¿Cuántas veces el minibús arruinó su día? 4 historias

Los pasajeros cuentan experiencias desagradables que vivieron a bordo de uno de estos vehículos de transporte público un día cualquiera en la ciudad de La Paz.
viernes, 30 de agosto de 2019 · 00:04

Alejandra Pau / La Paz

Todavía falta para Halloween, pero estas personas   vivieron su viernes 13 cuando se subieron a un minibús.  Desde casi pelearse a puñetazos  con un chofer  hasta intentos   “descuidistas”, estas son  cuatro historias  de hechos que arruinaron la jornada de los pasajeros  que viajaban en  un “mini”.

Las experiencias que aquí se cuentan se enfocan en   vivencias cotidianas con las que cientos de pasajeros  pueden sentirse   identificados; no así otras relacionadas con víctimas de   crímenes. Los entrevistados accedieron a contar su historia utilizando nombres ficticios.           

Muchas de las historias compartidas dejaron en claro  que los golpes o caídas producidos cuando un conductor arranca, no desacelera antes de los rompemuelles o frena de golpe, arruinan el día (y posiblemente la salud).  La falta de limpieza arruina el día.  La mala educación, el trameaje  o los cobros irregulares de los choferes arruinan el día. Cuando no dejan subir a ancianos o niños también arruina el día. 

Abecor

    Entrar apenas en un asiento y salir con dolor de rodillas, porque al chofer se le ocurrió aumentar una fila de sitios, arruina el día. Que el conductor  ponga más atención a una llamada por el teléfono móvil,  o a mandar mensajes de  texto, arruina el día.

 Que no haga mantenimiento al “mini”, y que éste se incendie en alguna avenida de La Paz, arruina el día. Que se dañe  la ropa porque se enganchó a algún fierro u otra protuberancia, que implique un arreglo improvisado dentro del vehículo, arruina el día.
       
 Cambio de ruta y un puñetazo

“El cartel decía Iturralde. Ahora usted lo cambia para irse por la avenida Busch”, dijo Gustavo molesto porque había esperado mucho tiempo por un minibús que circule por esa vía. Así empezó una discusión que es el pan de todos los días para muchos pasajeros en La Paz. 

Había sido una jornada complicada  para Gustavo en la universidad y no estaba dispuesto a negociar la ruta establecida; su desventaja era ser el único pasajero en el “mini”. 

“‘Bájese entonces’, me dijo el chofer en la plaza Uyuni”. El universitario se bajó pero no pensaba pagar porque estaba lejos de  su destino y no tenía más dinero.

Abecor

 Al negarse a pagar, el conductor  descendió del vehículo y lo encaró dándole un empujón. “Sumado al día que tenía, me enojé y le planté un puñetazo al chofer. Le pregunté por  qué  se alteraba tanto por dos pesos cuando él me perjudicaba con el cambio de ruta. No justifico mi actitud, pero me saqué”. 

Al final, la pelea callejera no se concretó. Gustavo pagó en contra de su voluntad y   tuvo que recorrer un tramo largo a pie  desde la plaza Uyuni hasta su casa,  por falta de liquidez e indefensión ante el trameaje.

 Subestimar a una madre

Claramente el chofer de este minibús, y su coqueteo con la delincuencia, subestimó a la madre de Mariana. La señora llevaba una PC consigo y a la altura de la gasolinera de la Kantutani el conductor les pidió a los pasajeros que se bajen para cargar gasolina.  

La madre de Mariana preguntó si podía dejar el equipo dentro del minibús  y él  dijo que sí. Luego de abastecerse de combustible, el chofer se subió al vehículo y  cuando los pasajeros se disponían a subir  arrancó sin previo aviso rumbo a la calle Presbítero Medina, en Sopocachi.  

Todos los días miles   de personas se movilizan en minibús.

“Para su mala suerte el auto se ‘ahogó’ y se apagó el motor. Mi mamá, en su rabia y agilidad, alcanzó  al minibús. El maestro le dijo que  no se había dado cuenta que el ordenador estaba dentro, pero se estaba dando a la fuga. Claro, entre los pasajeros lo obligaron a bajar, a devolver el equipo y los pasajes. Fue un escándalo”, rememora Mariana.

 Embarazo y un día caluroso

Cinthia tenía casi cuatro  meses de embarazo en septiembre de 2018; era un día de esos que el sol quema. Alrededor de las 13:00  abordó un minibús desde Achumani para ir a Miraflores y se sentó en un asiento de la primera fila, justo  detrás del conductor. Notó que no había ventilación y   el ambiente estaba muy cargado, así que  abrió la ventana. 

“Olía a todo y yo me empecé a indisponer y por eso abrí la ventana, pasaron como cinco minutos cuando  el chofer se dio la vuelta y cerró la ventana. Yo no podía creer lo que pasaba, así que después de unas cuantas cuadras, como cinco minutos más tarde, abrí de nuevo la ventana”, apunta Cinthia.  

Un minibús se incendió en la avenida Mariscal Santa Cruz  el 2013.  

El conductor se dirigió a ella y le dijo que había cruce de aire y volvió a cerrarla,   minutos después ella   empezó a sentir náuseas.   Indignada, Cinthia le dijo al chofer que estaba embarazada e indispuesta y abrió nuevamente la ventana; él no le respondió. 

Al bajar y pagar su pasaje, la joven  le dijo que su automóvil necesitaba aseo y que la limpieza es importante cuando se brinda un servicio público. 

“Al darme el cambio, el minibusero me dijo que si no me gustaba ir en esas condiciones tome un radiotaxi, que era una muerta de hambre por pagar dos monedas de pasaje y encima  ponerme exigente. Arrancó  rápido y ya no le pude decir nada,  me quedé con la rabia encima”, asegura la madre primeriza.

 Los “cargadores”

Abel es músico. En una oportunidad, después de una presentación en el centro de la ciudad de La Paz, debía recoger a su pareja de un festejo por el Día de la Madre, que se realizaba en la Ceja  de El Alto.

 Alrededor de las 3: 30 y sobrio  se dispuso a tomar un minibús de la Pérez Velasco  para llegar  a su destino. En el lugar había muchas personas en estado de  ebriedad buscando transporte. 

A varios metros de la Pérez vio una fila de minibuses estacionados uno detrás de otro y  escuchó a un voceador que anunciaba la ruta que pasaba por la Ceja. 

 “Me acerqué y me subí, pero parece que me  vieron sano y de pronto el voceador empezó a anunciar una ruta distinta, creo que a Pura Pura. Pensé que se había confundido, así que me bajé y me subí a otro minibús”, recuerda el músico. 

  Cuando ya estaba sentado en el otro automóvil, escuchó que el voceador del primer  vehículo volvía a anunciar la ruta que pasaba por la Ceja.

El minibús al que subió  esperó por pasajeros  durante más de diez minutos. En ese tiempo, Abel  se dio cuenta de  que las personas que abordaban el  vehículo  del que lo desalojaron estaban ebrias, pero otras solamente  parecían  estarlo. 

“Me di cuenta  de que  además ayudaban a subir a las personas que estaban muy mal (...). A mí prácticamente me botaron de ahí”, enfatiza. 

 Fue entonces cuando  escuchó decir al conductor del vehículo en el que se encontraba, “‘estos son  pues los cargadores’ o un término parecido. Lo realmente de terror fue que los mismos choferes sabían  de esta actividad y no decían nada. Parece que esto sucede cada vez que  hay días festivos”, destaca Abel. 

   Si bien no le sucedió nada, todo el trayecto a la Ceja estuvo con los nervios de punta, atento a cada movimiento y sonido dentro del minibús que lo transportaba. “No arruinó mi día sino mi madrugada. El susto con el que viajas después de eso no se te quita en unas buenas horas”, concluye el músico.
 

 

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