La puma Gaia, la peji Guada y cientos de animales luchan por sobrevivir al fuego

Muchas de las especies que logran sobrevivir a los incendios podrían morir debido a la destrucción de su hábitat, y a la falta de agua y comida. Las llaman acechan tambíen a áreas naturales y albergues de fauna.
domingo, 18 de octubre de 2020 · 00:04

María O. García  / La Paz

El hogar de la fauna está, otra vez, en peligro por el fuego. Después de una batalla que duró meses, las llamas   y la muerte vuelven, como un déjà vu, a amenazar los últimos refugios sagrados de animales silvestres. En el santuario Ambue Ari y las áreas protegidas Kaa Iya, San Matías, Madidi, Aguaragüe o Iñao (entre otras) el fuego y la desidia devoran la vida.

En 2019, los incendios destruyeron 6,4 millones de hectáreas de las cuales 1.995.251 fueron de bosques, e incuantificables historias de vida. Por segundo año consecutivo, las llamas avanzan impetuosamente por parajes naturales, superando la capacidad de respuesta humana y arrasando, hasta el momento, con al menos de 2,3 millones de hectáreas, principalmente en Santa Cruz, pero también en La Paz, Beni, Tarija, Cochabamba y Chuquisaca.

En los últimos dos meses, según el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), nueve áreas protegidas, reservas y parques nacionales han sido afectados por el fuego. En este escenario, animales como Gaia, Guadalupe o Bryan luchan por sobrevivir a otro gran desastre ecológico, aunque esta vez lo hacen desde el hogar que los salvó de su inminente muerte el año pasado.

La llamas ingresaron el lunes al Santuario Ambue Ari, un centro de custodia de animales silvestres de Guarayos (Santa Cruz) que alberga a casi un centenar de animales de 20 especies, entre ellos felinos emblemáticos como el jaguar, rescatados del tráfico y -paradójicamente- de los incendios forestales que se repiten cada año.

 Gaia y Bryan

Es el caso de la puma Gaia, quien siendo apenas una cachorra le ha tocado sufrir la  pérdida de su madre y el maltrato del ser humano. El año pasado, cuando el fuego arrasaba con   ese mismo municipio cruceño, Gaia y su mamá se disponían instintivamente a buscar un refugio en el que pudieran estar a salvo. Desacertadamente, pasaron cerca de unos ganaderos, quienes mataron a una y a otra la dejaron amarrada a un árbol.

Gaia,  una puma que vive en el santuario Ambue Ari. 
Foto: Santuario Ambue Ari

“Las autoridades la confiscaron y la trajeron al santuario. Ella era muy pequeña y se encontraba deshidratada y traumada por los incendios, por la pérdida de su madre y porque la habían dejado amarrada. Los veterinarios realizaron un incansable trabajo día y noche,  y ya está totalmente recuperada aunque, con tanto humo, todos los animales están asustados”, relata la encargada de comunicación de la comunidad Inti Wara Yassi (que opera tres santuarios) Andrea Benavente.

Asimismo, este lugar de 900 hectáreas es el refugio de Guadalupe, una peji (también conocida como tatú poyú o tatú peludo) que sobrevivió a los incendios que devoraron la Chiquitania en 2019. Aunque llegó totalmente malherida, el cariño y el cuidado del personal la ayudaron a salir adelante y en la actualidad construye su nueva vida en pasajes subterráneos.

Guadalupe , la peji que sobrevivió al fuego de la Chiquitania.
 Foto: Santuario Ambue Ari

Y de Bryan, un oso hormiguero gigante (o bandera) al que las llamas le arrebataron a quien acababa de darle la vida. Una persona lo encontró llorando y repleto de ampollas por las quemaduras y lo entregó a Ambue Ari. Allí le construyeron un lomo que simulaba ser el de su madre y, tras un gran esfuerzo y una larga rehabilitación, pudo volver a vivir en lo más parecido a la libertad.

Los incendios   destruyen el hábitat del jucumari.
Foto:  Madidi

“Este santuario se destaca por ser una isla de conservación de varias especies”, resalta Benavente y, aunque se logró controlar el incendio que amenazaba el hogar y la vida de todas ellas, son conscientes de que la temporada no ha terminado y que aún persisten riesgos.

Áreas protegidas en cenizas

El Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) serranía del Iñao, ubicado en departamento de Chuquisaca y colindante con el de Santa Cruz, alberga en su seno 36 especies de mamíferos, 140 de aves, 11 de anfibios, siete de reptiles y 64 de mariposas. 

Aunque la información sobre el área es todavía escasa, este es el hogar de animales emblemáticos como el oso jucumari, el puma, el jaguar, el tapir o el cóndor andino, todos ellos testigos de cómo parte de su hogar se reduce a cenizas.

Mizael Millares es uno de los 12 guardaparques que, con su vida, luchan en una batalla desigual contra los incendios que se propagan por diferentes sectores. Él se encuentra en la comunidad San Isidro, del municipio de Padilla, y diariamente debe caminar tres horas para llegar a una de las líneas de fuego que se propaga por la cima de la serranía, donde él,  otros tres compañeros y algunos comunarios hacen “lo que se puede” con lo poco que tienen. Pero aún así luchan, con mayor voluntad que logística.

“Siempre observamos animales calcinados y a otros, como el tapir, tratando de huir y buscar refugio. Hay madrigueras o anidaciones de aves que también están siendo destruidas y especies de anfibios que están siendo severamente afectados. No recibimos ayuda municipal, tampoco departamental, peor nacional”, lamenta Millares.

La palkachupa  es una especie endémica del Madidi. 
Foto: Madidi

“El Iñao es hogar de especies emblemáticas y en peligro de extinción como el jucumari. Hasta el momento no hemos visto ningún oso muerto, pero sí sus huellas, que delatan que están haciendo todo lo posible por huir de los incendios y por buscar otros lugares”, agrega. 

En el departamento de La Paz, el Madidi, el parque nacional que ostenta el título de “más biodiverso del mundo”, igualmente se ve amenazado por varios focos de calor en la zona “B”, dentro del municipio de Apolo. El área protegida cuenta con un registro de 253 especies de mamíferos, 1.028 especies de aves, 333 de peces, 105 de reptiles y 111 de anfibios.

El número  de osos hormigueros gigantes ha disminuido.
Foto:Cortesía Iván Arnold

“En esta zona habitan el tapir, el jaguar, los jochis, las parabas y un ave endémica que es la palkachupa (phibalura boliviana), especies que se ven severamente afectadas por los incendios, ya que su hábitat está siendo devastado”, relata un conocedor del lugar que prefirió mantener su nombre en reserva.

Por otra parte, el Kaa Iya del Gran Chaco, el área protegida nacional más grande (con una extensión similar al departamento de Tarija) que está ubicada en Santa Cruz, también padece este desastre. En el área habitan 89 especies de serpientes, 301 de aves, 65 de pequeños mamíferos y 59 especies de mamíferos grandes.

Uno de los jaguares  pantheras del Kaa Iya. 
Foto:Cortesía Iván Arnold

“Tenemos el jaguar, varios tipos de monos, aves que van desde el águila harpía hasta otras de menor porte, pero todas de vital importancia para el ecosistema, y muchos armadillos. Gran parte de los armadillos que tenemos en esta región están en el parque Kaa Iya, que son al menos unas seis especies”, cuenta el director ejecutivo de la Fundación Naturaleza, Tierra y Vida (Nativa) Iván Arnold.

En tanto que a las serranías de la reserva forestal del Aguaragüe, entre los departamentos de Tarija y Chuquisaca, ahora se le suma un nuevo enemigo: el fuego. Pese a ser un área protegida, ese nombre no la protege de la explotación de petróleo y gas, mucho menos de los incendios que la acechan en la actualidad.

Cargado de vida, habitan en su seno jaguares, jochis, zorros o el también amenazado ara militaris (o guacamayo verde): “Los más amenazados por los incendios son los armadillos, los jochis, las corzuelas, los jaguares y los gatos monteses, entre otros”, señala Arnold, a tiempo de enfatizar en el riesgo que el fuego supone  también para la provisión y seguridad hídrica para las comunidades que habitan en la zona del Chaco tarijeño, cuya única fuente hoy arrastra, además de agua, cenizas.

La caza de los animales heridos, la otra amenaza

La caza de animales que, debilitados, huyen del fuego en busca de agua, alimento y refugio es otro de los males que se derivan de los incendios.

“Cuando ya la fauna logra refugiarse en otros lugares que han quedado lejos del fuego, muchas veces los cazadores van ahí para cazarlos. No es sólo el problema del fuego, sino las repercusiones que se tienen posteriormente”, señala la presidenta del Colegio de Biólogos de La Paz Ángela Núñez.

Según Núñez, los incendios  que están afectando considerablemente las distintas áreas protegidas ponen en riesgo a animales en peligro de extinción, como es el caso de la paraba barba azul, cuyo principal hábitat de conservación es el Pantanal, hoy en llamas.

“La paraba barba azul está en peligro crítico de extinción. Si bien a veces logran escapar de las llamas, posteriormente se quedan sin árboles para poder refugiarse, sin alimento y sin agua, por lo que es difícil que puedan sobrevivir posteriormente a los incendios. Además, sus nidos están  afectados y está por llegar la época de reproducción”, explica Núñez.

Según la experta, muchas de las zonas devoradas por las llamas cuentan con especies endémicas pocos estudiadas, como es el caso del Parque Nacional y ANMI serranía del Iñao, por lo que “no sabemos realmente qué es lo que estamos perdiendo en mucha de las regiones”.

 

 

 


   

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