Día Mundial de las Tortugas: cuidar nidos y evitar que la bella carey desaparezca

Las tortugas carey están en peligro crítico de extinción. En Ecuador, la Fundación Equilibrio Azul descubrió 10 lugares de anidación en el Parque Nacional Machalilla. Trabaja en la reproducción de la especie.
sábado, 23 de mayo de 2020 · 00:04

Ana Cristina Basantes /Mongabay Latam-GK Ecuador

La mayoría de especies de tortugas marinas están en peligro de extinción y desde hace varias décadas decenas de organizaciones en el mundo trabajan en su conservación. Si desaparecen, muchos ecosistemas jamás serán iguales.

Estos reptiles son de los pocos animales que comen pastos marinos y ayudan a mantenerlos saludables. Estos pastos son áreas de crecimiento y desarrollo para muchos peces, medusas y crustáceos y sin ellos, especies marinas aprovechadas por los humanos desaparecerían, al igual que ocurriría con niveles más bajos de la cadena alimentaria.

Las playas y dunas también se benefician de la existencia de estos reptiles acuáticos. De acuerdo con la organización Sea Turtle Conservancy, que desde 1959 trabaja con estos animales, la arena no retiene los nutrientes demasiado bien y los huevos que no eclosionan, y las cáscaras de las tortugas que sí nacen, permiten que la vegetación playera sobreviva.

Su caparazón es muy apetecido para artesanías.

Las tortugas ponen en promedio unos 100 huevos en un mismo nido, anidando entre tres a siete veces aproximadamente durante su temporada de anidación. A medida que el número de tortugas disminuye, menos huevos son depositados en las playas, proveyendo menor cantidad de nutrientes y generando procesos erosivos.

Una de las especies más amenazadas es la tortuga carey (Eretmochelys imbricata), pero un proyecto de conservación en Ecuador ha encontrado varios nidos, trabaja en la recuperación de la especie y estudia uno de los principales enigmas de las tortugas marinas: ¿qué ocurre con ellas desde que nacen e ingresan al mar hasta que, 20 años después, regresan a anidar en las playas?

Conocer la especie para protegerla

Hasta hace apenas 13 años se creía que las tortugas carey estaban extintas en Ecuador y en la región del Pacífico Oriental - desde México hasta Perú -. Eso empezó a cambiar en 2007, cuando un grupo de investigadores identificó un lugar de anidación en La Playita, dentro del Parque Nacional Machalilla, en la costa norte del Ecuador. Desde esa fecha hasta hoy ya se han identificado nidos en 10 playas. A pesar de esto, la tortuga carey sigue siendo considerada como una especie en peligro crítico, según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN.

Felipe Vallejo, biólogo marino y director de Equilibrio Azul - una organización encargada de conservar ecosistemas y recursos marinos - dice que el descubrimiento de La Playita se convirtió en un ícono de esta especie a nivel mundial. “Los especialistas de tortugas carey en toda América conocen de La Playita por lo importante que es”, comenta. Fue tal el asombro que desde ese momento arrancó el Proyecto de Conservación de Tortugas Carey en Ecuador, una iniciativa que ha logrado proteger los lugares de anidación de esta especie en las playas del país.

Nidos de tortuga carey.

El descubrimiento de hace más de una década fue una buena noticia para esta tortuga que en el último siglo ha disminuido su población en un 80 %, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés). La población de la carey es considerada una de las más vulnerables del planeta, con menos de 700 hembras anidadoras en todo el Pacífico Oriental.

Cuando los investigadores encontraron el lugar de anidación en La Playita decidieron enviar un correo electrónico contando lo sucedido a un grupo de científicos estadounidenses dedicados al estudio de tortugas carey en la Universidad de San Diego, California, y en la National Oceanic and Atmospheric Administration. En un principio, dice Felipe Vallejo, los científicos creían que era una equivocación, “hasta que enviamos la fotografía de una tortuga carey anidando y comprobaron que era cierto”, asegura.

A las pocas semanas, tres de los investigadores escépticos de Estados Unidos viajaron a Ecuador. A su llegada, comprobaron que este animal no estaba extinto en esa zona y marcaron a tres tortugas anidadoras con transmisores satelitales para poder rastrearlas.

El único momento en que las tortugas marinas están en tierra es el día que nacen, y en el caso de las hembras también cuando anidan: ¿qué sucede cuando llegan a su madurez sexual, entre los 20 y 25 años? El proceso comienza en la noche: las hembras abandonan el océano para llegar a la playa y hacer su nido. Las tortugas carey pueden salir hasta seis veces en una misma temporada —que va desde noviembre hasta mayo—. En cada anidación pueden poner entre 180 y 200 huevos.

Cristina Miranda trabaja en Equilibrio Azul desde hace 12 años y cuenta que las “carey son las mejores mamás de todas las especies de tortugas porque son las que mejor escogen el sitio”. Siempre es un lugar resguardado de la marea y bajo la sombra.

Cuando las hembras abandonan el océano se meten bajo la vegetación y cavan un hueco con sus aletas traseras, que normalmente miden entre 40 y 50 centímetros. Una vez listo el hoyo, ponen los huevos y luego lo tapan con arena, lo camuflan para que no se vea y así despistar a los depredadores. La anidación puede durar entre una y dos horas en promedio, pero en algunos casos puede ser más, sobre todo cuando escogen sitios rocosos o con muchas raíces de árboles, arbustos, hierbas o plantas rastreras.

 Si mientras cavan se dan cuenta que es un mal lugar, cambian de sitio hasta encontrar el correcto. “A veces nos ha tocado estar con una tortuga hasta seis horas”, comenta Miranda.

Se sabe poco de la carey desde que nace.

Una vez que depositan los huevos, las hembras vuelven al mar y no regresan a la playa a menos que tengan que anidar nuevamente. En los cerca de 60 días que tardan en eclosionar los huevos, corren el riesgo de ser destruidos.

Entre las principales causas están la destrucción de las playas para la construcción de hoteles y muelles y la presencia de personas. Incluso la luz de los muelles y diferentes construcciones pueden causar que los recién nacidos no lleguen al mar porque la confunden con la que se proyecta en el mar y se equivocan de dirección. La basura plástica y los animales que destruyen los nidos son otros factores que las ponen en peligro de extinción.

Un monitoreo minucioso

El cuidado de los nidos de tortugas es clave para su conservación y eso lo saben bien los investigadores. En Ecuador, Equilibrio Azul creó en 2007 un proyecto de monitoreo y protección de playas de anidación de tortugas carey con el que buscan que la mayoría llegue al mar. Todas las noches, desde noviembre hasta mayo - que son los meses de puesta de huevos - monitorean las playas en grupos de tres personas. Los recorridos sólo se realizan cuando el sol se oculta porque es en ese momento cuando pueden ver a las hembras anidando e identificar a cuál tortuga le pertenece cada nido.

En las caminatas nocturnas, las personas que están de vigilia usan linternas de luz roja porque las tortugas son muy sensibles a la luz. “Si usamos luz blanca ellas nos pueden ver, se asustan y regresan al mar”, dice Cristina Miranda.  La luz roja también la usan cuando nacen las crías. “Los neonatos son tan sensibles que si ven luz blanca no se van al mar”.

Cuando el equipo detecta el lugar, inmediatamente protege los huevos colocando una malla alrededor. En algunos casos los mueven a un sitio seguro donde vuelven a enterrarlos. Miranda dice que mover los huevos “es la parte más delicada y solamente lo hacemos los que tenemos experiencia. No dejamos que voluntarios lo hagan”. Después ponen una estaca en cada nido con un código específico que les permite saber dónde está cada uno.

Tortuga carey recién nacida ingresa al mar.

Felipe Vallejo cuenta que “todos los días vamos a revisar esos nidos, que estén bien, que no haya subido la marea, que no haya venido un animal o una persona a destruirlos”.

El monitoreo continúa hasta el día que las crías nacen. Cuando llega ese momento, los miembros de Equilibrio Azul intentan estar ahí para garantizar que todas las tortugas lleguen al mar. Al final, comprueban cuántas nacieron y cuántas no para determinar cuán exitoso fue ese nido. Para determinar el éxito también toman en cuenta las condiciones climáticas que se han dado en cada temporada.

En los más de 10 años del proyecto de conservación de tortugas carey se ha logrado que, en las principales playas de anidación, entre el 80 y 90 % de las tortugas lleguen al mar. Según Vallejo, se calcula que en todo el Pacífico Oriental hay entre 500 y 700 hembras anidadoras y “sólo en Ecuador hemos identificado alrededor de 50 en más de 10 años de estudios”, dice el biólogo. Cada año llegan entre seis y 12 hembras, una cantidad que, a pesar de ser alentadora, sigue siendo baja.

Para Vallejo, con una especie como la carey “cada nido que se salve es un éxito total, cada nido que se protege puede hacer la diferencia entre la extinción y la no extinción”.

Determinar si la especie se está recuperando, dice Alexander Gaos -ecologista estadounidense de la National Oceanic and Atmospheric Administration y cofundador de la Iniciativa Carey del Pacífico Oriental -, es difícil pues el reptil tarda muchos años en llegar a su madurez sexual. “Si trabajas en la conservación (de tortugas) no vas a ver ese aumento en las playas hasta 20 o 25 años después”, dice Gaos. El proyecto en Ecuador lleva 13 años.

La tecnología para conservarlas 

Los monitoreos de las zonas de anidación no son los únicos mecanismos para cuidar las tortugas carey. En Equilibrio Azul también usan transmisores satelitales y aretes para marcarlas. Los aretes se incrustan en una de sus aletas, tienen escrito un código único y una dirección de correo electrónico. Sirve para que alguien que encuentre una tortuga muerta o anidando en una playa pueda escribir a la dirección alertando que la hallaron.

Por su parte, los transmisores satelitales tienen una batería que envía señales a un satélite y esto permite que los científicos puedan revisar, desde una computadora y en tiempo real, dónde está el animal.

Equilibrio Azul lleva 13 años trabajando con la carey en Ecuador

Cuando no se tenía esta tecnología tomaba mucho tiempo saber cómo se movían las tortugas. Los transmisores han permitido conocer sobre sus años de juventud, antes de llegar a la madurez sexual, un lapso que se conoce como “años perdidos” porque es casi un misterio saber dónde están y qué hacen.

Equilibrio Azul ha investigado durante cuatro años los “años perdidos” de las tortugas carey —con salidas al mar, horas de buceo y transmisores satelitales— generando nuevo conocimiento científico. Felipe Vallejo cuenta que uno de los hallazgos es que las tortugas navegan por el mar en dirección a un rumbo fijo, contrario a la creencia de que llegan al mar y se dejan llevar por las corrientes. “Nosotros pudimos comprobar que no es así, que las tortuguitas buscan un rumbo y nadan activamente hacia allá, luchando muchas veces contra la corriente”, dice.

En aguas latinoamericanas

En 2007, el mismo año que se encontró el nido en Ecuador, se registraron tortugas carey anidando en la Bahía de Jiquilisco en El Salvador. Alexander Gaos, ecólogo de la National Oceanic and Atmospheric Administration y cofundador de la Iniciativa Carey del Pacífico Oriental, cuenta que fueron estos hallazgos los que lo motivaron a él y a un grupo de ecologistas a crear un programa de protección en el Pacífico Oriental.

En 2008 hicieron una reunión en El Salvador “con aproximadamente 15 colegas que trabajaban con tortugas marinas a lo largo del Pacífico Oriental”, dice Gaos. Desde ese momento, formaron oficialmente la Iniciativa Carey del Pacífico Oriental (ICAPO). Los principales objetivos que se acordaron en la reunión fueron: buscar nuevos sitios de anidación con presencia de tortugas carey, identificar sus rutas migratorias y asegurar su protección. Además, fortalecer la participación ciudadana de actores clave como pescadores y comunidades locales para la conservación de la especie.

ICAPO está conformada por diez países: Estados Unidos, México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador. Su objetivo es fomentar la investigación y conservación de la tortuga carey; para lograrlo planifican e implementan programas de investigación, conservación y sirven como una red de comunicación para compartir noticias y resultados entre todos sus integrantes.

Educación ambiental con pocos recursos

Salvar tortugas no es una tarea fácil. Las noches de patrullaje o el monitoreo a nidos no son la única estrategia para evitar la extinción de las carey. Equilibrio Azul tiene programas de concientización que contribuyen a la conservación de esta especie. Uno de ellos es el trabajo con cuatro comunidades ecuatorianas que tienen playas de anidación. Durante cada temporada de puesta de huevos, el equipo recorre casas y negocios que hay frente a las playas y entregan información. “Si ellos ven alguna actividad de tortuga en esas playas, nos llaman y nosotros vamos”, dice Cristina Miranda. Además, entregan folletos de buenas prácticas como un adecuado manejo de la iluminación en sus casas frente al mar o evitar el uso de las playas como parqueaderos.

La conscientización no es sólo dirigida a los que viven cerca de las playas sino también a gente que quiere aprender sobre conservación. “Armamos grupos para darles charlas y hacerles un recorrido para que vean lo que hacemos en el campo y con voluntarios”, dice Miranda.

El trabajo con pescadores es crucial en la conservación porque interactúan a diario con ellas. Cada vez que lanzan un palangre o una red, caen tortugas. Para evitar que muchas mueran, Equilibrio Azul capacita a los pescadores para que las liberen sin afectarlas.

Los esfuerzos de esta ONG - que se financia con donaciones de organizaciones, la mayoría extranjeras, y funciona con una red grande de voluntarios - se verán reflejados dentro de varios años, cuando se evidencie cuántas hembras regresarán a anidar. Los resultados actuales ya muestran un gran éxito, pero no bajan la guardia, seguirán comprometidos con la conservación de la especie, esperando el momento en que ya no esté en peligro de extinción.

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