La hazaña de alimentar a las ciudades en tiempos de Covid-19

La interrupción de la vida cotidiana por la pandemia pone de manifiesto la fragilidad de los sistemas alimentarios locales en La Paz. Los productores de Uni, el Tholar, Igachi, Chirapaca y otras localidades sienten las consecuencias.
sábado, 9 de mayo de 2020 · 00:04

María Teresa Nogales /  La Paz

Antes del amanecer las verduras yacen junto a la leche fresca al costado de una carretera. Un productor del altiplano espera que algún vehículo lo acerque a una feria o mercado donde podrá vender sus productos. En tiempos de Covid-19 esto es una hazaña.  

La espera, el difícil traslado, son problemas que se suman a los miles que ya enfrentaban los productores antes de la pandemia. La cadena alimentaria que los tiene como uno de los eslabones más vulnerables se completa con el trabajo de actores como los acopiadores, transportistas y comerciantes, en momentos en que la emergencia sanitaria, decretada el 22 de marzo, ha paralizado casi todas las actividades económicas en el país.

Campos agricolas,  camino al Lago Titicaca

En el altiplano es época de cosecha. Víctor Ortega es productor de papa y vive cerca de la población del Tholar, entre La Paz y Oruro. Su producción es buena, pero le preocupa no poder trasladar su cosecha para venderla en la ciudad.  Al final de la conversación, pregunta: “Si mando mi papa a vender a la ciudad, ¿cómo me aseguro que me van a pagar después?”. 

Marcelino Carbajal y su padre caminaron dos horas desde la población de Uni, del municipio de Palca. Con su ganado y una mula se dirigen a su campo para labrar la tierra con la ayuda de sus animales. Están optimistas: su producción de papa, haba, papalisa y oca es generosa. Su cosecha es en su mayoría para consumo familiar y el excedente se vende. Ellos saben que su contribución al abastecimiento de las ciudades es importante.

Campesino productor  de papa, camino al Lago Titicaca

La pandemia por el coronavirus ha hecho imposible continuar ignorando la forma precaria y artesanal en la que se abastecen las ciudades. La interrupción del funcionamiento de la vida cotidiana, que súbitamente ha quedado atrás, pone de manifiesto como nunca la fragilidad de los sistemas alimentarios locales.

Un ejemplo de ello es Patacamaya, un municipio productor y centro del comercio que “encapsulado” y sin alcalde dejó sus calles desiertas y la pregunta latente: ¿en qué medida se garantiza el aprovisionamiento en poblaciones que pasan por esta situación? 

Productora  de quesos.

Mariano Condori y su esposa Lucía viven en la localidad de Igachi, Batallas. Cultivan papa, haba y crían vacas para producir leche y queso. Para ellos el traslado de alimentos a la ciudad se ha complicado por el control militar. 

“La regulación no está clara y no sabemos cómo podemos transportar nuestro producto”, dicen mientras admiten que están preocupados y asustados por el Covid-19, porque la información sobre la pandemia no es de todo clara y no hay recursos en las postas de salud del área rural.

Cada vez son menos las personas que cultivan en las comunidades para abastecer a las ciudades más allá del excedente que generan. Y es que la agricultura local no goza del apoyo de acciones y políticas efectivas que se lo permitan. 

Felicia Olivares de 42 años y su familia están cosechando quinua en la localidad de Chirapaca, municipio de Batallas. “La cosecha está buena”, dice y muestra orgullosa sus papas, habas y cebollas, otra parte de su producción. Ella también comercializa el excedente de su producción.

Contra todo pronóstico, la emergencia sanitaria y la cuarentena no han detenido la cadena alimentaria en Bolivia a pesar del cierre de fronteras. Cada uno de los actores involucrados continúa sosteniéndola, haciendo malabares para que los alimentos lleguen a los centros de abasto y a las mesas de sus ciudadanos.  

Campesino  camino a Palca.

Muy temprano, en la feria de Pucarani, en Senkata, los vendedores llegan para comercializar sus productos en medio de un gentío, en el cual el metro y medio de distancia es algo ilusorio. La cuarentena presenta la disyuntiva: la necesidad de trabajar para sustentar a las familias o protegerse para no contagiarse con el coronavirus: comer o enfermar.

En el afán de garantizar la disponibilidad de bienes básicos para los bolivianos, ¿cómo se precautela la salud de cada persona y la salud pública? 

Cada alimento que llega a las mesas de los bolivianos se traduce en un esfuerzo extra de los pequeños productores, una entrega que se hace para sobrevivir alimentando a los bolivianos. El Covid-19 pone de manifiesto la urgencia de generar mecanismos que permitan potenciar el bienestar de toda la población, tomando en cuenta sus distintas necesidades.

Feria en la ciudad  de El Alto, zona de Senkata.

El momento para priorizar la inversión, el desarrollo y el fortalecimiento de los sistemas alimentarios en el país es el presente impostergable. 

María Teresa Nogales es directora Ejecutiva de Fundación Alternativas, organización boliviana sin fines de lucro dedicada a fomentar alternativas sostenibles para garantizar seguridad alimentaria en las ciudades de Bolivia.

Productores  en Bolivia

  • Unidades En Bolivia existen 861.927 unidades productivas, de las cuales 724.375 son pequeños predios que articulan a más de dos millones de agricultores familiares de origen campesino, indígena originario e intercultural. Su producción es diversificada y abastece  con alimentos sanos e inocuos.
  • La Paz  El departamento registra 245.645 unidades productivas,  28.15% del total (Fuente CIOEC).

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