Beso de negro Cóndor, el cuarentón paceño que no revela su dulce poción

El primer custodio del secreto de este bombón ícono de La Paz fue Francisco Gonzales, que al morir lo reveló a su hijo Jaime. Éste lo tiene anotado en un cuaderno que guarda celosamente. Si a él llega a “pasarle algo”, sólo su madre y hermano podrán acceder a la fórmula que hasta ahora nadie puede descifrar. Sandra Alcázar visitó la fábrica con Página Siete.
domingo, 8 de marzo de 2020 · 00:04

Ivone Juárez /  La Paz 

 La suavidad de su blanco merengue se disuelve en la boca,  mientras su cobertura de chocolate se deshace entre los labios, dejando leves rastros de su textura y olor en las yemas de los dedos. El bocado final es su base, una galleta ligera que acentúa más el sabor del chocolate.   Su forma de gorra de pastelero es inconfundible, pero sobre todo su brillo,  la primera señal a la vista de que se trata del verdadero   Beso de negro de Cóndor, según los que somos medianamente conocedores de esta delicia.

 Siempre imitado, nunca igualado, esa es la historia de este bombón paceño, un cuarentón con un secreto  que lo hace inigualable. Muchos intentaron e intentan copiarlo, desde extrabajadores de Cóndor, personas ajenas y hasta grandes empresas que fracasaron en su intento.

El proceso de elaboración del Beso de negro de Cóndor.

“El secreto es el copo de  merengue elevado; no consiguen que se mantenga así   en el tiempo y soporte el baño de chocolate que le da la forma de gorro de pastelero. Si no hay un  copo bien elevado no tiene chiste, porque uno quiere disfrutar del merengue;  ahí está el secreto y el arte del Beso de negro,  además de que mantenga su forma  más de un mes”, revela Jaime Gonzales, uno de los hijos de Francisco Gonzales, el padre del Beso de negro de Cóndor.

 “Mi padre me la transmitió de manera confidencial. Yo conozco la receta y los microingredientes, que son los que le dan el toque final y único al Beso de negro Cóndor”, afirma    Jaime en tono sereno.

Cuenta que exempleados de la empresa intentaron imitar el producto e incluso el nombre (Beso de negro), pero fallaron en su intento, igual que empresas de renombre, que, más temprano que tarde, abandonaron su intención de pararse enfrente del bombón de  Cóndor con un producto similar y queriendo sacar ventaja del prestigio ya ganado por la marca.

 “Siempre fueron logros falli    dos porque hay ingredientes secretos que no lograron descubrir y que no lo lograrán”, afirma contundente.

Es que el comunicador social de profesión aún maneja de manera confidencial la fórmula que su padre le dejó antes de morir en 2008. “Sólo dos personas conocemos ese secreto: mi padre en su momento y ahora yo”, señala.

 ¿Y dónde está guardado ese secreto?, ¿en una caja fuerte?, ¿en la bóveda de algún banco? Después de todo, Cóndor  debe gran parte de su prestigio al Beso de negro, que representa más del 40% de su producción y es el producto que más eleva sus ventas... La  fórmula está conservada en un simple y  sencillo cuaderno, al que si llega a ocurrir  algo a Jaime tendrán acceso su madre Hortencia  y su hermano Jesús.

“Es un cuaderno de emergencia. En caso de que me pase algo, mi madre y mi hermano tendrán acceso a él”,  afirma  en su despacho de la fábrica de chocolates Cóndor, instalada hace más de 20 años en la zona de Villa El Carmen. La factoría nació hace 60 años, en Alto Obrajes y luego funcionó   en la avenida Tejada Sorzano, en Miraflores, conducida  por don Pancho Gonzales, que nació en Arque, Cochabamba.

La historia del secreto

Francisco, a quien  todos conocían como Pancho Gonzales, trajo el secreto de la receta  del bombón desde Lima, Perú, donde, cuando era un joven de algo de más de 20 años, trabajó en la fábrica de chocolates  Mota, constituida  por capitales alemanes e italianos. Allí se convirtió en maestro en chocolatería y aprendió muchos secretos, entre ellos  el del Beso de moza, versión de un bombón tradicional de Alemania llamado Mohrenkopf que tenía la forma de un gorro de pastelero.

 “Además de tener un merengue muy agradable, el Beso de moza, versión peruana del  Mohrenkopf, tenía un copo bien elevado, lo que era su virtud, y  se podía mantener elevado  más de un mes”, cuenta Jaime.

Pero Mota quebró y fue vendida a Donofrio que adquirió su maquinaria y su know how, pero extrañamente no la verdadera receta del Beso de moza. “Si hoy uno pregunta a un limeño que tenga unos 50 o 60 años si el Beso de moza es igual al de los años 40 o 60, dirá que no”, asegura el descendiente de Pancho Gonzales. 

Con la quiebra de Mota,  Pancho regresó a Bolivia, donde primero se dedicó al negocio de llantas para vehículos, hasta que fue estafado por su socio. Viéndose quebrado decidió dedicarse a la chocolatería y creó Cóndor.

  “Mi padre no hizo el Beso de negro desde el inicio, porque entonces en La Paz, Corona, una fábrica de judío-alemanes, tenía el producto y  él no  quería hacer lo mismo, pero Corona quiebra y se anima a hacer la receta que aprendió en Lima”, cuenta.

En esa situación, Corona  fue vendida a Ferrari Ghezzi, la fábrica de fideos y galletas ícono de Oruro, que comenzó a producir el Beso de negro pero sin lograr la fórmula. “Algo pasó, el merengue se caía. Ahí comenzó una especie de guerra entre  Ferrari Ghezzi y Cóndor. La ganamos nosotros porque Ferrari, al cabo de dos años, abandona la empresa, el merengue de sus besos de negro no se mantenía elevado”, añade.

Pero esa no fue la única dulce  batalla que venció y vencerá Cóndor, considera el heredero del secreto que Pancho Gonzales guardó celosamente  por más de 60 años. “Siempre habrá alguien que lo intente, hasta ahora nos ha beneficiado porque es una oportunidad para que la gente compare nuestro producto, compare nuestro merengue natural”, sostiene Jaime Gonzales.

  11.000 Besos de negro al día 

La fábrica de chocolates Cóndor produce cada día alrededor de 11.000 Besos de negro, cantidad que es insuficiente para cubrir la creciente demanda de este bombón ícono de La Paz  y también de Bolivia.

 “Representa prácticamente el 40% de nuestra producción”, dice Jaime Gonzales, gerente general de la empresa, que fue visitada por Página Siete y  la presentadora Sandra Alcázar, que quedó impresionada por la forma en que se produce   la delicatessen,  

 La presentadora de televisión Sandra Alcázar visitó  Cóndor.

El bombón llega hasta Estados Unidos y países de Europa de la mano de los bolivianos que lo llevan como obsequio, pero Cóndor recibió muchas propuestas para su exportación; sin embargo,  Jaime Gonzales ve un problema: la composición natural del merengue que permite  un tiempo de vida de sólo seis semanas, a lo  máximo. “Los procesos de exportación son largos”, dice.

Pensaron en hacer la producción en algún determinado país, pero también hay una limitación: la fórmula secreta. 

“La tendríamos que enviar como lo hace la Coca-Cola”, comenta Jaime y sonríe, seguro imaginando cómo hacer para que el secreto  de su familia no sea descubierto.

 En tanto, en su oficina de La Paz piensa en nuevos envases que identifiquen a los bombones para que no sean confundidos con las imitaciones.

 

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