Pelota sucia: la silenciosa trata de futbolistas en Latinoamérica

Cientos de jóvenes, la mayoría colombianos, son víctimas de la estafa de falsos empresarios que les prometen un lugar en el olimpo del balompié y terminan abandonándolos en países.
jueves, 25 de febrero de 2021 · 05:04

Santiago Espinoza, Aldo Benítez y Hugo Mario Cárdenas  / Connectas

Desde México hasta Argentina, en humildes e improvisadas escuelas de formación deportiva, se juegan a diario no solo las ilusiones de millones de niños y adolescentes que sueñan con alcanzar la fama en el fútbol, sino la esperanza de sus padres de gambetear a través de ellos la pobreza.

Son lugares olvidados por la dicha del progreso, en donde la única salvación parece estar en la aparición de un “representante” con una oferta económica para llevarse a los jóvenes y hacerlos debutar en los principales clubes del sur del continente y de Europa, como lo hicieron en su momento con el argentino Lionel Messi o el colombiano James Rodríguez.

Pero en estas vidas llenas de postergaciones los sueños casi nunca se cumplen. Y a veces se transforman en pesadilla. Así les ocurrió a cientos de futbolistas aficionados y sus familias, engañados por personajes del “otro fútbol” a través de un esquema tan simple como efectivo: la estafa, llevando a los futbolistas a diferentes países de Sudamérica,  de Centroamérica, Europa o Asia y dejarlos a la deriva. En off side.

En este reportaje, realizado por El País de Cali (Colombia), La Nación (Paraguay), Opinión (Bolivia) y Connectas, se logró registrar 217 casos de deportistas, en su mayoría colombianos, que lejos de consagrarse en el fútbol internacional, terminaron siendo víctimas de un mercado ilegal que incluye desde estafa y trata de personas hasta explotación sexual.

A esa cifra se llegó tras solicitar información a las autoridades judiciales en Colombia, Paraguay y Bolivia, y cruzarla con las denuncias de algunas de las víctimas e informes de prensa en varios medios del continente. Número que refleja la magnitud de un delito silencioso.

Aunque no se trata del accionar delictivo de una estructura criminal organizada, cada una de las personas que integra la nómina de 19 falsos cazatalentos identificados para este reportaje, se ciñe al mismo patrón de falsedad para lograr su propósito: engañan a familias de escasos recursos, a las que les venden la ilusión, les piden una suma baja de dinero para iniciar trámites y luego les exigen desde 600 hasta 10.000 dólares por llevarlos, sin obstáculos, a la “fama”.

Con cartas de equipos adulteradas, firmas de directivos falsificadas y sueños ajustados a la ilusión de cada víctima, las familias hipotecan sus viviendas, venden sus pertenencias, realizan todo tipo de actividades o acceden a créditos informales con tal de no dejar pasar la oportunidad. 

La esperanza

En los municipios de la costa pacífica colombiana, asfixiados por la pobreza, los cultivos de uso ilícito y el conflicto armado, los sueños se persiguen corriendo en potreros o en las orillas de la playa. De esta región, considerada por el Banco de la República como la más pobre del país, salieron varias de las figuras de la Selección Colombia y los equipos del fútbol profesional. El balompié se convirtió casi en la única opción legal que tienen sus niños y jóvenes de piel achocolatada de alcanzar una vida digna. 

Corría el mes de octubre de 2019 cuando apareció en la casa de Jefferson y otros jóvenes de entre 15 y 21 años, en un sector popular del municipio de Quibdó, el empresario argentino Édgar Humberto Ozuna, quien se presentó como presidente del Club Deportivo Thomas Bata de Quillacollo (Cochabamba), un equipo de segunda división del fútbol de Bolivia, con cartas en blanco para llevar jóvenes promesas a probar a esa liga. 

El tío de Jefferson, un humilde pescador, accedió a un préstamo informal conocido como ‘gota a gota’, un crédito que organizaciones criminales entregan sin estudio previo y donde la deuda se paga hasta con la vida. Tres semanas más tarde la esperanza de toda una familia aterrizó en El Alto y luego en Cochabamba a la espera de que el joven empezara a romper las redes con sus goles y a espantar la pobreza con su salario. 

Pero los reflectores de ningún estadio se encendieron para su debut. Jefferson fue abandonado por el empresario en un hotel junto a otros ocho jóvenes y luego se infectó con la Covid. Hoy vive en Cochabamba de la caridad de la gente. Su familia en Colombia, ahora más pobre, endeudada y con preocupaciones, busca un boleto que lo traiga de regreso y lo saque de esa pesadilla en la que terminó, lejos de su hogar.

En ese trasegar de sueños de papel, la historia de Jefferson se repite de a decenas entre jóvenes colombianos que cayeron en la misma trampa y ahora sobreviven en el extranjero limpiando los parabrisas de los carros en los semáforos o como vendedores informales en las calles.

Muchos llegaron a Argentina, Paraguay, Bolivia, Uruguay, Centroamérica o Europa pagando el doble de lo que cuesta un vuelo en clase ejecutiva para ir rumbo al abandono en clase económica. Para otros su ilusión ni siquiera tomó pista porque se quedaron en sus viviendas con las maletas y sueños empacados.  

La promesa

Son las siete de mañana en este sector del oriente de Cali y mientras Yilber Castro amarra de nuevo sus botines, con los bolsillos vacíos y a la espera de una segunda oportunidad, recuerda que su madre, una empleada doméstica, logró con esfuerzo y debiéndole a cada santo una vela juntar los 700 dólares para el viaje que el joven nunca realizó. 

Con el crujir de un sueño roto quedó también postergada la probabilidad de que su madre algún día no tenga que levantarse a lavar ropa ajena. 

Futbolistas  colombianos llegaron a Bolivia a fines de 2019.
FOTO: Opinión

Colombia es el tercer país de América que más futbolistas exportó en 2020 y el quinto a nivel mundial, según un informe del sitio especializado Big Data Sports. Y es donde se origina mayormente este mercado ilegal. Pero hay una realidad, tan desoladora como perder un campeonato en el último segundo, que tal vez lo explica.

A diferencia de Brasil (con cuatro divisiones y 128 equipos), Argentina (con cinco divisiones y 107 equipos), Paraguay (con cuatro divisiones y 62 equipos) o Bolivia (con tres divisiones y 60 equipos), en Colombia solo hay dos divisiones y 36 clubes avalados con cupo para apenas 30 deportistas cada uno. Es decir, solo hay espacio en el fútbol profesional para 1.080 jugadores, cuando decenas de miles de jóvenes sueñan con saltar al gramado del estadio. 

“En Colombia es muy fácil abusar de las expectativas de la gente”, cuenta Carlos González Puché, presidente de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro) “porque los papás están dispuestos a pagar y a hacer lo que esté a su alcance, en todos los niveles sociales, por ver triunfar a sus hijos”.

Nadie sabe cuándo ni cómo, pero Javier Alexánder Neira Hincapié pasó en el año 2012, de ser un conductor de buses de servicio público de la empresa Cootransniza, en Bogotá, a convertirse en 2013 en agente FIFA y empresario de jugadores para llevar al Atlético de Madrid (España) y al FK Karpaty (Croacia).

Una decena de denuncias que rezan en su contra en la Fiscalía colombiana señalan que clonó documentos del Junior de Barranquilla y con ellos realizó falsas contrataciones de directores técnicos y jugadores de Argentina y España que supuestamente traería al equipo  hasta que fue descubierto en el 2014. 

Meses después reapareció en Bogotá en un centro de entrenamiento, con lentes oscuros, traje de señor y un renovado repertorio dispuesto a llevar a Jorge Luis Lara, un jugador habilidoso que había estado por Centroamérica, para el fútbol de China.

Por la documentación y el precontrato exigió 8.000 dólares y la promesa de que el representante del jugador recibiría 100 mil dólares. Un par de semanas después, con cartas falsas, envió al jugador a presentarse a la Embajada de China, pero le negaron la visa. Pidió entonces el dinero para buscar una alternativa para sacar al jugador del país y sus víctimas aún lo están esperando, junto a otros diez muchachos que llevaría para el Atlético de Madrid a cambio de 1.500 dólares por jugador.

La ilustración de reportaje realizado por Connectas.
Foto: Connectas

La estafa

Los mundiales de Brasil 2014 y Rusia 2018 marcaron un nuevo derrotero para los piratas de sueños en Colombia. En ambas selecciones aparecieron jugadores como Carlos Sánchez, Jeison Murillo, Éder Álvarez Balanta, Mateus Uribe y Álvaro Montero, quienes nunca jugaron profesionalmente en el país y tuvieron su oportunidad a través de equipos de tercera y cuarta categoría de Uruguay, Argentina, Brasil o España.

Eso motivó a muchos futbolistas aficionados a querer ir a buscar su sueño en otras ligas en Centro, Sudamérica y Europa. Y les dio un nuevo aire a esos falsos promotores que salieron a la caza de incautos y soñadores.

Es mediodía en el corregimiento cartagenero de Pasacaballos, a 45 minutos de la ciudad amurallada, y en la calle Arroyito vive la familia Pérez Santoyo. 

Cuando Yeison, el menor de los hijos, apenas empezaba a correr como alma salvaje tras una pelota, debieron vender el ‘tumbayegua’, un pájaro apetecido y de exquisito trinar que equivale en esta región del país a tener un billete de cien dólares en una jaula. Con ese dinero lo enviaron a Cali para probarse en un equipo del mundialista Faustino Asprilla, pero la ambición de un entrenador apagó la posibilidad de su fichaje. 

Se endeudaron para enviar a Yeison a la escuela de nuevos talentos del Barcelona de España. Pero a finales de 2019 fue la Covid-19 la encargada de cerrarle la puerta y cortarle la luz al sueño. Obligado a volver a Colombia, envió antes videos suyos a diferentes equipos en Europa y Asia.

La respuesta soñada llegó antes de lo esperado, cuando (supuestamente) el Al-Wasl Football Club de Dubai se interesó en él y le puso en su correo un precontrato para integrar al plantel.  Ante la supuesta premura, era necesario que el jugador costeara los gastos -cerca de 2.000 dólares- que debía consignar al representante del equipo y que le serían devueltos a su llegada a Dubai. “Mis papás hipotecaron la casa y se endeudaron con los bancos para conseguir ese dinero; después nos dimos cuenta que nos habían estafado”. 

Edgar Ozuna  tiene 33 denuncias por estafa en tres países.

El abandono

“Juegan a la lotería con el futuro de los chicos”, dice Rogelio Delgado, presidente de la Asociación de Futbolistas del Paraguay, quien conoce el caso de Ozuna y otros falsos empresarios por las  denuncias que llegan hasta su oficina.  Delgado recuerda la historia de siete futbolistas paraguayos que terminaron a la deriva en Indonesia, engañados por un supuesto representante que les había sacado plata a las familias de estos jóvenes para poder “ficharlos” en clubes de la liga de aquel país asiático.

Edgar Humberto Ozuna, que no es argentino sino un colombiano con acento rioplatense actuado, tiene un largo palmarés judicial en el sórdido mundo de la trata de futbolistas. Pese a tener cuatro investigaciones pendientes en Colombia desde  2012, cinco procesos penales en Paraguay y una veintena de denuncias en Bolivia, vio la tarjeta roja recién en esta pandemia, cuando fue detenido por estafa en Cochabamba.

La denuncia había sido instaurada por las propietarias de un hostal donde albergaba a los muchachos y luego huía sin cancelar el servicio. En Paraguay, el nombre de Ozuna Sánchez pasó casi desapercibido para las autoridades fiscales a pesar de sus causas judiciales abiertas. 

Pero tan sombrío como sus actuaciones es su estilo de vida. A través de sus redes sociales manifiesta un encanto por lo diabólico. Michael Narváez, uno de los jugadores colombianos que sigue deambulando por las calles de Bolivia, recuerda que “tenía un tatuaje grande en la espalda que era de un círculo con estrellas, que es como un pacto con el diablo. Tenía otro que decía: ‘No me le arrodillo a Dios sino al Diablo’ y tenía tatuado un demonio en el pecho y lunas negras en los brazos”.

En Bolivia, el primer registro de Ozuna aparece en un parte policial el 17 de abril de 2020. Irónicamente, contagiarse de coronavirus fue lo “mejor” que pudo pasarles a los jugadores que Ozuna llevó a Bolivia bajo engaños. Eso permitió darle visibilidad a una historia que, de otra manera, habría pasado desapercibida.  
 

 

 Debido a su extensión este reportaje fue editado. Puede encontrar la versión inextensa en https://www.paginasiete.bo/; y https://www.connectas.org/pelota-sucia-la-silenciosa-trata-de-futbolistas-en-latinoamerica/
 

 

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