Las epidemias llegaron en la Colonia y atacaron a los pueblos de América

Tras la llegada de los conquistadores, la población americana se vio diezmada por enfermedades como la viruela, el sarampión, la peste bubónica, la influenza, la escarlatina, etc.
martes, 5 de mayo de 2020 · 00:04

Franz Gustavo Morales Méndez (*)

Fue muy poco abordado el tema de las enfermedades antes de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo. Por increíble que parezca, la presencia del terrible coronavirus vuelca nuestra mirada a la identidad misma de los pueblos de nuestros abuelos nativos. 

Esta pandemia, a pesar de su letalidad, da una oportunidad para reivindicar al hombre americano. Es un espejo que muestra la casi inexistencia de virus y epidemias en estas tierras; pues desde 1492, fallecerían más nativos que los que nacían. 

La población americana se vio diezmada por la viruela, el sarampión, la peste bubónica, la influenza, la escarlatina, la tos convulsiva, etc. Todas enfermedades con las que los indígenas nunca habían tenido contacto y, por lo tanto, contra las que  no habían desarrollado inmunidad. 

Naturaleza, maldad y muerte se mezclaron para convertirse en las primeras armas que acabaron con millones de nativos. A tiempo de esclavizarlos, los conquistadores usaron estos males para hacerse pasar por enviados de los dioses. Era materialmente imposible que las armas, como el arcabuz y los cañones, mataran más que estas enfermedades. 

 Alegoría sobre el Inca Huayna Capac enfermo de viruela.
 

Desde la llegada de Colón, en 1492, hábilmente se ocultó  que la mayor parte de los europeos que arribaron habían tenido los virus en la etapa infantil, por lo que ya disponían de inmunidad. Instituciones como la Iglesia ayudaron a hacer creer que eran seres enviados por los dioses, que no se enfermaban. Fue otro engaño. 

Fueron tantos los que murieron con esas enfermedades desconocidas, que se generó una psicosis y miedo extremo, como ahora con el coronavirus.

Los españoles procedían de una tierra con elevada densidad poblacional, donde la mayoría de las personas vivían en estado de hacinamiento con escasa higiene personal (poca frecuencia al baño y los cambios de ropa, etc.). Era común que de la falta de limpieza se originen los piojos y la sarna, las infecciones de la piel e incluso las enfermedades venéreas.

Escritores como Néstor Taboada Terán en su libro La decapitación de los héroes expone: “sabed que en Valladolid una niña de catorce años fue quemada por el Santo Oficio solo por bañarse cada sábado”, o Isabel Allende que describe en Inés del Alma mía con mucho detalle cómo los ibéricos no se bañaban y sí lo hacían los nativos americanos, incluido su cambio de ropa muy a menudo,  reconocen la concepción de dos mundos diferentes:  el primero, que llamaba a falta de hábitos a las enfermedades; y el  segundo, que las ahuyentaba con sus buenas prácticas y costumbres.

Falta de limpieza, de alimentos, etc. no era comunes en América en la época precolombina. Ya los nativos habían domesticado variedad de plantas (tubérculos, maíz, ajíes, maní, cacao, quinua y muchos otras) que, a su vez,reforzaban sus defensas contra las enfermedades. No cabe duda que en América, entonces, el abastecimiento y producción de alimentos eran exitosos, permitiéndo a sus habitantes agruparse en grandes sociedades comunitarias y solidarias.

Es una enorme falsedad histórica que Colón y sus marineros llevaron la sífilis a Europa al regresar del primer viaje, como hicieron creer por 500 años; sencillamente porque las condiciones de salubridad y la limpieza del nativo americano no ameritaban la presencia de estos virus, que ya existían en Europa antes.

 Esta falsedad histórica, así como lo del canibalismo, o la supuesta promiscuidad, son temas que merecen mayor estudio a fin de redimir a las culturas nativas de esta región y confirmar que América, antes de la colonización europea, estaba casi exenta de epidemias. 

Alexander Bon Humbolt decía en 1804: “El campesino americano tenía mejor nivel de vida que el alemán”. Si hubiera habido promiscuidad se habrían repetido la endogamia del Viejo Mundo, esto jamás ocurrió”.

En Plagues and Peoples, William McNeill sostiene: “En 1492 los habitantes del Nuevo Mundo no eran portadores de infecciones peligrosas susceptibles de ser transferidas a las poblaciones europeas o africanas que aparecieron en su continente, mientras que la abrupta confrontación con una larga lista de infecciones que trajeron europeos y africanos habían hecho pasto con sus poblaciones y provocando, en los amerindios, un desastre demográfico masivos”. 

Los virus y las bacterias han sido una constante en la vida del ser humano. Han acabado con millones de personas y han provocado crisis políticas, económicas y sociales. 

La última pandemia global, el coronavirus, parece que va a seguir el mismo camino, y hacer el mismo daño que los anteriores, pero, al menos, acerca al hombre con el hombre, le hace reflexionar, a cuidar a la naturaleza, pero sobre todo,  lo lleva a revisar sus acciones y valores. 

Esta pandemia nos permite ver que el desarrollo y el crecimiento económico se tiene que humanizar; que antes de hacer culto a la inteligencia, se tiene que volcar la mirada al corazón, a los sentimientos y los valores, porque esa inteligencia de la que hacen culto, ha destrozado la tierra, el agua y el aire que nuestros abuelos cuidaban, respetaban y protegían. 

(*) Gustavo Morales es socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP)

Las epidemias  asolaron también durante la República.


 

La viruela, la enfermedad que arrasó durante siglos

Página Siete  / La Paz

Cuando de Europa llegó la colonización (hace ya cinco siglos) trajo consigo, entre otras enfermedades, a la viruela. Éste, junto a otros males nuevos para América, fue el responsable de la muerte de miles de originarios que no estaban inmunizados

 El  cronista-soldado Cieza de León escribió  hacía el año 1600 en su Crónica del Perú que la enfermedad de la viruela ya había matado a unas 100 mil personas, entre ellas el Inca Huayna Cápac, durante la conquista de tierras altas y bajas de Perú.

 El religioso y soldado español Fray Mingo de la Concepción, quien llegó a lo que hoy es Tarija en 1755, registró que entre 1790 y 1791 una de las armas para evangelizar  a los chiriguanos que habitaban en tierras chaqueñas fue la epidemia de viruela. 

“Estoy convencido al ver a los chiriguanos por los montes comiendo raíces y contagiados por las viruelas que admitirán sin duda el evangelio”, escribió en sus crónicas que fueron publicadas después con el título de Historia de las misiones franciscanas entre chiriguanos.

La epidemia permaneció durante muchos años en el Nuevo Mundo y causó más muertes con brotes que se registraron también durante la República.

“En 1621 el  gobernador de Santa Cruz, Nuño de Cueva, refiere que la peste de 1620  diezmó la población de esa ciudad. En los  años de la República, 1861, se presentó una epidemia de viruela  de alarmante gravedad que comprometía los departamentos de Chuquisaca, Santa Cruz y Tarija. En 1888-1889, se presentó en la ciudad de Sucre, una epidemia que acabó con el 10% de la población”,  sostiene el doctor Antonio Dubravcic en el estudio Epidemias en Bolivia.

Crónicas de la época  sobre la peste en América.

En 1902 llegó, finalmente, la vacuna y por Ley de 21 de octubre se encomendó al Servicio Nacional de Vacunación distribuirla en todo el país. En 1969,  la  Organización Mundial de la salud declaró erradicada la viruela de Bolivia

“La casi totalidad  de las enfermedades infecto-contagiosas se han presentado en el territorio que hoy ocupa Bolivia, tanto durante la  la Colonia como en la República. Es poca la información que se tiene sobre la mortandad que causó cada una de ellas, pero asolaron sin piedad”, refirió Dubravcic .

 

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