Tener agua una vez a la semana es un lujo para las comunidades chaqueñas

Los comunarios necesitan del líquido vital para sus necesidades personales y también para sus productos. La problemática del agua tiene rostro de mujer, puesto que ellas enfrentan este problema.
jueves, 2 de diciembre de 2021 · 05:00

Erick Ortega / La Paz

En sus manos tiene un vaso de refresco de maíz, acomoda sus 66 años en una silla de fierro con plástico trenzado y comienza a contar su historia. Leandra Miguel Camargo es la segunda capitana zonal de Villa Montes, su casa está ubicada a poco más de un kilómetro de Taiguati, en pleno Chaco.

Es sábado 27 de noviembre y, poco antes de mediodía, el sol es una aplanadora sobre aquel pedazo de tierra en el sur del país. El termómetro se estaciona en los 43 grados y Leandra recuerda los años en los cuales ella iba detrás de un tren. “Siempre fue así en esta zona. Antes, cuando éramos chicos, no había agua y recogíamos la que ocupaba el tren. Ese líquido era amarillo”.

Y llegó el tiempo en el cual había que andar hasta una quebrada cercana. “Caminábamos unos ocho kilómetros a buscar agua y traíamos en una lata de 17 kilos en la cabeza y con las manos libres trasladábamos lo que podíamos. Íbamos en la mañana y en la tarde. Todo eso pasamos y seguimos sufriendo”.

Aprendieron a sobrevivir. Reina Cuéllar Miguel, hija de Leandra, comenta que en la zona se vive de la siembra. Los productos que suelen sobrevivir son el maíz y el zapallo, entre otros. También tienen gallinas, chanchos y algunos animales para su consumo o para la venta. ¿Y la lluvia? En esta parte del Chaco son extraños los días de lluvia.

Durante el último tiempo, el drama ya no es tan árido. Una cisterna lleva agua y existe una lista para los beneficiarios, que son 53 familias.

La organización Ayuda en Acción se involucró en la lucha por conseguir agua y entregó dos bolsones gigantes para almacenaje. Son enormes bolsas negras de un grosor que permite cuidar el líquido y que se llenan gracias a la lluvia, pero sobre todo con la carga que traen las cisternas.

La familia de Leandra consideran que esto es un lujo por el hecho de colectar agua al menos una vez a la semana. Ahora sí puede intentar conquistar un anhelo antiguo, sembrar ají colorado en el pequeño huerto que tienen.

Paneles solares al rescate

Etelvina  Robles (de blanco) con dos niñas de San Antonio.

Etelvina Robles vive en San Antonio, a unos 15 minutos de Villa Montes. Ella sabe lo que es la carencia del líquido vital. “La nuestra siempre fue una comunidad que sufría de agua, ya estábamos acostumbrados. La gente aprendió y ocupa lo necesario, lo demás hay que racionalizar. Con la pandemia ha sido un problema de nunca acabar y se volvió un conflicto social”.

Un grupo de estudiantes camina en Villamontes.

Durante años, la respuesta a esta carencia fue la perforación de un pozo. Pero la población fue creciendo y el agua no alcanzó a abastecer a los habitantes de este territorio caliente.

Se logró hacer dos pozos profundos, pero tampoco fue suficiente para el total de la población. Los sanantonianos tenían agua cada cuatro o cinco días y  debían cuidar su uso, cada gota tenía que ser bien usada. Además de cubrir necesidades básicas de las familias, debían ver los modos de hacer que alcance para regar algunas plantaciones. Era –Etelvina lo reconoce– casi una misión imposible sobrevivir así…, sin agua.

La solución a ese problema implica muchas acciones. Una fue ejecutada por Ayuda en Acción. Se instaló un sistema fotovoltaico con 30 paneles y 12.000 watts, a partir del cual se garantiza el bombeo de agua y su distribución a cerca de 500 familias. El agua es un derecho humano y aunque no pueden abrir los grifos de sus casas a cualquier hora, ya tienen garantía de tener el líquido más veces a la semana. El sistema tiene una vida útil de 25 años.

Etelvina afirma que actualmente la provisión no es de manera constante, pero sí tienen cada día o día por medio.

La comunidad se ha adueñado tanto del proyecto que en la actualidad son ellos quienes tienen las llaves del predio donde están los paneles solares y además vigilan el sector de manera constante. Temen que cualquier acto vandálico pueda hacerles retroceder en sus logros.

Gota a gota el agua se usa

Inés Romero y Margarita Maigua en los campos de producción, en Puesto García.

Inés Romero es representante de los regantes de la comunidad chaqueña de Puesto García. “Sufríamos mucho con el tema del agua. Antes llovía y ya no había sequías, ahora colocamos con tubos… y tenemos ayuda con los reservorios pequeños”. Uno de los aportes fundamentales es la incorporación del sistema de riego de goteo. De esta manera, no se desperdicia el agua.

En el horizonte, se ven los campos que están sembrados con diversas verduras y casi de manera paralela está el sistema que deja caer una tras otra las gotas. Inés se asusta cuando se le dice que en otros lugares se lanza agua a borbotones sobre las plantas.

De la misma comunidad es Margarita Maygua. Ella recuerda que en el pasado llovía un poco más en la zona y había pocos productores. “Ahora todo ha cambiado, hay más productores, llueve menos y el calor es más fuerte. El agua escasea y nuestro fin y meta es que todos los terrenos sean a goteo porque con esa chorrerita puede uno sacar sus productos”. Ayuda en Acción ha trabajado con este componente a favor de 600 familias en el Chaco.

Este tema es vital para estas familias cuyas actividades cotidianas como despertar y lavarse el rostro o poner agua para cocinar eran un lujo a falta del elemento, hoy todo eso es más sencillo, mas no por mejores lluvias.

En esta comunidad se organizan bien para cuidar lo que tienen. Cuando hay poca producción, se distribuye a Villa Montes, cuando hay más, se puede enviar a Santa Cruz, Tarija o Yacuiba. La sandía es  la estrella de la región. En los costados de las carreteras chaqueñas, hay puestos de venta que muestran frutos apetecibles.

Margarita reconoce que el trabajo en el campo es cuestión de familia, los hombres se dedican sobre todo a cuidar las plantaciones; pero el trabajo netamente ligado con el agua recae sobre los hombros de las mujeres.

Leandra Miguel y Reina Cuéllar abren un grifo del reservorio de agua que tiene la comunidad.

Leandra confirma aquello. Dice que las mujeres son las únicas que se encargan de la problemática del agua. Ellas –comenta– están dedicadas al aseo de la casa, de la ropa, de los niños…, a la elaboración de las comidas y hasta a la fabricación de los refrescos caseros, que son casi un lujo en estas comunidades.

Por eso, el vaso de refresco de maíz que tiene en sus manos es un lujo del cual ella se enorgullece. El resto de los días, sigue con el trabajo y los sueños, en uno de ellos espera que se cumpla un milagro, uno que cae del cielo: lluvia. Como la que cayó el último domingo de noviembre.


Ayuda para  superar carencias
 
Las comunidades del Chaco tienen como denominador común la  falta de agua, la pobreza y la escasez de lluvia. En la mayoría de los sitios, existe una forma particular de enfrentar este fenómeno, ya sea con la perforación de pozos o en la comercialización de productos propios.
Una demostración de esta creatividad local es la comercialización de dulces de miel. Esta es una iniciativa de un grupo de niños que se decidieron a sacarle provecho a las colmenas y a la existencia de abejas.
Etelvina Robles es una de las impulsoras de este proyecto. Ella impulsa a niños que a su vez están apadrinados por la organización Ayuda en Acción.
Esta institución llegó a Bolivia hace tres décadas, hoy se celebran los 30 años de su presencia en el país. Ayuda en Acción busca promover el desarrollo integral de las regiones más pobres del país, para impulsar las capacidades de las personas que sufren de exclusión y desigualdad y para que éstas puedan conseguir sus aspiraciones.
Durante estos 30 años, la entidad trabajó junto con autoridades municipales y locales, además de con actores locales, familias, niñas, niños y adolescentes de diferentes municipios.

 

La lucha  constante
  • Agua El principal problema que atraviesan las comunidades alejadas del Chaco boliviano es la carencia de agua, ya sea para su subsistencia o para regar a sus campos. Durante años, aprendieron a enfrentar estas carencias. Existe ayuda estatal, pero es insuficiente.
  • Salud El calor, que incluso llega a los 50 grados, es motivo de queja constante. El solo hecho de estar en este ambiente es motivo de dolores de cabeza. Además, en el último tiempo, los comunarios han hecho frente al coronavirus con elementos propios de la naturaleza. Hacer viajes a centros médicos es un auténtico problema.

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