El precio de la contaminación y del cambio climático en los bolsillos de los pescadores del lago

En Bolivia no existen indicadores que sustenten que los efectos del cambio climático ya se sienten en el Lago Sagrado, pero una baja constante en sus aguas y la contaminación ya cobran factura.
miércoles, 23 de diciembre de 2020 · 00:04

Ivone Juárez  / Pariti 

Cuando Armando Callisaya recuerda cómo eran esos años en los que las aguas del lago Titicaca que rodean Pariti, la isla donde nació, estaban pobladas del pejerrey, carachi y del mauri, los ojos se le encienden y una sonrisa empuja la sobriedad de su rostro.  Deja de remar y enciende el motor de su bote en el que nos traslada a su comunidad por esa especie de canal formado sobre el lago y entre las totoras. El olor fétido y el agua oscura descompuesta, convertida en lodo, que sorprenden al inicio del canal, quedan atrás... Adelante se ve  agua cristalina, en movimiento,  poco profunda, y los primeros atisbos de la isla.

Aguas del lago recorren cada vez más  y dejan erosiones.

Eran las décadas de los años 80 y 90, cuando en la noche los pescadores de Pariti armaban las redes para la pesca y a la mañana siguiente, temprano, se encontraban con hasta 500 unidades de peces, cada uno. Prácticamente toda la comunidad estaba dedicada a esa actividad; hoy sólo dos personas lo hacen y al día pueden pescar unos 50 mauris, por los que en el mercado les dan unos 30 o 40 bolivianos “para mantener a la familia, para el desayuno diario, nada más”, dice Armando.

“Yo mantenía a mi familia con el pescado, pero desde hace 10 años que desaparecieron los peces. Pescábamos primero pejerrey, que tenía su tiempo, después el karachi, todo el tiempo. El pejerrey empezó a desaparecer en 2004 o 2005, cuando entró algo verde al lago, igual que el mauri. De ahí pensamos de qué íbamos a vivir y muchos migraron”, relata.

Alfredo muestra el agua cristalina  y dice que no está contaminada.

Cuando la pesca comenzó a morir en Pariti,  se inició un éxodo. De las más de 300 familias que había en la comunidad a inicios de 2000, hoy sólo quedan unas 40, formadas en su mayoría por personas adultas. “Sólo tres jóvenes”, dice Armando. Entre los pariteños,  los más salieron   a Cochabamba y Santa Cruz, pero algunos decidieron surcar fronteras y llegaron hasta Argentina; otros más osados cruzaron el mundo y ahora están en España. 

Él se quedó en Pariti con su esposa Josefa Limachi. Nunca pensó en migrar y ahora menos. Tiene 65 años y está convencido de que a donde vaya nadie le dará trabajo, ni a él ni a su esposa. “Ya no hay trabajo para mi edad, sólo para la gente joven. Mi esposa piensa lo mismo y me dice ‘aquí nomás nos quedaremos, no hay trabajo para nosotros’”, comenta.

 Al desembarcar en el puerto de Pariti, donde también las aguas se convirtieron en lodo y el terreno comienza a erosionarse, Armando mira a su alrededor y  dice: “El lago está cada vez menos profundo, ha bajado mucho en estos últimos años, hay lugares donde con el remo se toca el fondo, y la orilla ha retrocedido. Si hace más sol bajará más,  si llueve aumentará. Todo depende de la lluvia; sólo la lluvia salvará al lago”. 

En  algunos  trayectos los remos tocan el fondo del lago.

“El lago también está contaminado, dicen los investigadores; el río entra desde El Alto, ¿cuántos ríos hay en El Alto? Rebalsan y todo llega aquí. En tiempo de lluvia llega agua roja”, añade.

No ve más solución que la unión de todos los que habitan alrededor del Lago de los Incas. “Estamos a tiempo, se puede hacer algo. Hay que relacionarse con Perú  para mantener el lago. Estamos caminando como hermanos con Perú, pero algunos hermanos dicen que el Gobierno no les ayuda”, comenta.

La pesca cayó en un 80%

Pero Armando Callisaya no es el único pescador que se quedó  sin su principal fuente de ingresos. El secretario ejecutivo de la Federación de Pesqueros y Psicultores  del Lago Titicaca, David Kantuta,  señala que la misma situación la atraviesan al menos 1.000 familias de la cinco provincias  que comparten las aguas del lago: Omasuyos, Camacho, Los Andes, Ingavi y Manco Kápac. “La pesca cayó más del 80%”, afirma.

Precisa que los pescadores tienen que conformarse con una pesca diaria que les puede generar máximo hasta 50 bolivianos.

“Todavía hay temporadas en las  que se puede aprovechar, como la de ahora con el ispi; la lata está a 200 bolivianos, pero son momentos; el lago no es tan seguro como un trabajo”, sostiene.

El lodo con un olor fétido se apoderó de parte del lago en Pariti.

Y esa caída en la actividad pesquera en el Titicaca se siente en los mercados de La Paz y El Alto,  donde los pejerreyes y los karachis grandes y gordos, que podían llegar a medir 30 y 15 centímetros, respectivamente, desaparecieron. Ahora llegan en escasa cantidad y a precios  altos.

“El pejerrey sube de precio de forma constante, es carísimo y con dificultad se encuentra uno de 15 centímetros; los karachis son chiquitos, apenas llegan a medir cinco o siete centímetros, y también subieron de precio. Cuando empezamos el negocio una libra de ispi estaba en cinco bolivianos, ahora cuesta 20”, comenta un vendedor en el mercado de pescado de la zona del Cementerio de La Paz.

David Kantuta señala que todo es consecuencia de la baja en la pesca que viene desde hace más de 10 años y que ha llevado a muchos comunarios del lago incluso a migrar. Pero otros se quedaron e insisten en la pesca porque no encuentran otra fuente de ingreso. “Hay gente que se queda, que sigue capturando los peces y los están acabando”, remarca.

De esa manera, admite también que en la zona hay una sobrepesca. “Necesitamos ayuda para sembrar más peces o para montar laboratorios para reproducción de alevines de peces nativos. Nosotros podemos repoblar nuestro lago”, dice el dirigente.

Las aguas turbias en el inicio de la ruta a Pariti.

La segunda semana de diciembre participó en la “siembra binacional” de 80.000 alevines (peces bebé) que encabezó la Autoridad Binacional Autónoma, que depende de los ministerios de Relaciones Exteriores de Perú y Bolivia, en la región de Puerto Acosta. El acto lo llenó de esperanzas y piensa en laboratorios de reproducción de peces para las cinco provincias que rodean el Titicaca.

Pero además de la sobrepesca, David Kantuta asegura que la contaminación del lago está haciendo su parte y afectan  a la economía de los pequeños pescadores, igual que la baja constante en el nivel de sus aguas.

Retrocedieron 400 metros

El economista ambiental Vladimir Gutiérrez viene estudiando hace años los cambios que se presentan en las aguas del Titicaca, los que Armando Callisaya y su esposa Josefa sienten en carne propia. Esos cambios -afirma Gutiérrez -  impactan sobre todo en la  pesca. Según los datos que maneja,  en los últimos 25 años esta se redujo hasta en un 70%, en medio de unas aguas que en ese mismo espacio  de tiempo retrocedieron hasta 400 metros. 

“En 25 años las orillas de lago retrocedieron casi 400 metros. Eso significa que el lago se está secando, quizá no lo estamos notando nosotros, pero sí las poblaciones que viven alrededor y que subsisten de la pesca, que en 25 años cayó en un 70%”, afirma.

La siembra de octubre se perdió por la falta de lluvia en Pariti.

Explica que una de las razones es la desviación de aguas que, “de acuerdo a denuncias de los comunarios”, se  estaría dando en Perú, país con el que Bolivia comparte el Lago de los Incas. “Por esas desviaciones sólo el 50% del cauce estaría ingresando al lago”, sostiene.

Pero esa baja en los niveles del agua no es lo único que atenta contra la supervivencia de Armando, también está la contaminación minera, provocada por empresas instaladas en las cercanías del lago, sobre todo en el lado de  Perú - asegura Gutiérrez - y por las aguas residuales producidas en la ciudad de  El Alto por diferentes actividades, incluso hospitalarias.

Y Armando está consciente de que la contaminación afecta el lago. Ya vio cómo las aguas se tiñeron de verde y rojo, pero no cree que esté totalmente contaminado; por eso, en el trayecto hacia su comunidad, cuando su lancha navegaba por esa ruta cristalina, tomó un bidón amarillo de aceite cortado en la parte de arriba y sacó agua, que inmediatamente comenzó a devolver al lago a chorros suaves, mientras decía: “Yo tomo esta agua, no está contaminada”. 

La sequía dejó sin cultivos en Pariti

Atribuye más la caída de los niveles del agua a la ausencia de lluvias, que este año se siente con más intensidad  en Pariti. “Si hace más sol seguro las aguas del lago bajarán  más, si llueve va a aumentar. Todo depende de la lluvia”, afirma.

La falta de lluvias provocó una sequía en la región y en otras del lago. Mató los nuevos sembradíos que se tendieron  en octubre y secó los pozos.  “Este año no llovió, así está el surco, no sale nada de lo que  plantamos; no hay humedad. La esperanza es hasta febrero, marzo, porque en abril comienza la helada”, añade Armando.

Efectos del cambio climático

El geólogo Wálter Vargas señala que los niveles del agua del lago Titicaca también están descendiendo por efectos del cambio climático. Recuerda que este se abastece del agua que proviene del derretimiento de los glaciares y de las precipitaciones  pluviales.

“Con el efecto del cambio climático, los glaciares están retrocediendo, su deshielo es irregular, está más acelerado de lo normal, y el ciclo hidrológico está totalmente alterado. Por ejemplo, este año nos está tocando un periodo de lluvias sin lluvias”, dice el geólogo, docente de  monitoreo ambiental y planificación, y control de la contaminación ambiental de la Universidad Mayor de San Andrés. 

La llegada a Pariti.

El experto añade que actualmente los periodos de lluvia, que solían durar de tres a cuatro meses, se redujeron sólo a semanas, en las que se tienen precipitaciones intensas que se escurren  rápidamente, sin infiltrar  la tierra, secando los pozos, lo que ahora está pasando en Pariti y otras zonas.

“El tema es muy delicado, porque a medida que pasa el tiempo esto se agudiza y cada vez tendremos más de estos periodos extremos, porque la sequías son más prolongadas y las lluvias son menos frecuentes e irregulares”, alerta.

Pero en la isla de Pariti y en las otras regiones  este año no sólo las lluvias se retrasaron, lo que provocó una sequía, sino que los pobladores sienten que las temperaturas se incrementaron. Debido al calor, Armando no puede trabajar después de las 10:00. Se levanta muy temprano para cumplir su jornada.

“Después de las 10:00 no se puede hacer nada; sobre el agua esta fresco, pero sobre la tierra es muy fuerte el calor. El año pasado no fue tanto el calor y cuando era joven era más fresco, hacía calor pero llovía en su tiempo”, recuerda.

Y este incremento en la temperatura y la sequía que castiga a su pueblo afecta aún más su situación económica, ya herida de muerte desde que la pesca dejó de ser una fuente de ingresos para él y su esposa Josefa

Sin indicadores de  cambio climático

En Bolivia no hay indicadores y evidencias concluyentes de que los efectos del cambio climático estén actuando, sobre todo en el lago Titicaca, incidiendo en la reducción de sus aguas, dice  Marcos Andrade,  investigador del Laboratorio de Física de la Atmósfera de la Universidad Mayor de San Andrés.

“Por el momento, cualquier extremo climático que tengamos, como la sequía, aún no está fuera de la variabilidad climática. Es difícil afirmar que se deba al cambio climático”, insiste.

El climatólogo Willy Rocha, del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi),    respalda la postura. Al referirse al incremento de la temperatura en regiones como el lago, indica que está por debajo de los valores históricos que se registraron en 1947, cuando se llegó a los 23 grados centígrados. Este año la temperatura en el Titicaca alcanzó un máximo de 21 grados.

El Senamhi no cuenta con una estación en el lago; monitorea el lugar desde su estación de El Alto. “Las temperaturas se elevaron en todo el país y parte de América, pero no podemos atribuirlo a  un cambio climático; para hacerlo tendríamos que referirnos a un periodo más largo de temperaturas altas registradas, no sólo en un año, sino en varios años consecutivos”.

Esta investigación fue realizada en el marco del Fondo de apoyo periodístico “Crisis climática 2020” que impulsan la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático (Pbfcc),  Comunidad en Acción y la Fundación para el Periodismo”.

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