Tras los pasos de la cadena precaria que alimenta a los paceños

Los productores de los municipios de El Alto, La Paz, Laja, Mecapaca, Achocalla, Viacha, Palca y Pucarani se baten entre lo artesanal, la falta de tecnología y un acceso dificultoso a los mercados de La Paz para proveerlos cada día.
martes, 23 de junio de 2020 · 00:04

Alba Giraldo  / La Paz

Germán Ramos tiene las manos cubiertas por el barro. Ha llovido y ha pasado el día en sus sembradíos en Mecapaca cosechando hortalizas, que yacen entre el agua y el lodo. Como él, los productores de los ocho municipios de la Región Metropolitana de La Paz (RMLP) realizan sus actividades en condiciones rudimentarias y a pequeña escala. 

Las y los productores de los municipios de El Alto, La Paz, Laja, Mecapaca, Achocalla, Viacha, Palca y Pucarani viven inmersos en la precariedad de un sistema de producción alimentaria que se bate entre lo artesanal, la falta de tecnología y un acceso dificultoso a mercados para contribuir a las canastas alimentarias de aproximadamente 1,8 millones de personas que habitan la región metropolitana, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) para 2020. 

“Lo que es más necesario es el mercado. No es suficiente ya, porque nosotros exponemos a partir de la una de la mañana hasta las seis. Hasta las seis nos han dado esa libertad de venta directa (…), pero ya no nos alcanza el tiempo. Imagínese, exponemos nuestros productos a esa hora de la madrugada”, cuenta Ramos.  

Un minubús traslada  la producción de los comunarios a los centros de abasto de La Paz por vías intransitables.
  Foto Freddy Barragán.

Pequeñas, aisladas y desarticuladas 

La precariedad del productor en la RMLP se traduce en la falta de agua limpia y suficiente para el riego, acciones específicas para enfrentar el cambio climático relacionadas con la aridez de los suelos, la falta de tecnología, la necesidad de insumos tolerantes a las nuevas inclemencias del clima. Si a ello se le suman las condiciones del traslado de los alimentos a las ciudades, se hace evidente la existencia de cadenas productivas aisladas, pequeñas y desarticuladas. No parece una sobrevivencia desigual, la es.

El estudio Oportunidades para Diseñar un Sistema Alimentario Metropolitano en La Paz de Fundación Alternativas que estudió seis municipios de la RMLP -Viacha, Achocalla, Palca, Laja, Pucarani y Mecapaca- evidenció que no existe una planificación ni agendas de trabajo coordinadas entre los actores de la cadena productiva en los municipios de ese territorio: pero, además, La Paz y El Alto no tienen un acercamiento fluido con los demás municipios.  

La RMLP, a pesar de su urbanización acelerada, mantiene la labor agropecuaria como una destacada actividad económica y de autoconsumo. Con la flexibilización de la cuarentena inició la llamada “nueva normalidad” que para este sector representa nomás que el retorno a esa vieja matriz, pero con más restricciones y amenazas.

Los productores de Mecapaca, como Ramos, tendrán que seguir lidiando con el acceso limitado al agua y un potencial rechazo a sus productos alimentarios en mercados de la región, por el uso de aguas contaminadas del río La Paz para el riego de estos cultivos.

Así también, la productora Juana Rojas, de Achocalla, tendrá que darse modos para conseguir transporte para que los alimentos lleguen al mercado. “Necesitamos transporte para llevar nuestros productos para vender”, reclama y cuenta que cuando lleva sus verduras al centro de abasto más cercano las qhatukipas (revendedoras) le cobran por la comercialización y si no paga, botan su cosecha.

Una de las productoras  expone sus productos en horas de la madrugada en un mercado de La Paz. 
Foto:Freddy Barragán

Aquellos que no puedan trasladar los alimentos a la ciudad porque su excedente productivo es limitado seguirán instalando puestos improvisados de venta. Si llueve será al lado de lodo; si hay sequía estarán a merced de la tierra, de la contaminación que dejan los escapes de los vehículos y a veces cerca de animales, residuos sólidos o basura. Otra opción es vender a los llamados rescatistas. 

Los que tienen mayor producción deberán seguir llegando como puedan y de madrugada a puntos de venta como los de Villa Dolores, para que las caseras de los mercados de La Paz y El Alto, usando sus linternas de celular, alumbren la madrugada para ver las verduras dentro de los saquillos. 

Abel Ramos, de Huaricana, es transportista y está seguro que Río Abajo es la despensa de la ciudad por su cantidad de producción: “Tenemos todo tipo de verduras que salen a La Paz, cada día salen unos 300 camiones, pero no hay ayuda. Tenemos puentes que nosotros arreglamos cuando hay desbordes de ríos”. 

Según el estudio, la desarticulación que caracteriza a la región metropolitana responde, en gran medida, a una falta de conectividad vial. Existen vías camineras que se dirigen desde los seis municipios investigados hacia los municipios de La Paz y El Alto, pero poca interconectividad dentro de un mismo municipio y entre los demás. 

En otros municipios como Laja, Pucarani y Viacha, donde existe menor disponibilidad de agua, sus habitantes se han abocado a la producción lechera y de forraje. 

Unos productores  de  las verduras que llegan hasta los mercados paceños cada día.
Foto: Freddy Barragán

Una demanda de millones de habitantes

Según las estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas, casi el 75% de la población será urbana para 2025 (ONU, 2012). Si nada cambia y no se logran transformar estos sistemas alimentarios precarios a un modelo articulado, el panorama no es prometedor.  

Según las proyecciones del Plan Maestro de Aguas para la Región Metropolitana, para el 2040 alrededor de tres millones de personas habitarán este territorio, cerca del 70% de la población del departamento de La Paz. Esto sin proyectar potenciales migraciones como efecto del Covid-19 y los medios de vida disminuidos en las áreas rurales.

Al contar con una demanda asegurada de consumidores, surge una pregunta indefectible. ¿Por qué teniendo un mercado garantizado no se ha desarrollado un sistema alimentario metropolitano que garantice la seguridad alimentaria?

Mientras tanto, el aguayo con polvo o tierra en un rincón de la parte trasera de un camión o en el techo de un minibús lleva dentro los productos que alimentan todos los días a los habitantes de La Paz y El Alto. Ahí y en las manos con lodo de Ramos reposan los sistemas alimentarios de la RMLP a fuerza de constancia, necesidad y batiendo con cansancio y creatividad la precariedad, mientras los productores esperan que la labor de alimentar a las ciudades deje de ser invisible teniendo tanto que ganar.

Este artículo fue realizado por la Fundación Alternativas.

Los que tienen mayor  producción llegan como pueden en la madrugada a los puntos de venta. 
Foto:Freddy Barragán,


 

Las  debilidades

  • Agua  La precariedad del productor se traduce en la falta de agua limpia y suficiente para el riego.
  • Tecnología  Necesitan acciones específicas para enfrentar el cambio climático relacionadas con la aridez de los suelos, la necesidad de insumos tolerantes a las nuevas inclemencias del clima.
  •   Transporte  En las condiciones del traslado de los alimentos a las ciudades se hace evidente la existencia de cadenas productivas aisladas, pequeñas y desarticuladas.

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