Las heridas y cicatrices de la Covid-19

En la primera y la segunda ola de casos en Bolivia se evidenciaron secuelas “multivariadas” en algunos pacientes, afectando los aparatos respiratorio, nervioso, cardiovascular, digestivo, muscular y tegumentario.
jueves, 3 de junio de 2021 · 05:04

José Alejandro Cruz Rivas, Víctor Hugo Perales Miranda, Aline Quispe Zerrillo y Marco Antonio Porco Gutiérrez / La Paz.

Levantar a sus hijos en brazos o subir las gradas se ha convertido en una verdadera hazaña para Adrián Lizarazu, de 42 años. Su cuerpo lidia a diario con la fatiga, y su mente y su estado de ánimo también; se siente afortunado de haber superado al COVID-19 en dos oportunidades, pero no imaginó que la enfermedad le dejaría esta cicatriz.

 

Lo que en un principio se conoció como “COVID-19 prolongado o persistente” ya cuenta con un código en la clasificación internacional de las enfermedades y ha sido designado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el Síndrome Post COVID. Evitar el contagio, aplicando con rigurosidad las medidas de bioseguridad, sigue siendo la manera más segura de prevenir el mal y sus consecuencias.

“Una de las secuelas más marcadas que me dejó el coronavirus es el daño en mis pulmones, no puedo subir dos pisos sin sentir la falta de aire. No puedo hacer muchos ejercicios, tampoco levantar cosas pesadas porque me fatigo, me siento mal. Ya ni siquiera puedo cargar a mis hijos de manera regular”, se lamenta Adrián, quien batalla con estas dificultades desde hace tres meses cuando superó la infección.

ATENCIÓN. El médico de Emergencias del Hospital de Clínicas, Meliton Quispe, conversa con una enfermera y un familiar en la sala para pacientes con coronavirus.
Foto: Propia

Fue la segunda vez que Adrián, quien trabaja como auditor en La Paz y tiene tres hijos, venció a la enfermedad. La primera vez que adquirió el virus los síntomas fueron similares a los de un resfrío común. Pero, el 26 de diciembre de 2020, cuando le confirmaron que había contraído de nuevo el mal, las afecciones fueron más severas: dolor intenso en todo el cuerpo, dificultades para respirar, falta de apetito, fiebre, noches de insomnio y delirio se manifestaron por semanas.

Debido a su delicado estado de salud, la familia pensó en internarlo en un hospital de su seguro social, sin embargo, por recomendación de un especialista se abstuvieron; la saturación del sistema sanitario y la elevada carga viral en esos espacios les desanimó. Así, el tratamiento y recuperación de Adrián transcurrió en su casa aislado y bajo supervisión médica durante casi 20 días, pero su cuerpo aún manifiesta las huellas del mal.

Un síndrome es un conjunto de síntomas característicos de una enfermedad y el Síndrome Post COVID clasifica las secuelas que deja el nuevo coronavirus en el organismo humano. Es un fenómeno cuyo alcance aún está en investigación y para el cual los sistemas de salud de las naciones deberán establecer protocolos de rehabilitación, sumando una tarea más a la ya recargada misión de los Estados para hacer frente al SARS-CoV-2.

LA PAZ. Varios pacientes y familiares esperan ser atendidos en el Servicio de Emergencias del Hospital de Clínicas.
Foto: Propia

Bolivia no ha de ser la excepción. El especialista en medicina interna y médico de Emergencias del Hospital de Clínicas de La Paz, Meliton Quispe, afirma que tras la primera y la segunda ola de casos en Bolivia se evidenciaron secuelas “multivariadas” en algunos pacientes, que no solo afectan al sistema respiratorio como se creía de inicio.

En diciembre de 2020, cuando la OMS advirtió de los efectos del “COVID prolongado”, ya había adelantado que estos podrían afectar a diversos órganos del cuerpo y perdurar por un largo tiempo.

“No es solo una enfermedad respiratoria de dos semanas, parece persistir durante meses. Estamos trabajando con muchos grupos de pacientes y muchos investigadores para comprender mejor lo que está sucediendo. Nos hemos reunido con estos grupos de pacientes y nos han dicho que lo que necesitan es que se reconozca esto como algo real”, afirmó entonces María Van Kerkhove, epidemióloga líder de la OMS.

La investigación —desarrollada con base en entrevista a especialistas del sector público y privado, pacientes que reportaron alteraciones a su salud, artículos científicos y estudios clínicos— estableció que las secuelas post COVID atacan al menos a seis sistemas del cuerpo humano: respiratorio, nervioso, cardiovascular, digestivo, muscular y tegumentario (conformado por la piel, cabello, uñas y glándulas sebáceas y sudoríparas).

CONTENCIÓN. Una de las salas donde se atienden a los enfermos con COVID-19 en el Hospital de Clínicas.
Foto: Propia


SISTEMA RESPIRATORIO

La experiencia clínica de Meliton Quispe en la atención de pacientes le ha llevado a establecer que las dificultades para respirar, la sensación de falta de aire y el dolor de garganta persistente son las secuelas más comunes en el sistema respiratorio.

El especialista afirma que algunos pacientes llegan a ser casi dependientes del oxígeno por las lesiones que se producen en los pulmones. “Y eso es más acentuado en los enfermos que han salido de las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) y se han recuperado”, señala.

Es el caso de Julio Rodrigo Borda, de 27 años, un deportista amante del básquetbol, quien todavía respira con dificultad. Luego de salvar su vida —permaneció dos semanas en una UTI entre enero y febrero de este año—, Julio añora retomar su vida normal, practicar el baloncesto y trabajar sin complicaciones.

“Son varias las secuelas que me dejó el virus, quisiera llevar una vida normal, como la de antes, pero hasta ahora no logró completar mi recuperación. Aún están afectados mi sentido del gusto y del olfato, también quisiera volver a hacer deporte, practicar básquet, pero cuando corro un poco me agito y si me exijo me sofoco, ya no puedo respirar como antes”, cuenta Julio desde su vivienda en el municipio de Quillacollo (Cochabamba).

CONTROL. Personal de salud toma la temperatura de una persona en el rastrillaje realizado en Beni.
Foto: APG Noticias

Al Servicio de Emergencias del Hospital de Clínicas de La Paz han llegado pacientes con efectos colaterales de la infección. Quispe cuenta que hubo quienes manifestaron sensación de la falta de aire, perdieron el conocimiento o desarrollaron fibrosis pulmonar, una enfermedad causada por las cicatrices que se forman en los pulmones y que dificultan la respiración.

“En este servicio vemos más patologías respiratorias. Al ser un centro de tercer nivel damos prioridad a aquellos enfermos con síntomas graves”, dice el médico internista, quien explica que la oxigenoterapia es el tratamiento indicado para los problemas como la falta de aire o la persistencia de una saturación baja de oxígeno.

Su colega, el neumólogo broncoscopista y responsable de Hospitalización del Hospital La Portada de La Paz, Rodolfo Fuertes, sostiene que para hablar de las posibles consecuencias del nuevo coronavirus se debe conocer la historia clínica del paciente: ante un cuadro más severo del mal, es decir una mayor complejidad o mayor afectación pulmonar, la probabilidad de desarrollar secuelas será también más alta.

Detalla que, según artículos científicos, publicaciones y estudios recientes, el porcentaje de enfermos que podrían desarrollan efectos adversos oscila entre el 20% y el 30%, pudiendo requerir un tratamiento especializado o internación.

Fuertes revela que al hospital municipal, destinado a la atención exclusiva de enfermos del COVID-19, regresaron algunos pacientes que habían superado a la enfermedad hace dos meses, pero que ahora desarrollaron fibrosis pulmonar.

“Estas cicatrices (por fibrosis pulmonar) las estamos evidenciando en pacientes que estuvieron en estado grave y crítico y que habían sido ingresados a terapia intensiva”, indica.

COCHABAMBA. Una enfermera en una de las áreas donde se asisten a los enfermos con coronavirus en el Hospital Viedma.
Foto: APG Noticias

Recuerda cuatro casos en particular, en los que persisten las cicatrices y que han perdido su capacidad respiratoria, por lo que requieren oxígeno domiciliario. “Esperemos que estas secuelas puedan revertirse máximo en seis meses con el tratamiento post COVID que se está empleando, ya que no se sabe si todos los efectos de la cicatriz en el pulmón son reversibles o van a quedar como fibrosis pulmonar”, explica el experto.

Los pacientes con secuelas también pueden clasificarse entre críticos, moderados y leves; en este último grupo figura un elevado número de recuperados que reportan un intenso y persistente dolor de pecho.

Otras de las posibles secuelas en el sistema respiratorio son alteraciones del timbre de la voz, parálisis de las cuerdas vocales y dificultades para hablar. Adrián Lizarazu también ha experimentado algo de esto. “Mi voz ha perdido gravedad, está más delgada, y tampoco puedo hablar por mucho tiempo porque mi garganta se empieza a secar y pierde fuerza”.


SISTEMA NERVIOSO

Tras 21 días de que la prueba al COVID-19 diera negativo, Michelle Torrico dejó el confinamiento y finalmente volvió a su casa con su familia. Retomó sus actividades laborales como funcionaria en el sector público, pero el virus le arrebató parte de su vida porque ya nada es igual.

“A las dos semanas de superar la enfermedad me sentía muy mal, incluso peor que cuando estaba con el virus, porque sentía un intenso dolor de cabeza desde que despertaba hasta que me acostaba y tenía mareos y nauseas. Además, mis sentidos del gusto y del olfato todavía no los había recuperado. El médico me explicó que eran las secuelas de la enfermedad”, cuenta la periodista de 29 años, que vive en la urbe paceña.

SEGUIMIENTO. Un médico revisa a un paciente que contrajo el virus en el Hospital Viedma de Cochabamba.
Foto: APG Noticias

Para contrarrestar el malestar y aumentar sus defensas, Michelle decidió tomar vitaminas y mejorar su alimentación, pero no consiguió sentirse mejor y, de regreso en el médico, le recetaron relajantes musculares, arguyendo que sus niveles de estrés estaban muy altos.

El primer mes, los efectos disminuyeron, pero actualmente continúa con la sensación de cansancio, el dolor de cabeza y los mareos. En tanto que de forma paulatina ha empezado a sentir el olor de algunos productos y el sabor de algunos alimentos.

“Ya siento el olor del alcohol, pero todavía no siento el olor de la lavandina o el detergente. (…) En el caso del gusto, ya puedo saborear productos fuertes como la cebolla, el ajo y los ajíes, pero aún no siento el sabor de las carnes de res y pollo, me saben insípidos y solo siento sus texturas”, cuenta.

El neurólogo y director de Neurocentro, Juan Carlos Durán, explica que el dolor de cabeza, la pérdida del gusto y del olfato, los mareos, el insomnio, la depresión y la ansiedad son los síntomas más frecuentes del Síndrome Post COVID a nivel neurológico.

El especialista afirma que durante la evolución de la enfermedad causada por el nuevo coronavirus lo que más llamó la atención fue la aparición de síntomas neurológicos como: la pérdida del gusto y del olfato, la ansiedad, el insomnio y otros, que en ciertos casos persisten incluso habiendo superado la infección.

INMUNIZACIÓN. Una señora del personal de salud recibe la vacuna china Sinopharm en el Hospital del Niño de La Paz.
Foto: APG Noticias

“Cuando los pacientes ya tienen un resultado negativo a la prueba de COVID-19 y empiezan a sentir secuelas, ya no es el virus el que causa esas afecciones, sino que este ha generado modificaciones en el sistema nervioso central y periférico, lo cual se está manifestando. Es como si la enfermedad hubiera dejado pequeñas heridas en el sistema nervioso central que luego comienzan a presentarse”, describe Durán.

La mayoría de los pacientes con estas afecciones se recupera en algunas semanas, pero hay casos en que este proceso puede demorar hasta seis meses, lo que se traduce en una alteración de su cotidianidad por los daños en funciones básicas del organismo.

En caso de pérdida del gusto y del olfato se suministra tratamiento para revitalizar el nervio afectado, en base a altas dosis de suplementos vitamínicos neurótropos, que proveen energía a las células nerviosas para el adecuado funcionamiento de los nervios.

“Si bien este síntoma es una manifestación rara, intensa y bastante molesta, con un buen tratamiento se logra la recuperación”, afirma. También se pueden aplicar tratamientos que estimulen los sentidos a base de plantas aromáticas, especias y productos como el pescado y sus derivados.

Otras consecuencias que podrían manifestarse a nivel del sistema nervioso son calambres, sensaciones de hormigueo y dolores musculares. Y en casos más graves, convulsiones, encefalitis (inflamación del cerebro causada comúnmente por una infección viral), y el síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad rara en la que el propio sistema inmunitario daña las neuronas, causa debilidad muscular y a veces parálisis.

PRECAUCIÓN. Una mujer de pollera utiliza barbijo para evitar el contagio del COVID-19 en la ciudad de Cochabamba.
Foto: APG Noticias

LOS OTROS CUATRO SISTEMAS AFECTADOS

Aunque con un número menor de casos reportados, otro grupo de secuelas daña y reduce la calidad de vida de quienes superaron una infección por SARS-CoV-2.

En el caso del sistema cardiovascular, Meliton Quispe afirma que al Hospital de Clínicas de La Paz se presentaron pacientes con pericarditis o inflamación del pericardio, la membrana que envuelve al corazón y lo protege, entre otros, de infecciones sufridas por otros órganos.

También hubo quienes desarrollaron miocarditis, una inflamación del miocardio o tejido muscular del corazón encargado de bombear la sangre, y que al verse afectado puede derivar en una insuficiencia cardiaca o arritmias.

“En el sistema cardiaco, las pericarditis o miocarditis que se han reportado han sido tratadas exitosamente con antiinflamatorios”, asevera el especialista.

DOSIS. Una médica es vacunada contra el coronavirus en el Hospital de Niño de la urbe paceña.
Foto: APG Noticias

Según artículos científicos, las secuelas del nuevo coronavirus pueden provocar también una vasculitis, es decir la inflamación de los vasos sanguíneos a causa de un ataque del propio sistema inmunitario motivado por la presencia de una infección.

En el caso del sistema muscular, los síntomas del Síndrome Post COVID pueden manifestarse a través de la pérdida de fuerza, dolores musculares, dolores en los hombros, en la espalda y la columna vertebral, expone el médico neurólogo Juan Carlos Durán.

En tanto que la persistencia de diarrea, náuseas, dolor abdominal y dificultades para tragar alimentos sólidos y líquidos son algunas de las consecuencias más comunes detectadas en el sistema digestivo, según sitios especializados y artículos científicos sobre la pandemia.

Finalmente, en el sistema tegumentario —conformado por la piel, cabello, uñas y glándulas sebáceas y sudoríparas— el estudio COVID-Piel de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV) establece que los síntomas en los picos de la pandemia y los que aparecen en la fase posterior a la enfermedad pueden ser: urticaria y erupciones cutáneas similares a las de la varicela, el sarampión o la pitiriasis. Estos se presentan sobre todo en casos leves y generalmente son benignos.

En cambio, en casos más graves se han reportado necrosis del tejido muscular, en especial en las extremidades superiores. De igual manera, pacientes recuperados han experimentado la pérdida abundante de cabello e incluso de cejas y pestañas, alrededor de las tres semanas de superada la infección.

DETECCIÓN. Brigadistas efectúan pruebas rápidas para identificar posibles casos con el virus en La Paz.
Foto: APG Noticias

PREVENCIÓN, CUIDADOS Y TRATAMIENTO

Los especialistas coinciden en que, si bien no hay un tratamiento estándar para las secuelas del COVID-19, la primera y más importante recomendación es evitar contraer el virus. Para ello, recuerdan la importancia de cumplir con rigurosidad las medidas de bioseguridad, sobre todo en momentos en que la aplicación progresiva de la vacuna podría generar la sensación de una falsa seguridad.

El COVID-19 trae consigo incertidumbre y temor, pero la información confiable, los avances constantes de la ciencia y el desarrollo de las vacunas vislumbran un futuro más esperanzador.

“La protección global está en las vacunas, pero estas van a lograr su efecto a nivel cuando el 70% de su población esté vacunada y se produzca lo que se denomina inmunidad colectiva. Entretanto, no queda más que continuar con tres medidas, que son básicas pero muy efectivas: el distanciamiento social, el uso de barbijo y el constante lavado de manos con alcohol o jabón”, afirma Guillermo Cuentas, médico con especialidad en salud pública.

Cada una de estas medidas, reflexiona el experto, ha demostrado efectividad alrededor del mundo y además son accesibles económicamente.

Adicionalmente, la ciencia profundiza en la investigación sobre el uso de los llamados “anticuerpos monoclonales”, un tipo de fármaco que se encuentra en fase II de desarrollo y que podría ser la otra alternativa para superar esta enfermedad. Básicamente se trata de medicamentos desarrollados a partir de anticuerpos que produce el sistema inmunológico y que consiguen evitar que el virus genere una infección.

El COVID-19 y particularmente sus secuelas se encuentran en una etapa inicial de estudio, por lo tanto, hay más incertidumbres que certezas, pero los especialistas hacen recomendaciones que pueden salvar vidas y devolverle la calidad que el virus le arrebató.

Para quienes ya desarrollaron la infección, es aconsejable someterse a un control médico general dos meses después de haberse recuperado. Y si desarrollan algún síntoma que llame su atención, lo indicado es recurrir cuanto antes a un especialista y mejorar su alimentación para fortalecer su sistema inmunitario.

PREVENCIÓN. Personal de salud realiza una prueba antígeno nasal a un fotógrafo para detectar posibles casos con COVID-19 en La Paz.
Foto: APG Noticias

Meliton Quispe, médico internista, aconseja a los pacientes, que luego de 60 días de vencer al virus, se realicen una tomografía de cuerpo el cuerpo para determinar si existen posibles consecuencias de la enfermedad. “La valoración de los daños permitirá plantear un tratamiento o una guía de seguimiento del para hacer frente a los síntomas y curarlos”, asegura.

En la misma línea, el neurólogo Juan Carlos Durán destaca la importancia de la prevención y los cuidados después de superada la infección, y destaca que, de aparecer un nuevo síntoma, es vital acudir de inmediato a los centros de salud. “El mejor tratamiento es la prevención y cuanto antes inicie un tratamiento, el paciente tendrá resultados más exitosos pues al inicio las manifestaciones no son tan severas”, reafirma el especialista.

Una buena forma de hacer un seguimiento regular a la recuperación y la salud pulmonar es realizar un control diario de la saturación de oxígeno y estar alerta a los indicadores. “Si es menor al promedio normal, que oscila entre 85% y 88% en la ciudad de La Paz, hay que buscar ayuda profesional”, recomienda el neumólogo Rodolfo Fuentes.

EL ROL DEL ESTADO

El avance epidemiológico del COVID-19, la probabilidad de ingresar en una tercera ola, la circulación de la variante brasileña en territorio nacional y la demora en el plan de vacunación son, en este momento, los temas prioritarios de la agenda gubernamental en materia de salud.

¿Tiene el sistema sanitario boliviano un plan para el seguimiento de pacientes con secuelas de la infección? ¿Qué acciones concretas asumen alcaldías, gobernaciones y el nivel central ante esta problemática derivada de la pandemia? Estas y otras preguntas debían ser planteadas a las autoridades del Ministerio de Salud, pero la intempestiva salida de la directora nacional de Epidemiología y los ajustes internos derivados de este incidente lo impidieron.

Llevar un registro de los pacientes con secuelas, clasificar el tipo de síntomas desarrollados, establecer los niveles de gravedad, diseñar protocolos de tratamiento y medir su efectividad son algunas de los temas de análisis en esta materia.

Meliton Quispe, médico internista del Hospital de Clínicas de La Paz, recuerda que un programa estatal está dirigido a la atención del paciente crónico, es decir a aquellos que padecen insuficiencia renal, problemas cancerígenos, diabetes y otros. Y en su criterio, en función del daño causado, los pacientes recuperados del COVID-19 que hayan desarrollado secuelas graves podrán ingresar en esta categoría.

El exministro y especialista en salud pública, Guillermo Cuentas, propone un debate adicional en el ámbito laboral: la necesidad de reconocer las secuelas de este mal como una condición que médicos y personal de salud adquieren producto de sus obligaciones.

“Este es un tema que va más allá del tratamiento clínico a las secuelas. Para el personal de salud que se encuentra en primera línea, el primer debate es, si el COVID-19 se convierte en una enfermedad profesional que se deriva de una actividad laboral”. De ser así —dice— el Estado debe garantizar un tratamiento eficiente que propicie su reincorporación para evitar perjuicios en el propio sistema de salud.

Las consecuencias del Síndrome Post COVID plantean también un desafío para el mundo científico y académico en el diseño de protocolos y guías de diagnóstico, atención y tratamiento readecuadas al contexto de la pandemia en todas las áreas de la salud.

En términos técnicos “tendrá que haber una miocarditis poscovid, una fibrosis pulmonar poscovid; las enfermedades van a tener que tener un apellido, porque van a ser consecuencia de una secuela del COVID-19” afirma Cuentas. Además, apunta, se debe trabajar en una clasificación que haga énfasis en la persistencia de las secuelas en términos de tiempo: cuales son permanentes y cuales transitorias.

Este es un tema que en Bolivia aún no se analiza, pero dado el impacto de la pandemia, “sin duda, en algún momento se hará”, sentencia Cuentas.


Este reportaje fue desarrollado por José Alejandro Cruz Rivas, Víctor Hugo Perales Miranda, Aline Quispe Zerrillo y Marco Antonio Porco Gutiérrez como parte del trabajo final del Diplomado Periodismo Científico – cobertura y procesamiento de la información Covid- 19, organizado por la Fundación para el Periodismo, tutorado por Patricia Cusicanqui y coordinado por Tania Frank Tórrez, con el apoyo de la DW Akademie y la Cooperación Alemana en Bolivia.

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