Los Reyes Magos en la historia, la tradición y el arte

Las primeras imágenes de estos personajes se encuentran en las catacumbas de Domitila, en Roma del siglo II. Mañana el mundo católico celebra la fiesta de Reyes.
domingo, 05 de enero de 2020 · 00:03

Francesco Zaratti /   La Paz

Si asumimos la historicidad del episodio narrado en el Evangelio de San Mateo, los Magos, no Reyes, llegaron desde Oriente a Belén,  guiados por una “estrella” (una señal astronómica o un símbolo teológico) para “adorar al rey de los judíos recién nacido”. 

La palabra griega magoi tiene diferentes significados, positivos y negativos, pero en nuestro caso se refiere con mucha probabilidad a sabios, astrólogos que proliferaban en las cortes imperiales de la antigüedad, hasta el siglo XVII, por lo menos. Por ejemplo, Johannes Kepler, el descubridor del movimiento planetario, tenía el cargo oficial de astrólogo de la corte de Praga. 

 La adoración de los Magos, de Leonardo Da Vinci (1481-1482), en la  Galería de los Uffizi de Florencia.

La función del astrólogo era interpretar los signos del cielo para asesorar al monarca en torno a decisiones vitales para su vida y la del reino. Cuánto de conocimiento astronómico y cuánto de criterio político y hasta sicológico había en ese asesoramiento es muy difícil medir. Algo similar sucede hoy con los adivinos y consejeros sentimentales que, en momentos de crisis, política o afectiva, llenan su agenda de citas con meses de anticipación.

Si bien tradicionalmente la Iglesia ha interpretado el episodio de los Magos como una “epifanía” - la manifestación del Salvador a las naciones-; en el texto de Mateo, su visita parece jugar el rol de justificación del traslado de la sagrada familia de Belén a Nazaret. En efecto, Mateo no conoce que Jesús nació en Belén a causa del censo romano (aspecto que sí conoce San Lucas); según él, a raíz del paso de los Magos por Jerusalén se desencadena la matanza de los inocentes por Herodes el Grande, cuya amenaza obliga a José a refugiarse en Egipto con su familia y de ahí establecerse finalmente en Nazaret. 

Sin embargo, no hay indicios de que José haya hablado en contra de Herodes desde Egipto, con la venia de los monarcas de allá.

El evangelio de San Mateo no da mayores indicaciones sobre número, nombres o procedencia de los Magos; gran parte de la tradición se basa en los evangelios “apócrifos”, que no son necesariamente fake news, sino que la Iglesia no los reconoce como oficiales, sin excluir que algo de realidad histórica pueda reflejarse en sus páginas.

 Después del descubrimiento de América, uno de los Reyes Magos es representado como un cacique indígena: El mago indio de Vasco Fernandes (1501-1506), en el Museo Grao Vasco, en Viseu, Portugal.

Con base en los relatos apócrifos, muy pronto, como atestigua una pintura en las Catacumbas de Domitila en Roma (siglo II), la tradición fijó en tres el número de los Magos. Hay dos interpretaciones de ese número. La primera, más temprana, es que tres son las edades del hombre: juventud, madurez y vejez. Alternativamente, hacia el final de la Edad Media, se interpretó que tres eran los continentes conocidos en ese entonces: Asia, África y Europa (las islas griegas). 

El mago de Asia fue representado con vestimenta de un árabe o persa; el mago de África por supuesto con piel negra y él de Europa como un sabio filósofo. Pero eso, por más equitativo que parezca, no calza con la narración de que los magos venían de Oriente, Mesopotamia o Persia.

 Una curiosidad es que, a comienzo del siglo XVI, a pocos años del descubrimiento de América, uno de los magos adquiere semblante de un cacique indio. Un ejemplo es el retablo de Vasco Fernandes, conservado en el Museo Grao Vasco, en Viseu, Portugal (1501-1506). Lo propio observamos más tarde en Perú, a cargo de las Escuelas Flamenga y Cuzqueña.

Hacia fines del Medioevo, junto con las representaciones pictóricas de la anunciación del Ángel a María y de la adoración de los pastores, se vuelve popular entre los artistas representar la Adoración de los Magos. Esa representación tiene ciertos elementos comunes (códigos) que poco a poco van evolucionando. Como el objetivo de este artículo no es hacer una reseña de las interpretaciones artísticas de la Adoración de los Magos, señalaré sólo algunos de esos “códigos”.

Adoración de los Reyes de   Andrea Mantegna (1500), en el Paul Getty Museum, Malibú.

Del arte oriental viene la representación del Celo de José. José es representado distante de la escena, ensimismado, meditabundo, como si dudara de su rol de padre. Más tarde se refuerza esa representación con la presencia de un diablo que tienta a José.

En cuanto a los Magos, inicialmente se los representa caminando en solitario hacia Belén, luego aparecen montando caballos que, hacia el siglo XV, se vuelven curiosos camellos pintados a veces de memoria o con base en la descripción de un viajero. En pleno renacimiento, los Magos no están solos, sino que los acompaña todo un cortejo de personajes vestidos a la moda de la época, como en la Procesión de los Magos, de Benozzo Gozzoli (1459). 

Al otro extremo, Andrea Mantegna (1500) elimina todos los elementos superfluos, para regalarnos una especie de selfie de los personajes, representados, al mismo tiempo con tres edades y tres naciones.

Otra curiosidad es que, en un ambiente dominado por varones, dos pintoras participan de manera destacada en la representación de esa escena: la barroca Artemisia Gentileschi (1636) y la más clásica Lavinia Fontana (1560). 

Entre los artistas que nos han dejado obras maestras en esa temática, cada uno con su sello personal, destacan, además de los nombrados, Giotto, Gentile da Fabriano, Masaccio, Botticelli, Leonardo, Durero, Tiziano, 

Memling, el siempre misterioso Giorgione, Rubens, Velásquez y hasta el inefable Salvador Dalí, que pintó un conjunto de tarjetas navideñas en los años 60 del siglo pasado.

La Procesión de los Magos, de Benozzo Gozzoli (1459), en el Palacio Medici Riccardi, Florencia. 1459-62.

La tradición cristiana

  • Tradición Después del nacimiento de Jesús de Nazaret, los Reyes Magos acudieron desde Oriente para rendirle  homenaje y entregarle regalos, desde  oro, incienso hasta mirra.
  • Antecedentes En los evangelios canónicos sólo el Evangelio de Mateo habla de estos personajes, pero no precisa  sus nombres, si fueron reyes y ni si se trataba de tres.
  • Identidad Los nombres con lo que se conoce a los Reyes Magos (Melchor, Gaspar y Baltasar) aparecen por primera vez en el mosaico de San Apollinaire Nuovo, Rávena, que data del siglo VI de la era cristiana. Ahí se distingue a los tres magos  con vestimenta persa.
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