De Quime a Santa Ana, Vicente Sarmiento vive dos sueños americanos

El boliviano llegó con sus padres a EEUU cuando tenía un año. Se hizo abogado, comisionado, concejal y ahora es alcalde. Vive en la casa de sus sueños con su familia. ¿Su secreto? El trabajo... y agradecimiento.
miércoles, 16 de diciembre de 2020 · 07:26

Ivone Juárez / La Paz

Esta es la historia de un doble éxito anotado por Vicente Sarmiento, un boliviano que nació en el pueblito de Quime de la provincia Inquisivi de La Paz y cuyos padres, cuando él apenas tenía un  año de vida, decidieron migrar a Estados Unidos. Sin imaginarlo, lo llevaron en brazos  al éxito, a un país que le dio todas las oportunidades y que Vicente supo aprovechar, pero sobre todo agradecer.

“Cuando llegamos a Santa Ana con mis padres, esta ciudad nos abrazó: a mis padres les dio la oportunidad de trabajar,  a mí y a mis hermanas la oportunidad de estudiar. Siento mucho cariño por Santa Ana, pero sobre todo agradecimiento”, expresa el quimeño, que desde hace unos días es el  alcalde de la ciudad que  adoptó, a él y a su familia: Santa Ana, en California.

Vicente (centro) con su esposa Eva  (izq.) y sus hijos Adrián, Diego y Dalia.

En el país de donde salen historias de discriminación y de racismo, la historia de Sarmiento brilla por el reconocimiento que este boliviano alcanzó en California, no sólo por ser un prestigioso abogado y economista, sino por el servicio público que realiza desde hace mucho tiempo en favor de su comunidad, por lo que también destaca y lo ayudó a llegar al municipio como alcalde.

Representa a los Demócratas. Con su eslogan “Vicente con la gente”  y sus propuestas electorales de fortalecer las inversiones para viviendas accesibles en Santa Ana, ofrecer mayor apoyo a los jóvenes y reforzar el sistema de salud, se impuso a los cuatro candidatos que se midieron con él por el sillón edil de Santa Ana, que cuenta con alrededor de 330 mil habitantes.

“Con un histórico récord que rompió el 79,0% de la participación de los votantes en Santa Ana y 95.490 residentes de la ciudad, ganamos la carrera del alcalde por más de 10.000 votos”,  escribió satisfecho  el hombre de raíces bolivianas en su muro de Facebook, hace unos días.

Vicente padre  (centro)  con su hijo Vicente y su esposa Irma.

Su gestión comienza en la adversidad por la pandemia del coronavirus, que castiga duramente a los habitantes de Santa Ana, en su mayoría latinos (80% aproximadamente), específicamente de México  y ocupada en la industria del servicio, lo que la expone al contagio. 

“En su mayoría es gente obrera, no pueden hacer teletrabajo. Uno de cada cinco personas sale positivo, es el índice más alto de contagios en el condado. Viven concentrados, en viviendas donde tienen un gran espacio para aislarlos, eso es lo complicado”, cuenta Sarmiento.

Sus objetivos inmediatos son mitigar los efectos de la pandemia y reactivar la economía de su ciudad. Está esperanzado en el apoyo que vaya a recibir del nuevo gobierno de Estados Unidos encabezado por Joe  Biden y Kamala Harris, que  nació en California. Con Donald Trump no les fue muy bien.

Eva Cazas  y Vicente Sarmiento en su boda.

“Estamos esperanzados en los apoyos, la vicepresidenta es de California, tenemos un vínculo natural. No tuvimos mucha ayuda de la anterior gestión, de Donald Trump, que fue muy hostil con los latinos, sobre todo con los mexicanos; nos trató muy mal, nos bajoneó, pese a que somos parte básica de la economía”, dice.

Así Sarmiento conoce y se preocupa por la gente de Santa Ana, a la que siempre dedicó su servicio público, como su papá Vicente lo hacía desde Estados Unidos por sus paisanos de Quime, donde nació. Vicente quedó huérfano con sus tres hermanos muy niños y  seguramente los quimeños no  los abandonaron;   por eso, aunque estaba tan lejos, no los olvidaba y siempre estaba pensando cómo ayudarlos, hasta que murió. Su mamá, Irma Sarmiento, tenía ese mismo apego e impulso.

“Mis papás le tenían tanto cariño a su pueblo, nunca se olvidaron de Quime. Nosotros nos criamos entre quermeses y fiestas para recaudar fondos que mi papá destinaba a Quime. Ayudó a armar el hospital, la cancha de fútbol, la plaza”, cuenta.

“Cuando uno es niño ni cuenta se da de que se está criando en un ambiente de servicio público;  eso estaba haciendo mi papá, como boliviano, como quimeño, enseñándonos que la obligación de uno es querer a su pueblo, ayudar y apoyar en lo que se puede. Pienso que eso marcó mi vida, por eso estoy tratando de hacer lo mismo por Santa Ana, que nos recibió con los brazos abiertos. Esta ciudad me permitió estudiar, prepararme y con esas herramientas estoy tratando de hacer por Santa Ana lo que mi papá hizo por Quime”, añade.

El actual alcalde  de Santa Ana, Vicente Sarmiento, durante su campaña electoral.

Y fue por su padre  que Vicente llegó a la política, él lo presentó, en 1994, con  Miguel Pulido, el alcalde que acababa de dejar funciones. Entonces Pulido se econtraba en campaña electoral. “Comencé ayudándolo en su campaña, poniendo carteles. Entonces ya había terminado la carrera de leyes, y cuando me gradué, instalé mi despacho. El alcalde Pulido me llamó para nombrarme comisionado de desarrollo de viviendas de la ciudad, y me gustó el trabajo;  yo conocía las necesidades de la ciudad. Tiempo después un concejal renunció y me llamaron para reemplazarlo, fue por dos años, pero me gustó más el servicio público, y ahora gané las elecciones”, cuenta.

El camino de la migración

Vicente Sarmiento papá   y su esposa llegaron a Santa Ana a mediados de la década de los años 60 del siglo pasado en busca de mejores oportunidades. Apenas llegaron encontraron trabajo: él como mesero de un hotel y ella prestó servicios de limpieza. Luego pasaron a formar parte de los obreros de una fábrica, donde trabajando turnos extra lograron unos ahorros con los que instalaron un restaurante. 

“Tuvieron un comienzo muy sencillo y eso me encanta porque es la historia de todos los migrantes: comenzamos con el sueño, empezamos gateando, luego caminando y después corriendo”, dice Vicente Sarmiento hijo. 

En esos tiempo Santa Ana tenía una mínima cantidad de población latina, apenas algo más del 15%, dice. “Todos los vecinos hablaban sólo inglés, pero la gente era buena, te ayudaba inmediatamente. Esos son muy lindos recuerdos”, cuenta Vicente hijo.

De su niñez,  el boliviano de nacimiento guarda el recuerdo de la gente de Santa Ana que lo recibió con tanto cariño y de aquella casona construida a inicios del 1900,  tan diferente  de  todas, que estaba a tres cuadras de su casa,  y lo dejaba con la boca abierta cada vez que pasaba cerca de ella, manejando su bicicleta o  en su patineta. 

“Salía con mi patín o mi bicicleta de la casa de mis padres y cuando pasaba por la casa decía: ‘¡wow!, me gusta esta casa’. Por cosas del destino hoy es mi casa, vivo en ella”, cuenta.

Vicente compró la casona después de que esta se incendiara. La pensó como un espacio para su oficina, pero acabo viviendo en ella con su familia, que formó con la mexicana Eva Cazas. La conoció en la Universidad de Berkeley, se casó con ella y tuvo tres hijos: Adrián, Diego y Dalia.

El alcalde de Santa Ana es un migrante boliviano con raíces en Quime que alcanzó no un sueño americano, sino dos. “El camino es difícil, complicado, muchas veces triste, pero se lo puede lograr”, afirma. 

Y los quimeños,  que tampoco se olvidaron de los Sarmiento, se enteraron de la noticia.  La radio del pueblo envió a uno de sus periodistas hasta Santa Ana para entrevistar al descendiente de uno de sus más queridos hijos: Vicente Sarmiento.
 

 

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