La historia de amor de Anna y Peter: un sí a la búsqueda de libertad de 8.400 menonitas en Bolivia (VIDEO)

La pareja se une hoy por lo religioso en una de las 17 comunidades de menonitas que se declaran libres. Él ya tiene un trabajo agropecuario y ella estudiará.
domingo, 5 de diciembre de 2021 · 05:19

Ivone Juárez /  La Paz

A mediados de noviembre de este 2021, tres jóvenes menonitas llegaron a las oficinas de la Asociación Departamental de Derechos Humanos de Santa Cruz (Abddhh). Uno de ellos era Franz Wieler, habla castellano, y le contó al presidente de la entidad, Víctor Hugo Velasco, que los muchachos que lo acompañaban eran su hermano Peter, de 22 años, y la novia de éste: Anna, de 20. Habían huido de su colonia porque les prohibieron casarse y salir del lugar.

Hace tres años otro  hermano Wieler, Willams,  estuvo en la misma situación con su novia Helen, casualmente hermana de Anna. Se enamoraron y ella quedó embaraza. Ambos, mayores de edad, huyeron para casarse, pero autoridades menonitas  interrumpieron la boda y se llevaron a Helen de vuelta  a la colonia, donde la obligaron a casarse con otro hombre.

Temiendo que su hermano  Peter sufriera lo mismo, Franz  recurrió a la  Abddhh, donde Velasco, los funcionarios y voluntarios  que conocían la historia de Willam se pusieron a trabajar para que Anna y Peter  cumplieran su voluntad de unirse por las leyes nacionales, como corresponde, al ser bolivianos de nacimiento y mayores de edad.

La pareja  no tenía ningún documento de identidad. La asociación les ayudó a tramitar desde el certificado de nacimiento hasta los papeles que confirmaban que eran solteros, y el sábado 27 de noviembre se casaron. Víctor Hugo Velasco fue testigo y un funcionario apadrinó la unión legal.

En un registro civil la pareja  se dio el sí para iniciar una vida juntos en la comunidad Hacienda Verde, con la libertad de poder decidir. Igual que más de 8.400 menonitas  que  desde hace casi 20 años vienen estableciéndose en 17 comunidades en Santa Cruz, donde estudian, trabajan, ejercen sus derechos y se declaran libres. 

Hoy,  Anna y Peter reforzarán su unión: se casarán por lo religioso. El pastor cristiano evangélico Willy estará a  cargo de la ceremonia.

Anna y Peter en la casa que les dieron en Hacienda Verde.
Foto: Hacienda Verde

Pero no será la única fiesta en Hacienda Verde, porque en unos días más Franz también se casará, ahora  por lo civil con Aganetha, una joven con la que ya se unió  por lo religioso la semana pasada. No lo planearon, pero resultó así por la emergencia de ayudar  a su hermano. Con Peter  ya son cinco de los nueve hermanos Wieler que se declaran en libertad tras dejar la colonia  Nueva Esperanza. “Los otros cuatro se quedaron  porque quieren vivir ahí; nosotros no,  es muy cerrada”, dice Franz.

En la boda religiosa  de Franz, y Aganetha (centro) estuvieron   cinco de los nueve hermanos Wieler que se declaran  libres.
    Foto: Franz y Aganetha

Organizada por la comunidad

La boda de  Anna y Peter fue organizada por toda la comunidad de Hacienda Verde. “Ella tendrá un vestido blanco, en la colonia las mujeres sólo visten de oscuro. Él tendrá un  traje bonito, con camisa blanca y corbata. Habrá  flores, decoración y un servicio religioso con el pastor Willy. Después tendremos una comida. Los novios tendrán muchos regalos, una fiesta; no tienen ni un boliviano en el bolsillo, la comunidad traerá la comida y se encargará de la decoración. Tendremos una linda fiesta”, afirma el pastor William Kehler.

Kehler creció en una colonia menonita en Bolivia, pero  a los 30 años salió a Canadá, de donde regresó convertido en misionero de la Misión Evangélica Menonita. En 2016 decidió dejar su colonia ubicada en San José de Chiquitos impulsado por las restricciones impuestas en el lugar, pero ante  todo por la falta de educación.

Él y su esposa fundaron  Hacienda Verde en 2016. Compraron el terreno “con dinero prestado en Canadá de gente generosa”,  señala Kehler. La comunidad comenzó con ocho familias que huyeron de su colonia.

“Algunas colonias son muy cerradas, con reglas muy estrictas, y todos buscábamos una vida libre; nos costó mucho salir porque  representó la expulsión de la iglesia. Los líderes religiosos enseñan  que salir de la colonia es una condena a vivir en el infierno”, dice el pastor.

“En Hacienda Verde tenemos una vida libre, transporte, teléfono,  escuchamos música, hacemos deporte y, lo más importante, tenemos un colegio donde se puede salir bachiller;  la educación es muy importante para nosotros”, añade.

Actualmente, en las colonias menonitas las personas están prohibidas de salir sin permiso de sus autoridades, que son religiosas; no tienen acceso a telefonía ni ningún servicio de telecomunicaciones, tampoco pueden ver televisión o escuchar música, señala el presidente de la Abddhh, Víctor Hugo Velasco.

Peter y Anna con Víctor Hugo Velasco después de su boda civil.
Foto: Asociación de Derechos Humanos

Pero los menonitas que aún viven en las más de 100 colonias que fundaron en Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca desde que llegaron a Bolivia, entre 1950 y 1960,  provenientes de Canadá y Rusia, no sólo se mantienen renunciando por completo a la tecnología, sino que, apelando a la religión anabaptista que practican, niegan varios derechos y obligaciones a sus miembros que ya nacieron en Bolivia. “No les permiten votar y ni cumplir con el Servicio Militar”, señala Velasco.

Las colonias más estrictas son las que llegaron desde Rusia, aclara el pastor Kehler. Explica que los menonitas de Bolivia tienen raíces en Rusia y Canadá y  siguieron al menos tres rutas para llegar al país, “escapando siempre de la modernidad”.  “Unos salieron de Rusia y Canadá rumbo a México en 1922; en 1958, aproximadamente, llegaron a Belice (América Central) y en 1975 arribaron a Bolivia. Pero hay menonitas que no tuvieron la conexión con Belice y llegaron  desde México. Yo no tengo conexión con México ni Belice, llegué directamente desde Canadá”, afirma.

Decisiones propias y educación

Hacienda Verde, adonde fueron a vivir los recién casados Anna y Peter, es una de las 17 comunidades que desde finales de los años 90 crearon  los menonitas que huyeron o fueron expulsados de sus colonias. Hasta el momento el lugar tiene 75 familias, unas 300 personas. A ésta  se suman Villa Nueva, Nueva Estrella, Concepción, Santa Rosa de Roca, Guarayo  y Brecha Siete, entre otras, en las que los menonitas tienen una gran prioridad: el estudio, derecho que en sus colonias está destinado sólo a los líderes religiosos.

“En las colonias sólo estudian los varones hasta quinto grado, pero no pueden leer ni la Biblia;  sólo la leen los líderes”, afirma el presidente de la Abddhh.

El pastor William  precisa que la enseñanza es en alemán alto, cuando todos hablan alemán bajo. “Es como aprender latín, por eso no saben leer la Biblia”, dice.

En las comunidades declaradas libres ese factor se revierte. En Villa Nueva, por ejemplo, ya tienen seis profesionales, siete universitarios y  nueve promociones de bachilleres.

Jóvenes muestran  sus certificados de graduación.

“Actualmente los niños escolares de Villa Nueva trabajan para solventar sus estudios porque ya saben los derechos  y oportunidades que tienen con el estudio. Los padres aún no le dan tanta importancia al estudio, tal vez por el hecho de que recién se están adaptando a la vida nueva”, afirma Paulas  Buhler, uno de los primeros menonitas declarado libre.

Niños de una  de las comunidad declaradas libres.

Buhler dejó su colonia, Cupesi, ubicada en Pailón, en 1995. Ahora vive en Villa Nueva, una comunidad dedicada a la agropecuaria, la maestranza.  “Salí de la colonia porque todo era muy rígido, controlado por  líderes, con reglas hechas por ellos. Dejé la colonia para ser libre pero con disciplina y bajo la fe cristiana”, afirma.

Paulas es hoy es un empresario próspero de la agropecuaria que aprendió a leer y escribir fuera de su colonia. Tiene tres hijos que están a punto de ser profesionales.

Paulas  Buhler  (izq.) en una de sus plantaciones en Villa Nueva.
Foto: Paulas  Buhler

Cuenta que cuando huyó, se mantuvo oculto por seis semanas, hasta que fue “capturado”. “Me llevaron de nuevo a la colonia y me disciplinaron duramente. Con la ayuda de unos tíos de Canadá volví a huir. Vivo en  Villa Nueva desde 2009, Villa Nueva es respetuosa con la ley boliviana. Yo tengo una vida libre y honesta”, afirma el hombre de 54 años. Sus padres aún viven en la colonia menonita Cupesi, a la que llegaron en 1968; él ya los puede visitar.

Paulas conoce la historia de  Anna Peter y les desea “una vida libre pero también disciplinada con el trabajo”. Está contento porque reafirmarán su unión con una ceremonia religiosa en Hacienda Verde, donde, entre los invitados Peter tendrá a sus hermanos, entre ellos  Willams, que verá cómo  hace realidad su decisión, una posibilidad que a él le negaron.

Pero el final feliz de la historia de amor de Anna y Peter todavía encuentra escollos. El viernes le llegó a Peter un citación para declarar el 21 de diciembre ante la Fiscalía de San José de Chiquitos por una denuncia de “corrupción de mayores” (sic) interpuesta ante la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (Felcc SJ-57/2021). A Franz le  llegó una citación idéntica.

“Es el accionar de los jefes de la colonia, pese a que Anna, cuando la persiguieron y buscaron,  envió un mensaje aclarando que salió de la colonia por su voluntad; además  es mayor de edad. En la denuncia argumentan ‘corrupción de mayores’, no tiene sentido. Los acompañaremos a la comparecencia”, afirma el presidente de la Abddhh de Santa Cruz,Víctor Hugo Velasco.

 


“Menonitas bolivianos  tienen derechos”
 
El presidente de la Asociación Departamental de Derechos Humanos de Santa Cruz, Víctor Hugo Velasco, asegura que los menonitas nacidos en Bolivia son ciudadanos bolivianos con derechos que deben defenderse.

“En las colonias no les permiten ejercer sus derechos establecidos en la Constitución. No aceptan que una pareja se case y salga de la colonia, hay una explotación laboral por parte de los líderes religiosos, mientras que las mujeres son anuladas. Si alguien se atreve a desobedecer, llegan incluso a la tortura y no los dejan estudiar”, señala Velasco.

“Ellos tienen experiencias muy malas en la vida, los castigan con correas, hay  mucha violencia; nosotros no queremos una vida así; no hay futuro para nuestras familias”, señala el pastor William Kehler.

Pero lo que más preocupa a la asociación son los casos de violencia sexual. Velasco afirma que siguen el caso de un padre que ultrajó sexualmente a sus tres hijas, pero que hasta ahora no es sancionado porque las autoridades menonitas lo protegen apelando  al convenio que firmaron con el Estado boliviano cuando comenzaron a establecerse en el país, entre 1950 y 1960.

El acuerdo establece que Bolivia  respetará sus usos y costumbres. “Ese convenio contradice a la nueva Constitución y va en contra de la normativa de los derechos humanos; nosotros buscamos abrogar ese convenio”, afirma Velasco.

La asociación cuenta con un equipo multidisciplinario y voluntarios de la Universidad Gabriel René Moreno  que apoyan a los menonitas que salen de sus colonias. Junto a la cooperación de NNUU lleva adelante  tareas de prevención del uso de drogas o la trata y tráfico de personas.
 

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