Con 49 años de matrimonio y siete hijos se volvieron actores para mostrar la pobreza de su pueblo en Potosí

Luisa Quispe y José Calcina no se imaginaron que protagonizar Utama les permitiría, “a su edad”, subir a un avión y conocer otros países. Su vida en el filme es igual a la real.

Gente & Lugares
Ivone Juárez
Por 
La Paz - domingo, 02 de octubre de 2022 - 17:00

Cuando comienza la ópera prima de Alejandro Loayza sus nombres aparecen en la pantalla gigante: Luisa Quispe (Sisa) y José Calcina (Virginio), protagonistas principales de Utama. Tienen 49 años de matrimonio, siete hijos y se volvieron actores para mostrar la pobreza de su pueblo Santiago de Chuvica, en el departamento de Potosí.

En ese poblado de características mineras, donde decidieron formar su hogar, viven del cultivo de la quinua y su precio peligrosamente oscilante. El agua es un servicio que en invierno “flaquea” y tienen que caminar kilómetros para encontrarla. Hay electricidad apenas desde hace cinco años y el internet no termina de llegar. El establecimiento de salud más cercano está a cinco horas, pero el Sistema Único de Salud prácticamente no cubre ninguna enfermedad, aseguran.

Los esposos forman parte de ese 20% de las familias del pueblo quechua, ubicado en Nor Lípez, en el extremo sur del Salar de Uyuni, que decidieron quedarse y no migrar al norte chileno, para trabajar en la minería. La mayoría son adultos, como ellos, y se sienten abandonados por las autoridades, por el país.

$!El actor José Calcina

José tiene 74 años y estudió hasta primero de secundaria, en Calama, Chile, donde fue criado desde niño porque quedó huérfano a sus dos años. Volvió a Potosí convertido en hombre de 25 años, cuando su abuela murió. Sus parientes lo convencieron de quedarse a trabajar en la mina Litoral, a kilómetros de Santiago de Chuvica. Ahí conoció a Luisa.

$!La actriz Luisa Quispe.

Luisa, que tiene ahora 64, sólo fue a la escuela hasta segundo básico. Como sus padres no le podían comprar el material escolar, las clases para ella eran un martirio porque era imposible cumplir con las tareas; por eso, cuando su padre le dijo que ya no estudiaría más se sintió aliviada... pero aprendió a leer y a escribir algunas palabras, entre ellas su nombre. Muchas veces piensa que debió aprender más, pero de inmediato siente que lo que sabe le es suficiente.

“Queremos que el Gobierno, la gente de la ciudad, vea cómo es la vida real en el campo y tal vez así decidan hacer algo, ir a nuestro pueblo, a Santiago de Chuvica, y ver que estamos sobre la riqueza. Somos un pueblo minero que puede ser como San Cristóbal”, afirma José a Página Siete.

$!Los esposos Calcina Quispe en medio de los edificios de la ciudad de La Paz.

“Por eso nos animamos a actuar. Aquí, en la ciudad, se ve tanta comida, se ve que comen bien; en el campo no es así, en mi pueblo tenemos que sobrevivir con lo poco que tenemos. La quinua, la papa se congelan y no hay nada”, añade Luisa con voz firme pero serena.

$!José Calcina y su esposa Luisa Quispe en uno de los ambientes del hotel donde se hospedaron.

La mujer quechua está sentada en el lobby del hotel Stannum, donde fue hospedada junto a su esposo José, durante su estadía en la ciudad de La Paz para la premier de la película Utama, que se realizó el martes pasado.

Sonríe tímida pero con un aire de satisfación porque considera que el objetivo que los movió para hacerse actores “a esta edad” comienza a cumplirse. Al menos eso sintió la noche del estreno en La Paz, cuando la gente se puso de pie para aplaudirles. Ella recibió la ovación como una señal de que ahora se conoce a Santiago de Chuvica, su pueblo.

“Me sentí feliz porque vieron nuestra vida real y ahora se darán cuenta”, afirma.

$!Los actores de Utama en uno de los destinos que conocieron después de filmar la película.

“Ojalá haya una reflexión y puedan ir a ver cómo ayudar al pueblo. Tenemos minerales, plata, plomo. Así todos pueden volver al pueblo a trabajar”, expresa su esposo, que está sentado a su lado y espera a que ella termine de hablar para intervenir.

“Estoy preocupado por ella, estuvo muy cansada en Santa Cruz. Hoy fuimos temprano a la 16 de Julio (El Alto) y también se cansó”, añade mirándola.

En un año más cumplirán medio siglo de matrimonio. La conoció cuando tenía 15 y se enamoró de su “carácter”. “Era tranquila, paciente y nunca se enojaba”, dice y sonríe suavemente.

“Ahora cambió, se enoja, debe ser la edad, ¿no?”, prosigue mirándola, manteniendo la sonrisa en su rostro cobrizo; en esos ojos grandes y oscuros, marcados por las señales del tiempo que, sin embargo, no les quitaron el brillo que da el no haber perdido la capacidad de maravillarse y sorprenderse con el mundo.

Y Luisa le responde en el mismo tono: “Me gustaba que era bueno, serio y trabajador; ahora cambió, es más conversador, más hablador, antes era tímido”.

Ella luce una pollera abultada color salmón, una blusa celeste y una chompa de lana gruesa beige. Sus trenzas plateadas resaltan su pequeño rostro marcado por la amabilidad.

No fue una actuación

En la conversación con Página Siete,, Luisa y José se complementan uno al otro, contando cómo fue y es su vida en Santiago de Chuvica, que es como en el filme que protagonizaron. Por eso su debut en el séptimo arte no fue una dificultad, aunque se tomaron su tiempo para darle el sí al director Alejandro Loayza, que apenas los vio supo que debían ser los protagonistas de su ópera prima.

“No fue difícil para nosotros actuar, porque es nuestra vida. Leíamos el texto en la noche y en la mañana, bien temprano, y después ya estábamos actuando. Hicimos todo en cuatro meses”, cuentan los esposos.

A José le gustó mucho su papel. “Lo que más me gustó fue mi personaje, un hombre terco que no quería irse a la ciudad. Me gustó porque yo pienso así, ¿a dónde más puedo ir si yo nací ahí? Soy de ahí, donde tengo que vivir hasta el final”, expresa.

“¿A dónde más vamos a ir si ya somos viejos?”, le responde Luisa.

Pero a veces José piensa en cómo hubiera sido su vida si no hubiese regresado de Chile. Tiene familiares en Antofagasta y Calama y los visita constantemente, sabe cómo viven.

“En ese país el Gobierno se preocupa por su gente. En la mina les proveen de todo diariamente, hasta de galletas y jugos. Estuve en el aniversario de Chile (18 septiembre) y les dieron su bono patriótico, al marido, a la esposa, al hijo. Once mil pesos chilenos a cada uno. Si los despiden o se van les indemnizan. En cambio aquí nada, en Bolivia no nos dan nada, peor en el área rural, donde estamos abandonados”, reclama.

Después de Utama

La actuación de José y Luisa en Utama no alteró sus vidas en Santiago de Chuvica. Hasta el día antes de llegar a La Paz, para la premier del filme, estaban sembrando quinua, su modo de vida.

Su hija Sara los llamó para contarles que la primera noche que estuvieron fuera del pueblo el viento sopló muy fuerte. La señal es buena, porque es presagio de lluvia y de que pueden tener una buena cosecha; pero si el viento continúa así de bravo, corren el riego de perderlo todo.

“Dice que toda la noche hizo viento, tal vez está enterrando el cultivo nuevo, si es así la quinua no saldrá. Volveremos y seguiremos sembrando para abril y mayo. Tiene que comenzar a llover en noviembre y diciembre para que haya cosecha, si no todo se perderá”, se lamenta Luisa.

El viaje a La Paz fue corto, el viernes ya estaban de regreso en su pueblo.

Desde que terminaron la filmación de Utama tuvieron viajes más largos. Por, ejemplo, en junio estuvieron en México. Fue la primera vez que subieron a un avión. Se mantuvieron despiertos prácticamente todo el viaje.

$!José con un sombrero de charro y su esposa Luisa, en México.

“No sentí miedo, estaba tranquila, de la ventana vimos las ciudades”, cuenta Luisa.

José aún está impresionado con el Canal de Panamá. Lo vio desde el avión pero las nubes le impidieron admirar los buques. “También vimos desde el cielo Bogotá (Colombia), la ciudad es interminable”, dice.

“Nunca imaginamos que a esta edad tendríamos la suerte de conocer otros países, nunca pensamos ni soñamos con subir a un avión”, añade Luisa.

En México estuvieron en el Festival de Cine de Guadalajara, donde Utama ganó tres premios. José quedó encantado con la comida; Luisa optó como siempre por la pizza, su comida favorita.

$!Luisa y José en una de las salas de cine donde se exhibió Utama.

Después estuvieron en la ciudad de Santa Cruz, donde dieron unos paseos que agotaron físicamente a Luisa, pero que no menguaron su ilusión. Tienen mucho que contar en su pueblo, que vio Utama la noche antes de que ellos viajaran a La Paz. Cuando se les pregunta cuándo volverán a la sede de Gobierno, se miran y él responde: “Yo creo que ya no”. Tal vez piensan que Utama fue la única oportunidad que tuvieron para mostrar cómo es la vida en Santiago de Chuvica y la tomaron.

“Nos animamos a actuar para mostrar la vida en el campo. Allá, si la papa y la quinua se secan no hay nada más” .
Luisa Quispe, actriz
“Me gustó mi personaje porque yo soy así, no quiero dejar mi pueblo. ¿A dónde más puedo ir? Soy de ahí, donde tengo que vivir hasta el final”.
José Calcina, actor

Utama, la película que cosecha más y más premios

Premios• La película boliviana logró hasta ahora 29 premios internacionales.

Candidata • Representará a Bolivia en los premios Óscar y Goya 2023.

Estrenos • Fue vista en Francia, Grecia y Chipre. Se la espera en Alemania, España, Italia, Reino Unido y República Checa, entre otros.

Detalles José y Luisa son esposos. La casa donde se filmó Utama no es suya, ellos viven a unos kilómetros del lugar.

Pueblo Santiago de Chuvica nació con el nombre de Chua. Los habitantes se hicieron buenos futbolistas, decidieron llamar al lugar Chuvica y formaron el Club Deportivo Chuvica, que se diluyó con la migración. Hace poco le sumaron al denominativo del pueblo el nombre de Santiago.


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