En la Evaristo Valle, la música se llevó a los «aparecidos» y entierros

En 1600, el fin trágico de una historia de "amor prohibido" la hizo llamar “calle del diablo”, pero llegaron las tiendas de ropa y disqueras que borraron esos días.
miércoles, 25 de noviembre de 2020 · 00:04

Ivone Juárez / La Paz

“La calle del supay o del diablo”, así llamaban los primeros paceños a la Evaristo Valle  porque aseguraban que en la noche, mientras todos dormían,  un jinete vestido de negro, con capa y sombrero, montado en un caballo también negro, cruzaba a todo galope la calle, sacando chispas a los casquillos de su corcel.

Primero lo habían visto los rondines o serenos, pero no se imaginaron que se trataba del corregidor Juan Antonio Mesa Lugo de Ayala, un militar español que  luego de que su esposa regresara a España, inició un romance con Elena, una joven que vivía al final de la Evaristo Valle. “Para no ser reconocido, el corregidor se vestía de negro y sólo iba a visitar a Elena en la noche”, cuenta el historiador Carlos Gerl.

Las comparsas  del Carnaval tenían como ruta la calle Evaristo Valle.

El romance "clandestino" quedó truncado cuando el corregidor tuvo que regresar a España y Elena murió de tristeza por la ausencia de su amado. Sin saber la triste noticia, el militar regresó a La Paz y al enterarse de la tragedia, primero ingresó a un  cuadro de locura y, luego, desapareció. Sin embargo, los vecinos volvieron a ver al jinete negro, sobre el caballo negro, atravesar la Evaristo Valle, a todo galope, sacando chispas en la calle, rumbo a la casa de Elena.

“Los vecinos estaban convencidos de que se trataba del diablo y exigieron la demolición de la casa de Elena, lo que se dio 1750”, indica Gerl.

Y la Evaristo Valle “cargó” por mucho tiempo con esa marca de “calle del diablo”, mientras entre sus viejas casonas se establecían negocios de servicios mortuorios,  porque en esa vía comenzaban los cortejos fúnebres con rumbo al Cementerio General. 

Cortejo fúnebre de los niños que murieron congelados en Milluni, 1900.
Fotos posteada por David Perez en Facebook Fotos Antiguas de La Paz

David Pérez Hidalgo, en Facebook Fotos Antiguas de La Paz, recupera la foto de uno de los cortejos fúnebres más impactantes que tal vez tuvo La Paz en esa calle. Fue a inicios de 1900, el de dos niños que murieron congelados en Milluni. Los pequeños fueron a una excursión escolar y  se perdieron. Después de  una intensa búsqueda  fueron encontrados congelados. La noticia conmocionó tanto a los paceños, que llegaron por miles al cortejo fúnebre y colapsaron la Evaristo Valle.

Pero la calle no sólo tiene historias tristes que contar, tiene también una de gloria y patriotismo, como el  protagonizada por jóvenes paceños que  cuando estalló la Guerra del Pacífico (1879-1883), se presentaron como voluntarios y se concentraron en esa vía para partir al frente. “Los militares se concentraron en la plaza Alonso de Mendoza, donde se les dedicaba una despedida, cuando aparecieron estos jóvenes civiles, la mayoría estudiantes, de clase media y alta, cantando el Himno a La Paz. Subían la Alonso de Mendoza entonando el himno con tal fervor que los militares y presentes en la plaza arrancaron en aplausos y se sumaron a la entonación del himno”, cuenta Gerl.

Unos escolares corren por la Evaristo Valle, delante de un micro. La vía ya no es la misma.

A mediados de 1900, la cara de la Evaristo Valle comenzó a cambiar; los negocios de servicios fúnebres se convirtieron en tiendas de abarrotes y de trajes para varones hechos a medida. Ya eran made in Bolivia, confeccionados por migrantes judíos recién llegados al país. En los 60, en calle Tiquina, la disquera Lauro instaló su tienda y el Gran Hotel abrió sus puertas para recibir a los viajeros, en su mayoría comerciantes que hacían negocios en La Paz. Mientras  los colectivos y micros bajaban por la estrecha vía y más de un paceño se trepaba a éstos “al vuelo”. 

El inicio de la calle  Evaristo Valle, después de un hundimiento a inicios de 1900.
Facebook Fotos Antiguas de La Paz

“En esa calle se instaló el primer local de comida rápida de La Paz con pollos a la broaster, una iniciativa también de migrantes judíos”, cuenta un vecinos de entonces del lugar.

En la estrecha vía ya tenía también su tienda  el fallecido Miguel Dueri, un palestino-boliviano que después de haber regresado a Bolivia instaló una tienda a donde llegaban los discos de lo último en música en el mundo. Eso fue antes de que junto a su esposa, Miriam Saba, también fallecida, decidieran montar Discolandia e instalar su tienda en plena Evaristo Valle, donde, con unos poderosos parlantes instalados en la puerta de su negocio, promocionaban sus últimos lanzamientos discográficos.

La calle Evaristo Valle en la segunda mitad del 1900, con circulación de vehículos.

Así, con la música de los ídolos del momento a todo volumen, la Evaristo Valle fue olvidando sus historias de aparecidos, condenados y de cortejos fúnebres que le valieron para ser conocida  por los primeros paceños como “calle del diablo”.
 

 

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