Macario Pinilla, el abuelo de los kínderes de La Paz apaga sus 100 velitas

Los niños, maestros y padres de familia celebrarán hoy desfilando por El Prado al son de la banda del jardín de niños, guardando las medidas de bioseguridad.
domingo, 4 de abril de 2021 · 05:04

Ivone Juárez /  La Paz

Una mañana de 1960, en  el centro del poder de Bolivia, la Plaza Murillo, irrumpió  un grupo de niños revoloteando como pajarillos, hablando y gritando todos al mismo tiempo. Provocaban tal bullicio que el  presidente  de entonces, Víctor Paz Estenssoro, se acercó a una de las ventanas del Palacio de Gobierno para ver de qué se trataba. Eran los alumnos del primer kínder de la ciudad de  La Paz, con su profesora, la señorita Ready Vargas Magne, que habían decidido pasar clases en la plaza para llamar la atención de las autoridades porque el ambiente en el que había  nacido como kínder, el 3 de abril de 1921, ya era chico.

Con barbijos y mascariilas los niños de la banda que cada año se renueva.

En realidad, 1921 fue el año del reconocimiento como kínder del servicio de cuidado de niños de cuatro y cinco años que a principios de 1900 iniciaron las alumnas de la Escuela Modelo con criterios de la pedagoga María Montessori. Funcionaba en las instalaciones de  la Comunidad Franciscana, que se encontraba al lado de la Estación de Bomberos de entonces (hoy Unidad de Tránsito), a pasos del templo de San Francisco, y el espacio ya era insuficiente ante la creciente demanda de padres de familia que anhelaban que sus niños accedieran al servicio,  reconocido como educación preescolar y que era gratuito.

La  señorita Ready Vargas Magne, fundadora del kínder, en 1921.

La señorita Ready, promotora de ese reconocimiento, se encargó de dar toda esta explicación a Paz Estenssoro, que de inmediato ordenó se buscara un lugar  para el uso exclusivo del kínder; y ese lugar fue la actual Casa Presidencial de San Jorge, pero que entonces se encontraba en “las afueras de la ciudad”, cuenta la profesora Elizabeth Tovar. “El lugar era prácticamente inaccesible”, precisa la maestra que llegó al kínder  20 años después, en 1980.

 Los distintivos del jardín de niños que muestran el año de  su creación.

Tovar dice que la infraestructura de San Jorge pertenecía a Macario Pinilla, quien conmovido por la movilización la donó, pero ante la dificultad que representaba la distancia, dio la casa que tenía en Sopocachi, entre la avenida 6 de Agosto y la calle Agustín Aspiazu, donde el kínder fue  bautizado con su nombre.

El plantel educativo del Macario Pinilla de 1986.

“Según información recopilada por la oralidad, el esfuerzo de la señorita Ready Vargas tuvo sus frutos con la donación efectuada por el patricio Macario Pinilla de una edificación de su propiedad ubicada en San Jorge (hoy ocupada por la Casa Presidencial) que, por estar alejada de la zona central, motivó el cambio por las instalaciones que hoy orgullosamente ocupa nuestra unidad educativa en Sopocachi”, se lee en un documento elaborado por la profesora Tovar, publicado en las redes sociales del kínder Macario Pinilla en homenaje al primer siglo que cumplió ayer.

Las profesoras del kínder, en los años 90; entonces formaban parte del plantel educativo dos varones.

Junto a la información histórica, las redes sociales del kínder se llenaron de decenas de saludos de sus exalumnos, hombres y mujeres de todas las edades que no olvidan el lugar donde iniciaron su vida escolar, ni a los profesores que fueron sus primeras guías académicas. Fue sólo un año el que pasaron en el establecimiento, pero marcó la ruta de su desempeño educativo, afirma Edén Pinto, presidenta del Consejo Educativo. “De generación en generación, los padres pasan la información de que es un buen kínder,  que la educación es buena y que hay una gran organización de las profesoras. Veo abuelos que traen a sus nietos al kínder  donde ellos estudiaron y donde sus hijos también estudiaron”, añade la madre.

Las educadoras de la gestión 2021 con el profesor de música (centro).

Y tiene razón. Cada año, hasta antes de la pandemia, las filas de padres de familia en busca de un cupo en las puertas del kínder eran  interminables.  “Los niños que inician su educación en el Macario Pinilla son líderes”, afirma la profesora Tovar. 

 Los niños del kínder de la gestión 2021 junto a sus maestras.

La maestra Tovar  remarca que por el kínder, cuando eran niños, pasaron personalidades como el exalcalde Raúl Salmón   (1926-1990) y José Luis Paredes, exgobernador de La Paz y exalcalde de El Alto. “El niño y la niña de la unidad educativa Macario Pinilla es un niño alegre, sociable, seguro de sí mismo que desarrolla  habilidades y destrezas propias de su edad”, asegura la actual directora del establecimiento, Elizabeth Mamani.

 Una de las promociones del establecimiento a mediados de los 70.

El profesor de música, Erick Escóbar, añade que en el Macario Pinilla se hace énfasis en la formación de valores, principios y buenos hábitos en los niños, herramientas que les permitirán socializar con su entorno.  Desde su especialidad, explica que se busca desarrollar la capacidad de percepción de los pequeños a través de los sentidos y motivar su sentido de la ubicación.  Con ese objetivo, el maestro impulsó la banda de honor del kínder, la primera en educación inicial de La Paz. “Con la música se les enseña a percibir sonidos, los niños aprenden de lo que ven, de lo que oyen”, sostiene el también psicólogo.

 La profesora Elizabeth Tovar muestra el cuarto de juegos.

La banda es un gran logro  porque cada año cuenta con nuevos integrantes, lo que representa  formar cada gestión a nuevos ejecutores de los siete instrumentos que hacen al conjunto,  liras, timbales, granaderos, bombos, platillos, jam block (instrumento de percusión), cencerros y triángulos.

 La infraestructura del Macario Pinilla, ubicado en Sopocachi.

Escóbar es uno de los únicos cuatro varones que pasaron por el Macario Pinilla; antes de él estuvieron Gabriel Carvajal y Ramón Cortez, que trabajaron como niñeros. Gabriel llegó a sus 14 años y se convirtió en el portero hasta su muerte, en 2019. Luego llegó Roberto Mamani, como profesor de Música. “Los maestros del Macario Pinilla aman su profesión. Las maestras  son cariñosas, carismáticas, emprendedoras, innovadoras y revolucionarias”, asegura la directora Mamani.

La profesora Tovar sostiene que esa cualidad revolucionaria es “herencia” de la profesora Ready Vargas. Tovar dejó el kínder en 2018 porque se jubiló pero se mantiene cerca y hoy participa activamente en la celebración del primer centenario del Macario Pinilla, del que también forman parte fundamental los padres de familia, aunque su paso por el lugar  dure sólo un año.

Con su ayuda el establecimiento fue reacondicionado y se instalaron diferentes espacios, como los cuartos de juego. En el de las chicas se tiene un juego de living, otro de dormitorio, un comedor, un tocador, una cocina y otros espacios logrados con muebles pequeños, donde los maestros llevan a los pequeños para que exterioricen su personalidad. En el lugar brilla un perfecto juego de sillones rojos hecho por Simón Quillari, un carpintero que tuvo a sus hijos en el Macario Pinilla.

Así, con esos esfuerzos sumados, el establecimiento logró muchos reconocimientos. En 1971 recibió la Gran Orden Boliviana de la Educación, en Grado de Gran Oficial;  en 1981 el reconocimiento Prócer Don Pedro Domingo Murillo, en el Grado de Honor Cívico, conferido por su exalumno Raúl Salmón de la Barra. En 1986 fue condecorado con el reconocimiento Mariscal Andrés de Santa Cruz, en el Grado de Comendador;  en 1996 tuvo reconocimiento como el     Gran Maestro de la Orden Simón Bolívar, en el Grado de Comendador;  y en 2011 con la    Distinción por Servicio a la Educación.

Hoy, pese a la pandemia, los niños que este año inician su vida escolar en el kínder, junto a sus maestras, a las que no olvidarán nunca, y custodiados por sus padres, recorrerán el centro paceño con un desfile al ritmo de su banda de honor, abriendo el camino para otros 100 años más. Felicidades al abuelo de los kínderes de La Paz.
 

 

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