La misteriosa ciudadela de Quehuaya atrae con sus tumbas pétreas

Cuenta la leyenda que en el sitio, a orillas del lago, vivos y muertos convivían. Una misión arqueológica estableció que data del 1200, época de los señoríos aymaras.
miércoles, 13 de enero de 2021 · 05:04

Ivone Juárez / Quehuaya

A las orillas del lago Titicaca todavía se impone la ciudadela de Quehuaya con sus torres funerarias de piedra, algunas aún en pie, que  muestran la fuerza de los hombres que la construyeron hace unos 1.000 años. Como si no quisieran separarse de sus muertos, los enterraban en medio de los patios de sus viviendas y en atalayas elevadas en piedra. La extraña forma de ver la muerte que tenían aún perturba a sus descendientes y a quien llega al lugar.

Las torres funerarias despiertan la admiración del visitante, al extremo de buscar su contacto.

Los actuales comunarios de Quehuaya aseguran que las torres funerarias, que ellos llaman chullpas, provocan efectos “psicológicos” en mucha gente del pueblo. Por eso cuando alguien presenta alguna perturbación o “ciertas señales”, saben que tiene que ir a la ciudadela petrea, llevando una ofrenda que debe  presentar en medio de una ceremonia llena de  respeto por los muertos enterrados ahí. “Así lo hacían nuestros tatarabuelos y nosotros también los hacemos”, dice Óscar Limachi, comunario y guía local de Quehuaya.

Pero la necrópolis no es sólo un misterio para los que nacieron en lugar, sino incluso para la arqueología boliviana. Primero, porque la ciudad  prácticamente fue destruida y, segundo, porque no se realizaron excavaciones exhaustivas en el lugar.

El arqueólogo Jedu  Sagárnaga en una de las tumbas de  Quehuaya durante la misión arqueológica desplegada en el sitio hace más de 20 años.

“No existe mucha evidencia de esta localidad arqueológica, porque no se hicieron excavaciones muy exhaustivas y el sitio está bastante dañado. Las más importantes las llevó a cabo la misión boliviano-finlandesa a partir de 1998”, dice el arqueólogo Jedu Sagárnaga.

Sagárnaga dirigió la misión, junto con el arqueólogo finlandés Risto Kesseli, y esta estableció que la ciudadela pétrea fue construida hacia el 1200 d.C.,  época de los señoríos aymaras conquistados por los  incas. Su gran característica, a decir del arqueólogo,  fue que según la tradición  en ella convivieron vivos y muertos.

“En el espacio andino existen pocos lugares donde los muertos convivan con los vivos. Ahí (en la ciudadela) están las casas y, a pocos metros, las tumbas”, sostiene Sagárnaga.

La necrópolis se extiende en las orillas del lago Titicaca, a unas tres horas de la  ciudad de La Paz.

“En Bolivia hay pocos centros arqueológicos que presentan estructuras elaboradas en piedra. Quehuaya es uno de los pocos sitios donde observamos una ciudadela construida casi íntegramente en material lítico. No es una piedra muy bien cortada, pero elaboraron sus estructuras de manera que hasta ahora son muy vistosas y muy bien elaboradas”, destaca el arqueólogo boliviano.

El experto precisa que en el caso de las casas y las tumbas verticales prima la técnica de la falsa bóveda, un sistema utilizado en muy pocas estructuras prehispánicas. “Las paredes de las estructuras fueron elevadas de manera que se van engrosando hasta que la luz disminuía y encima se ponían piedras mayores, cerrando la luz completamente y formando así la falsa bóveda”, explica.

Alrededor de esas construcciones   se fueron tejiendo muchas leyendas, como aquella de los fantasmas que emergen del lago Titicaca en forma de sirenas, por lo que el lugar también recibe el nombre de Sirenahaqui.

Las aguas del lago comunican a Quehuaya con otras islas, como Pariti, Tirasca y Pata Patani.

Además de ese misterio y misticismo, para recibir al turista Quehuaya tiene  un albergue comunitario con 10 habitaciones y servicio de alimentación. En el pueblo también se cuenta con el museo construido por la misión boliviano-finlandesa. “En el museo están las piezas rescatadas por la misión”, explica Óscar. 

Menciona los museos de la Isla de Pariti, con piezas tiwanacotas, el de Tirasca, donde se tienen “los restos rescatados de un cementerio tiwanacota”, y el de Pata Patani, donde se encuentran tejidos hallados en chullpas. Todos estos atractivos son parte de un circuito turístico diseñado por el arqueólogo Jedú Sagárnaga para  potenciar la gran riqueza turística de los pueblos que nacieron del Lago de los Incas.

 

 

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