Gracce, de 13 años: «Quiero pelear con Jennifer Salinas, la desafío»

Cuando tenía sólo ocho años, derrotó –contra todo pronóstico– a un niño de 10 años. Fue entonces que comenzó su estrellato. Todas las peleas las ha ganado, incluso con contrincantes de mayor edad.
viernes, 4 de junio de 2021 · 05:04

Alcides Flores M.  / La Paz

En el mundo del boxeo la conocen como “Gracce, mano de piedra”, por la rudeza de sus golpes. Y su estrellato se dio a sus ocho años cuando peleó con un niño de 10, a quien derrotó e hizo llorar en el ring. Desde entonces, su aún corta carrera fue siempre de subida.

Gracce Kelly Flores Sosa tiene  casi 13 años y hasta ahora no ha perdido ninguna pelea en los combates de exhibición en el país. Su fuerte es el contragolpe y su mano demoledora es el gancho derecho. “Con esta técnica siempre lastima a sus rivales”, dice Beto, su orgulloso padre.

La familia  eleva una oración antes del inicio de la jornada.

La confianza de Gracce en sí misma es demoledora. “Quiero pelear con Jennifer Salinas, la desafío”, exclama la niña a Página Siete, con la firmeza que sólo un campeón exhibe. 

El desafío a la boliviana Salinas (campeona mundial en la categoría Súper Gallo), 26 años mayor que ella, no es para mañana, claro, sino –en el mejor de los casos– para dentro de cuatro o cinco años, cuando ella cumpla 17 o 18, la edad mínima para participar en una competencia a nivel profesional.

Pero ella piensa en grande. Y todas las mañanas, desde las 6:00, se prepara con la mente puesta en potenciales rivales, como la mexicana Silvia Guerrerita Torres, que en 2017 hizo historia al coronarse campeona mundial minimosca de la Asociación Mundial de Boxeo.

Gracce  durante una de sus sesiones de ejercicios en Palca, donde vive. 
Fotos: Carlos Sánchez /Página Siete

“Mi sueño es ser la campeona de Bolivia en boxeo. Quiero pelear con las mejores. Quiero pelear con Jennifer Salinas. La desafío. Admiro a las mexicanas, a la  Guerrita  Torres. Con ella también quiero pelear” dice Gracce,  con la voz firme.

Nació el 25 de agosto de 2008 en Sorata, pero vive en Palca. Desde los seis años practica este deporte tradicionalmente de hombres, y lo hace de la mano de su padre, Luis Alberto Flores, conocido como Beto, que tiene otros tres hijos.

Gracce, que cursa el primero de secundaria, lleva el pugilismo en la sangre. Su padre Beto ama ese deporte desde su juventud y logró incluso victorias importantes en su breve tiempo como pugilista.

Cuando Beto realizaba su servicio militar en un  cuartel de la Fuerza Aérea Boliviana, hubo un campeonato de box intercuarteles y el premio para quienes lograran títulos eran dos semanas de franco. “Era un honor que te den franco”, recuerda.

El campeonato se realizó en el coliseo cerrado de la calle México, donde pudo ingresar al grupo de los cinco representantes del cuartel. Se clasificó para la final y fue un cochabambino quien lo derrotó. “Este combate me enseñó que había nacido para practicar este deporte”, afirma. 

A partir de entonces practicó en un gimnasio de  Ciudad Satélite de El Alto, donde se entrenó unos ocho meses, hasta que un accidente   automovilístico le fracturó algunas partes de su cuerpo. Fue el fin de su carrera, pero no de su sueño.

Cuando nació su hijo varón, el último, todos los días jugaban “a la lucha”. El niño tenía tres años y Gracce, cinco. “Jugaban, se jaloneaban y se golpeaban. Gracce sufría golpes y no lloraba”, recuerda.

En el mundo  del box la llaman “Gracce, la mano de piedra”.

Vivían cerca de la plaza Villarroel y en las noches Beto llevaba a sus dos hijos a corretear y practicar golpes. “Ahí me di cuenta que Gracce asimilaba todo lo que le enseñaba. Me di cuenta que era su pasión”, afirma.

Entonces, le compró unos guantes  cuando ella cumplió seis años. “Viendo que tantas cosas pasan, que los jóvenes se desvían tanto, dije: ‘Tiene que aprender a defenderse’”.

Un año después de vivir cerca de la plaza Villarroel, se mudaron a la zona de Santa Rosa, cuando ella tenía siete años. Fue entonces que Beto cayó gravemente enfermo del riñón, lo que le obligó a dejar de practicar y todo el dinero que ahorró hasta entonces se fue a sus medicamentos. “Nos quedamos sin nada”.

No sólo es  buena estudiante, sino también ayuda en los quehaceres de su casa.

“Vi un programa de televisión de  El Matador  (Wálter Mamani, boxeador profesional), quien tenía su local de entrenamiento en la calle México. “‘Sé que soy desconocido para usted. No tengo plata, pero quiero que me la entrene a mi hija. Ella tiene habilidades increíbles’, le dije a Mamani”, cuenta Beto.

Mamani vio a la niña y luego se dirigió al padre con una frase de perdedor. “En dos semanas se  aburrirá del boxeo”, le dijo, y rechazó entrenarla. Abrumado, Beto no se dio por vencido, porque él más que nadie sabía del ímpetu, pasión y potencial de su heredera.

“Había una canchita en la zona de Santa Rosa. Ahí entrenábamos todas las tardes. Su fuerza aumentó,  y su astucia y agilidad también. Una tarde, un niño de su edad, varoncito, quiso boxear con Gracce. Les puse guantes a los dos. Lo torturó al niño”, recuerda Beto. Ésa fue la primera gran señal de que Grace tenía la mano de piedra. Entonces tenía algo más de siete años.

Cuando la niña cumplió ocho años, su padre conoció al exboxeador Yuri Hans Herrera, que tenía un gimnasio en Sopocachi. Al verla y evaluarla, él aceptó que Gracce entrenara en su gimnasio. Beto sería el entrenador.

En este tiempo se presentó un evento de boxeo entre Chile y Bolivia. La delegación de Chile visitó el país. Hans pidió que Gracce fuera parte de la pelea de exhibición. Él se comprometió ante Beto buscar a una contrincante de su edad (ocho años).

Pero llegado el momento no había una niña para que peleara con Gracce en el combate de exhibición. Sorpresivamente Hans puso a su sobrino para que peleara con Gracce. El niño tenía 10 años. La pelea fue en la plaza Minero, un centro deportivo cerrado en Ciudad  Satélite de El Alto. “No va a durar más de un minuto”, dijo Hans a Beto, tratando de calmarlo y animarlo ante la diferencia de edad, porque su niña apenas tenía ocho años.

“Le dio una paliza al niño, él  salió llorando”, recuerda Beto, cinco años después de aquella hazaña. Fue el inicio de su estrellato. La red ATB consideró a la niña “una revelación”. Desde entonces su fama fue en crecimiento en el mundo del pugilismo. 

La Federación Boliviana de Boxeo invitó a Gracce a participar en el Campeonato Nacional de Sucre en 2018, en el que  con 10 años y 30 kilos de peso ganó a una rival un año mayor que ella. En la Capital logró su primera medalla. Y Gracce, “la mano de piedra”, cosechó victoria tras victoria en todas las peleas en las que participó. 

Gracce dio estos pasos gigantes pese a que su padre prácticamente no tenía dinero, porque todo lo que ahorraba lo destinaba a sus medicamentos. 

Todos los viajes que pudo realizar la pequeña gran campeona fue gracias a la mano generosa de la Cooperativa Minera Bolsa Negra, que desde que ella apareció en televisión le brindó su apoyo, interrumpido sólo por la pandemia.

“Busqué al entonces ministro de Deportes (Tito Montaño) para que nos diera su apoyo. Ni siquiera quiso saludarme, peor escucharme”, recuerda Beto, quien se rehusó a asistir a un reconocimiento que el Senado preparó para los boxeadores destacados, entre ellos Gracce. “No asistimos a ese acto porque jamás el  gobierno de Evo Morales nos apoyó”, afirma Beto, quien nunca baja los brazos, pese a la falta de apoyo.

Ajena a las carencias económicas de su familia, la niña mantiene una rutina diaria de entrenamiento bajo la mirada de su entrenador incondicional, su padre, cuya confianza en Gracce es tan férrea e inquebrantable, como lo es la “mano de piedra” de su gran campeona.
 

 

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