Adiós a Gil Imaná, el maestro de las epopeyas artísticas

Creador del grupo Anteo, revolucionó el arte boliviano. Fue Premio Nacional de Cultura y recibió el Cóndor de los Andes. Su obra se expuso en Rusia, EEUU y decenas de países.
viernes, 29 de enero de 2021 · 05:04

Ivone Juárez  / La Paz

Gil Imaná deslumbró al mundo desde Bolivia con sus pinturas, esas que aquí ayudaron a los bolivianos a mirarse con ojos diferentes, porque incluyeron al mundo indígena, invisibilizado hasta antes de la Revolución Nacional de 1952. Ese fue el momento en que este artista desplegó las alas de su  talento y no dejó de volar en las siguientes décadas. Ayer, el reconocido pintor falleció a los 88 años dejando una obra que marcó el arte boliviano.

Imaná  hizo más, creó arte con un estilo nuevo que, a decir de muchos, llevó la pintura boliviana a la modernidad.
 
En 1950, cuando tenía 17 años, un año después de haber montado su primera exposición en su natal Sucre,  Gil Imaná fundó el Grupo Anteo, junto a Wálter Solón, Lorgio Vaca y su hermano Jorge Imaná. Artistas que  dos años después acompañarían con su talento y creatividad los cambios estructurales de la segunda mitad del siglo XX  en Bolivia en la denominada Generación del 52.  

Anteo fue un colectivo de artistas y escritores nacionales, de los fundadores hoy sólo vive el artista cruceño Lorgio Vaca.
 
“Una cosa es ser parte de la Revolución, pintar para  la Revolución, pero acompañar y tener un estilo propio,  como tuvo Gil Imaná y cada uno de los pintores y muralistas de Anteo, es diferente. Más si a esto se suma que con Anteo se abrió el arte a la presencia de la mujer, dando paso a mujeres artistas extraordinarias y abriendo camino a una nueva generación de artistas”, dice el historiador Carlos Cordero.

El historiador Mariano Baptista Gumucio comparte ese parecer: la obra de Gil fue más allá de acompañar la  Revolución Nacional. “Su obra es más trascendente y, en todo caso, dedicó gran parte de su inspiración a los campesinos indígenas de Bolivia, ese es uno de sus grandes méritos”, sostiene el también escritor.

Por esa y las mil razones que se exponen en sus obras,  Gil Imaná, que murió ayer a los 88 años, aquejado por la diabetes, figura como el maestro de las epopeyas artísticas bolivianas.

“Deslumbró al mundo desde Bolivia”, afirma Luis Oporto, archivista presidente de la Fundación del Banco Central de Bolivia de Bolivia, en medio de la congoja que le provoca conocer la desaparición de este referente de la cultura nacional.  Se apoya en la trayectoria artística del artista plástico para hacer esta afirmación, esa trayectoria que se traduce en  más de 80 exposiciones individuales de su trabajo, otras 200 colectivas, señala. 

“Nos representó en las bienales más importantes del mundo, como la de Sao Paulo, México, Lima, Quito, Argentina, Miami y Venecia, es decir, en todos aquellos eventos  en los que se exponían los referentes de la cultura internacional”, precisa Oporto.

Mariano Baptista Gumucio añade que Gil Imaná fue el primer pintor latinoamericano en presentar una exposición individual en el museo Hermitage de San Petersburgo, en Rusia (1971), y que  hasta ahora es el único artista boliviano cuya obra fue tomada en cuenta en la subasta de arte de  la Casa Christie Sotheby de  Nueva York  en Estados Unidos.

Pero su talento logró más reconocimientos que llegaron a condecoraciones que le fueron entregadas en diferentes partes del mundo, como  Francia,  la Unión Soviética (hoy Rusia), Bulgaria, Estados Unidos e Israel.  “Incluso los adversarios de la Guerra Fría reconocieron el mérito pictórico de Gil Imaná”, apunta Mariano Baptista.

Las obras del maestro no se ciñen solamente a la pintura, sino también al muralismo. Oporto destaca la primera obra de Imaná instalada en 1955, en Sucre, su ciudad natal, denominada Historia de la telefonía, seguida de Marcha al futuro, creada en 1957, y que también se encuentra en la Capital de Bolivia. Esta obra representa la visión positiva que Imaná tenía sobre lo que acontencía en el país en ese momento, cinco años después de la Revolución Nacional, afirma Oporto. El último mural de Gil Imaná  fue La fiesta de la salud, de 1982.

Y Bolivia también supo reconocer la creación de este grande del arte.  En 2014  el gobierno nacional  lo galardonó con su máxima distinción: el Cóndor de los Andes en el grado de Caballero. Gil nació en Sucre, pero pasó gran parte de su vida en la ciudad de La Paz, que lo acogió con gran agrado, distinguiéndolo en reiteradas oportunidades a través de la Alcaldía. 

Gil Imaná ante una de sus obras con las que deslumbró al mundo.
Foto:Freddy Barragán

Recibió el Primer Premio en la categoría de Pintura del Concurso Municipal Salón Pedro Domingo Murillo en tres oportunidades. Primero en 1961, luego en 1973 y posteriormente en 1985. En 2008 La Paz le entregó su  Tea de la Libertad en el grado al Gran Mérito, de acuerdo a información municipal.

Gil Imaná también dedicó su vida a la enseñanza, como le correspondía al ser uno de los referentes de la nueva camada de artistas que nació después de la segunda mitad del siglo XX. Así, en Bolivia fue profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes en La Paz y director de la Escuela de Artes Plásticas de Sucre. Debido al gran reconocimiento internacional que cosechó, también fue maestro en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de los Andes en Venezuela. 

El artista plástico además ocupó cargos directivos en el rubro de los artistas, tanto a nivel nacional como internacional. Fue presidente de la Asociación Boliviana de Artistas Plásticos,  vicepresidente regional del VI Congreso Internacional de Artistas Plásticos 1969 - Unesco, Ámsterdam, Holanda, y presidente de la Fundación Núñez del Prado La Paz, entre otros.

El artista  presentó su primera exposición a los16 años.
Foto:Sandra Boulanger

Gil Imaná no sólo fue tocado por un gran talento para las artes plásticas, sino también por la magia del amor que encontró en Inés Córdova, ceramista a la que conoció en Sucre a inicios de 1950 y con quien compartió su vida hasta 2010, cuando ella falleció. 

Ayer, el chuquisaqueño de 88 años cerró los ojos para siempre, seguramente con la esperanza de volver a ver su compañera y a los amigos con  los que en tiempos de la Revolución cambió el arte boliviano para siempre.

La obra de Gil Imaná y de Inés Córdova en un museo

En abril de 2017, siete años después de la partida de su esposa Inés Córdova, el maestro  Gil Imaná decidió donar a la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (Fcbcb) todo su patrimonio artístico.

El legado    comprendía  la casa de la pareja de artistas, ubicada en la calle Aspiazu esquina  20 de Octubre de la ciudad de La Paz,  y una colección de más de  6.000 piezas, entre las que se encontraban obras de arte creadas por los esposos y otras que adquirieron de diferentes artistas, además de objetos coloniales, cerámicas y tejidos andinos prehispánicos.

  En 1950 fundó  el Grupo Anteo, junto a Walter Solón, Lorgio Vaca y su hermano Jorge Imaná.
Foto:Sandra Boulanger

Con la donación, Gil Imaná buscaba la apertura de una casa museo que acerque el arte al público boliviano.

El presidente del Fcbcb, Luis Oporto, señala que ese sueño está a punto de hacerse realidad, pues su concreción está contemplada en el programa operativo anual de este año de la entidad.

“Está inscrito en el programa operativo anual 2021 de la Fundación Cultural; esperamos que este año podamos inaugurar formalmente la casa museo, que será un homenaje a los esposos Gil Imaná e Inés Córdova”, sostiene Oporto.  

La autoridad añade que la tarea de implementación la casa museo fue encargada al Museo Nacional de Arte, entidad de la que depende la infraestructura donada.

“Ya se levantó el inventario, se tiene identificado todos los bienes y se realizará un catálogo. Hay que restaurar la casa y habilitarla como casa museo Gil Imaná e Inés Córdova”, explica el archivista.

Añade que en el lugar se rehabilitará el horno de cerámica que perteneció a  Inés para que estudiantes e investigadores puedan usarlo.

Oporto indica que la Fcbcb tenía preparado un homenaje a Gil Imaná para el 26 de abril, para agradecer la donación de los bienes culturales, pero lamentablemente el fallecimiento del artista  se adelantó al acto.

 Ahora están juntos
 Gil e Inés: 46 años de amor,  compañerismo y admiración

Página Siete  / La Paz

Inés Córdova (1927-2010), la esposa y compañera de Imaná, fue parte fundamental en la vida y carrera del artista chuquisaqueño que ayer partió a su lado. Juntos construyeron una obra, que brillaba por sus individualidades, pero se complementaba en la admiración mutua.

Los artistas  Inés Córdova y Gil Imaná.  
Foto:Sandra Boulanger

 Los caminos de los artistas se cruzaron en la Academia Nacional de Bellas Artes Hernando Siles en la década del 60 y desde entonces pasaron de colegas a  cómplices y pareja, una unión que perduró en sus  46 años de matrimonio. 

Potosina de nacimiento, Córdova se caracterizó por sus obras en cerámica, pintura, muralismo, grabado, orfebrería y técnicas mixtas. Fue pionera en la incursión a la cerámica artística y en collage con diversos materiales, como textiles y láminas de chatarra. Falleció en 2010 dejando una obra extensa y valorada. 

En pareja y de manera individual ambos artistas fueron invitados a exponer en diferentes países y participaron de las bienales de Sao Paulo, México, Lima y Quito, entre otros. Viajaron juntos a diversos países de América, Europa y Asia, donde presentaron sus obras. 

En 2004, juntos recibieron el Premio Nacional de Cultura, el máximo galardón que otorga el Estado boliviano a los artistas, y el premio Obra de Vida del Salón Pedro Domingo Murillo.

Más recientemente, en 2019, el Museo Nacional de Arte exhibió una muestra en honor de ambos artistas, que llevaba el nombre de Homenaje a un amor. La exposición incluyó varias de sus obras más icónicas que colmaron las instalaciones del repositorio como tributo a la pareja de creadores. 


 

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