A sus 76 años, Pilar teje chompitas para proteger a los perros del frío

Vende en El Prado la ropita para mascotas, que confecciona a mano durante la semana. Cada miércoles hace de un banco su “puesto” y lo colma de chompas de todo tipo de colores, modelos y tamaños.
viernes, 7 de agosto de 2020 · 00:04

María O. García  / La Paz

Cada miércoles, Pilar Ayllón regresa al mismo lugar donde antes solía ir los domingos: El Prado paceño. Temprano en la mañana, y con el sol acariciándole la cara, se acomoda frente a la iglesia María Auxiliadora, en un banco que hace a la vez de vitrina para las coloridas chompas de lana que, con mucho amor y dedicación, teje durante la semana para proteger del frío a nuestros más fieles amigos, los perritos.

“Yo venía acá a vender cada semana a la feria dominical, pero como ahora no hay feria me he dedicado a tejer durante la cuarentena y hartito tenía”, cuenta Pilar.

Mientras que sus confecciones se multiplicaban con el pasar de lo días, y más aún de los meses, sus recursos económicos menguaban ante la imposibilidad de concretar alguna venta. Tras despedir a marzo, abril, mayo y junio desde casa, “ya no había plata para pagar el alquiler, el agua, la comida, o la lanita” y, entre tanto, el frío se había abierto paso.

“¿Dónde voy a vender? Me preguntaba. De ahí pensé en la iglesia María Auxiliadora y aquí me he venido a sentar un día, hace ya más de un mes, y han empezado a venir las señoras que me conocían de la feria”, relata Pilar, quien además se puso en contacto con la Fundación Alex Rivas porque el año pasado, al caer el invierno, abrigó a los animales más necesitados gracias a las habilidosas manos de esta mujer de 76 años.

Actualmente  vende en uno de los bancos ubicados frente a la iglesia María Auxiliadora.

“Estoy muy agradecida con esta fundación porque me ha hecho propaganda y desde el primer día que he salido a vender me ha ido muy bien”, reconoce Pilar con la premura de quien tiene que atender varias cosas a la misma vez. 

“¿Qué talla quiere, niñita?, ¿grande?”, le pregunta a una de las clientas que llega acompañada por un cocker spaniel que más tarde se irá, feliz, luciendo una de sus lindas y calientes prendas. 

Confecciona modelos de diferentes tallas (de la cero a la ocho) y colores. Unas son abiertas, otras cerradas y algunas, incluso, tienen hasta capucha. Pilar asegura que estas últimas son las más “morositas” de hacer. Pero las hay para todos los gustos y tamaños: desde para chihuahua hasta para perros más grandes como los labradores. Asimismo, teje chompitas para gatos con la lana -y el tiempo- que a veces le sobra.

De martes a martes  se dedica a tejer y cada  miércoles sale a vender.

Toda una vida tejiendo

Doña Pilar nació en la provincia Los Andes. En su casa, dice, eran “hartos”, por lo que a ella le tocó venirse a la ciudad, donde su madrina la crió como si fuera su hija desde que apenas tenía siete años. 

“Mi madrina no tenía hijos y ella fue como una mamá para mí. Le gustaba mucho tejer, siempre tejía, y ella fue quien me enseñó. Así es como yo a mis ocho años ya estaba tejiendo”, rememora Pilar, quien más tarde dedicaría su vida a esta labor.

“Yo luego he ido afinando el trabajo, me he buscado a mi pareja, he tenido mi familia y me he independizado. Mi esposo falleció hace ya casi 25 años y ahora vivo con un hijo que está soltero”, cuenta quien es mamá de siete más, todos ellos artesanos.

Los conocimientos de su madrina fueron siempre su sustento. Durante años se dedicó a coser maletines y con eso sacó adelante a todos sus hijos, quienes la ayudaban “a pulso” con ese trabajo. Pero de ahí incursionaron al país los productos chinos y sus ventas cayeron en picada.

“He tenido que empezar a tejer chompitas y saconcitos y me he venido aquí  a El Prado a vender en un espacio que me ha cedido la Alcaldía. Uno de esos días he visto a los perritos y he dicho: ‘¿Acaso no puedo tejer para ellos?’. Eso fue hace cinco años y hasta ahorita me dedico a esto”, explica.

Como sale a vender solo los miércoles hasta el mediodía, el resto de días los aprovecha para confeccionar las prendas. Según cuenta, en la semana puede llegar a tejer hasta tres docenas de chompas. Normalmente, su rutina empieza en la tarde y concluye a medianoche.

Dos canes lucen  las creaciones de Pilar, en El Prado.

“Trabajo hasta tarde porque es más tranquilo en las noches. Pero a ratos también me duermo, llega el sueño y me tengo que ir a descansar”, señala Pilar, a quien una de sus hijas, Teresa, la ayuda con el acabado de sus creaciones.

“Ella las cose y les pone los botones. Yo veo muy bien, pero para no demorar más, porque se tarda en pegar los botones, ella me ayuda. También me trae hasta acá porque yo estoy mal de mis rodillas y apenas puedo caminar; con bastón estoy”, relata. 

Como cada miércoles, Pilar cuenta con la compañía de Teresa y varios de sus otros hijos, quienes llegan hasta ese transcurrido banco para alentarla y cuidarla.

Antes de la llegada de la pandemia al país, Pilar y Teresa siempre salían los domingos juntas a vender. Mientras que una remataba sus tejidos en un pequeño puesto, la otra hacía lo mismo en el de al lado con sus artesanías en goma eva.

“Siempre estamos juntas, siempre colaborándonos. Aquí estamos igual, ayudándola, porque a veces se aglomera la gente y hay que atender bien al cliente. De esta manera también la cuidamos”, indica Teresa, quien valora el trabajo de su mamá y lo califica de “arte”. “Todo es artesanal, cada pieza es única e irrepetible”, enfatiza.

En tanto que Pilar, maestra de los tejidos y la vida, recuerda cómo una de las veces un cliente le pagó con dinero falso aprovechando que ella estaba sola. Aunque eso le bajó la autoestima, ahora planea seguir tejiendo sus días alentada por la mejor de las compañías.

“Ahora me voy a dedicar a esto hasta fin de año, ¿o hasta cuándo será? Pero en Navidad compran mucho las señoras porque bien querendonas son con sus perritos. Quisiera viajar. En estas fechas siempre íbamos a Quillacollo, en Cochabamba, con las artesanías de mis hijos, pero ahora no se puede. Así que tengo que tejer obligada. Por suerte me está yendo bien”, concluye Pilar antes de abandonar el banco, al que el próximo miércoles regresará.

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