El boliviano en bicicleta que se enamoró del campo francés

Tras dos meses de confinamiento en Francia por la pandemia del coronavirus, el paceño Diego Mercado salió a explorar lo sencillo y poco conocido de Bretaña; el joven de 23 años se enamoró.
domingo, 6 de septiembre de 2020 · 00:22

  Ivone Juárez /  La Paz

Esta es la historia de Diego Mercado Palma, un joven boliviano de 23 años que en 2015 salió bachiller en el colegio Santa Ana de la ciudad de La Paz y se fue a Francia, a estudiar ingeniería  mecánica y se especializa en plasturgia, la ciencia de la producción de plásticos; lo suyo será cómo crear  tapas de plástico y los modos para su  reciclaje ecológico. Piensa regresar a Bolivia para “hacer algo innovador” a partir de los conocimientos que está adquiriendo en el IUT de Rennes, en Bretaña. 

Pero, ¿cuál es su historia? Después de la cuarentena decidió recorrer en bicicleta los lugares menos conocidos y frecuentados de  Bretaña. Allí se enamoró de la vida en el campo y de la solidaridad y empatía que encontró en la gente, pese a las restricciones que aún impone la pandemia del coronavirus en Francia, como en todo el mundo.

Durante 15 días Diego Mercado manejó una bicicleta
Fotos: Diego Mercado

Todo comenzó cuando,  en el verano francés (invierno en Bolivia), Diego tenía planificado regresar al país para pasar sus vacaciones con su familia, pero no pudo, la pandemia se lo impidió. Días antes de su salida de Francia, el 17 de marzo, el  presidente Emmanuel Macron declaró la cuarentena. El paceño cuenta que, al igual que aquí, en Europa reinaba esa incredulidad en la gente ante el hecho de que una enfermedad pudiera hacer paralizar una ciudad, un país.

Pero había que cumplir el confinamiento. Felizmente para él, su familia de acogida en Rennes (Francia) -los Poncetf-  lo llamaron para que estuviera con ellos durante el aislamiento, lo que fue una bendición. Diego se unió a ellos llevando sólo  una mochila, pensando que el confinamiento duraría las dos semanas que dijo Macron, pero éstas se convirtieron en dos largos meses. 

Pese a que estaba tranquilo y muy a gusto, no dejaba de preocuparse por su familia en Bolivia.   “En los Poncetf encontré una mamá, un papá, unos hermanos, pero pensaba en mi familia de Bolivia, en qué haría si no tendría la fortuna de que no se enfermaran. Tuve momentos de tristeza, pero me ayudaron a valorar las relaciones humanas que uno logra, la amistad; lo que implica estar con un amigo, reírse con él”, cuenta.

Es por eso que después de que en Francia se levantó el confinamiento, apenas pudo, este paceño salió al mundo con un objetivo: disfrutar de las personas y de las cosas sencillas de la vida. Ya lo hacía, viviendo de la manera más austera posible, con un principio muy firme: todo lo material se puede reutilizar.  Entonces decidió recorrer y conocer la región de Francia donde vive, Bretaña,

Diego Mercado con su bicicleta reciclada y la bandera boliviana.

Bretaña tiene un gran prestigio entre los turistas por la belleza de sus pueblos medievales, pero Diego se propuso conocer los lugares menos frecuentados, por lo tanto menos conocidos.

Durante la cuarentena, sus redes sociales, como para muchos, se convirtieron en el centro de encuentro con sus amigos de Bolivia, de Francia y de otras partes del mundo que también vivían la pandemia del coronavirus; así  conoció a Matilde Jay, una ciclista de Instagram, a quien decidió unirse. Matilde había iniciado su travesía a mediados de julio y en su ruta estaba marcado Rennes.

El 1 de agosto, la joven pasó por la ciudad y Diego se subió  a la ruta con una bicicleta reciclada por él mismo para iniciar el recorrido con Matilde.  A puro pedal, durante 15 días, el joven recorrió al menos 1.000 kilómetros de Bretaña, admirando la belleza y, al mismo tiempo, sencillez de los lugares por los que pasó, conmoviéndose con la calidez humana y empatía que encontró en la zona rural francesa, pese a que el temor del rebrote del virus es patente por toda Francia.

“En el día no era necesario preocuparse por dónde dormiríamos porque siempre había un jardín donde acampar, un camping que alquilar. En el campo la gente fue súper amable, ni los barbijos impidieron su amabilidad y su empatía conmigo”, cuenta.

Así, Diego se paseó por el campo francés, pasando por Loudéac, Carhaix, Châteaulin, anotando todo en su bitácora Instagram. Pero le tocó separarse de Matilde debido a una falla que presentó su bicicleta. “Ella fue demasiado amable conmigo y yo no podía retrasarla en su viaje, así que siguió su camino. Yo me quedé, resolví el problema y seguí mi viaje. Los primeros días la extrañé, pero en la carretera uno nunca está solo y seguí adelante”, recuerda.

Matilde Jay y Diego en su viaje en bici.

Solo en la ruta pasó  por toda la costa sudeste de Bretaña, admirando el mar y los paisajes rurales franceses, sintiendo en que cada pueblo al que llegaba la solidaridad de la gente   lo hacía pensar en su objetivo: disfrutar de las personas y de las cosas sencillas de la vida. Vinieron Douarnenez, Quimper, Lorient, Concarneau, Carnac y,  finalmente, Saint-Nazaire, lo más urbano que encontró en su paso. Allá las cosas cambiaron porque no le fue fácil encontrar un lugar para dormir y se encontró con la desconfianza de la gente.  Pero entre todos apareció un anciano español que lo ayudó.

“Fue el final de mi viaje, con un episodio algo triste, pero que al final se convirtió en un lindo mensaje que tiene que ver con el cómo gente que no te conoce se preocupa por ti”, dice Diego Mercado.

Al recordar su  aventura de 15 días sobre la bicicleta que recicló, después de más de dos meses de confinamiento por la pandemia concluye: “Son lugares, cosas sencillas las que vi, que no se leen en los sitios de viaje y que nadie cuenta porque ocurren en lugares que no son tan conocidos, pero que vale la pena vivir”.

Está muy agradecido con Matilde, con toda la gente que encontró en su camino, y también con  la bicicleta que lo llevó por toda esa aventura. Puede que sea su segundo o tercer dueño, no tiene la certeza, pero con los pocos recursos  que invirtió en ella pudo vivir una experiencia inolvidable que ratifica lo que siempre hizo: vivir de manera sencilla, teniendo lo que se necesita y pensado siempre en reutilizar.

 

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