Momias carangas protegen «la tierra de los huérfanos»

Cinco momias de hace 1.200 a 1.450 años d. C. custodian a la pequeña población de 1.067 habitantes de Huachacalla, en Oruro. La zona está sobre la vía a Chile.
lunes, 24 de mayo de 2021 · 05:04

Jorge  Quispe C.  /Huachacalla

Huachacalla es un pequeño municipio  de Oruro y su nombre deriva del aymara huajcha, que significa huérfano, por lo que algunos conocen a ese poblado como  “la tierra de los huérfanos”. Instalado sobre la carretera internacional a Chile y a metros del río Lauca, el poblado formó parte hace 1.200  y 1.450 años d. C. de la Nación Carangas, uno de los señoríos aymaras más importantes de la época, equiparable al de  los Pakajaques u “hombres águila” de La Paz.

 “La leyenda dice que un huérfano se instaló en estas tierras y echó raíces, por eso es posible que nuestros ancestros carangas vengan de ese primer poblador”, afirma con orgullo el alcalde Iván Rodríguez.

Uno de los cónclaves de la Nación Carangas era Huachacalla, población  ubicada a 167 kilómetros de la ciudad de Oruro. En sus tierras aún hoy  decenas de chullpas se erigen detrás del cerro Kimsa Misa como custodios del rico pasado. 

¿Pero quiénes eran los carangas? Según explica Teresa Gisbert en el libro El señorío de Carangas y los chullpares del río Lauca, este señorío aymara ocupaba la parte occidental del altiplano boliviano, al oeste el lago Poopó y el río Desaguadero. Eran dueños de  buena parte de la Cordillera Occidental y de territorios ubicados en el desierto de Atacama. 

Sus dominios iban desde los 3.800 metros sobre el nivel del mar hasta los 6.542 metros de altitud del punto máximo con el nevado Sajama. Era una nación que compartía territorio con los Urus y sobre la costa del Pacífico colindaban con el territorio de los Camanchacas, pueblo relacionado con los uros.

Por el altiplano paceño, orureño y potosino se asentaron además otros señoríos aymaras: Canchis, Canas, Collas, Lupacas, Pacajes, Soras, Charcas, Carangas, Chuis, Caracaras, Lacas y Chichas entre los años 1200 y 1450 d.C.

 Veneración a antepasados

En toda esta zona altiplánica, se erigieron centenares de torres funerarias, la mayoría de ellas destruidas a lo largo de los siglos, sin embargo, no todo fue waqueado. Hay vestigios que podrían dar “importante información de los primeros antepasados que vivieron en toda esa zona”, alerta el arqueólogo Jedú Sagárnaga, un conocedor de chullpas en gran parte del país. 

Los aymaras guardaban veneración por sus ancestros y por eso los enterraban en chullpas. Había además la creencia de que a quienes remuevan los chullpares “les entrará el Chullpach’aca, que hace que se consuman lentamente”, según Gisbert; pese a ello una mayoría de ellos han sido desmanteladas. 

No obstante, en el intento de preservar la historia, los pobladores de Huachacalla rescataron cinco momias hace unos 30 años, los cuerpos aún esperan revelar la historia caranga.

Las dos  momias yuxtapuestas   forman parte del repositorio.
Foto: Jorge Quispe

Cinco momias 

A lo largo de la historia, los Carangas sobrevivieron, como la mayoría de los señoríos aymaras, al sometimiento de los incas y posteriormente de los españoles. No obstante, centurias después poco queda de su esplendor.

Uno de esos vestigios del pasado son cinco momias que se encuentran en un pequeño museo de Huachacalla, que se abrió entre 2000 a 2010, pero  después se cerró por falta de financiamiento. “Estos son nuestros ancestros que nos recuerdan lo grande que un día fue la Nación Carangas”, reafirma Rodríguez delante de los restos humanos en el repositorio que el nuevo alcalde pretende relanzar para que toda Bolivia conozca el legado caranga en Huachacalla.

Los restos funerarios fueron trasladados   desde los cerros colindantes al Kimsa Misa. Ahora las momias protegen a la pequeña población de Huachacalla de 1.067 habitantes. 

Santos y Cristos  usados por la iglesia en 1909 en el museo.
 Foto: Jorge Quispe

En el repositorio de seis ambientes, uno en particular está reservado a las cinco momias. Son cuatro cajas de cristales, en la primero hay dos momias unidas, no se sabe si son una madre y su hijo. En las otras tres cajas,  el mismo número de momias se mantienen en buen estado,  que pese al cierre del museo.

Viendo las fotografías, el arqueólogo Sagárnaga duda que las primeras dos momias sean de una madre e hijo.

“Es muy difícil decir si son madre e hijo. Parece que solo se han amalgamado por la yuxtaposición en que fueron depositados los cuerpos dentro de la cámara funeraria, donde entraban normalmente muchos individuos abarrotados, prácticamente en espacios reducidos”, explica.

Sagárnaga recuerda que los restos humanos “proporcionan valiosa información, porque haciendo análisis de  las cavidades abdominales y toráxicas, se puede determinar a través de una tomografía los residuos que tenían en el cuerpo  antes de ser momificados”, puntualiza.

Autoridades  originarias cantan al son de una guitarrilla, el instrumento símbolo del lugar.
 Foto Jorge Quispe

Otras piezas

El museo cuenta además con osamentas de animales prehistóricos. Según datos de la Alcaldía, hay también varias piezas de cerámica que utilizaban los carangas hace siglos. En el repositorio figuran objetos utilizados en la iglesia del pueblo desde 1909, entre ellos un viejo piano de fuelle y ocho santos, entre los que destaca el Tata Santiago, patrón de la región.

Una moneda acuñada en la Casa de  Moneda de Potosí se destaca también entre las piezas históricas, hay además viejas monturas de caballo. “Todas estas antigüedades tienen mucho que contar, por eso necesitamos a expertos para que nos ayuden a desentrañar nuestro pasado”, refiere Rodríguez. 

Dos autoridades  de Huachacalla en un lugar sagrado.
Foto: Jorge Quispe

En la actualidad ese pequeño municipio es conocido en Bolivia por ser la Capital de la Guitarrilla, un instrumento musical; sin embargo, sus autoridades y comunarios quieren que también se convierta en un referente de la historia de las chullpas en esa parte del país.

A unos metros del alcalde Rodríguez, Stanis Flores -autoridad originaria- mira con respeto a las momias. “Ellos son nuestros abuelos, que ahora cuidan al pueblo y todos sus habitantes”.

 Una canción del lugar habla de cómo desde el nevado del Illimani se ve la población
Huachacalla es la Capital de la Guitarrilla en Bolivia

Jorge  Quispe C.  / Huchacalla

Desde el cerro Illimani/ se divisa Huachacalla/ orgullo en la frontera...”, dice parte de una canción popular que los huachacalleños interpretan en las fiestas, mientras suena la guitarrilla, una especie de guitarra propia del lugar. La población es conocida como la capital de este instrumento musical.

Los pobladores de esta región orureña -ubicada a más de 300 kilómetros de distancia del nevado paceño, en la carretera hacia Chile- sienten  reverencia hacia el Illimani, muy presente en sus canciones. Al punto que se cree que desde la cima del nevado paceño se puede apreciar el cerro Kimsa Misa, que atesora decenas de chullpas, los  últimos vestigios de la grandeza de la Nación Carangas. 

Pobladores  originarios de Huachacalla en el sector de Pandi Wara Pandi Viscacha. 
Foto Jorge Quispe

Patrimonio Cultural

En ese homenaje, la guitarrilla suena melódicamente, mientras hombres y mujeres cantan y aplauden. En septiembre de 2020, Cámara de Diputados  aprobó en grande y en detalle el proyecto de ley que propone a la Guitarrillada de Huachacalla sea considerada como patrimonio cultural e inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia.

“Somos la Capital de la Guitarrilla en el país”, sostiene el alcalde Iván Rodríguez. La Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley 367/2019-2020 que declara: Patrimonio cultural e inmaterial a la guitarrillada de Huchacalla como práctica ancestral expresada a través de su música, danza e indumentaria tradicionales, por constituirse en la expresión viva de la identidad boliviana.

La ejecución de la música y la danza mediante la guitarrilla  es el vínculo espiritual de agradecimiento a la Pachamama y de reciprocidad comunitaria, para que en una relación recíproca entre las divinidades supremas se consoliden las ideologías y sabiduría científica de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos.

Ceremonias

La guitarrilla está muy presente en la cultura de Huachacalla al punto que es una condición obligatoria para quienes participarán de las ceremonias andinas en carnavales y otra fechas festivas en el lugar sagrado llamado Pandi wara Pandi Viscacha, que se encuentra en la parte alta del pueblo. 

“Aquí hacemos mesas andinas y durante una semana, los originarios que llegan  deben cumplir algunos requisitos, entre ellos saber hablar idioma originarios, estar casado al menos por civil y tocar la guitarrilla. Es regla, sino no puede ser autoridad”, cuenta el alcalde Rodríguez.

En el sector se levantan dos estatuas de que representan a los pobladores de Huachacalla, al lado suyo hay una piedra donde se hacen las ceremonias durante el Carnaval. En el altar, se tiene una imagen del Tata Santiago y detrás de él, otra roca. al rededor de la cual los visitantes cantan y   dan vueltas  con las rodillas desnudas durante carnavales y otras festividades de la zona. 

Huachacalla es un  municipio de  32 kilómetros. Tiene cuatro ayllus y  una rica historia milenaria que trasciende más allá de su pequeño territorio y que pretende  proyectarse al resto del país. 

 

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