Un team de jóvenes bolivianos cumple su sueño en biotecnología

Más de 60 participantes bolivianos compitieron en el campeonato internacional de Máquinas de Ingeniería Genética. Los jóvenes unieron fuerzas para participar en este evento que reunió a 340 equipos de más de 40 naciones.
jueves, 18 de noviembre de 2021 · 05:00

Erick Ortega / La Paz

Un grupo de 60 jóvenes realizó su sueño científico y construyó una máquina para detectar el nivel de arsénico en el agua. Con esta propuesta, el team Bolivia se impuso a 340 equipos de más de 40 países del mundo en el concurso internacional de Máquinas de Ingeniería Genética (iGEM).

El domingo 14 de noviembre, cual si se tratara de un partido de fútbol, los jóvenes estuvieron pegados a las pantallas de sus computadoras para ver los resultados del evento que se realizó en Estados Unidos, pero que tuvo participación mundial. Al final, cuando se conoció el triunfo nacional, hubo  expresiones de alegría que fueron similares a un grito de gol. Esta conquista fue gracias a un trabajo en equipo.

Trabajo en equipo

Una reunión presencial de los jóvenes que  trabajaron en el proyecto.
  Fotos: iGEM-Bolivia

Virginia Rigoberta Gonzales Mamani tiene 26 años, es bioquímica y cuenta con una maestría. Ella estudia para conseguir un doctorado en biotecnología ambiental y actualmente tiene un proyecto con el cual busca mitigar los efectos del calentamiento global. Pero en sus sueños de conquista científica va paso a paso. Ahora está feliz por haber logrado ser tutora y coordinadora del equipo en La Paz del iGEM.

La joven recalca que uno de los mayores logros es la conformación de un numeroso grupo de trabajo. “Los integrantes se encuentran en la mayor parte del país (Cochabamba, La Paz, Santa Cruz, Chuquisaca, Oruro y Tarija) y lo interesante es que toda la organización se realizó de manera virtual. A pesar de la distancia, la disponibilidad de tiempo, el nivel de formación y la edad, cada uno de nosotros aportó en cada una de sus áreas”.

Algunos integrantes cruceños que participaron en el evento.

El grupo está conformado por universitarios y estudiantes de los últimos años de colegio. Tienen en común el cariño por la ciencia, especialmente por la biología sintética, la cual se encarga de crear o rediseñar sistemas biológicos y otorgarles cualidades mejoradas. Para lograr mayor integración entre los participantes, se crearon subcomisiones conformadas por miembros de distintos departamentos.

Los estudiantes no emprendieron el camino solos, fueron guiados por las biotecnólogas Tania Pozzo y Cecilia González. Además, contaron con el apoyo de la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz, Universidad Franz Tamayo en Cochabamba, Universidad Católica Boliviana San Pablo en Santa Cruz y la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca en Sucre, además, de las empresas Añaki, Laboratorios Bagó, Integrated DNA Technologies-IDT y Zymo Research, las dos últimas, extranjeras.

Peluches para cumplir un sueño

El concurso está lleno de prestigio, no en vano participan representantes de diversas partes del mundo; pero tiene una limitante, el precio de inscripción.

Para entrar a la competencia se debe abonar 3.500 dólares, una cifra con la cual no contaban los participantes bolivianos; pero  tuvieron que sacar a los economistas y emprendedores que llevan dentro. “Durante 2020 el equipo organizó seis cursos y en 2021 hubo dos más. Cada curso trató temas específicos como bioinformática, biología molecular, levaduras, bioestadística y hasta virología. Los tutores fueron los capacitadores y con lo recaudado en los cursos pudimos cubrir parte de la inscripción”, explica Cecilia González.

Para Virginia, uno de los recuerdos más lindos de esta experiencia es la creación del peluche Arsenito. Se trata de una figura de 17 centímetros de altura cuya venta sirvió para costearse parte del pago de ingreso a la competencia más grande e importante de Biología Sintética en el Mundo. Algunos ejemplares de este personaje verde aún están a la venta en las ciudades de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Sucre.

La lucha contra el arsénico

Los jóvenes bolivianos que participaron del emprendimiento tienen alma de medioambientalistas. “Se propuso elaborar varios temas, entre ellos, un biosensor (un dispositivo biológico diseñado para detectar un compuesto de manera específica) para identificar un elemento tóxico en el medioambiente y se pensó en la detección de metales pesados, especialmente el arsénico”, cuenta Virginia.

El arsénico es un metal  presente en los ríos de Bolivia. Es más, un estudio del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) de Francia determinó la amplia existencia de este contaminante en manantiales orureños.

La biotecnóloga González afirma que los beneficiarios de este proyecto son los “habitantes de comunidades donde tienen pozos o cuerpos de agua que utilizan para consumo, que están contaminados y que, para ellos, acceder al método tradicional de detección, resulta bastante alto en costos”.

Se hizo trabajo de campo en la planta de tratamiento Aguatuya y en el Centro de Aguas y Saneamiento Ambientan (CASA), ambas de Cochabamba. También se coordinó actividades con las comunidades cercanas al lago Poopó, como los uru-murato. La intención es que a futuro estas poblaciones cuenten con un biosensor para medir la contaminación del agua.

Alegría nacional

El 14 de noviembre fue un día inolvidable para los más de 60 jóvenes que fueron parte del team Bolivia. Cuando se supo que el equipo ganó el concurso, hubo un grito de felicidad juvenil en distintas ciudades del país. Después de todo se premió al esfuerzo intelectual de jóvenes nacionales; y también fue un reconocimiento al trabajo conjunto.

Imágenes de algunos de los grupos nacionales que participaron de este concurso.

La representante Claire Montaño dijo que representar a Bolivia la llenó de orgullo. “No hay palabras que pueda decir ahora sin llorar. Desde un inicio, yo sabía que íbamos a representar a Bolivia en esta competencia iGEM, ya que somos el primer equipo en participar y suena como un sueño. Yo estaba entre los estudiantes que defendían el trabajo en inglés y estaba muy nerviosa. Al final todo salió muy bien, mis compañeros respondieron muy bien las preguntas y los jurados fueron muy amables”.

El grupo ganó la medalla de oro, pero el premio mayor es  el reconocimiento a sus habilidades. Ellos ya se hicieron conocer en el ámbito mundial y ahora es más fácil hacer realidad sus sueños, con ayuda internacional.

La presentación del proyecto nacional fue de manera virtual.

Una medalla y dos premios más
 
En el  concurso internacional de Máquinas de Ingeniería Genética, el equipo boliviano  logró la medalla de oro en la competencia general y complementariamente se obtuvo dos premios especiales: Mejor Prácticas Humanas Integradas e Inclusividad.

El primero se refiere a que el equipo aprendió a divulgar y comunicar con la sociedad  la creación de seis videos educativos en idiomas aymara, quechua y guaraní, dijo Cecilia Gónzalez, especialista en biotecnología y cofundaora de iGEM Bolivia.

En el portal electrónico 2021.igem.org, los jóvenes han compartido  videos relacionados con la biología sintética. Éstos fueron creados con la ayuda de jóvenes bolivianos que son hablantes nativos de las diferentes lenguas nativas.

El primer paso fue generar un guion simple para que cualquiera pudiera entender el tema científico, especialmente el presentador, quien no tenía antecedentes científicos.

El segundo paso fue que el presentador encontrara su propio estilo y, al mismo tiempo, tuviera en cuenta que se trataba de un concepto nuevo para la audiencia.

En los videos, también es posible conocer a la “mascota” del proyecto, el peluche Arsenito.
 

 

  • Combate  mineral
  • Invento  El equipo boliviano construyó una máquina para detectar el nivel de arsénico en el agua. Se trata de un biosensor.
  • Problema El arsénico y las altas concentraciones de metales pueden afectar la calidad de los suelos, ríos, acuíferos circundantes y el material abandonado a lo largo de estos ríos de antiguas operaciones mineras. En Bolivia, se determinó que existe  contaminación  en los lagos de Oruro, entre otros.

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