron radiografía. Dijeron que hay luxación (dislocación) y que no está roto (el brazo). Después llamaron a un chico que supuestamente acomodó (el hueso) y sobre eso me enyesaron, pero no había hecho nada” relata Vásquez.

Tras el accidente su brazo derecho quedó afectado. La posición del codo no es la normal. Gira el brazo con dificultad al mostrar toda la extremidad. Vásquez asegura que siente dolor cuando realiza algún esfuerzo con ese brazo, por lo que está a la espera de reunir el monto de dinero que le permita cubrir algunos costos de la recuperación una vez que se someta a una intervención quirúrgica. 

Rosa Vásquez es de Chile, pero asegura que radica en Bolivia desde hace más de 30 años. Tiene cinco hijos, tres de ellos son varones, dos, mujeres: Ivet, de 17 años, y Mónica, de 20.  Mónica es quien ayuda a su madre en la elaboración de los chocolates. 

Por el momento, Vásquez vive sola en un garzonier ubicado en la zona más alta de Chasquipamapa. El alquiler que paga por la vivienda donde se producen los bombones es de 700 bolivianos al mes. 

Vásquez revela que en cada elaboración alcanza a producir entre 100 y 120 unidades. Esa cantidad de chocotejas es para unos tres días de venta, porque su reto es vender cada día 40 unidades. No obstante, hay semanas en que produce tres veces los productos. 

La materia prima para elaborarlos la consigue en el mercado común. Destaca que están hechos de manera totalmente artesanal y sin ningún tipo de conservantes. Pero echar a andar el negocio no es tarea fácil, y mucho menos con la dificultad que por ahora aqueja a Vásquez. 

“En la primera venta se vuelve a asegurar el material. En la segunda venta ya sale para lo que está dispuesto y predestinado en gastos” explica, mientras abandona el punto móvil de venta para ir a comprar la materia prima que le permitirá seguir adelante con el negocio durante los próximos tres días.

 


 

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