Fotografía con lente de mujer

“Para algunos, el fotoperiodismo es un trabajo de hombres porque implica riesgos. Sigue siendo un estereotipo que tenemos que superar”, sostiene Patricia de Melo.
sábado, 27 de marzo de 2021 · 05:04

 Marielle Eudes *  / París

“¿Quién teme a las fotógrafas?” El Museo de la Orangerie y el Museo de Orsay plantearon esta pregunta hace cinco años en una importante exposición que destacaba el papel fundamental, a menudo ignorado, de la mujer en la historia de la fotografía.

Desde los orígenes de la fotografía (nacida oficialmente en 1839) las mujeres se han apoderado de la cámara oscura, han invertido el espacio, viajado a tierras desconocidas, mirado el mundo, cubierto guerras, inventado nuevas técnicas, espectáculos de genio o vanguardia artística... Sin embargo, se desconocen los nombres de la gran mayoría de ellas. 

Las mujeres han permanecido a la sombra de la historia, discretas, borradas. El trabajo colectivo Une histoire mondial des femmes photographes (Historia mundial de las fotógrafas) publicado en noviembre por ediciones Textuel busca colmar esas lagunas, al menos las más importantes.

En homenaje a todas estas mujeres, a Frances Benjamin Johnston, Alice Shalek, Elizabeth “Lee” Miller, Gerda Taro, Eva Arnold, Dorothea Lange, Françoise Huguier, Sabine Weiss... a todas las que siguen y observan constantemente los aconteceres del mundo a través de una cámara.  La AFP   entrevista a su fotógrafa Patricia De Melo Moreira (PdM), afincada en Lisboa, que figura en la prestigiosa lista de los mejores fotógrafos de agencia de 2020 elaborada por el diario The Guardian.

Tranvías en una calle  casi vacía en  Lisboa, el 15 de enero de 2021; la isla de Corvo, en el archipiélago de las Azores, el 11 de marzo de 2021, y Anabela Silva en  su casa el 18 de junio de 2017, cerca de Figueiro dos Vinhos, Portugal, azotada por los incendios forestales.
  Fotos: Patricia De Melo Moreira  / AFP

Marielle Eudes (ME)  ¿Cómo nace tu pasión por la fotografía?

PdM Es una pasión que se remonta a la infancia. Tengo el recuerdo de mi padre hojeando nuestros Life Magazine cuidadosamente conservados. Recuerdo precisamente el momento en que me dijo cómo una fotografía podía resumir un momento decisivo de la historia.

También recuerdo las mil preguntas que le hice. Tenía ocho o nueve años... Desde entonces compartí esa pasión con él. Le regalé libros de fotos para el Día del Padre. Recuerdo conversaciones que sostuvimos sobre Robert Capa, sobre imágenes de guerra. Mi papá me presentó a los fotoperiodistas.

Una vendedora de  estatuillas religiosas posa con su mascarilla en el santuario de Fátima, en el centro de Portugal, el 13 de mayo de 2020; mujeres se preparan para el desfile de San Antonio, en Lisboa, el 12 de junio de 2012; una mujer mira el piso; al frente, parte de un caballo, otro retrato de la fotógrafa Patricia De Melo.

Cuando era adolescente, usaba mi dinero de bolsillo para suscribirme a National Geographic. Y todavía compartimos esa pasión, a pesar de que inicialmente mi padre desaprobó esta elección de carrera. Me decía: “¡Es un sueño, pero no te dará ninguna estabilidad en la vida”! Yo me puse terca y tuvimos más de una discusión. Finalmente cedió. Cuando tenía 18 años comencé a estudiar fotografía documental en la universidad. Ya sabía que quería tener un trabajo que me permitiera conocer a otros y descubrir mundos diferentes, desde adentro.

Tenía sed de fotografía, estaba completamente abierta a todos los géneros: fotografía de moda, fotografía creativa ... Me especialicé en fotoperiodismo porque descubrí rápidamente que era donde mejor era. Trabajé en un centro comercial para pagar mis estudios, y el resto del tiempo mi vida giraba en torno a la fotografía: en el campo y en el laboratorio, ya que aún revelábamos los negativos. Trabajé para varios medios portugueses antes de unirme a la AFP en 2009.

ME. ¿Con qué tres palabras resumirías tus fotografías?

PdM. Simple, emotivo, profundo. Simple, porque no utilizo técnicas demasiado sofisticadas. No engaño con la luz, por ejemplo. Juego con la luz natural del lugar, incluso cuando no es ideal. Emocional, porque siempre trato de capturar los sentimientos de las personas que fotografío. Trato de tomarme el tiempo para escuchar a las personas y comprender cómo se sienten. Aunque la emoción también puede corresponder a una atmósfera: calles solitarias durante la pandemia, por ejemplo. Intento jugar con la luz, por ejemplo, para transmitir el sentimiento que se cierne sobre la ciudad. Profundidad, porque espero crear conciencia, provocar la reflexión.

Pero sobre todo, me parece muy importante ser honesto. Intento no tener una idea preconcebida para mis coberturas. Sé que hay algo que puedo esperar y que en el momento todo puede ser muy diferente. Los hechos deben informarse tal cual son. Eso es el fotoperiodismo.

Por ejemplo, hemos estado muchas veces en hospitales que en teoría estaban saturados. Pensamos que íbamos a ver a cuidadores agotados. Sin embargo, eso no fue lo que observamos. Estaban totalmente en control, concentrados. La primera vez que estuve en un hospital, esperaba ver estrés, agotamiento… y fue todo lo contrario. Me sentí aliviada, protegida.

Me gusta particularmente cubrir temas sociales y culturales. Intento investigar bien de antemano. Por ejemplo, cuando me pidieron que cubriera la Ley de Adopción para Parejas Homosexuales en el Parlamento portugués, preferí cubrir la historia conociendo a parejas que ya habían adoptado y que esperaban con impaciencia esta ley.

Fue emocionante. Pasé tiempo con cuatro o cinco parejas y sus hijos. Me gusta entrar en la vida de las personas, conocerlas, me siento privilegiada. Lo que más me interesa son las historias humanas. No solo la fragilidad del ser humano, sino también los momentos de alegría, de celebración.

Cristiano Ronaldo,  con la número 7 de la selección de Portugal, reflejo de la fotoperiodista en los estadios; Matilde y en el coche su hija Carolina y su compañera Olga, en Lisboa el 23 de febrero de 2014; personal de salud atiende a un paciente con Covid en las afueras del  Hospital Santa María de Lisboa, el 7 de enero de 2021.

ME. ¿Qué significa ser una fotógrafa?

PdM. Quiero que me traten en pie de igualdad; no quiero creer que somos diferentes. Pero sucede que a veces se nos percibe como más vulnerables, más frágiles. Algunos lamentablemente piensan que las fotógrafas no pueden hacer ciertas coberturas. Para algunos, el fotoperiodismo es un trabajo de hombres porque implica riesgos. Sigue siendo un estereotipo que tenemos que superar. Nunca fui víctima abiertamente de este estereotipo, pero me pasó, de manera más sutil, cuando cubría el fútbol. ¡Les causaba sorpresa que trabajara para la Agence France Presse!

No era la única en los estadios, pues hay otras fotógrafas que cubren el fútbol en Portugal. Por ejemplo, el Benfica de Lisboa tiene una fotógrafa. Pero no hay muchas.

Aunque ser mujer tiene ciertas ventajas, especialmente a la hora de fotografiar a otras mujeres. Es más fácil acceder a momentos de intimidad sin que se sientan amenazadas; de antemano se sienten más seguras y confiadas.

Preferiría que no hubiera un Día de la Mujer porque eso significaría que se superaron las desigualdades. En cualquier caso, no es un día para regalar flores o hacer publicidad. Es un día para recordar que debemos actuar. Todos, no solo las mujeres. Y a todos los niveles, incluido el escolar. Necesitamos decirles a los niños que muchas mujeres en todo el mundo aún no tienen las mismas oportunidades, los mismos salarios, la misma seguridad física. Todavía hay tantas desigualdades, y siempre...

ME. ¿Cuál fue la cobertura que más te marcó?

PdM. Sin duda la tragedia de Pedrogao Grande, el terrible incendio forestal que dejó más de 60 muertos en junio de 2017. Los incendios forestales son recurrentes en Portugal en verano; pero los portugueses no estaban preparados para esta tragedia. Cubrir estos incendios fue particularmente agotador, tanto física como emocionalmente. Recuerdo el día que empezó,  yo estaba cubriendo el día del Orgullo Gay en Lisboa; había más de 40 ° C y hubo una tormenta seca que multiplicó por diez la fuerza del fuego.

Cuando llegamos, las llamas ya habían arrasado varios lugares. Un humo espeso redujo la visibilidad. Trabajamos casi 48 horas seguidas. Cerca de 50 personas, incluidos niños, murieron en sus autos tratando de huir. Solo quedaron los autos carbonizados. Todo lo que quedó fueron sus cenizas. Siempre recordaré a los sobrevivientes que necesitaban compartir sus historias, sus esfuerzos para ayudar a los demás, su inútil lucha por salvar sus hogares y animales, su desconcierto cuando las llamas arrasaron con sus vidas enteras en cuestión de horas. 

ME. ¿Cuál fue el último tema que te apasionó? 

PdM. Fue un viaje a las Azores a principios de marzo. Fuimos a la isla de Corvo, la más pequeña del archipiélago, en medio del Atlántico, a más de 1.800 kilómetros de tierra firme.

La isla tiene menos de 400 habitantes, 384 para ser exactos. Solo tuvieron un caso de Covid, importado, en enero: una persona que había viajado al continente. Cubrimos la campaña de vacunación.

Era extraño volver a un restaurante, a un local pequeño, donde no manteníamos el distanciamiento entre nosotros. Me sentí rara. Al segundo día nos acostumbramos. Aprovechamos para llenar nuestros pulmones de aire puro antes de regresar a Lisboa. Disfrutar de la naturaleza, después de dos meses de encierro en la capital, fue maravilloso.

* La autora es directora de  Fotografía de la AFP.
 

 

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