Crónica de una visita presidencial mexicana frustrada por el mal tiempo

En el año 1960, el mandatario Adolfo López Mateos no pudo aterrizar en La Paz por factores meteorológicos, en medio de rumores de un golpe contra Hernán Siles. Ésta es la historia de esos difíciles días.
sábado, 6 de febrero de 2021 · 05:04

Víctor Hugo Rodríguez  Torrez *  / La Paz

En 1960 ocurrió un confuso episodio aeronáutico en nuestros cielos, en medio de rumores y alteración por un golpe de Estado que agitó la respiración de los paceños.

Por invitación del entonces presidente Hernán Siles Zuazo (HSZ), el sábado 30 de enero de aquel año, debía llegar a La Paz el presidente de México, Adolfo López Mateos (ALM), quien realizaba una gira por Brasil, Argentina, Chile, Perú y Ecuador. Aún estaba fresca la visita a nuestra ciudad del vicepresidente de EEUU, Richard Nixon.

Aquel día, el cielo altiplánico amaneció cerrado, imposibilitando el aterrizaje del Clipper México, que desde la capital chilena transportaba a ALM a La Paz. Según el reporte de Pan American Grace (Panagra), aerolínea norteamericana con una estación meteorológica en Charaña, en la jornada brumosa y gélida, las condiciones eran inapropiadas para asentar la aeronave en pista. El informe proporcionado al mandatario boliviano, presente en el antiguo aeropuerto de El Alto, señalaba que ALM (período 1958-1964) y su comitiva debían llegar a las 12:30.

“La postergación de su visita obedece, fundamentalmente a la inestabilidad atmosférica en el área del altiplano que obligó al avión Tenochtitlán seguir hacia Arica, tras haber volado, durante más de una hora territorio boliviano entre Charaña y La Paz”, fue el lacónico y sorpresivo parte oficial mexicano. El avión había pasado por el Tacora, temida montaña peruana lindante con Chile. A horas 13:05, Panagra precisaba que los visitantes retornaban a la ciudad costera “para reabastecerse de combustible”. ALM y acompañantes, inesperadamente, pernoctarían allá.

Previamente, llamó la atención que la primera dama mexicana, Eva Sámano de López Mateos,  y su hija Avecita  no vendrían a La Paz “por razones completamente ajenas a sus deseos”, según el aviso oficial azteca.

Tanto el presidente HSZ, su gabinete, y el pueblo paceño, que íntegramente se aprestaba a tributar extraordinaria bienvenida, quedaron desilusionados por el súbito cambio endilgado al mal tiempo.

Antes, los paceños habían recibido al Príncipe de Gales y futuro Rey de Inglaterra, Eduardo VIII, y a  jefes de Estado de Veneuela, Paraguay, Chile, y otros países.

La Dirección General del Trabajo había dispuesto que la banca, industria, comercio y empleados en general “deben suspender labores el día 30 del presente mes, desde horas 11:00 con objeto de asistir a la concentración que en honor al Excmo. Presidente de la hermana República de México y su comitiva, que se llevará a cabo en la Plaza Murillo”.

Empero, los contactos oficiales de máximo nivel, acordaron que al día siguiente, 31 de enero, López Mateos, estaría sí o sí en la metrópoli del Illimani.

El domingo, la ciudad amaneció con las características atmosféricas de la víspera. Tanto HSZ, pero sobre todo, la población paceña, reeditaron sus afanes, expectativas y certidumbre para acoger al ilustre visitante quien, entre otros homenajes, recibiría del alcalde Jorge Ríos Gamarra, la Llave de Oro de La Paz.

Adolfo López Mateos  saluda efusivamente a su homólogo boliviano en octubre de 1963.
Fotos: Archivo Víctor H. Rodriguez

Condiciones climáticas

Reportes de Panagra indicaban que “a las seis de la mañana, según los informes meteorológicos hay una densa niebla en la cordillera occidental”. Pero poco más tarde la visibilidad ilimitada. “Aeropuerto abierto”.

Sin embargo, el general José Gómez Huerta, jefe del Estado Mayor Presidencial de México, inesperadamente, desde Arica, canceló el vuelo. ALM, ya no viajaría a La Paz.

Efectivamente, a las 8:30, brilló el sol, abriendo infinito horizonte para la aeronavegación, datos que fueron transmitidos a Arica. No sólo el Tacora, sino el Sajama, más alto y hermoso, dibujó sus flamines níveos en el añil del cielo paceño y altiplánico. Un primer avión aterrizó normalmente en El Alto, trayendo a los periodistas mexicanos, quienes entrevistaron al presidente HSZ. Fueron agasajados por sus homólogos bolivianos. En el hermoso día se hizo patético el contraste con la ausencia del estadista invitado.

HSZ, quien el sábado nos dijo a los periodistas que “la Revolución mexicana es la hermana mayor de la Revolución boliviana”, se retiró contrariado del aeropuerto a horas 17 con los crespos hechos, en consuno con  miles de paceños.

Ratificada la información, el embajador mexicano en Bolivia, Jesús Reyes Ruiz, se vio en figurillas. “Y ahora –dijo– cómo le explico al señor presidente Siles Zuazo lo ocurrido”. En último intento, ALM estuvo dispuesto  a “subir” desde Arica a La Paz en coche-motor, pero fue disuadido.

La fallida visita fue seguida con decepción en Bolivia, “pues habiendo podido llegar en un día diáfano no lo hizo”. Representaba el fortalecimiento de dos Revoluciones fundamentales en América Latina.

Molesto, el ideólogo, escritor y periodista Augusto Céspedes, expresaba: “Cayó la bruma de un pesar extraño, bruma que no podrá despejar el sol ni la famosa meteorología”. “Luces y sombras tocan las bases mismas de los sentimientos que unen –o unían– a los gobiernos de los dos países”, subrayó.

Años antes, impulsados por el presidente Miguel Alemán (1946-1952), diversos personajes vinieron desde México para homenajear a la Revolución Nacional: José Vasconcelos, Octavio Paz, Vicente Lombardo Toledano, Diego Rivera, José Mojica, Andrés Soler, Dolores del Río. Los mandatarios Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940) y Manuel Ávila Camacho (1940-1946), habían condecorado con la Orden Mexicana del Águila Azteca, en máximo grado, al general David Toro y al mayor Gualberto Villarroel, respectivamente.

Cuando gobernaba Bolivia el presidente Daniel Salamanca, incorporó como Inspector General de Policías y Cárceles de la República (junio 1933), al sacerdote mexicano, nacionalizado boliviano, Alfonso Ibar.

En vuelo de Arica a Lima, ALM envió a HSZ un mensaje: “No tiene usted idea señor Presidente de la profunda contrariedad que a mis acompañantes y particularmente a mí nos ha causado que la clausura del aeropuerto de La Paz debido a las condiciones atmosféricas no nos haya permitido efectuar la visita que con todo entusiasmo había proyectado sin la menor vacilación desde el momento en que recibí su amable invitación”.

Según el corresponsal en Lima, Milton Carr, ALM lamentó aquella frustración. “Fue dolorosa; la única desilusión en mi gira por América del Sur, no haber llegado a Bolivia”. Recalcó que por 45 minutos el “Tenochtitlán” voló en círculos sobre el aeropuerto de La Paz.

Pero, ¿cuál había sido el factor de fondo que interrumpió aquel arribo a esta capital? La opinión pública rumoraba que “aprovechando” el grato acontecimiento, el presidente HSZ iba a ser derrocado, involucrando a Falange Socialista Boliviana como foco del intento. 

El miércoles 2 de febrero de 1960, el Ministro de Gobierno, José Morales Guillén, leyó un comunicado: “A consecuencia de versiones que circulan desde el miércoles sobre una subversión, recogidas con amplitud por el vespertino La Tarde, el Ministerio de Gobierno, respecto a un complot-subversivo informa: El Gobierno tuvo conocimiento de esas versiones, las mismas que aparte de determinar las medidas de precaución correspondientes, dieron lugar a su inmediata verificación. El Ministerio de Gobierno se permite llamar a la reflexión pública para que examinando objetivamente los hechos, actúe con la debida serenidad, ya que magnificarlos ocasionaría nerviosismo favorable a los planes de la reacción”.

Hernán Siles    explica al periodista Luis Alberto Alípaz aspectos de la truncada visita de  López.

¿Por qué no llegó?

Las interrogantes crecieron: ¿por qué no vino la primera dama mexicana?, ¿por qué el avión presidencial no aterrizó, cuando aquel domingo las condiciones técnicas eran absolutamente favorables?, ¿por qué el Gobierno llamó con inusual inmediatez al embajador boliviano en México, Armando Arce, para que proporcione información no revelada, respecto a la prescindencia de Bolivia en la gira de ALM?, ¿por qué el embajador boliviano en  Perú, Juan Luis Gutiérrez Granier, no fue autorizado desde La Paz para asistir a los actos oficiales que en honor del presidente mexicano ofrecería en Lima el Gobierno de aquel país? 

La opinión pública inquiría: ¿cómo supo de aquella conjura en ciernes el presidente visitante?, ¿acaso fue expeditivamente advertido por cierta embajada que desde La Paz “le pasó el dato”?

Mientras, la prensa paceña destacaba: “Las informaciones de Panagra son claras ahora, lo suficiente”; “las presuntas malas condiciones no eran sino pretextos para la inexplicable voluntad de no venir”; “el tiempo se compuso, pero ya no el ánimo de un enviado principal de la Revolución Mexicana”; “el Presidente de un país de tradición revolucionaria prefirió pasar de largo ante la Nación boliviana que atraviesa el momento más trascendental de su historia”.

La Nación remató con la caricatura: “Emiliano Zapata u Obregón, a la mera noticia de nublado sobre el campo de aviación, jamás habríanse asustado”.

Fue el corolario de aquel inútil esfuerzo de La Paz para ofrendar su afecto al presidente López Mateos. Su seguridad en el cielo paceño transcurrió intacta, pues nunca estuvo en peligro. Quedó demostrado palmariamente que aquel Gobierno mexicano “no había estado tan cerca de Bolivia como se  suponía”…

Al final del siglo XX, a vuelo de pájaro, visitó La Paz el presidente Carlos Salinas de Gortari. Después a Cochabamba, Ernesto Zedillo. Empezando este milenio, lo hizo el mandatario Vicente Fox Quezada.

El verdadero golpe

La respuesta de lo que la intuición popular manejaba, dio en el clavo casi dos meses después, el sábado 19 de marzo 1960, natalicio del presidente Siles Zuazo, cuando el director de la Policía, coronel Hermógenes Ríos Ledezma, encabezó el verdadero golpe contra la Revolución Nacional, a cargo del antiguo regimiento Calama, Mayor Avelino Aliaga, 1 de Carabineros, refriega que arrojó 16 muertos, entre ellos su comandante, coronel Justo Burgos Navia, y 108 heridos. 

Las operaciones del Ejército, milicias armadas y la Academia de Policías, aplacaron la situación. Fueron dirigidas por el jefe de la Revolución y expresidente Víctor Paz Estenssoro. El Regimiento Escolta Presidencial Colorados, tomó aquellas instalaciones ubicadas en la zona Riosinho de La Paz, ocupándolas definitivamente hasta el presente.

En octubre de 1963, en México DF, López Mateos recibía con pompa y circunstancia al presidente Paz Estenssoro, quien venía de entrevistarse con el presidente Kennedy, en Washington. “La amistad entre México y Bolivia será cada vez más cordial; su presencia aquí la volverá perdurable y nada ni nadie podrá menoscabarla nunca”, le dijo. De su parte, nuestro jefe del Estado respondía: “A nombre del pueblo boliviano, saludo a usted, hombre de América y soldado de la paz, y al pueblo de México, noble y generoso, nuestro hermano de siempre”. En el siglo XXI, dichos afectos bajaron su temperatura.

ALM, recordado como mandatario sobresaliente en su país y con recio impacto internacional, fue postulado al Premio Nobel de la Paz por su iniciativa para desnuclearizar América Latina. Mientras en el mundo, varios Estados estaban proponiendo su nombre para la secretaría general de la ONU, pero una dolencia produjo su deceso.

Discurrió el tiempo y sin cortapisas, como el Tacora o el mal tiempo, llegaron sin novedad a La Paz Ahnmed Sukarno, Arturo Frondizi, Fernando Belaunde Terry, el Príncipe Felipe, consorte de la Reina Isabel; el Mariscal Tito, el general Charles de Gaulle, de paso a Cochabamba, y otros resonantes personajes. Cosas de la historia…

 

* El autor es periodista

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