De Ayata al mundo... los barbijos con historias de mujeres indígenas

Elizabeth Khuno, madre de Ana Alicia Layme, hizo el primer tapabocas tejido y colorido de Ayata. Contaba parte de su vivencia, ahora todos quieren conocer la historia
martes, 9 de junio de 2020 · 00:04

Ivone Juárez  / La Paz 

“No necesitamos improvisar, estamos preparadas porque es nuestro diario vivir”, afirma entusiasmada Ana Alicia Layme. Faltan unas horas para que parta con una pequeña comitiva de medios de comunicación internacionales rumbo a su pueblo: Ayata. Allá los esperarán las mujeres tejedoras de Wayatex, que siempre están listas y preparadas para mostrar lo que saben: tejer. Es una tradición que les transmitieron sus madres, abuelas, bisabuelas... sus antepasados. En el caso de Ana Alicia fue su abuela Albina Silva la que le enseñó a tejer.

Los periodistas de medios internacionales que Ana Alicia lleva a su pueblo, que se encuentra en la provincia Muñecas de La Paz (a unas ocho horas de viaje), quieren conocer a esas mujeres que  tejieron esos coloridos barbijos a mano y cuyas fotos e imágenes, desde hace unas semanas, circulan en algunas portadas virtuales de medios de comunicación y en las redes sociales. 

Fotos Facebook Wayatex

Las prendas, también bordadas en bayeta de la tierra, en tonos intensos, como  verde, azul o blanco, encienden el sentido de la vista, entusiasman, disparan un reflejo luz en estos tiempos de pandemia y hacen olvidar por un momento que los barbijos son obligatorios y pueden resultar hasta incómodos.

“Las mujeres de Ayata cuentan sus historias en sus tejidos,  su vida y la de sus familias, de la comunidad”, afirma Ana Alicia. Tiene 33 años, pero una basta experiencia en el trabajo con su pueblo y en política. Fue concejala en su región y asambleísta del departamento de La Paz. El segundo cargo lo mantuvo hasta hace unos meses, cuando renunció para regresar con las mujeres de su comunidad y seguir apoyándolas.  “La asamblea me cortaba las alas”, dice la joven.

Los textiles de las mujeres de Ayata, agrupadas en Wayatex (pueblo y textil, en el desaparecido puquina), no son desconocidos en La Paz porque sus autoras los comercializan en ferias, sobre todo en la que organiza la Alcaldía paceña en El Prado; pero esto fue hasta octubre de 2019, cuando se dieron las movilizaciones ciudadanas en contra el fraude electoral promovido por Evo Morales, y ya no pudieron salir más del pueblo.

La mujeres de Ayata  bordan los tapabocas en los que cuentan sus historias de vida.

 

La pandemia, una oportunidad

Y a inicios de este año, cuando las tejedoras se preparaban para volver a promocionar sus productos, llegó la pandemia, que las tuvo aisladas en sus casas, pero sólo el tiempo suficiente para que se dieran cuenta de que el coronavirus podía ser una oportunidad para ellas, como un escaparate para mostrar nuevamente su trabajo. Había que hacer lo que la gente más necesitaba: barbijos. Pero los de ellas tendrían un toque de tradición, de vida e historia, de sus historias. Diferentes, dice Ana Alicia.

“Cuando llegó la pandemia pensamos que con eso más era lo peor, pero luego nos dimos cuenta que la enfermedad también podía ser una esperanza para nosotras. El barbijo ayateño de la provincia Muñecas nos está devolviendo la esperanza de seguir creciendo”, afirma la joven.

Y manos a la obra...

La mamá de Alicia, Elizabeth Khuno, hizo el primer barbijo, a su manera,  y el resultado fue una prenda sinigual y colorida, que Ana Alicia lució y tomó fotografías. “Me saqué unas fotos y los colgué en mi página de Facebook Wayatex, en las redes sociales, y de ahí comenzaron a llamarme, sobre todo   periodistas”, cuenta.

Desde ahí la historia ya es conocida.

“¡Todo comenzó con un barbijo!”, añade la joven visiblemente emocionada. 

La charla es telefónica, pero mientras tanto esta periodista observa las fotografías que la joven colgó en sus redes sociales: Ana Alicia tiene el pelo negro brillante, recogido en dos trenzas gruesas, y unos ojos almendrados, igual de oscuros y brillantes, y siempre está sonriendo.  

¿Cuál es tu secreto para que las mujeres de tu pueblo sigan tus ideas, te den su apoyo”, se le pregunta.

Primero se le escapa una risa suave y luego dice con aplomo: “La confianza”.

“Mis hermanas me tienen confianza y saben que juntas podemos lograr todo”, añade.

“Ellas son amables, cariñosas, emprendedoras y siempre están listas...  y son mi inspiración”, continúa.

Barbijos dedicados a la familia

Los tapabocas de Ayata en su mayoría están elaborados y bordados en baeta de la tierra y en baetilla, que las mujeres de la localidad producen, pero que ahora les resultó insuficiente para la cantidad de producción que alcanzaron, así que están recurriendo a productores de La Paz.

“Nos estamos aliando con otros sectores que trabajan en este rubro, con talleres; nos estamos apoyando campo y ciudad”, asegura su líder, que tiene un título de técnico superior en agropecuaria y comenzó a estudiar Derecho.

Como es su tradición, cada tejido lleva la historia de vida de la autora, que es su sello. Y en la pandemia la marca que las tejedoras de Ayata le pusieron a sus barbijos fue la familia, su unidad, que -aseguran- valoraron más durante la cuarentena. 

“Lo que pensamos, lo que empieza en la cabeza, lo plasmamos en el tejido del barbijo y hoy hemos querido demostrar la unidad de la familia, relacionada con nuestra cultura y con el trabajo de la mujer”, dice Ana Alicia.

“En muchos de los barbijos verán a una  mujer cargando a su wawita e hilando la rueca, que es su diario vivir. A su lado está su hijo, su esposo, y algo que no podía faltar, lo que producimos en Ayata, papa, maíz; o un animal, la llama o la oveja, que siempre nos acompañan”, explica.

“La Covid  nos ha unido más a las familias de Ayata. Durante la cuarentena hemos visto cuán importante es hablar con el hijo, dialogar con el esposo; todos esos mensajes estamos dando en los bordados de los barbijos que tejimos cada una”, añade esta mujer que es mamá de tres niños.

Ana Alicia Layme afirma que la intención de las mujeres de Ayata es que los mensajes que bordan y tejen lleguen a muchas partes del mundo, “pero no sólo como  si fueran de su pueblo,   de la provincia Muñecas, o sólo de  La Paz, sino de toda Bolivia”.

Con esa intención partió rumbo a su pueblo con el grupo de periodistas de medios internacionales y con la idea en la cabeza de organizarles un tour por los lugares de su pueblo que considera deben ser conocidos.

En su cronograma de visitas está en primer lugar el encuentro con las tejedoras, que mostrarán cómo hacen su trabajo en medio de su vivencia cotidiana. 

Después los llevará a las ruinas preincaicas de  Iskanwaya y luego  a Aucapata, donde espera maravillarlos con los paisajes naturales del lugar. También tiene planeado conducirlos a Saywani, donde “recién apareció un monolito”. 

“Quiero que vean cómo es la cultura que tenemos allá, esa cultura invisibilizada. Ellos están interesados en ver todo eso y es muy bueno para nosotros mostrar al mundo lo que somos... ¿Y pensar que todo comenzó por un barbijo?... ¡Estoy muy emocionada!”, expresa la mujer ayateña.

 

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