Freddy Ticona, el niño que estudió apoyado por Plan de Padrinos hoy construye su paraíso en El Alto

Después del cuartel, Ticona trabajó de ayudante de albañil, el inicio de su paso por la construcción que lo llevó al negocio de los bienes raíces. Cree que el paraíso está en la tierra y construye el suyo en El Alto. Invirtió en una televisora, apunta a la salud y a que su equipo de fútbol llegue a la primera división.
domingo, 9 de enero de 2022 · 05:19

Ivone Juárez / La Paz

Recordar esas tardes de sus nueve años aún lo emocionan. Estaba solo en ese cuarto de Miraflores, esperando que de pronto sus papás entraran por la puerta, pero eso no pasaba. Pasaron 38 años y al empresario Freddy Ticona aún se le nublan los ojos y la voz se le entrecorta al recordar esos días.

Se emociona porque esos recuerdos le confirman el amor entrañable que siempre sintió por su familia y le traen al presente su esfuerzo constante de niño, haciendo solo las tareas del colegio, recordando el más mínimo detalle explicado por sus profesores. Tenía un objetivo con el que no transaba: sacar buenas notas para mostrárselas a sus padrinos, unos extranjeros a los que no conocía, pero que a través del Plan de Padrinos cada mes le hacían llegar una ayuda.

Freddy no terminó el colegio porque la ayuda de Plan de Padrinos culminó y tuvo que comenzar a trabajar para sostenerse, desde ayudante de albañil hasta convertirse en el empresario de bienes raíces de El Alto que es hoy. Ese que acaba de montar F10,  un moderno canal de televisión; que apunta su inversión al sector salud y apuesta a que su equipo de fútbol salte a la división profesional. Así Ticona construye  su paraíso en El Alto.

“Para mí el paraíso está en la Tierra, donde nos tocó vivir,  en medio del sol, del frío, y trabajo para alcanzar todo, qué más puedo pedir”, dice a Página Siete.

El empresario afirma que lo mueve su amor y confianza por la ciudad de El Alto, donde encontró la oportunidad de desarrollarse como emprendedor sin tener el respaldo de una fortuna familiar. Invierte en negocios en los que va aprendiendo en el camino. Se rodea de expertos para avanzar con precisión; los oye y aprende de ellos, como los hacía de sus profesores cuando era niño.

Desde Checa Chata

Freddy Ticona nació en 1973, en Checa Chata, comunidad de Viacha, donde en la escuela del pueblo sólo se enseñaba hasta tercero básico. Para que siguiera estudiando, sus papás decidieron llevarlo a vivir a La Paz, pero solo. Su situación económica, empeorada por la crisis económica de los años 80, no les permitía trasladar a toda su familia. Lograron inscribir a su hijo a Plan de Padrinos, una ONG que conseguía apoyo de gente del extranjero bajo la figura del padrino para niños de escasos recursos. Con esa ayuda su pequeño podría seguir estudiando.

Freddy nunca conoció personalmente a sus padrinos, pero además del dinero que le enviaban, en ocasiones especiales esas personas le escribían una carta, que él respondía contándoles cómo era, qué hacía y les mostraba sus buenas calificaciones en el colegio Alfredo Vargas, de Villa Fátima. No podía ir a la biblioteca ni comprar libros, así que se esforzaba en aprender lo máximo de sus profesores. “Hasta la mínima letra”, dice.

“Vivía solo en ese cuarto, cocinaba para mí, lavaba mi ropa. Mis papás venían cada tres meses y no tenían posibilidades para comprarme un televisor o una radio; yo estaba solo, me acompañaba con los libros, leía los que encontraba botados por ahí“, recuerda.

El apoyo de Plan de Padrinos se acabó y Freddy continuó como pudo el colegio, pero cuando cumplió 16 años su necesidad de mantenerse se impuso a sus deseos de estudiar y comenzó a trabajar. Su primer empleo fue de ayudante de albañil, que dejó al poco para presentarse al cuartel, a la Primera División del Ejército en Viacha. “Cuando salí del cuartel comencé a trabajar seriamente”, aclara.

Retomó el trabajo en albañilería con un gran golpe de suerte -asegura- porque a las semanas de estar de ayudante fue ascendido a contramaestro y después a maestro de obra. “Después ya era contratista, comencé a ganar buen dinero y la vida cambió para mí“, cuenta.

Asegura que su único impulso eran sus ganas de superarse. “Eso veían en mí los arquitectos, pese a que yo era muy joven, recién salido del cuartel; creo que desde entonces tengo ese don de transmitir confianza“, comenta.

En su época de maestro contratista, Freddy Ticona construyó varias viviendas, sobre todo en la zona Sur de La Paz. Recuerda que una de sus primeras obras fue un chalet para la familia Ormachea.  “Gracias a Dios me fue muy bien en la construcción, donde estuve unos cuatro años”, precisa.

Mientras construía comenzó a dirigir su mirada a su natal Checa Chata y su cualidad ganadera, en lo que invirtió lo logrado hasta entonces. “Me dediqué al engorde de ganado, no como en el oriente, donde hay cientos de ganados, yo comencé con cinco vacas. Fueron tiempos bonitos en los que ganaba buen dinero porque llegué a conocer el tiempo exacto de engorde”, cuenta.

Bienes raíces y un canal de Tv

Cuando Freddy Ticona estaba dedicado a la ganadería ya estaba casado y vivía en la casa de sus padres. “Vivía con mi familia porque toda mi infancia la pasé sin ellos, pero cuando me casé quise darle comodidades a mi esposa; el hombre está  para esforzarse y hacer feliz a su esposa”, afirma.

Con ese objetivo vendió su ganado y se fue a buscar un terreno a Viacha. Encontró uno de 450 metros, que le costó alrededor de 1.200 dólares. “En esos tiempos  era buen dinero, todo mi capital. Compré el lote, lo dividí en dos y vendí una parte. Obtuve una ganancia y además ya tenía mi terreno. Ahí vi que sería un  buen negocio los bienes raíces. Comencé con las urbanizaciones, no sabía nada, pero arranqué porque tenía fe en lo que hacía”, cuenta.

Los primeros meses no fueron muy alentadores. Las ventas eran nulas y el nuevo emprendedor en bienes raíces tenía que movilizarse en una bicicleta,  pero de pronto los clientes aparecieron y no pararon más, tanto que animó a su familia sumarse al negocio. Al inicio dudaron de él, igual que algunos clientes. Su desventaja era su juventud, porque aún no pasaba de los 25 años.

“¡Tanto terreno, cómo de una persona tan joven, quiero ver al dueño!, me decían. Iba con mi papá y les decía que era el dueño, así recién se animaban a comprar”, recuerda sonriente.

Entonces El Alto era una zona de casas en su mayoría con muros de adobes, más en las zonas lejos de la Ceja, cuenta Ticona. “Parecía estar tan lejos y muchos tenían vergüenza decir que vivía aquí porque la ciudad era mal vista. Pocos notaban que estaba sobre una carretera internacional. Yo manejaba ese argumento para mis ventas, decía que El Alto era la ciudad del futuro. Muchos me creían y me compraban terrenos a 800 dólares, a crédito; hoy esos lotes valen cerca a los 50.000 y al contado”, asegura.

“Pero ¿sabe? El Alto superó mis expectativas, creció más de lo que me imaginaba y yo le debo todo lo que tengo”, añade.

Y es con ese agradecimiento que hace algo más de un año Freddy Ticona decidió invertir en un nuevo emprendimiento en esa ciudad, en el canal de televisión F10, el primero con imagen full HD de Bolivia, que él pensó con un objetivo: mostrar lo bueno de El Alto. “Mi intención es hacer conocer lo hermoso de El Alto, de esa gente trabajadora que en tan poco tiempo hizo salir de esos muros de adobes  hermosos cholets. Esta ciudad es bella, pese a sus autoridades; si hubiésemos tenido buenas autoridades esto hubiera sido más hermoso, más organizado”, dice.

F10, dirigido por el periodista Jhon Arandia, cuenta con una imponente infraestructura y equipos de última generación, según Ticona. Está seis meses en el aire y su señal llega al aérea metropolitana de La Paz y a la ciudad de Cochabamba.

El empresario adelanta que en este 2022 el objetivo es Santa Cruz. “Así cubriremos el eje central para expandirnos a otras regiones. También planeamos ingresar al sistema de televisión por cable”, comenta.

Como Ticona siempre está pensando hacia dónde crecer, ahora quiere dirigir su inversión a la salud y tiene dos proyectos entre manos. En estos tiempos de pandemia por seguir con sus actividades enfrentó al menos tres veces al coronavirus, lo que le permitió ver la realidad del sistema de salud. “Hay que invertir en salud, es necesario”, adelanta.

El sueño con el equipo de fútbol

Además de sus emprendimientos empresariales, Freddy Ticona le dio gran parte de su tiempo al fútbol, el deporte que lo movía desde niño, tal vez por el amor a su abuelo Ancelmo, un persistente futbolero que no se detenía ni con los años que llevaba encima. “Yo era su favorito”, recuerda.

Freddy llegó a jugar en equipos zonales y de varias comunidades. Por eso, apenas pudo, en 2020,  fundó junto a sus hermanos el Club Deportivo Familia Ticona (Fatic) que contó y cuenta en sus cuadros con jugadores japoneses, franceses, nigerianos, brasileños y argentinos. “Hace cuatro años que representamos a El Alto y ya jugamos  en la Copa Simón Bolívar; estuvimos a punto de llegar a la primera división, pero las cosas no se dieron, el 2022 es clave”, dice.

Ese es otro de los objetivos que persigue el empresario para seguir construyendo en El Alto el paraíso que soñó desde su niñez, en esa habitación que la soledad hacia enorme pero que sus sueños llenaban de tope a tope.

 

El paraíso está en la Tierra, donde nos tocó vivir,  en medio del sol, del frío, y trabajo para alcanzar todo, qué más puedo pedir

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