Los mitos en el deporte: las dos epopeyas del fútbol boliviano

El hecho de “glorificar” constantemente las glorias del fútbol boliviano de 1963 y 1994, refleja una “deficiencia y decadencia en el plano deportivo”, según el filósofo Sebreli.
sábado, 4 de diciembre de 2021 · 05:00

Freddy Zárate */ La Paz

Los sociólogos Norbert Elias y Eric Dunnig, en su estudio sobre el deporte, lograron rastrear las prácticas de “ocio” en la Grecia clásica, en el Medioevo, para recalar finalmente en el deporte moderno. Para Elias, los muchos deportes contemporáneos que hoy se practican de forma más o menos parecida en todo el mundo se originaron en Inglaterra.

De allí se extendieron a otros países, principalmente durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Pero el fútbol, en la vertiente en que llegó a ser conocido en Inglaterra, con el nombre de “fútbol asociación”, o según la popular abreviatura, soccer, fue adoptado y asimilado por otros países ampliamente y, en muchos casos, con mucha rapidez y popularidad.

Por su parte, el filósofo Juan José Sebreli –al igual que Elias y Dunnig– pone en el tapete de discusión “ese supuesto deporte del pueblo”, que lejos de surgir en el seno de las masas populares, es un típico producto de la alta burguesía más conservadora y ultrarrefinada del mundo, la inglesa:

“El fútbol moderno nace, en efecto, en el siglo XIX en los aristocráticos public shools y universidades de Inglaterra, impuesto por los alumnos quienes se inspiraron en un olvidado juego de los señores feudales de los siglos X y XI, en el cual la pelota que se pateaba era a veces un cráneo”.

La transformación de un juego “elitista” a un deporte “popular” y polimorfo en el “fútbol asociación” o soccer fue un desarrollo continuo dirigido hacia una regulación y uniformidad. Este proceso culminó con la codificación del fútbol en casi toda Inglaterra en 1863.

A medida que el juego se difundía en otros países, el término football hizo su entrada en otras lenguas. En Francia mantuvo su forma original. En Alemania, se cambió sin grandes dificultades a fussball. En España pasó a ser fútbol, con derivados característicos como futbolero y futbolista. En Portugal, futebol; en Holanda voetbal. También en Estados Unidos se utilizó la palabra inglesa.

El arribo del fútbol a Bolivia

En la década de los 90,   Carlos Mesa publicó el libro   La epopeya del fútbol boliviano 1896-1994 (La Paz: Editorial Edobol, 1994), un recuento histórico desde la llegada del fútbol a las tierras altas de Potosí en la agonía del siglo XIX, bajo la presidencia de Mariano Baptista Caserta, época en la que  “las rieles llevaron y trajeron mercancías y también espectáculos, teatros, toros, el cinematógrafo y el fútbol”.

Pero cuenta la historia –escribe Mesa– que un emprendedor orureño radicado en Chile por un tiempo volvió al terruño portando en el equipaje una pelota y una idea, imponer el football, como escribía entonces, en las alturas de los Andes. Había visto jugar el juego inglés en tierras chilenas y pensó que podía adaptarse en la puna. Así, el 26 de mayo de 1896, fundó el primer club boliviano: Oruro Royal.

El fútbol en La Paz

Los factores económicos, políticos y sociales de inicios del siglo XX fueron determinantes para que la ciudad de La Paz sea la “verdadera cuna del desarrollo del fútbol boliviano”.

Se registra que en 1901 apareció el equipo Bolivian Rangers y en 1906 el Thunders. “En la plaza San Pedro, convertida en campo de juego, se fueron forjando futbolistas que dejarían sus raíces para la conformación de equipos como: The Strongest, Colegio Militar, Universitario, Nimbles Sport, Bolívar, Huracán de Viacha, Ayacucho, Ferroviario, Litoral, Unión Maestranza, Atlético La Paz, entre otros”. Posterior a ello, nacieron varios equipos, con distintas características, colores y simbolismo regional.                   

La Selección boliviana

Siguiendo al periodista Mesa, fue en Santiago de Chile –el 12 de octubre de 1926– el debut histórico de la Selección nacional y el ingreso oficial de la Federación Boliviana de Fútbol en la Confederación Sudamericana de Fútbol. Esto dio paso a la conformación de asociaciones, además de las departamentales, estaban las distritales que tenían mucha importancia.

También la influencia de los centros mineros hasta la nacionalización de las minas en 1952 y  las asociaciones de centros mineros como Pulacayo, Llallagua, Huanuni, Telamayu, entre otros, podían competir y lograr favorables resultados por encima de clubes de Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando.

El lento proceso de institucionalización, a nivel interno como externo, no tuvo resultados favorables a nivel selección, en comparación con los países vecinos que afianzaban títulos y prestigio. Según registra Mesa, en julio de 1930, Bolivia estuvo entre los 13 equipos privilegiados que disputaron por primera vez una Copa del Mundo:

“El 16 de julio debutó frente a Yugoslavia, soportando una derrota por 4 goles a 0. Perdió luego frente a Brasil por el mismo marcador. Muchos de los jugadores que debutaron en 1926 jugaron estas confrontaciones que marcaron el inicio de una competencia que es hoy el eje de todas las competiciones profesionales del fútbol mundial”.

Conflicto bélico y fútbol: la “Paz del Chaco”

En la década de los años 30 estalló la guerra del Chaco (1932-1935) entre   Bolivia y Paraguay. “Para el fútbol, el Chaco dejó una confrontación de hermandad con Paraguay, que se inauguró en 1957 con el denominativo de Copa Paz del Chaco, para demostrar que las profundas heridas que dejó la guerra habían cicatrizado totalmente y que los enemigos de ayer son los hermanos de hoy. Esta circunstancia ha hecho que Paraguay sea el rival más frecuente de la Selección nacional en su historia”.

Primera epopeya

La historia del fútbol boliviano tuvo un corte histórico en la década de los años 60, cuando la Selección obtuvo el título de  campeón del sudamericano de 1963. El periodista deportivo Mario Vargas Rodríguez –conocido como Cucho Vargas– reunió textos periodísticos, fotografías y testimonios de los principales protagonistas de la época, los que fueron  publicados bajo el título 50 años de la Epopeya.

El capitán  de la selección en 1963, Willy Camacho, levanta el trofeo sudamericano.
Archivo / Página Siete, de una fotografía de Presencia

El libro relata  que “el 31 de marzo de 1963, la Selección de Bolivia recibió a Brasil en el estadio Capriles. Tras vencer 5 a 4 el seleccionado verde, celebró el título del campeón sudamericano”.

En el plano político se encontraba como presidente Víctor Paz Estenssoro, quien invitó al Palacio de Gobierno a los jugadores de fútbol para recibir un modesto premio. Por su parte, la Federación Boliviana de Fútbol  desembolsó pequeños premios económicos y, según los diarios de la época, el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario emitió un decreto supremo en reconocimiento de los “héroes” deportivos.

Segunda epopeya

En la década de los años 90, la Selección boliviana logró la clasificación para el mundial de fútbol de Estados Unidos 1994. Toda la efervescencia futbolera fue retratada a través de la prensa local, reportajes, datos estadísticos y fotografías que registraban cada partido de la Selección boliviana.

Décadas después, el equipo periodístico de Panorama, bajo la dirección de Cucho Vargas, recapituló este evento con la publicación del texto 1993 -La Epopeya II, que recapitula para la memoria colectiva a los principales protagonistas de la “hazaña” lograda en el 94.

El plano político también estuvo inmerso en apoyar al seleccionado verde: el saliente presidente Jaime Paz Zamora, así como el electo presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, siguieron de cerca cada partido del seleccionado nacional.

Los mitos del fútbol boliviano

Las dos epopeyas mencionadas con el pasar de los años fueron pasando al plano mítico. Es decir, que los logros deportivos de la Selección boliviana de 1963 y 1994 pasaron al plano ceremonial.

Algunos  de los campeones de 1963 en una foto de 2011.
Foto:  Archivo / APG

Al respecto, el filósofo argentino  Juan José Pérez Sebreli  indica que la heterogeneidad de los ídolos es explicable porque sus adoradores encuentran en ellos más de lo que son, a veces incluso creen ver en ellos lo contrario de lo que son o de lo que ellos mismos quisieron ser.

El hecho de “glorificar” constantemente las epopeyas del fútbol boliviano refleja una deficiencia y decadencia en el plano deportivo. Esto se puede corroborar con los resultados adversos en este deporte: dando pie a que se vayan forjando “estatuillas” humanas en el fútbol. El complejo de “perdedores” en este deporte es apaciguado por la hinchada al recordar infatigablemente las dos glorias del fútbol boliviano. 

Hinchas  de la Selección apoyan a su equipo en el estadio.
 Foto: Archivo / Página Siete

Pero el grado de fanatismo hacia los jugadores bolivianos que salieron victoriosos en el sudamericano del 63 y la clasificación al mundial del 1994 no llega, por ejemplo, al nivel de culto que se profesa a Diego Armando Maradona en  Argentina,  donde los hinchas crearon una “iglesia” de culto a Maradona, que trascendió ese fanatismo a nivel mundial.

En Bolivia, los jugadores del mundial del 94 no llegaron a ese nivel de adoración, pero tienen un reconocimiento social mucho más amplio que el sector cultural.

A esto se suman otros réditos que obtuvieron en el plano deportivo (técnicos, dirigentes) y político (diputados, ministros, alcaldes), sumándose al proceso de cambio profesado por el Movimiento Al Socialismo, en el que  contaron con el incondicional apoyo y admiración del expresidente Evo Morales. Estos factores significativos nos sirven para entender el carácter premoderno de la sociedad boliviana en pleno siglo XXI y la ligazón moderna entre el fútbol y la política.

Es por esta razón que Sebreli advierte que el culto de los “héroes” es pernicioso porque proclama el fanatismo como virtud, fomenta el odio y la intolerancia hacia el disidente, remite a impulsos inconscientes destructivos y ataca al pensamiento racional y crítico.

A esto se suman las pasiones colectivas, los delirios de unanimidad y  la fusión tribal provocados por la adoración de los ídolos y la creencia en los mitos. Estos predisponen a los regímenes autoritarios y anulan en los individuos la conciencia de su libertad y la responsabilidad de forjar su propio destino.

* El autor es abogado.

1896
se funda el primer
club de fútbol de Bolivia,
el  Oruro Royal.

 

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