El virus se llevó a Schilling, heredero de INTI y de la fórmula paceño-alemana

Con sensibilidad social gerentó la empresa que heredó de su padre y de su abuelo, a la que dio eficiencia y el “mejor clima organizacional”. En vida, Christian Schilling perpetuó la historia de INTI.
miércoles, 27 de enero de 2021 · 05:04

Ivone Juárez / La Paz

La pandemia del coronavirus no da tregua y ayer arrebató a la industria boliviana uno de sus más destacados hombres: Christian Schilling falleció a los 56 años. El mayor representante de la tercera generación de la familia alemana  supo combinar la tradición de la disciplina alemana con calidez boliviana para construir una de las industrias más sólidas y representativas, Droguería INTI, en la que se  inventó el ungüento boliviano más famoso que incluso atravesó las fronteras: el Mentisan.

Christian Schilling nació en la ciudad de La Paz en septiembre 1964 y fue prácticamente “elegido” por su padre Dieter Schilling para continuar la empresa que él había recibido de su padre Ernesto. Los empresarios lo recuerdan como un ejemplo extraordinario de liderazgo empresarial.

“Si su padre Dieter construyó la INTI moderna,  Christian le dio a la empresa eficiencia en la administración. INTI deber ser la empresa con el mejor clima organizacional. Christian conversaba mucho con su padre;   hacían cosas juntos,  discutían juntos el futuro de la empresa; es por ese trabajo y esa discusión permanente que Dieter lo impulsó  para llegar a hacer lo que hizo con la empresa”, cuenta Gerardo Velasco, director de la Cámara Nacional de Industrias  (CNI) y  amigo personal de padre e hijo.

“Que tres generaciones de una sola familia empujen una empresa no es fácil;  porque si los padres trabajan y los hijos engranan, generalmente los nietos gozan, pero ese no fue el caso, Christian fue una gran excepción”, añade Velasco.

Schilling es recordado por los empleados de su empresa como un líder que siempre estaba preocupado por lo que pasaba con ellos, más allá del tema laboral. “La gente de INTI ama a su empresa. Christian siempre buscó que los trabajadores se quisieran entre ellos y aplicó un programa de respeto y valor a la mujer muy profundo en su empresa”, señalan personas cercanas al empresario.

“Hizo una verdadera familia con INTI y sembró respeto y solidaridad. ¿La cosecha? el gran amor que le tienen.  No lo sé de oídas, lo sé por los hechos que vi y constaté”, escribió en sus redes sociales  la periodista Jenny Osinaga.

Y el programa de responsabilidad social que Christian Schilling aplicó en INTI en favor de la mujer está orientado a reducir la violencia de género dentro de  la empresa. Se denomina Empresa segura,  cero tolerancia a la violencia contra las mujeres.

El empresario además de dirigir INTI era vicepresidente de la Cámara de  Comercio e Industria Boliviano-Alemán y socio de la Cámara de Industria de Bolivia a la que dio su apoyo permanente. En esos gremios es recordado por su constante trabajo por el bien común.

“Estaba empeñado en el bien común, pero también empeñado en que lo que hacía su mano derecha no se enterara su mano izquierda. Era una personas con mucha sensibilidad social”, asegura Gerardo Velasco.

“Realmente fue un placer compartir con usted, Christian Schilling, más que un Jefe un gran líder y amigo, realmente me llevó un gran ejemplo de líder, lleno de valores, humilde, motivador, siempre respetuoso, realmente un ejemplo a seguir, gracias por todo... que Diosito lo tenga en su gloria.”, expresó Caro E. Kantuta  a través de Facebook.

Durante la pandemia no fue diferente, el empresario desplegó un sinnúmero de donaciones a través de INTI.

Pero Christian  Schilling tenía otra pasión además de su empresa, los caballos;  por eso llegó a impulsar la construcción del Club Hípico Valle del Sol y a prestar su constante apoyo al deporte ecuestre, pese a que no solía montar. Personas cercanas lo recuerdan subiéndose una sola vez a un caballo “sólo por curiosidad”. 

Ernesto Schilling , el fundador,   junto a sus  hijos: Dieter  y Ernesto. 
Foto:Archivo Página Siete

“Era un hombre apasionado, muy interesado en todo, curioso, siempre estaba preguntando”, cuentan. Y hay otra cualidad de este alemán-paceño que quedará en la memoria de quienes lo conocieron, su eterna sonrisa. “Para ser alemán estaba siempre con la sonrisa a flor de labios y con esa charla liviana”, describe Gerardo Velasco.

Y esa sonrisa y sensibilidad humana que lo caracterizaban las combinó con la disciplina alemana con la que creció y se formó para continuar el legado que le dejaron su abuelo y su padre.

El custodio de una herencia

Esta es la historia de su herencia. El mismo Christian Schilling se la contó a la periodista Mery Vaca y fue publicada en el especial Paceños por decisión que dejaron su marca en La Paz de Página Siete el 16 de julio de 2019, como reconocimiento a las personas y a las familias como los Schilling que creyeron e  invirtieron en La Paz y en Bolivia.

Cuando Ernesto Schilling se embarcó hacia Bolivia, aquel 1925, estaba huyendo de la crisis económica imperante en la Alemania de la posguerra. No es difícil imaginar el alivio que habrá sentido al llegar a La Paz, donde le esperaba un empleo y un futuro para la familia que todavía no había fundado.

El alivio que Schilling sintió al establecerse en La Paz se multiplicaría por el alivio de millones de paceños y bolivianos que compraron los medicamentos que él vendía y fabricaba. Nada como tener el medicamento correcto al alcance a la mano.

Cuando llegó a La Paz, el joven Ernesto tenía 22 años y mucha experiencia porque ya había ido al frente de batalla en la Primera Guerra Mundial, había estudiado una carrera técnica comercial en farmacia, había conocido a la que sería su esposa y había cruzado el Atlántico para trabajar en la droguería Albrecht, establecida en la calle Comercio de la ciudad de La Paz.

Tres años después  sentiría otro alivio cuando Lissy Kriete, su amada, llegó a La Paz para casarse con él. “Han  hecho su luna de miel en un viaje en mula a Palca”, contó  a Página Siete Christian Schilling, el nieto de Ernesto, mientras hablaba de la identificación que su abuelo tenía con la ciudad del Illimani.

“Él amaba   La Paz, amaba  Bolivia. En sus vacaciones se iba con su carpa a los Yungas, a Sorata, a diferentes lugares a descansar”, recordó. Y no sólo a descansar. En una ocasión recorrió los alrededores del Illimani a pie junto con  uno de sus hijos.

Ernesto Schilling trabajó una década en la droguería Albrecht, para luego independizarse y fundar la droguería Hamburgo, un nombre que sería un homenaje a su ciudad de origen. Se convirtió así en un comercializador de medicamentos y en fabricante de “cosas muy simples”, como recordaba su nieto Christian. 

Pero, el alivio estaba a punto de acabar. En el fragor de la Segunda Guerra Mundial, ocurrió algo insólito. Bolivia, subordinada como era entonces a los intereses de Estados Unidos, declaró la guerra a Alemania y, en consecuencia, los alemanes afincados en el país tenían dos caminos: ir a un campo de concentración en Estados Unidos o viajar a Argentina, donde al menos eran tolerados.

Ernesto, Lissy y sus dos hijos pequeños (Ernesto y Dieter) vivieron cuatro años en Argentina. Mientras tanto, la droguería era administrada por un socio boliviano, quien , en medio de la persecución a todo lo que tuviera que ver con Alemania, cambió el nombre del negocio, que pasó a llamarse “Rea Nogales”, su apellido.


Ernesto padre y Ernesto hijo  posan ante la cámara.

Cuando regresó, Schilling y su socio se pusieron de acuerdo para ponerle un nombre que iluminara el emprendimiento por décadas. Así surgió INTI, que tanto en quechua como en aymara significa “sol”, según relata Marcos Grissi en una de las 12 crónicas que escribió sobre la historia de la empresa de los Schilling.

No se sabe con cuánto dinero llegó Ernesto a La Paz cuando dejó su natal Alemania, pero seguramente con muy poco, dijo su nieto Christian, porque venía huyendo de la crisis y era muy joven. Y, lo más probable es  que  cuando fundó la droguería no imaginó en la empresa que se convertiría décadas después.

Hasta 2010, cuando se realizó la entrevista a Christian Schilling, INTI facturaba 100 millones de dólares al año, tenía  ocho oficinas en todo el país (excepto Pando) y, aunque aún en pocas cantidades, exportaba a Perú y Alemania. El gerente de la compañía era el nieto de Ernesto e hijo de Dieter, Christian Schilling, un paceño formado en Alemania.

Hasta el país de origen de los Schilling llega nada más y nada menos que el emblemático Mentisan, el ungüento más querido por los bolivianos.

Pese a producir y comercializar unos 1.300 productos, el Mentisan ocupa un lugar especial en la empresa, incluso en términos económicos. Fue creado alrededor de 1937 y 1938, y la clave del éxito, dijo Schilling nieto, es que ha mantenido su calidad, que la gente le tiene fe y que el ungüento les ha ayudado a mejorar su salud. A aliviarlos.

La tercera generación al mando

La receta del éxito de INTI no sólo tiene que ver con los medicamentos, sino también con una decisión de reinvertir las ganancias en la misma empresa, de comprar las acciones a los socios capitalistas y de entregar su manejo  a la siguiente generación.

Así, Ernesto Schilling pasó la empresa a sus hijos Dieter y Ernesto. Y, finalmente, el hijo de Dieter, es decir, Christian Schilling, terminó convirtiéndose en el gerente general.

 Christian Schilling  con su eterna sonrisa, haciendo un brindis.
Foto:Archivo Página Siete

Christian Schilling era paceño, pero sus rasgos físicos y hasta su español, una pizca accidentado, delataban su origen alemán.

Y es que la familia Schilling, pese a vivir en La Paz y amar a esta ciudad por tres generaciones, nunca rompió los lazos con su patria. Los hijos estudiaron en el Colegio Alemán, luego continuaron su formación en universidades alemanas y en casa también preservaron la cultura alemana.

Pero, la que es paceña de pura cepa es la empresa. La casa de Ernesto Schilling estaba ubicada en Miraflores y, contigua, estaba la fábrica. A pocos metros de la casa del patriarca alemán se alza ahora un edificio, donde funcionan las oficinas administrativas de INTI.

Miraflores quedó chico y por eso  los hijos de Ernesto compraron un terreno de 12.000 metros cuadrados en El Alto, donde actualmente funciona la fábrica.

Desde ahí se reparten los remedios para el alivio, ya no sólo de todos los paceños, sino de los bolivianos en su conjunto. Así es INTI, para alivio de Ernesto Schilling y ahora de su hijo Christian Schilling, quien también descansa en paz.
 

 

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