Cinco mujeres rememoran los días negros de noviembre

Desde diferentes espacios y roles, ellas cuentan cómo vivieron las horas de violencia que siguieron a la renuncia de Evo
jueves, 09 de enero de 2020 · 00:04

Wanda Torrico  /  La Paz

 Luego de las elecciones presidenciales del 20 de octubre teñidas por el fraude electoral, Bolivia se sumió en una convulsión social que terminó con la renuncia y huida de Evo  Morales. Las movilizaciones comenzaron un día después de los comicios, el 21 de octubre, cuando la población salió en protestas pacíficas a defender su voto; sin embargo, con el paso de los días  Morales convocó a sus partidarios a manifestaciones violentas que en muchos casos terminaron en agresiones y saqueos. 

En las manifestaciones ciudadanas  en el país destacaron las mujeres con su organización y fuerza. Cinco de ellas rememoran cómo vivieron esos días. 

 Este trabajo fue elaborado en el marco de la Formación Dual en Periodismo que ejecutó la Fundación para el Periodismo con el apoyo de la Deutsche Welle Akademie

VIVENCIAS DE MUJERES DURANTE LAS JORNADAS EN DEFENSA DEL VOTO


Lourdes Millares 
 Diputada de Unidad Demócrata

Viví el conflicto en la ciudad de La Paz y fue difícil. Junto a otras compañeras parlamentarias hicimos vigilia con los chicos de la Resistencia.  Cuando renunció Evo Morales, la gente de la ciudad de El Alto comenzó a reaccionar de una forma muy notoria y al ser una mujer que durante varios años se enfrentó al gobierno de Morales, temí por mi vida. El momento más difícil fue la noche que en Sucre apareció una lista con el nombre de mi familia y la dirección de la casa de mis padres y de mi hija. El mensaje era claro: las casas debían ser quemadas. Pedí ayuda a mi hermana para que se llevara a mis papás a otro lugar. Hablé con el padre de mi niña y me pidió que me tranquilizara. El miedo me llevó a tomar la decisión de regresar a Sucre.

     El día que nos tocó volver a nuestras regiones, junto a otras parlamentarias, fue complicado llegar al aeropuerto. Pensábamos que nos matarían porque la gente en las calles de El Alto revisaba las movilidades. Veíamos llantas quemadas y personas en estado de ebriedad. Pensábamos que al ser políticas, la vida de las personas que íbamos a bordo de ese taxi corría peligro. Cuando llegamos, me recogí el cabello para que no me reconozcan, pero fue en vano.  Fue difícil llegar a Sucre, había bloqueo en Alcantarí y la Policía no podía escoltarnos para no generar confrontación. Tomamos otro acceso y así pude reunirme con mi familia. Las diputadas que hicimos vigilia en la Plaza Murillo recordamos y sentimos que todo valió la pena. Veo a mi hija de 10 años y pienso en todo el riesgo que corrió; pienso en el hecho de haber puesto en peligro la posibilidad de reunirme con ella y eso me trae una mezcla de sentimientos. 

Jiara López
 Vecina de Ciudad Satélite 


La situación en Ciudad Satélite era muy diferente a la que se vivía en La Paz. No había nada de las famosas “Pititas”. Todo era normal, hasta que renunció Evo Morales. Yo estaba en el centro paceño ese día, acababa de salir del trabajo y de repente comenzaron a llegar mensajes a mi celular. Mi familia me pedía que subiera lo más pronto posible a mi casa, que había saqueos. Intenté llegar rápido,  pero no había movilidad. Cuando llegué a mi zona vi cómo la gente gritaba en las calles y corría a resguardar sus casas. En las redes sociales decían que la gente del MAS estaba saqueando y quemando todo a su paso. 

En Ciudad Satélite casi no hay control policial porque tenemos seguridad privada. Es un lugar de comercios, pero sólo hay una EPI pequeña y difícil de ubicar. Esa noche, los vecinos llamaron a resguardar esa EPI. Salí con mi mamá y vimos cómo la gente empezaba a cerrar las calles ante la amenaza de una turba que quería atacar nuestra zona. Muchos policías se concentraron en esa pequeña EPI porque sus demás unidades ya habían sido incendiadas. 

Nos dijeron que ahí había gran cantidad de armas y explosivos, que por eso querían saquearla. No dormíamos haciendo vigilia. Nadie entraba ni salía de la zona. Yo cuidaba a mi mamá y mi casa. En las barricadas vi cómo las mujeres eran las que organizaban a todos. Nos movilizamos para conseguir wiphalas y ponerlas en nuestras casas para evitar que las ataquen. Cuando pasaban los marchistas nos amenazaban y las mujeres adultas salían  para pacificar; con ellas todo era distinto porque con los hombres todo era golpes y peleas.  Las mujeres correteaban, sonaban  alarmas y  postes, y eran las primeras en ponerse en alerta.
 

Martha Yujra 
 Ministra de Culturas y Turismo


Días antes de la renuncia de Evo Morales, me levantaba a las 4:00 para dejar cocinado para mis hijos y bajaba de El Alto a La Paz  para hacer mis barricadas en defensa del voto. Retornar a mi casa era difícil, a veces iba en movilidad hasta  la Ceja y de ahí  a caminar. Todo fue un esfuerzo y sacrificio, pero para la mujer de pollera primero están sus hijos, su  hogar. Marchaba, gritando, conscientizando, pero no descuidé a mi familia; mis hijos sufrían pero  me alentaban.

El miedo  por mis hijos  estuvo presente. Si Evo se quedaba en el Gobierno me  buscarían por dar la cara junto a otros dirigentes que nos levantamos  y rompimos la barrera de los masistas. Si eso pasaba, tenía que huir. Les dije a mis hijos que se cuiden y que les iba a mandar dinerito de cualquier lado. Vivía con esa idea. Después de la renuncia de Evo, los masistas marcaron nuestras casas, la mía y la del Tata Rafo (Rafael Quispe). Mi familia estaba en la clandestinidad. Mi esposo, que trabaja con su micro, y yo, íbamos de un lado a otro para no ser agredidos.

Cuando me invitó la presidenta Jeanine Añez para asumir el cargo de ministra de Culturas y Turismo fue una sorpresa, no lo creía. Entré al cargo en un momento muy crítico y difícil, pero a mi mente vino la idea de que si el pueblo me necesitaba, yo estaría ahí. Me preguntaba: ‘¿si no acepto, de qué  serviría mi lucha?’. Cuando vi que entre bolivianos nos estábamos lastimando por el odio que sembró el gobierno de Evo, dije ‘¡basta!’, hay que pacificar. El cargo no me cambió, sigo siendo una mujer de barrio que vende en su puesto de comida y orgullosa de su pollera. Por eso me ofrecí para interceder en el diálogo con la gente de El Alto, con mi gente.
 

Isabel Poma 
 Periodista de Paceñísima TV


El día que renunció Evo Morales quise saber qué pasaba en la ciudad de El Alto, así que decidí subir con mi equipo a hacer la cobertura, bajo mi propio riesgo. Ahí la gente no quería hablar y había personas en estado de ebriedad. Al llegar vi saqueos, agresiones y cómo quemaban llantas. El panorama era muy distinto al de  La Paz, donde se celebraba. Cuando un país se levanta es como si se levantaran dos mundos, dos sociedades.

Intentamos hacer nuestro trabajo, obtuvimos imágenes de los saqueos en puestos de comida en el multifuncional de El Alto y decidimos retornar  con mi compañero, pero cuando atravesábamos la pasarela, se acercó un hombre ebrio y agredió al camarógrafo, lo empujó, pateó, lo jaló y nos separaron. A mí me quitaron el morral y una señora de pollera me jaló  del cabello hasta tirarme al piso. Ahí me patearon hombres y mujeres. Destrozaron el micrófono  y el visor de la cámara. Lo único que quería era que no me lastimen el rostro, salir de ahí y no callar lo ocurrido.

Me lastimaron la nariz, estaba ensangrentada y seguían pateándome en el piso, pero se acercó un joven e intervino para calmar a esa gente, los distrajo y en ese momento aproveché para agarrar mi cartera y escapar, gateando. Vi a una mujer de pollera y le pedí ayuda, me tapó con una manta que tenía en su bolsa y así me camuflé para que no me reconocieran. Llegué caminando al canal porque me robaron mi dinero. En la noche ya no podía caminar, mi cuerpo tenía moretones, no podía creer lo que me pasó en manos de la gente con la que yo conviví por muchos años. Viví gran parte de mi vida en El Alto. 

 

Cinthia Nuñez       
Miembro de La Resistencia  Km 0


El día más difícil fue cuando comenzó el motín policial en el interior del país, y nosotros, los de la Resistencia, esperábamos que se diera en La Paz. La incertidumbre me mataba, no sabía qué hacer, lo único que se me vino a la mente fue ingresar a la UTOP (Unidad Táctica de Operaciones Policiales). Ahí los policías me dijeron que se iban a amotinar, pero que los acompañemos porque no era fácil para ellos; entonces decidí quedarme en la Plaza Murillo. Al día siguiente los policías se amotinaron.  Fue muy emocionante, lloré cuando los vi subir al techo para flamear la bandera y  decir que estaban con el pueblo. Gracias a eso me di cuenta de que los bolivianos somos muy solidarios, porque a las 9:00 se dio el motín y dos horas más tarde ya teníamos colchones, comida y de todo.

En la noche me llama un familiar para pedirme que regrese a mi casa porque una turba de El Alto estaba bajando a la ciudad. Ya habían quemado las antenas de Unitel. Al mismo tiempo se  daban  enfrentamientos en Adepcoca y los policías estaban amotinados, así que  parte de la Resistencia fue a ayudar.

Después de varios días estaba cansada, pero la renuncia de Evo me dio ganas para seguir, no podía creer lo que habíamos logrado.  El día que Jeanine Añez asumió el poder todo comenzó a calmar en el centro de la ciudad. Vi muchas cosas buenas y malas, incluso me enfrenté a un periodista extranjero que calificó lo que pasaba en el país como un golpe de Estado. Lo increpé y no lo dejé entrar a la plaza Murillo. Él nos insultó, nos acusó de golpistas y se fue. Hoy siento que la Resistencia somos todo y que  la lucha continúa.
 

 

 

 

69
9