En Cochabamba, dos hermanas crean robots de la basura

Lesly y Anaí Santos, de 17 y 15 años, se dedican a fabrican robots con materiales reciclados y a transmitir sus conocimientos a otros jóvenes del trópico de Cochabamba.
sábado, 08 de febrero de 2020 · 00:04

María Ortiz  / La Paz

Lesly y Anaí Santos, de 17 y 15 años, respectivamente, además de su código genético comparten una misma pasión: la robótica. Estas hermanas cochabambinas se dedican a crear robots con materiales reciclados y aplican sus conocimientos con los niños y jóvenes de escasos recursos del trópico en un afán por construir un mundo mejor.

 Robot Johnny 5, inspirado en la película de ciencia ficción Cortocircuito.

Lesly tenía apenas 11 años y mucho entusiasmo cuando construyó su primer robot estático de venesta con la ayuda de su tío Teodoro Santos: “Fue quien me inició e impulsó,  fue mi inspiración. El primer robot que hicimos fue el armado y la estructura de un Zoid, porque mi tío  no sabe  de la parte mecánica”, cuenta Lesly, cuya aspiración era darle vida al Zoid,  como en la serie, pero aún le faltaban conocimientos.

Si bien por aquel entonces no sabía nada sobre programación, su amor por la tecnología y su creciente interés por la robótica la empujaron a seguir inventando y construir cosas nuevas. 

 Lesly Santos al momento de clasificar a la etapa nacional de la OCEPB.

Lesly aprendió el complicado lenguaje de la programación -ahora su mayor predilección- de forma autodidacta, a partir de sus 15 años, cuando le regalaron su primer celular: “No aprendí en cursos, aprendí con internet. Con ese celular pude aprender más y más y luego reutilizarlo. Ese gran medio me da toda la información que necesito para poder programar”, afirma.

Estima que hasta el momento ha desarrollado un centenar de prototipos que luego ha ido modificando en el taller de su casa, donde da vida a sus creaciones. En los últimos tres años  Lesly ha construido una decena de robots con funciones específicas. Entre ellos Geno Breaker, inspirado en la serie animada Zoids, y Johnny 5, en el  personaje ficticio de la película Cortocircuito. Ambos están destinados a ayudar en el sector de la minería.

  Lesly durante una demostración de robots inspirados en la serie animada Zoids.

Esta joven estudiante, que ahora se prepara para iniciar la carrera de Ingeniería de Sistemas, y además es atleta en los Juegos Plurinacionales y competidora de ajedrez, se las ingenió desde muy pequeña para conseguir las piezas con las que desarrollar sus inventos.

“Reciclo cosas como electrodomésticos, impresoras, televisores, radios… todo lo que se pueda reciclar lo reciclo y doy vida a todo lo que se pueda reutilizar. Siempre encuentro algo botado, tirado en la calle, y lo que para otros es basura, para mí es un gran regalo”, asegura Lesly, quien compartió todo el conocimiento que aprendió de su tío y por sí misma con su hermana pequeña.

Amante de los autos buggies, del fútbol y de las máquinas industriales, Anai ya ha desarrollado más de una decena de robots con material reciclado a sus 15 años: “Mis robots son más industriales que los de mi hermana. Cada vez van creciendo más”, asegura.

 Lesly y Anaí en una exposición.

Escapándosele una risa, recuerda que su primera creación  fue a los 10: “Yo quise hacer una mosca voladora, pero me salió un masajeador”, dice.

“Lo hice en una hora con materiales en desuso que tenía en casa, sólo tenía que cortarlos y adaptarle el motor. Conecté los cables a la batería y ya, porque no sabía casi nada de programación ni circuitos”, continúa la ahora experta y aficionada a la mecánica.

Al igual que su hermana mayor, Anai es otra guardiana del medioambiente. Para armar sus prototipos recorre los talleres de autos y motos de la ciudad con el propósito de rescatar aquellos materiales y piezas que para otros ya quedaron inservibles.

Las hermanas junto a sus alumnos en la Olimpiada Científica Estudiantil Plurinacional de 2018.

“Por ejemplo, para Niki Junior  reciclé motores de limpiaparabrisas y amortiguadores. Voy reciclando cosas que me puedan servir para mis robots”, dice Anaí, quien para lograr sus creaciones echa mano de de  tornos, amoladoras o sierras circulares.

En año pasado, ante la problemática de los incendios que azotaron la Chiquitania, esta joven entusiasta dio vida a Niki Junior, un robot bombero inspirado en la película de ciencia ficción Chappie: “El que hice es un prototipo, pero  después de  que termine mi buggy, a finales de este año, lo pienso industrializar para que ya no sea sólo de venesta, sino que nos sirva en el cotidiano vivir”, afirma 

Además de ejercer en cierto modo de maestra por ser la mayor, Lesly también se considera aprendiz de Anaí, cuyo trabajo aprecia y admira: “Ni yo sabía que podían reciclarse las partes de los autos, de las motos, y mi hermanita me lo demostró. Ella las utiliza y va creando cosas sorprendentes”, sostiene.

Transmitiendo lo aprendido

Después de cosechar éxitos, Anaí y Lesly decidieron transmitir sus conocimientos a otros niños que, como ellas, no tienen acceso a muchos recursos económicos, pero que sienten una gran inclinación por la robótica.

Las dos hermanas aprovechan cada vacación escolar para viajar a la comunidad de San Juan de Icoya del municipio de Villa Tunari, en el trópico de Cochabamba, donde ejercen como profesoras.

“Ellos son mis estudiantes desde mis 15 años. Les voy enseñando todo lo que puedo, porque aunque aún no sea una ingeniera, quiero que todos aprendan, pese a ese gran obstáculo que representa el factor económico y que a nosotras nos inspiró a crear robots con materiales reciclados”, dice Lesly.

En 2018, Anaí decidió no participar de la Olimpiada Científica Estudiantil Plurinacional para que sus alumnos lo hicieran. Dos de ellos se llevaron la medalla de oro en la etapa departamental y mención de honor en la nacional, un éxito que Anaí recibió como un bálsamo de felicidad para su alma.

Con el compartido propósito de poder ayudar a las personas y, sobre todo, a los más pequeños, las hermanas también desarrollaron Merlin for education, una aplicación móvil que contiene exámenes, juegos y adivinanzas didácticas para que los estudiantes de secundaria -dice Lesly- “mantengan el interés por las materias y utilicen el celular para algo bueno”. 

Asimismo, hace dos años Lesly creó su propia empresa Industria de Automatización Robótica Santos (IARS) con el propósito de inspirar a más jóvenes, sobre todo mujeres, a seguir su camino en el área de la róbotica.

“Tenemos que demostrar que somos luchadoras, que podemos hacer las mismas cosas que los hombres: tenemos la misma capacidad de desarrollar, de crear y de analizar. Mucha gente cree que las mujeres son para la casa y los hombres para traer dinero. Ese prejuicio  tenemos que cambiarlo para poder mejorar nuestro país. Al igual que tenemos que aprender a reciclar las cosas”, afirma Lesly, cuyo sueño es expandir su empresa al “mundo entero”..

Mientras tanto, la aspiración de Anaí es estudiar Ingeniería Electromecánica y crear una empresa de buggies eléctricos. 

Convencidas de que con esfuerzo todo se logra, estas jóvenes hermanas agradecen a su papá, su tío y sus abuelos por un apoyo incondicional que las llena de energía para seguir alcanzando sus metas.

 

 Los  reconocimientos

  • Lesly Santos  En la Olimpiada Científica Estudiantil Plurinacional de 2018 se hizo con la medalla de oro en la etapa departamental y nacional con sus tres  robots mineros.
  • Anai Santos  A sus 11 años ganó el tercer lugar en una competencia en la Universidad Pública de El Alto  en La Paz, con Pinguin, un robot luchador mini-sumo. En la Olimpiada Científica Estudiantil Plurinacional  de 2019 obtuvo la medalla de plata en la etapa departamental con Niki Junior, un robot bombero que apaga las llamas  de fuego salvavidas.
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