Conoce medio mundo y no se cansa de escribir, Carlos Decker Molina es un trotamundo del periodismo

Salió de Bolivia durante la dictadura de Banzer, en 1971. Vive en Suecia. Este año publicó tres libros con sus andanzas periodísticas.
lunes, 20 de diciembre de 2021 · 05:00

Erick Ortega / La Paz

Casi todos los días Carlos Decker Molina despierta a las cinco de la mañana. Va al gimnasio al menos una hora. Retorna a su hogar a las 7:30 y desayuna. Después empieza a teclear y teclear, así pasa las historias almacenadas en la maleta de su memoria a la pantalla de la computadora .

El periodista con su máquina de escribir en Suecia. Una imagen rutinaria de Decker Molina.
Foto: Carlos Decker Molina

Llega una orden. Es la voz de su esposa que pone un alto a sus historias. Ambos almuerzan y después él lava los cacharros. Juntos miran alguna serie, a eso de las tres de la tarde él vuelve a sus historias y corrige todo lo que ha escrito en la mañana. “Hay solo dos días que no cumplo con el horario que es cuando yo cocino. Ojo que yo lavo la ropa y mi mujer plancha. En Suecia, no hay empleadas domésticas”, sentencia el periodista, escritor y sobreviviente Carlos Decker Molina, quien es un vecino de Estocolmo hace medio siglo, cuando el mundo estaba dividido entre comunistas y capitalistas.

Allá por 1971, en Bolivia, el coronel Hugo Banzer Suárez tomó el país por asalto, por entonces el militar tenía un lema: “Al amigo, todo; al indiferente, nada; y al enemigo, palo”. Y como esos años Carlos encarnaba eso que se decía “enemigo”, pues él fue buscado hasta matarlo.

El 18 de septiembre de 1971 el periódico El Diario publicó la nota “En tiroteo con agentes murió un universitario”. El artículo indicaba: “El dirigente universitario y periodista de la ciudad de Oruro, Carlos Decker, fue muerto a balazos al producirse un allanamiento en su domicilio en el que se encontró apreciable cantidad de armamento, munición y otros pertrechos bélicos…”.

Así, para el naciente régimen banzerista Decker Molina estaba muerto… pero no, él huyo del país, vivió para contar su historia y hoy, a los 81 años, es una máquina de crear y escribir. Solo este año publicó tres libros.

Durante años estuvo vinculado en la emisora pública Sveriges Radio. Escribir crónicas y reportajes lo hace casi desde siempre.

¿Se define como periodista, literato, radialista o sobreviviente? Él no duda y responde desde su Estocolmo, donde hace una semana el termómetro estaba en 17 grados bajo cero cuando él fue al gimnasio: “Soy un periodista sobreviviente que se ha convertido en escritor o literato que es una manera de no morir tanto”.

Los orígenes

Carlos Decker Molina egresó en 1969 de la Universidad Técnica de Oruro. Ya empezaba a caminar por el periodismo hasta que Banzer se hizo del poder y él salió del país.

El maestro de periodismo explica que cuando en 1971 estaba por París o Bruselas y le preguntaban de dónde era, él respondía de Cochabamba, Bolivia. “Primero iba la pertenencia a la tribu y luego a un Estado que no había terminado de construirse. En ese tiempo las etnias estaban ocultas bajo el concepto de clase, a pesar de que proletarios eran solo los mineros y unos cuantos fabriles. No teníamos industrias, lo que nos sobraba eran los indígenas, que el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) nos enseñó a llamarlos: campesinos, entonces los maoístas copiamos la estratificación social de los campesinos chinos y dijimos que en Bolivia hay campesinos pobres, medianos y ricos”.

Aprendió a tomar con filosofía la noticia de su asesinato y dejó de lado la solemnidad de las ideologías. “Cómo te va a provocar risa esos traslados mecánicos hechos por la izquierda, pero también la derecha, que levantaba el catolicismo contra el comunismo como si toda la república fuera de ese credo. Por eso es mejor decir ‘¡ Patria o suerte! Nos veremos’. Lo que no pretendo es ser cínico, pero el humor a veces te lleva por causes no proyectados. Finalmente, leer el anuncio de mi propia muerte me lleva hoy a buscar en los diarios de Estocolmo la necrológica de mi muerte por si acaso, yo, no me hubiese enterado”.

Recuerda al escritor, periodista y político peruano José Carlos Mariátegui cuando escribió algo así como “cuando uno contempla a su país desde afuera, lo observa de otra manera” . Decker Molina acota: “Creo que el exilio me ayudó a la desacralización de nuestra historia. Curiosamente, desde el centralismo boliviano y el mito de una Bolivia católica, no veíamos o no queríamos ver un país diverso, desestructurado no solo geográficamente, sino culturalmente”.

En 1980 Decker Molina estuvo
de periodista en Cuba.
Foto:Carlos Decker

A 50 años de distancia Carlos recuerda lo malo de la dictadura: “La muerte, la tortura, la cárcel, pero también el engaño, la falta de libre expresión, la mentira oficial y finalmente el servilismo de las autoridades y la complicidad de los jueces. Lo he visto en Albania, en Cuba, en la República Demócrata Alemana, en Belgrado, en Moscú y hoy en Nicaragua para citar uno de los varios países latinoamericanos que migraron de la democracia al autoritarismo”.

El periodista boliviano acompañado con un traductor, en Siria.
Foto: Carlos Decker

Añoranzas

Carlos en una misión periodística
en Beirut (Líbano).
Foto: Carlos Decker

Carlos, a quien algunos periodistas actuales le dicen “maestro”, conoce muchas culturas. Hace un recuento de las naciones donde estuvo: “Todos los países de América Latina, todos los europeos, los escandinavos y nórdicos. Medio Oriente, Magreb y China. Tengo algunas ciudades preferidas como París, Nueva York, Estambul y Beirut. Y de lugares extraños, me gusta la ciudad jordana de Petra”. Se considera un ciudadano del mundo, de la parte donde no mora el odio.

El escritor boliviano junto con dos periodistas rusos.
Foto: Carlos Decker

Si de pertenencia se trata, lo tiene claro la imagen: “Suecia es mi hogar. Bolivia es mi patria. Oruro es la cuna del amor por mi mujer y mis hijos orureños todos”.

La nostalgia por su terruño es otra añoranza. “Para mi Bolivia es la salteña, la huminta, el ají de lengua, el chuflay (que cuando voy no puedo tomar por problemas de presión cardiaca) Bolivia es el poema de Wallparrimachi, pero también la Quinta Sinfonía de Beethoven que me obligaba a escuchar un tío que gustaba de la música clásica. Eran conciertos de los domingos a la hora de las salteñas. Pero también el tango Fumando espero, que cantase mi madre. El talón de hierro, novela de Jack London que me regaló mi padre cuando cumplí 15 años. O sea, Bolivia estuvo siempre en mi valija y ahora en mis anaqueles”.

Carlos Decker Molina en una charla con Tomás Borge, en 1990.
Foto: Carlos Decker

Decker Molina habla español como primera lengua. Domina el sueco y el inglés, aunque afirma que se defiende con el francés. Hay una palabra de la cual conoce muy poco: inactividad. En septiembre, por ejemplo, fue a la Feria del Libro de Madrid, donde tuvo jornadas largas firmando sus libros, volvió a Suecia, donde estuvo en seminarios hablando sobre la traducción del sueco al español y viceversa. En medio dio entrevistas.

Tres periodistas con Carlos, todos cubren un reportaje.
Foto: Carlos Decker

Ya tiene un plan para 2022, con más historias, libros y presentaciones. Atrás quedó aquel 1971, cuando quisieron quitarle la vida. Él vive para escribir. 

Viajar no es morir un poco
El más reciente libro de Carlos Decker Molina se llama Via - jar no es morir un poco - memorias de un reportero. Esta obra forma parte de la editorial boliviana 3600.
El autor cuenta sobre su obra: “El título es de un texto que leí en el segundo festival de poesía de Ostuni de la mano de la poeta boliviana que radica en Suiza la gran Norah Zapata y fue comentado por otra intelectual boliviana que también estuvo invitada al festival literario, Alba María Paz Soldán. Ambos textos están en el libro. El título es una paráfrasis de uno de los versos más repetidos en el mundo del poema Rondel de l’Adieu de Edmod Haraucourt que dice: Partir c’est morir un peu (Partir es morir un poco)”.
Un booktrailer de esta pieza literaria adelanta de que va Viajar no es morir un poco: “El ritmo de los pasos del reportero se va construyendo el libro. El reportero conversa con sus lectores al calor de la hoguera de la amistad. Se unen en una comunidad extraña el que escribe con el que lee. Es un libro que nace iluminado por el fuego de las historias, en el instante en que arde la hoguera con los papeles, libretas, cuadernos, fotografías se vislumbra el rostro del escritor tal vez el del lector”.
Sin duda en esta obra tiene más de Decker Molina, el periodista trotamundos. 
 

Suecia es mi hogar. Bolivia es mi patria. Oruro es la cuna del amor por mi mujer y mis hijos orureños”. Carlos Decker  “Lo que no pretendo es ser un cínico, pero el humor a veces te lleva por causes no proyectados 

Carlos Decker  

Lo que no pretendo es ser un cínico, pero el humor a veces te lleva por causes no proyectados 

Carlos Decker

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