Flores: el negocio del buen aroma para más de 8 mil familias de Cochabamba

Las plantas que crecen en carpas solares obtienen mejores productos para el mercado nacional e internacional.
martes, 14 de septiembre de 2021 · 05:00

Marco Fernández / La Paz

No importa que haya vivido con ellas desde su infancia, doña Albina Díaz no puede evitar quedar impresionada cuando siente los colores y aromas intensos de rosas, claveles, liliums, crisantemos y margaritas. Se encuentra en Tiquipaya, uno de los cuatro municipios que producen más flores en Cochabamba, el departamento que hoy se encuentra de aniversario.

Vista aérea de un campo donde nacen y crecen flores cochabambinas.
Fotos Salvador Saavedra

Desde la década de los años 70, la floricultura se ha convertido en una de las principales actividades de la región, pues es el principal productor en todo el territorio nacional, con más de 120 especies, gracias a sus terrenos fértiles y su clima templado.

En el departamento de Cochabamba existen más de 8.000 familias que dependen de la producción de flores. La pandemia que empezó en 2020 y que continúa  golpeó el negocio, pero ahora este emprendimiento de agradable fragancia vuelve a florecer.

El vehículo se aleja del centro cochabambino a través de la avenida Simón López hacia el noroeste, a los pies del Tunari, la imponente montaña de 5.035 metros sobre el nivel del mar, que bendice a los vecinos con agua, buena temperatura y tierras productivas. El destino está  hacia la provincia Quillacollo, específicamente a Tiquipaya, municipio que de forma coloquial  es conocido como la ciudad de las flores.

A pesar de que las viviendas se apoderan con más rapidez de estos terrenos, todavía hay personas —como Albina— que dedican su vida a la producción de flores de corte, que luego adornarán una mesa o serán una forma más de expresar amor o amistad.

El coche se detiene en una plazuela de la comunidad Molinos, en Tiquipaya, desde donde hay que caminar un poco para ingresar a la vivienda rústica y acogedora de Albina, quien complementa a su vestimenta un mandil y una pañoleta para trabajar de forma cómoda en sus plantaciones.

Es un trabajo de nunca acabar. “Tengo que estar pendiente de las flores todo el día porque, si no, les entra una enfermedad. No hay que descuidarse de eso”, comenta Albina, quien heredó de sus padres el oficio de la floricultura.

Desde el inicio, el visitante se siente sorprendido al observar los extensos surcos de liliums, también llamados azucenas o lirios. En medio de la plantación, un sistema de riego por aspersión se encarga de que cada planta obtenga el agua suficiente.

No obstante, las plantas crecen uniformes, más grandes y con mejores formas dentro de carpas solares. Éstas fueron construidas con el respaldo del Proyecto de Alianzas Rurales (PAR II) —dependiente del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras—, que incentiva la producción agropecuaria mediante asistencia técnica y bienes de calidad.

“Los invernaderos nos han favorecido mucho, porque ha mejorado la calidad del corte de la flor. Cuando sembrábamos antes, en campo abierto, estábamos con flores de 40 a 50 centímetros de alto, pero ahora estamos pasando el metro de altura”, asegura Ismael Rojas, secretario general de la Comunidad Agraria Los Molinos.

La propiedad de Albina es un ejemplo de los avances alcanzados, pues, mientras en campo abierto los liliums crecen desordenados, en las carpas solares, las especies son más altas, con mejores colores y aromas.

“Cuando trabajamos con riego por inundación, imagínate cuánta agua utilizamos; pero con el sistema por goteo (gracias a un mecanismo de tubos plásticos que están dentro de la tierra y que lleva el agua directamente a las plantas) se usa lo necesario”, añade Rojas.

“En campo abierto no es igual”, explica Reinalda Tirado, quien llegó a Tiquipaya —desde Punata— a sus 15 años y también se dedica a la producción de flores. “Ahora hago dar bien mi producto y sé que vamos a mejorar con los invernaderos”, asegura la mujer de sonrisa contagiosa.

Una productora de flores por rebalse levanta una de las carpas.

Este proyecto gubernamental empezó 11 años atrás con la construcción de invernaderos y riego por goteo. También se entregaron motofumigadoras y otros equipamientos que alivianan el trabajo y disminuyen los costos de producción.

“La flor no es un alimento, pero es una fuente de ingresos para las familias que quieren aprovechar sus áreas agrícolas que, por la urbanización, se han reducido”, dice Renato Ocaña, oficial de Alianzas del PAR II en Cochabamba.

En la actualidad, este departamento produce flores principalmente en Quillacollo, Tiquipaya, Vinto y Sipe Sipe, y en menor medida en Tiraque, Sacaba, Capinota y el trópico cochabambino.

“Somos competitivos en el mercado boliviano y ahora queremos exportar”, asevera Javier Ventas, presidente de la Asociación de Floricultores y Hortalizas de Bella Vista (Quillacollo) y uno de los principales productores de rosas en las faldas del Tunari.

El paraíso está dentro de un invernadero. Al ingresar a una de las carpas de Javier, uno  siente solaz  gracias a   los aromas de las rosas. Se enorgullece de recibir a los visitantes, ya que su producción llega a todo el país, especialmente a los departamentos de  La Paz y Santa Cruz.

Su carpa tiene cuatro colores de rosas, divididos en ocho variedades: Freedom, con tallo verde, Blanco, Negro, Pintaboca, Baby, Champán y la Rosa de Guadalupe, bautizada así por una serie televisiva mexicana.

“Programamos la cosecha para días festivos, como San Valentín, Carnaval, Día del Padre, Día del Niño, sobre todo para el Día de la Madre, para el Día de Todos los Santos y también para ahora, que se aproxima el Día de la Primavera”, explica.

Mientras camina por sus plantaciones, para verificar que las plantas estén creciendo bien, Javier indica que en campo abierto crecen buenas rosas, pero que dentro de las carpas consigue mejores resultados, con tamaños más grandes, de mejores aromas y colores intensos, lo que le hace pensar que pueden exportarlas.

Su asociación tiene 226 miembros, de los que 56 se beneficiaron con el apoyo del PAR II, con carpas y pozos que ayudan a hacer frente a la escasez de agua por el cambio climático.

Con los resultados alcanzados, más socios pretenden formar parte del proyecto y, además, buscan conseguir semillas para mejorar la producción, riego por goteo para optimizar el uso del líquido y frigoríficos, que mantienen en buenas condiciones las plantas que engalanarán de colores y aromas la primavera boliviana. Éste es un sueño que nace en la capital de las flores.

120 especies  de flores, al menos, existen en Cochabamba para su comercialización.

Los beneficios de las carpas solares
En Bolivia, aproximadamente 800 mil unidades productivas viven de la agricultura, es decir que proveen de alimentos tanto al país como al exterior.
Tienen acceso a agua y tierra, pero seguían produciendo con técnicas rústicas. A través del PAR II —dependiente del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras— se está incentivando la agricultura a través de inversiones en asistencia técnica y dotación de equipamiento, principalmente.
Parte de este proyecto es la  creación de carpas solares  para el cultivo de los productos, que se convierte en un beneficio para la gente que vive del agro. En el caso de las flores de Tiquipaya se ha demostrado que éstas son de mayor tamaño  y tienen una mejor fragancia.
Jhonny Delgadillo, coordinador del Proyecto de Alianzas Rurales (PAR II), explica que esta iniciativa ha beneficiado hasta ahora a 26.454 familias en Cochabamba. Estas parentelas se dedicaban  al trabajo en el ámbito agrícola, apícola, pecuario y piscícola.
En el país, el apoyo gubernamental llegó a 174.720 familias, con una inversión superior a 2.000 millones de bolivianos.
El sector vivió días de incertidumbre durante la primera etapa de la pandemia; sin embargo, actualmente se repone y vuelve a producir.

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