Ignacio y Andrés unen sus vidas en La Paz y apuestan por vivir a plenitud

Ante 150 invitados y en un ambiente de ensueño, la pareja se juró amor. Actualmente están de luna de miel y planean el futuro con optimismo.
martes, 21 de septiembre de 2021 · 05:18

Erick Ortega F / La Paz

Ignacio luce casi inmaculado, sin embargo, está algo nervioso. Recuerda aquel día: “Empecé a escuchar la música, me puse a temblar, mi mamá me agarró de la mano y me dijo  ‘Tranquilo, tranquilo, camina adelante, recto, sonríe a los invitados y saluda”. En el otro lado del salón estaba Andrés igual, de la mano del ser que le dio la vida. Ambos, Ignacio Bacarreza y Andrés Fernández, iban a encontrarse a unos pasos para darse el “sí, quiero” ante más de un centenar de personas.

La unión de estas dos vidas se selló en el Club La Paz de Los Pinos, el sábado 18 de septiembre, dos días antes de la celebración del Día del Amor en Bolivia. Ambos actualmente están de luna de miel en un hotel de la ciudad de La Paz y planifican adonde irán en noviembre a seguir con su romance posboda. Eso sí, ambos amablemente se dieron un tiempo para conversar con Página Siete sobre los entretelones de su matrimonio y cómo fue que se enamoraron.

Andrés e Ignacio juntos en su matrimonio. Abajo con los anillos de compromiso.

Cupidos eficaces

Quizás eran dos almas que estaban destinadas, pero no lo sabían. Allá por 2014 ambos vivían cada uno en su mundo y con su familia respectiva, pero tenían a un montón de amigos que hicieron las labores del Dios del deseo amoroso, eran Cupidos, nada silenciosos. Después de muchos flechazos de los conocidos, ellos se hicieron amigos en redes sociales, pero seguían por rumbos distintos. Eso sí, empezaron a stalkearse, revisaban sus perfiles de Facebook y miraban las fotos que habían compartido en el pasado; pero no se dieron la oportunidad de conocerse. En junio de aquel inolvidable 2014 coincidieron.

“Nos encontramos por casualidad en un bar de la Belisario Salinas, cerca de la plaza Abaroa, en el bar Mechanical, creo que así se llama, pero totalmente de casualidad. Allí nos topamos con Ignacio casi nariz con nariz. Era en junio me acuerdo, no sé exactamente la fecha, pero era el fin de semana de la entrada del Gran Poder”, recuerda Andrés y luego suelta una contagiosa risa. Recordando aquel encuentro, añade: “Efectivamente Ignacio es un churro”.

Desde entonces pasaron cientos de horas hablando, ya sea de arte o de música, de libros o de política, de arquitectura o diseño de interiores… siempre tenían un motivo de conversación. Hasta que Ignacio se animó a dar el primer paso. “Lo hice justamente por estas cosas en común que he visto en Andrés, es complicado encontrar en otras persona todas las cosas que a ti te gustan. Eso es lo hermoso y lo que a uno lo llena por completo: encontrar a una persona que lo entienda a uno”. Se unieron como pareja el 30 de agosto de 2015.

La pareja tuvo una sesión de fotografías.
Fotos: Ignacio y Andrés

Del virus al altar

Y, al año, ya querían casarse. La magia entre los dos no se fue agotando. Es más, ambos seguían en su mundo laboral, Andrés tiene 39 años y es abogado e Ignacio tiene 31 años y es politólogo, sacaron un préstamo y compraron un departamento.

Hasta que llegó el coronavirus, sí, la pandemia que destrozó  vidas y parejas en el mundo.

Ellos empezaron a recluirse en su hogar. Andrés recuerda aquellos días de encierro. “Hemos aprendido a cocinar juntos, a hacernos cargo de la casa y el confinamiento nos ha obligado a eso. Nos hemos conocido nosotros mismos en el tema de hacer algo de las cosas domésticas, de ver quién cocina mejor, quién hace más sabroso el picante. Todo fue enriquecedor”. En vez de separarlos, o hartarlos el uno del otro, este periodo logró unirlos más.

“Ha sido una prueba y la hemos pasado muy bien, y eso nos ha permitido tomar la decisión de la boda y si bien no existe la figura legal en nuestro país, hay antecedentes. Hemos hecho una boda simbólica para compartir con nuestras familias, con la gente más cercana. La pandemia nos ha enseñado que hay que vivir con intensidad y con plenitud, y agradecer todo el amor que nos rodea y el apoyo que nos ha acompañado siempre”, sentencia Andrés.

Ignacio está de acuerdo con sacarle el jugo a la vida. “Estábamos saliendo de una enfermedad muy terrible, perdimos a amigos, familiares, y ahí dije que la vida no está comprada, puede que me dé covid el día de mañana y tal vez no la cuento. Era eso lo que me hizo reflexionar con Andrés y dijimos ‘hagámoslo’”.

Unir vidas

En Bolivia aún no se cuenta con la sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional para validar el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Pero para Ignacio y Andrés  aquello no fue ningún inconveniente. Ellos siempre tuvieron el apoyo de sus familias y la decisión de unir sus vidas fue mero trámite.

Como ambos habían sacado un préstamo de una institución bancaria, entonces tenían un préstamo en común y una responsabilidad conjunta, aunque menos romántica que el amor.

“Entonces es un contrato que hemos firmado y una notaria de Fe Pública dio validez. Es un contrato que no tiene el tenor de un matrimonio, pero realmente es completamente válido”, afirma Andrés. Él también anima a que otras personas opten por hacer algo similar a lo que hicieron ellos. “Hay muchas personas que seguramente tienen un conflicto interior o tal vez con sus familias y tal vez esto les ayuda también a no sentirse extraviados”.

El respaldo de sus familias fue fundamental. Las parentelas de los dos novios se encargaron de la comida, de la torta y de los ajetreos de la boda. Entre ambos decidieron quiénes iban a ser los 150 invitados a su enlace matrimonial. Una organizadora de matrimonios se encargó de hacer que el evento, realizado de día, sea convertido en una falsa noche.

El sábado todo salió casi a la perfección. Ambos se dieron votos de amor ante sus invitados de honor. Bailaron. Estaban felices… Eso sí, Ignacio confiesa que durante un momento se puso nervioso, fue cuando su mamá le dijo que no se ponga nervioso y que siempre  vaya de frente.

 

Guido y David,  un hito de amor
David Aruquipa y Guido Montaño lograron establecer un hito al obtener el reconocimiento de su unión de parte del Estado boliviano en 2020. 
En 2018 David y Guido  solicitaron al Servicio de Registro Cívico (Serecí) la inscripción de su unión civil tras 10  años de convivencia. El trámite  fue rechazado con  el argumento de que la legislación  no reconoce la unión legal de  personas del mismo sexo. La pareja impugnó esa decisión y en julio de 2020 la Sala Constitucional Segunda del Tribunal de Justicia emitió una sentencia que ordenaba al Serecí certificar oficialmente su unión civil.
Aruquipa se refirió al reciente matrimonio de Ignacio y Andrés: “Me parece muy bien que más parejas hagan público su amor, su felicidad, así se genera una demanda social importante, si bien nosotros Guido y David logramos ser la primera unión civil entre personas del mismo sexo legalmente en Bolivia,  aún no se cuenta con la sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional, que esperemos  sea positiva, así, habilitaría para que estas parejas no solamente se casen social y simbólicamente, sino puedan inscribir su relación con los derechos civiles que les corresponde”.
La pareja sonriente  se fue de paseo para festejar su unión.

Los tíos  y un  futuro juntos 

  • Encuentro  La pareja tiene una serie de amigos en común que lograron reunirlos en las redes sociales, en 2014, hace más de siete años. Ese mismo año se vieron por casualidad, posteriormente, ambos se conocieron y se enamoraron tras pasar muchas horas hablando de temas en común.
  • Familia  Desde el comienzo de la relación, la pareja tuvo el apoyo de sus respectivas familias. Planificaron la boda en conjunto y actualmente viven solos los dos. No piensan en adoptar niños y sólo quieren quererse ellos y ser unos buenos tíos para sus sobrinos.

 

 

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