Los grabados de Antoni Tàpies, de Barcelona a La Paz

29 grabados del artista catalán se exhiben en el Centro Cultural de España. La influencia sobre el arte boliviano de su abstraccionismo es evidente, pero la nula tradición local de grabado abstracto demanda un acercamiento a esta exposición..
sábado, 30 de octubre de 2021 · 05:00

Reynaldo J. González*  / La Paz

El Centro Cultural de España en La Paz (Ccelp) acoge desde inicios de este mes hasta mediados de noviembre una exposición de 29 grabados del artista español Antoni Tàpies (1923-2012), correspondientes a la colección de Joan Barbará.  Aunque pequeña, austera y poco publicitada, esta exposición constituye  uno de los sucesos culturales del año en nuestro país, no sólo por la importancia que tiene el artista como el más alto representante del abstraccionismo informalista a nivel mundial, sino también porque muy pocas veces los espacios artísticos locales han acogido obras originales de un creador de tal importancia para el arte moderno.

La muestra adquiere además una significación especial en nuestro medio por la influencia que el arte informalista ejerció sobre los artistas bolivianos de la segunda mitad del siglo XX.

En efecto, muchos de los rasgos de la obra pictórica del catalán desarrollada desde la década de 1940 son compartidos por la pintura de maestros bolivianos como María Luisa Pacheco, Óscar Pantoja y Keiko González, por citar sólo a algunos, ya sea por influencia directa o indirecta, o simple sincronía del abstraccionismo internacional.

Esto no implica, por supuesto, que el arte que se ve en la exposición resulte familiar al público local por dos razones principales: La primera es que justamente los rasgos del informalismo replicados en la pintura abstracta boliviana no figuran en los grabados expuestos, estando éstos  más vinculados al lenguaje de la gráfica. La segunda es la casi nula tradición del grabado boliviano en el ámbito de la abstracción, habiéndose utilizado esta técnica en nuestro país principalmente por un figurativismo de temática social. 

Como consecuencia, la apreciación de las obras expuestas del maestro español puede demandar de algún tipo de contextualización esquemática como la aquí propuesta.

El informalismo y Tàpies

El arte informalista designa a las principales corrientes del arte abstracto desarrolladas en Europa a mediados del siglo XX,  como la abstracción lírica, el tachismo y el art brut, o pintura matérica.  Como el expresionismo abstracto desarrollado simultáneamente en Estados Unidos, se caracterizó por su oposición a la abstracción geométrica mediante una negación de cualquier principio de composición y por su alto expresionismo manifiesto en obras resultantes de un proceso creativo irracionalista y espontáneo que asumía el ejercicio pictórico como gesto.

Entre sus características formales se encuentran la exploración de las cualidades imprevistas de los materiales empleados, muchas veces reciclados y no tradicionales, así como la experimentación de técnicas y medios.

La obra de Tàpies representa lo más importante de pintura matérica de esta corriente.  Ésta se encuentra caracterizada por lenguaje propio y original de una iconografía casi caligráfica en la que son recurrentes figuras como cruces, letras, números, partes del cuerpo humano, formas  geométricas, manchas y garabatos.  Formalmente,  esta obra hace uso de un cromatismo austero y materiales no tradicionales, como cuerdas, trapos, papeles, barnices texturados, combinados con pintura o dispuestos en collage, ensamble o superposición.

Desarrollado principalmente en el campo de la pintura, este arte dio fama universal al artista catalán desde la década de 1950, otorgándole múltiples reconocimientos de importancia y un séquito de seguidores entre quienes figuraron los críticos Michael Tapié y Juan Eduardo Cirlot, teóricos de su trabajo quienes defendieron su alta carga espiritual.

Tàpies inició su experimentación en la técnica del grabado en la década de 1940 y se estima que produjo cerca de 1.700 obras en este medio. La crítica sostiene que el artista llevó el grabado a sus límites aplicando la misma espontaneidad gestual e improvisación de sus pinturas a un medio en el que la elaboración técnica tiene que ser por fuerza mucho más metódica y controlada. 

“Cuando sumerjo la plancha de cobre en una cubeta de ácido nítrico, en ese momento el ácido es mi cuchillo”, había dicho el artista sobre este trabajo.

La influencia del informalismo en el arte boliviano

El arte abstracto comenzó a practicarse en Bolivia recién a inicios de la década de 1950, es decir, medio siglo después de su surgimiento en Europa.  Si al principio éste se caracterizó por la permanencia del referente naturalista y su eclecticismo indeciso entre las vanguardias de inicios del siglo XX y las múltiples escuelas de la abstracción internacional, en las décadas siguientes fue consolidándose poco a poco una corriente telúrica influenciada precisamente por el informalismo español. 

Esta relación se ve reflejada en el interés que en ciertos pintores abstractos bolivianos, como María Luisa Pacheco, Óscar Pantoja y Alfredo La Placa, cobró la experimentación y el uso de un lenguaje no tan marcado por el cromatismo como por la textura  en relieve, así como por la utilización de materiales como arena o cartón corrugado combinados con pigmento pictórico. 

En efecto, lo que relaciona el informalismo con la abstracción boliviana vino a ser la importancia de lo matérico y el carácter experimental y espontáneo del ejercicio pictórico.

La influencia del informalismo, sin embargo, podrá verse también en la obra de artistas semifigurativos posteriores, como los incluidos en   la generación del 75. En obras tempranas de artistas como Roberto Válcárcel, Gastón Ugalde  e Inés Córdova se observará el uso de materiales no tradicionales para las técnicas y los lenguajes clásicos, e incluso el uso de éstos en obras interdisciplinarias.

Un ejercicio parecido se dará en la obra de ciertos artistas figurativos de una obra de temática social como Diego Morales, quien añadirá a sus lienzos materiales como cuerdas o retazos de lonas. No todos los artistas referidos, por supuesto, pueden declararse como herederos del informalismo, sino más bien como afines a él.  En este sentido, quizás la influencia más notoria del informalismo en el arte boliviano, y de Tàpies en particular, se encuentre en la obra del artista abstracto Keiko González, con quien comparte la gestualidad de lo matérico y el uso de un repertorio de símbolos o formas recurrentes, además de un cromatismo terroso más bien medido.

La abstracción en las técnicas del grabado 

Las técnicas del grabado en las que fueron realizadas las obras expuestas de Tàpies son producto de complejos procesos de varios siglos de tradición.  Sintetizándolas a lo básico, el aguafuerte y al aguatinta demandan la acción y el efecto de trabajar sobre planchas metálicas con ácidos y barnices para producir bajorrelieves de líneas y manchas que serán traspuestos al papel con tintas mediante procesos de estampación que requieren prensas manuales. Se trata, en efecto, de un trabajo casi artesanal que demanda de una ejecución técnica muy precisa.

Así, viéndose desde este punto de vista, los grabados de Tàpies constituyen proezas técnicas en su capacidad de replicar la expresividad y la espontaneidad de su pintura. Las manchas, las pinceladas, las texturas espontáneas y expresivas que se ven en los grabados son todas producto de un método calculado, y no, como pareciese a simple vista, del ímpetu y la frescura de la improvisación y el automatismo pictóricos. 

Aunque la mayor parte de las obras datan de la década de 1980, los grabados expuestos ilustran un amplio repertorio estilístico del artista, conservando las características definitorias de su arte. En estas obras de mediano formato puede apreciarse precisamente esa iconografía característica que le haría famoso y que, según los entendidos, tiene un contenido relativo a problemáticas de la modernidad vistas desde una mirada contemplativa, acaso, espiritual.

Todos los trabajos fueron elaborados por el artista en colaboración del taller del grabador Joan Barbará, propietario original de la colección de las obras que componen la muestra.  El mérito de la calidad de las obras será pues también suyo, al haber sido parte de su complejo proceso de elaboración.

Un apunte precautorio

En Bolivia, el arte abstracto fue siempre visto con recelo y cautela. Décadas después de su aparición, en 1953, siguieron publicándose textos en prensa que denunciaban sus supuestas imposturas y lo calificaban como un ejercicio exento de talento o técnica. No obstante, el abstraccionismo local también supo cultivar sus públicos dentro y fuera del país.

En este contexto, es posible que la exposición de obras de Tàpies no signifique nada para quienes todavía conciben al arte como un ejercicio técnico de imitación de la realidad (“a mayor parecido de un dibujo con la foto que lo inspira,  mejor”), pero para quienes aprecian la abstracción por lo que es y por lo que representa para la historia del arte e incluso, para la historia de las ideas, esta muestra constituye una cita imperdible. 

Como escribió un reconocido periodista vasco-boliviano en redes sociales, de seguir vivo el maestro boliviano Alfredo La Placa estaría paseándose “feliz como una lombriz” por esta exposición.   Nosotros que lo estuvimos lo sabemos.

* El autor es investigador  en arte y artista.

 

1.700 obras
en la técnica del grabado
fueron desarrolladas por Tàpies 
en la década de 1940.

 

“El soporte material trasciende su estado para significar un profundo análisis de la condición humana”. 

Wikiart

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