Vivieron cubiertos de gloria, hoy sus tumbas están en el olvido

El nicho del expresidente Belzu está abandonado, igual que de su colega Tomás Monje Gutiérrez, algo similar pasa con las hornacinas de un famoso inventor italiano y de un reconocido arqueólogo vienés.
viernes, 26 de noviembre de 2021 · 05:00

Erick Ortega / La Paz

En su tiempo fueron personajes que se bañaron de gloria. Sus escritos motivaron debates, aquellos descubrimientos que   resultaron claves para una parte de la humanidad. Parecían inmortales, pero eran humanos y hoy están enterrados en el olvido.

Uno de los personajes más importantes de la historia de Bolivia antes de 1900 era el presidente Manuel Isidoro Belzu. El militar paceño alzaba las banderas del populismo y el marxismo cuando lanzaba frases incendiarias. Por ejemplo clamaba: “La propiedad privada es la fuente principal de los delitos y crímenes de Bolivia” y “Abajo los aristócratas”. Se hacía llamar Tata Belzu y quienes formaban parte de la plebe, él los nombraba como hijos suyos.

Entre sus acciones  abolió la esclavitud y repartía dinero en bolsas. Era amado por las masas, según narra el libro Historia de Bolivia, de José de Mesa, Carlos Mesa y Teresa Gisbert.

El Tata Belzu murió el 27 de mayo de 1865 y aquello fue una desgracia popular. Con el paso de los años su recuerdo se fue apagando. Su tumba hoy  está con flores marchitas y el marco de la ventana del nicho ha cedido, el candado oxidado es parte del pequeño mobiliario que es la última morada del Tata.

El expresidente forma parte de una serie de personajes olvidados que yacen en el Cementerio General de la ciudad de La Paz. “Existen muchos fallecidos notables en diferentes rubros, cuyos familiares también han dejado de existir y no hay quién venga a visitarlos, se va a proponer una ley que sea aprobada por el Concejo para que pasen a ser patrimonio de la secretaría de culturas y continúen en el camposanto”, explica la directora del Cementerio General, Patricia Endara.

A futuro, acota la directora,  se plantea hacer recorridos turísticos para recordar a esos notables que hoy están abandonados.

Un ejemplo de abandono es lo que sucede con el mausoleo Lorini Alborta, allí se encuentra quien un día fue el italiano Domingo Lorini. El sitio exclusivo, que no fue visitado hace mucho tiempo, permanece de pie, pero olvidado. Dentro de este mausoleo, a un costado, están los restos de este importante inventor.

Él llegó a Bolivia en 1867 y estuvo precedido de una historia de amor casi cinematográfica. Siendo adolescente estuvo en la guerra de unificación italiana, su novia lo dio por muerto y comprometió su amor a otro hombre. Decepcionado, él llegó a uno de los lugares más impensados del mundo: la ciudad de La Paz.

Se dedicó a experimentar, descubrió y difundió las propiedades de la hoja de coca. Encontró un elixir que luego lo vendió a la firma estadounidense Parke Davis, que a su vez comercializó el producto a la firma multinacional Coca Cola. El libro Un inmigrante italiano en Bolivia, Domingo Lorini, escrito por Irma Lorini,  narra parte de la travesía que fue su vida… hasta quedar en un mausoleo paceño.

La historia del italiano científico se encuentra registrada en la prensa nacional y también la cuenta con orgullo Carlos Rodrigo Monrroy Méndez, asistente legal y autoridad sumariante de la entidad descentralizada municipal del cementerio. Pocas personas conocen tan a detalle el camposanto paceño como él.

Él es quien después de caminar por varios recovecos levanta la mano y muestra un nicho de color dorado en el cual sólo hay un nombre y apellido, además de  una fecha: Óscar Cerruto C. 10 de abril de 1981. Están a la vista  los restos de unas flores y alguien intentó colocar una rosa en el resquicio de la hornacina. Evidentemente hoy no es una de las tumbas más visitadas.

Óscar Cerruto escribió un libro imperdible para la literatura hispanoamericana: Cerco de penumbras. La pieza reúne 12 cuentos que son motivo de estudio entre los amantes de las letras. Pero no solo eso,  Cerruto también fue diplomático y periodista. Eso sí, en el ámbito en el cual más y mejor se desenvolvió fue en el mundo de la literatura.

En el recorrido guiado de Monrroy, él llega hasta un mausoleo en el cual hay una serie de nichos y, al fondo, se observa un nombre inolvidable para el mundo arqueológico del país: Arthur Posnansky. El hombre que nació en Viena y gran parte de su vida estuvo en Bolivia, donde murió el 27 de julio de 1946.

Su legado está íntimamente relacionado con los descubrimientos arqueológicos, aunque en vida él tuvo formación militar y también  fue cineasta y escritor. Las ruinas de Tiwanaku fueron objeto y pasión de su existencia.

En medio de un mar de nichos, hay una tumba que no tiene nada de especial a simple vista, aunque el residente que allí yace llegó a ocupar el cargo más importante de Bolivia… el presidente Tomás Monje Gutiérrez. El mandatario nacido en Coroico tomó las riendas del país en un momento clave para Bolivia, luego del asesinato de Gualberto Villarroel, el 21 de julio de 1946.

Por entonces, el país era un hervidero y fue él quien se encargó de reencauzar la nación que se encontraba partida en dos. En su gobierno también se colgó de los faroles de la Plaza Murillo a otros tres personajes políticos. Eso sí, Monje pudo poner algo de orden en Bolivia y su aporte fue importante para la nación durante los seis meses que fue presidente. Hoy su hornacina está adornada con flores artificiales colocadas mucho tiempo atrás. Es un ejemplo del abandono luego de una carrera política casi intachable.

La administradora del Cementerio General explica que en el camposanto hay aproximadamente 150 mil personas enterradas allí, cada día unas 4.000 personas acuden al sitio.

Los miércoles no son ajetreados, son más bien vacíos y hay una paz que está acorde con las palabras “descanso eterno”.

El 1 de noviembre  la imagen es distinta, ríos de personas se acercan al cementerio paceño para recordar a sus seres queridos. Allí mismo hay algunos muertos notables que hacen triste honor a lo que dice Génesis 3.19: “Pues polvo eres, y al polvo volverás”.

 

El descanso  del Tata Belzu

Quien fuera presidente de Bolivia descansa en un nicho cuyo vidrio ha caído hace tiempo. No tiene flores frescas y hace mucho que no se visita su tumba.

En vida Manuel Isidoro Belzu estuvo rodeado de masas populares. Ahora se encuentra olvidado en el Cementerio General de la ciudad de La Paz.

 

Las penumbras de Óscar Cerruto

Óscar Cerruto es uno de los escritores más importantes de Latinoamérica. Su libro Cerco de penumbras es clave para entender la literatura nacional.

Una rosa asoma en el resquicio de la hornacina donde yace el escritor, mientras que unas flores están secas en el interior de este espacio.

 

El famoso inventor que nació en Italia

En el mausoleo Lorini Alborta se encuentran los restos de Domingo Lorini, un inventor italiano que se hizo famoso por sus estudios con la hoja de coca.

El italiano vendió su hallazgo a una empresa que comercializó su descubrimiento a la firma, que en la actualidad es multinacional, Coca Cola.

 

Un descubridor abandonado

En uno de los mausoleos privados del Cementerio General de la ciudad de La Paz está  un personaje inolvidable para el mundo arqueológico del país: Arthur Posnansky.

El hombre nació en Viena y gran parte de su vida estuvo en Bolivia, donde murió el 27 de julio de 1946.

En un recorrido por los nichos olvidados de personalidades famosas está su hornacina. No hay vestigios de visitas recientes allí. El arqueólogo está en el abandono.

 

El mandatario que guió un país en llamas

Tomás Monje Gutiérrez fue una figura clave en la historia del país. Se hizo cargo de la nación  luego del asesinato del presidente Gualberto Villarroel, el 21 de julio de 1946.

Nacido en Coroico, el mandatario pudo poner algo de tranquilidad en la nación, aunque en su mandato tuvo numerosos problemas.

Hoy su tumba está casi olvidada y no hay flores frescas en su honor, solo unas de plástico que fueron dejadas ahí hace mucho tiempo.

 

La tumba de Víctor Hugo Viscarra  está de moda y no le falta alcohol

Víctor Hugo Viscarra fue un escritor del cual muchos  huían. Con su nariz chueca, el aliento alcohólico que lo acompañaba en las noches, él solía andar rodeado de pocos amigos. Eso sí, este habitante nocturno era un parroquiano habitual del entrañable Bocaisapo, local ubicado cerca de la calle Jaen.

Tenía una memoria prodigiosa y era un archivo viviente de historias. Era escritor y sus libros narraban el lado oscuro de las ciudades de La Paz y Cochabamba. Conocedor de las celdas policiales y del frío de las calles en las noches, Víctor Hugo dejó plasmadas sus experiencias en las obras Coba: lenguaje secreto del hampa boliviano, Relatos de Victor Hugo, Alcoholatum y otros drinks,  Borracho estaba pero me acuerdo… entre otras piezas literarias.

Al morir su fama adquirió mayores dimensiones. En la actualidad sus libros son más leídos que antes y su tumba es bastante visitada.

En su nicho está la fecha de su muerte y una palabra que lo acompañó por años: “Salud”.

La ventana de vidrio tiene un candado de adorno, pues no sirve para proteger nada. Allí van sus seguidores y le dejan algunas botellitas de alcohol.

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