El Teatro al Aire Libre, de cementerio a escenario de estrellas

El lugar para su construcción fue elegido por las características acústicas naturales que ofrecía. Fue inaugurado en 1952. Siempre fue un espacio para artistas locales; se hacía antesala en el parque de los monos.
miércoles, 24 de marzo de 2021 · 05:04

Ivone Juárez /  La Paz 

En 1912,  los paceños comenzaron a debatir la necesidad de contar con un teatro al aire libre para fomentar más su creciente actividad cultural, para la que ya no era suficiente el Teatro Municipal, inaugurado en 1845. La idea fue tomando forma durante más de dos décadas, en las que incluso se llegó a  trazar el plano de las nuevas instalaciones que, hasta entonces, se había pensado erigir en la avenida Mariscal Santa Cruz, cerca del Obelisco. El nuevo teatro tenía hasta un nombre: Emilio Villanueva,  el arquitecto que diseñó La Paz que hoy conocemos. 

Por su ubicación tan céntrica, el proyecto  representaba una importante cantidad de expropiaciones de propiedades privadas, lo que llevó a postergarlo y a pensar en otro lugar para su instalación. 

En 1930, aproximadamente, se da con un espacio para el nuevo teatro, que era ideal por sus condiciones acústicas, “una  concha de sonido natural”, dice el historiador Carlos Gerl, director de la revista Leyendario. 

El lugar se encontraba en un terreno detrás de la Universidad Mayor de San Andrés; era una cabecera de río con innu   merables vertientes que lo hacían algo inestable, pero, nada que no se pudiera resolver con las medidas adecuadas; lo perturbante era que en el lugar “se enterraban cuerpos de rebeldes que se oponían a las dictaduras”, indica Gerl. 

Finalmente se termina decidiendo que el teatro al aire libre de los paceños se construirá en ese lugar, pero las obras comienzan recién  en 1951,  durante la gestión del alcalde Luis Nardín Rivas. 

Después de un año, en 1952, año de la Revolución Nacional, el teatro es entregado e inaugurado, pero el  presidente de Bolivia de entonces, Víctor Paz Estenssoro, ordena realizar algunas mejoras  en el espacio, que termina siendo reinaugurado en 1953, según la información del Catálogo Espacios Culturales Municipales publicado por la Alcaldía de La Paz en 2020.

El encargado municipal del Teatro al Aire Libre, Marcelo Vargas, cuenta que Víctor Paz incluso inspeccionó en persona algunas de las refacciones que se realizaron en el lugar, sobre todo cuando se produjo el derrumbe en uno de los muros perimetrales del escenario artístico.

 En su primera construcción, el teatro tenía una fachada blanca con los escudos de cada uno de los departamentos de Bolivia, incluido el del Litoral. “La fachada tenía diez escudos”, precisa Gerl.

Desde que el teatro a cielo abierto de los paceños,  que finalmente lleva el nombre del violinista cochabambino  Jaime Laredo, abrió sus puertas fue un “espacio inclusivo”, sostiene Vargas. Es que en su escenario no sólo se pararon cantantes y músicos, artistas de teatro,  humoristas y otras personalidades del espectáculo y la farándula, sino también -hasta ahora- dirigentes políticos, sindicales y otros líderes. “Es un espacio inclusivo porque en él no sólo se realizan espectáculos artísticos, culturales, sino hasta eventos políticos, sindicales”, sostiene Vargas. 

Pero desde su inauguración el espacio fue para los artistas locales. Marina Conde tiene un puesto de venta de golosinas frente al Teatro al Aire Libre, sobre la avenida del Ejército. “Crecí aquí”, dice sonriendo. Tiene razón, gran parte de los recuerdos de su niñez tienen ese escenario, donde su mamá Eulogia Ambrosio tenía el puesto de dulces.

“Yo entraba al teatro a vender almohadones hechos de papel periódico picado, que metíamos en bolsas nailon, en esos tiempos no había plastoformo. Para sentarse en las graderías de cemento, la gente compraba esos almohadones. También hacíamos gorras de periódico y eso vendíamos; la gente compraba para protegerse del sol”, cuenta Marina, que es la secretaria general de los vivanderos del Teatro al Aire Libre.

Marina se refiere a la década de  los años 70, cuando los fines de semana, en la tarde, el teatro se llenaba de paceños y no paceños que entraban a disfrutar de los grupos nacionales de moda. 

Ella recuerda a Los de Pukara y a Los Caminantes de Carlos Palenque. “La mayoría de los asistentes eran gente de clase popular. Primero se iban al Parque de los monos (exzoológico de La Paz) y cuando la música comenzaba a tocar venían hacia el teatro y comenzaban a entrar; se llenaba todo”, recuerda.

Adentro, además de disfrutar de los ritmos de moda, los espectadores saboreaban los helados de canela con empanadas o unas pucacapas.  “Hasta ahora  seguimos vendiendo helado de canela con las empanadas, y los dulceros de antes no hemos cambiado; es nuestra tradición entrar a vender con caballetes; es parte de la historia y los seguimos manteniendo”, añade.

Por el Teatro al Aire Libre pasaron grandes estrellas, pero en él también nacieron algunas. Carlos Gerl cuenta que Los Chaskas, por ejemplo, se hicieron conocer en  ese escenario y llegaron hasta el Festival de Viña del Mar, de Chile (1975), en el que ganaron una Gaviota de Plata por su ritmo, que hizo bailar hasta al presidente de entonces Augusto Pinochet.

“El grupo se presentó en el show de Radio Méndez,  de Micky Jiménez,  que se realizaba en el Teatro al Aire Libre, y al verlos con el pelo largo y despeinados los llamó chaskas, nombre con el que se rebautizaron y se quedaron. Fue tal el éxito de Los Chaskas que llegaron hasta Viña del Mar”, relata Gerl. 

Si bien el show de Radio Méndez dio gran movimiento al Teatro al Aire Libre con un desfile de artistas nacionales, Discolandia, la disquera de Miguel Dueri, hizo otro tanto, pero no sólo con aristas locales, sino internacionales que cuando llegaban a la  ciudad de La Paz se presentaban en ese escenario. Luego vinieron otras empresas de espectáculos que siguieron sumando estrellas. 

En 2006 el Teatro al Aire Libre fue remodelado por la Alcaldía de La Paz. Las obras comprendieron incrementar su capacidad de 6.000  a 9.000 personas, un mantenimiento de los camerinos y salas de ensayo, de los sistemas sanitario y eléctrico, y otros; pero sobre todo el revoque y pintado de la fachada del teatro que terminó convirtiéndose en uno de los murales más grandes de Bolivia: el Mural del Bicentenario pintado por Gastón Ugalde, que fue develado en 2010.

La obra de arte fue realizada por un equipo de al menos 30 profesionales, entre historiadores, antropólogos, artistas y otros. “Es un reconocimiento a los paceños y no paceños que lograron un aporte importante a La Paz. El mural no sólo contempla a personajes históricos como Pedro Domingo Murillo o Alonso de Mendoza, que no era paceño, sino a personajes del imaginario paceño, a símbolos, como la chola paceña, el pepino, el lustrabotas, el albañil y otros. Son 200 personajes”, dice Carlos Gerl.

Es que de alguna manera, el Teatro al Aire Libre de La Paz ha visto pasar a paceños y no paceños que dejaron algo de sí para que esta ciudad tenga esa magia que la caracteriza.
 

 

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