Cochabamba a la deriva, sin norte ni proyecto común

De ocupar en el pasado un sitial privilegiado, actualmente la región se ha rezagado .
sábado, 14 de septiembre de 2019 · 01:28

Los Tiempos y Katiuska Vásquez   / Cochabamba

“En definitiva, encontramos (en Cochabamba) un agro que no crea riqueza, una ciudad dominada por múltiples grupos de intereses locales y, lo que es más grave, notamos la ausencia de élites conductoras, organizadoras y planificadoras de los procesos de trabajo. Todo lo anterior trae como consecuencia una sociedad a la deriva, sujeta a las improvisaciones, a los vaivenes políticos y al disfrute de la desobediencia civil”, así concluye la memorable investigación sobre las estructuras de poder en Cochabamba de José Gordillo, Alberto Rivera y Ana Evi Sulcata.

 Si uno no se percata de que la investigación data de 2007, pensaría que los autores están hablando de la Cochabamba de hoy, de 2019. Doce años después, parece que las condiciones indicadas arriba persisten en la Llajta. 

 Vista de Cochabamba  desde el Cristo de la Concordia.
  Foto:Freddy Barragán / Página Siete

Un departamento sin élites económicas importantes ni un proyecto regional que unifique a los diversos sectores son las marcas de Cochabamba desde la segunda mitad del siglo XX, lo que ha impedido a la región ganar liderazgo nacional y conformarse con el cuarto lugar, incluso por detrás de El Alto, tanto en términos demográficos como económicos. 

Pero no siempre fue así. Según la socióloga e investigadora del Cesuumss  Alejandra Ramírez, Cochabamba jugó un rol importante en la conformación del imaginario nacional, incluso desde la época de la Guerra de la Independencia.

“No olvidemos el rol de los ejércitos de Cochabamba, de las mujeres de la Coronilla. Fuimos marcando una especie de liderazgo no sólo político, sino también intelectual”, aseguró la investigadora. 

Plaza 14 de Septiembre, un  lugar icónico de Cochabamba. 
Foto: Opinión

Para el sociólogo Yuri Tórrez, la élite política en el departamento nunca tuvo en mente un proyecto regional. Tuvo un grupo de poder protagónico hasta la Revolución de 1952, que se sustentaba en los terratenientes. Una vez desactivados éstos, un vacío de poder se apoderó de Cochabamba hasta la actualidad. 

Ramírez agrega que en Cochabamba no existe una élite económica local fuerte. En el pasado había empresas importantes y fortalecidas como la PIL o el LAB; “ahora gran parte de nuestras empresas se han ido al oriente y quedan aquí pequeñas representaciones que se desplazan por los sectores informales”.

 Agrega que  si una empresa no tiene el nivel de formalidad necesario, tampoco tiene la capacidad de generar ingresos para retroalimentar la actividad productiva.

La gente migra  a la ciudad buscando una mejor calidad de vida.
Foto: APG

La socióloga lamenta que no existan élites que puedan generar un proyecto consensuado como sociedad. 

Un foro con varios especialistas organizado el año pasado por Los Tiempos sobre la pérdida de la pujanza económica de Cochabamba señalaba como las principales causas el bajón por efecto de la crisis agraria, la falta de agua, el cambio climático, las migraciones caóticas y la falta de consenso para trazar las políticas para la región.

 Y planteaban como posibles soluciones la diversificación de rubros económicos (hidrocarburos, industria, agricultura, turismo y conocimiento), además de afianzar los nexos interinstitucionales, fomentar inversiones y ajustar normas. 

  Una mujer trabaja  en inmediaciones de la laguna Alalay, en Cochabamba.  
 Foto:Freddy Barragán / Página Siete

Ramírez anota que es difícil lograr un nivel de consenso para devolver a Cochabamba su sitial como sociedad con un peso económico que influya en el ámbito nacional. 

“Somos una sociedad receptora y expulsora de migrantes. Nuestros proyectos están encerrados en sí mismos, donde el otro por definición es el enemigo. Tenemos una incapacidad de construir un proyecto conjunto”, sentencia la investigadora.

 70% de la población es urbana

Si hace 30 años la mitad de la población vivía en el campo y la otra en la urbe, ahora sólo el 30 por ciento de habitantes está en el área rural y el 70, en la región metropolitana, como parte de una tendencia casi irreversible por la intensa migración hacia los siete municipios del eje, desde Sacaba, pasando por la ciudad, hasta Sipe Sipe. 

La concentración de más población en una pequeña porción del territorio del departamento, en 510 kilómetros cuadrados de los 2.924 que abarca toda Cochabamba, “es un problema insostenible, porque desde la Participación Popular los recursos se han volcado al área rural y ocurre que hay infraestructura social desocupada”, explicó el secretario departamental de Planificación de la Gobernación, Filemón Iriarte Montaño. 

De 1.314.250 habitantes del departamento, el 64,4 por ciento -1.164.643 personas- está en la metrópoli; le sigue el trópico, con el 10,9 por ciento -191.560 habitantes-, considerada la segunda región con más crecimiento. En tanto, en el valle  la población se mantiene con 9,7 por ciento -151.822-. Mientras, en el cono sur y la zona andina están el 8,3 y 6,7 -146.430 y 110.652- respectivamente. 

“¿Qué ha ocurrido con la población de las cinco regiones?”, interpeló Iriarte. Siguió: “Sólo han crecido dos: el trópico y la metrópoli. Los valles se ha mantenido, la zona andina junto con el cono sur ha bajado, entonces ésa es la tendencia”. 

La llegada de más personas a la urbe, además, muestra la intensa migración del campo a la ciudad y el trópico. Cada año, la cantidad de inmigrantes se incrementa en un 5 por ciento en la metrópoli y en 4,6 en el Chapare, según el equipo técnico metropolitano. 

“Esto también atenta contra una política central del Gobierno: la seguridad y soberanía alimentaria, porque la población se dedica cada vez menos al cultivo y se agrava la dependencia de alimentos de otros países”, alertó Iriarte. 

¿Por qué la gente se viene a la ciudad? Según el responsable de Planificación, principalmente  porque en sus lugares de origen no tienen las condiciones de vida adecuadas y también para mejorar el futuro de sus hijos. 

De ahí que una estrategia para equilibrar el crecimiento sea la dotación de infraestructura productiva y social. “Por eso cada región debe tener un hospital de segundo nivel, universidades y institutos  tecnológicos”, explicó. 

Sin embargo, el centralismo está muy enraizado. “Recién con la Ley de Autonomías se nos dio la facultad de ejercer ciertos mecanismos como región”, remarcó Iriarte.
 

 

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