Tres escenarios marcan el ritmo de la pandemia hasta el día de las elecciones

La evolución de la pandemia del coronavirus en el mundo y Bolivia puede ayudar a prever el comportamiento de ésta hasta el 6 de septiembre, día de las elecciones nacionales.
miércoles, 1 de julio de 2020 · 00:22

José Rafael Vilar / La Paz

El 31 de diciembre de 2019 todos nos enteramos que en China había surgido una nueva enfermedad provocada por un coronavirus, aunque nuevas informaciones cada vez retrasan más el inicio de los contagios. Poco después, el 13 de enero,  se produce el primer caso de coronavirus detectado fuera de China, el de un ciudadano chino que había viajado a Tailandia, procedente de Wuhan, y el 2 de febrero, en Filipinas, sucede la primera muerte por coronavirus fuera de China. El resto es la historia del virus más informado —verdadera infodemia de verdades y bulos— y expandido desde que la Peste Antonina pusiera a temblar al mundo antiguo entre 165 y 180 de la era cristiana.

En este siglo XXI el Covid-19 es la cuarta pandemia de origen zoonótico (virus transmitidos entre animales y humanos), todos iniciados como un severo  brote regional  y expandidos rápidamente  al resto del mundo. Los tres provocados por coronavirus fueron: 

Entre 2002 y 2004, el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), una enfermedad respiratoria aguda originada en China y causada por el coronavirus SARS (SARS-CoV), mucho más grave que otras infecciones por coronavirus, con baja morbilidad (contagio x cien mil habitantes), pero con una tasa de mortalidad (porcentaje de fallecidos respecto a contagiados) alta de alrededor del 10%, en los 30 países que se diseminó.

El segundo, el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), también una enfermedad respiratoria aguda grave causada por otro coronavirus, el MERS (MERS-CoV),  informada por primera vez en 2012 en Arabia Saudita y Jordania, con muy baja morbilidad y relativamente alta mortalidad, expandido hasta 2019 a 27 países en todo el mundo. Y ahora el Covid-19, una enfermedad respiratoria aguda, a veces muy grave, causada por el nuevo coronavirus SARS-CoV2, con muy alta morbilidad pero, usualmente, baja tasa de mortalidad (alrededor del 5% promedio en 188 países). El cuarto (antes del MERS: 2009-2010) fue la gripe A (H1N1: Virus H1N1/09 Pandémico), variante del  Influenzavirus A, conocida como  gripe porcina y originada en los Estados Unidos, con alta morbilidad y muy baja mortalidad. 

Todas se diseminan de persona a persona, a través del contacto con secreciones infectadas, principalmente por contacto directo, con gotitas respiratorias o a través del contacto con una superficie contaminada por éstas.

En nuestra región. Bolivia fue de los últimos países latinoamericanos en tener los primeros casos de coronavirus.

¿Con qué contábamos? Un sistema de salud muy deficiente, productos de décadas de falta de inversión adecuada en infraestructura, equipos técnicos y personal de salud, escandaloso en el último período 2006-2019, cuando hubo los mayores ingresos y se denegó potenciar la salud. Vale la frase del entonces presidente Evo Morales que prefería construir canchitas de fútbol a hospitales.

Ante el ingreso de la epidemia -no fue oficialmente pandemia hasta el 11 de marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) la declaró así-, como todos los países progresivamente afectados, Bolivia tuvo que reordenar sus prioridades hacia el control de la propagación de la enfermedad, ya sea por contagios exógenos -provenientes de los dos focos principales de coronavirus entonces: China y Europa- o endógenos, mediante los contactos locales. 

Tras el cierre de todas las fronteras y la suspensión de vuelos política generalizada mundial  empezó una serie de determinaciones, tanto a nivel del sistema de salud pública, el comportamiento social (cuarentena rígida) y las medidas económicas (bonos, reducción de tarifas, postergación de créditos, entre otros), que fueron —con las particularidades, posibilidades y creatividad gubernamental que Bolivia tuvo— similares a nivel internacional, pero agravadas por dos aspectos fundamentales e intrínsecos: el mandato transicional del Gobierno nacional y la obligación de realizar elecciones para sustituir las fraudulentas de octubre de 2019. 

Súmeles el déficit fiscal y la deuda externa heredados del cuatroceno anterior, la cada vez más férrea oposición de los seguidores del anterior régimen —desde la Asamblea Legislativa Plurinacional, con mayoría absoluta, y desde los focos de poder en algunas regiones, sobre todo el Chapare y de parte del altiplano— y la permanente crítica de sectores de la denominada “oposición democrática” —contaminadas por el tema electoral—.

No voy a entrar en qué hizo o no hizo factualmente el gobierno de Janine Añez Chávez —no es mi objetivo de análisis—, sino voy a exponer el desarrollo y estado de la pandemia —cada vez más convertida en endemia para nosotros y el resto del mundo—.

Desde el inicio de la pandemia hasta la mañana del martes 30 de junio, a nivel mundial se habían detectado casi 10,5 millones de casos, de los cuales habían fallecido casi 510 mil y recuperado 5,2 millones (51,3% del total de afectados). En la nomenclatura de la OMS, la cantidad de casos se mide por contagios por cada 100 mil habitantes y se le denomina morbilidad de la enfermedad; mientras que los fallecidos de esa enfermedad es la tasa de fallecidos (o de letalidad), que es el porcentaje respecto a la cantidad de cantidad de casos, pero otra forma de medir los fallecimientos es la mortalidad por 100 mil habitantes; a su vez, la tasa de recuperación es la cantidad de recuperados respecto de los contagiados. En ese caso, la morbilidad a nivel mundial actualmente alcanza 135,3, la tasa de mortalidad 5,0, la tasa de fallecidos fue de 0,0066% (por cien mil habitantes) y la tasa de recuperación es de 50,2%. 

Para Bolivia, la morbilidad el lunes pasado era de 276,1 (32.125 casos) —entre el máximo regional en Chile de 1.423,5 y los mínimos en Cuba de 20,6 y de 6,3 en Belice—; la tasa de mortalidad fue de 3,3 (1.071 fallecidos) -intermedia entre el máximo regional de 12,3 en México y el 0,5 de Costa Rica-, la mortalidad por 100 mil habitantes es de 0,009% —entre el 0,029 de Chile y Perú y el 0,0002 de Paraguay—.

 La tasa de recuperación era el lunes del 27,8% (8.928 recuperados; 44,3%; el departamento de Santa Cruz tuvo 8.059) —las recuperaciones en Latinoamérica están entre el 94,1% en Cuba y 10,0% en Honduras—. Comparativamente, Estados Unidos, con un nivel muy privilegiado en desarrollo de la salud pública, su morbilidad el lunes fue de 788,3, tasa de mortalidad de 4,9, mortalidad por 100 mil habitantes de 0,038 y su índice de recuperación era del 26,7.

Tenemos dos nuevos elementos de análisis importantes: por un lado, las cantidades de casos detectados, recuperados, fallecidos y casos activos (éstos resultado de restar los recuperados y los fallecidos), las cuales aparecen en el gráfico anterior que demuestra la diferencia creciente entre el total de detectados y el de activos gracias a un incremento sostenido de pacientes recuperados —sobre todo en el departamento de Santa Cruz— y a una baja tasa de mortalidad; por otro, el comportamiento de las curvas respectivas, sobre todo la de contagios.

Y éste es un éxito importante. Siguiendo los pronósticos de Edgar Villegas —el ingeniero que demostró primero el megafraude en los resultados de las elecciones pasadas- de que se alcanzarían 10 mil casos a fines de mayo -el 31 se alcanzaron 9.982— y cifra de seis dígitos a fines de junio, siguiendo el comportamiento de duplicación de los casos de contagiados cada 10 días, encontramos que la cifra de afectados el lunes 29 fue de 32.125 casos totales, lo que significa un “aplane” de la curva de contagios —reducción de crecimiento— por 18 días, beneficiando los centros hospitalarios con una menor saturación crítica —además del aumento de recuperados y, en consecuencia, disminución de casos activos— pero, en contraparte, alargando el proceso de la endemia.

Comicios-endemia

Como mencioné antes, el otro gran actor del período son las elecciones fijadas para el 6 de septiembre próximo por la Ley 691  de modificación de la Ley 1297 de postergación de las elecciones generales 2020, promulgada semanas atrás por acuerdo del Tribunal Supremo Electoral con varios frentes políticos.

Como base de mi análisis me referiré a las proyecciones actualizadas periódicamente del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington en Seattle, entidad reconocida por la OMS y financiada principalmente por la  Fundación Bill y Melinda Gates. 

A fines de mayo, el pronóstico del IHME para Bolivia era que el pico de la pandemia estaría el 27 de julio con 93.000 casos detectados promedio. Sin embargo, las medidas para flexibilizar la cuarentena en muchos municipios del país dieron tres escenarios el 29 de junio -corrigiendo el que dio el 20 pasado que utilicé en otros análisis-: el primero, con las medidas de la cuarentena rígida, tendría su pico el 7 de agosto, con más de 29.000 casos promedio; el segundo, haciéndolas más rígidas (uso obligatorio de barbijo para todos, distancia social indefectible, desinfección continuada, entre otros) daría su máximo el 3 de agosto, con más de 23.000 casos detectados promedio, y, el tercero, flexibilizando la cuarentena -proceso progresivo actual en el país-, tendría su pico el 6 de septiembre (fecha electoral) con más de 93.000 casos detectados, iniciando su descenso (sinusoidal) hasta entrado noviembre, cuando alcanzaría valores cercanos a R0 (R es el índice de reproducción o contagio; por ende, R0 es cuando tienden a cesar prácticamente los contagios y se da por concluido este ciclo de la endemia).

 

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

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