Coral, la chulumaneña enamorada de la cocina y que brilla en MasterChef

Detrás de su imagen de evaluadora exigente en MasterChef, hay una mujer dulce y “luchona”, emprendedora y amante de Bolivia y su gastronomía. La chef sueña con revalorizar y mostrar la comida nacional al mundo.

Gente & Lugares
Por 
La Paz - domingo, 11 de septiembre de 2022 - 5:00

Aunque ha dirigido importantes cocinas nacionales e imparte clases, Coral Ayoroa se refiere a sí misma como cocinera y no como chef. “Llamarme cocinera es un homenaje a las mamitas que son maestras en la casa o en los agachaditos; es también un recordatorio para mí de humildad. No vengo de cuna de oro, la herencia de mis padres fue habernos enseñado a trabajar”, dice la chef que despierta pasiones como jurado de MasterChef Bolivia.

$!La chef en plena preparación de un plato en el set.

En el certamen de cocina más popular de la televisión, Coral se caracteriza por su rigurosidad a la hora de evaluar los platos de los participantes y también por la boina, que es su sello personal. “No faltan los haters, pero es más el cariño que recibo de la gente”, evalúa Ayoroa, quien comparte el papel de jurado con los chefs Marcos Gonzales y Marko Bonifaz.

Coral ha transitado un largo camino desde su Chulumani natal, donde ayudaba a su padre camarero y su madre comidera, hasta convertirse en pieza clave en el restaurante Gustu, las escuelas Manq’a, el Street food SumaPhayata, entre muchos otros exitosos proyectos que han transformado la gastronomía boliviana. “Ha sido un aprendizaje constante que me deja la lección de que cuando una quiere, puede”, dice.

“Hay que revalorizar el patrimonio gastronómico de Bolivia con los productos maravillosos de nuestra tierra. La cocina es un arma valiosa para dar voz a las señoras que a veces no son valoradas o sufren violencia. Como cocinera de autor, sueño con viajar por el país, identificar los productos y los platos únicos que se están perdiendo y hablar con las mujeres, decirles: ‘podemos’”, asegura en esta charla con Página Siete desde la ciudad de Santa Cruz.

¿Cómo fue su relación con el mundo gastronómico?

Nací en Sud Yungas, en Chulumani, de padres yungueños. He estado ligada a lo gastronómico desde niña. Mi papá era mesero, un garzón de antes y hacía cosas ricas. Luego hubo una disgregación de mis padres y me quedé con mi mamá, quien, por necesidad, nos trajo a La Paz y empezó a vender comida en la calle.

Tenía un puesto en la Aspiazu y 20 de Octubre, hacía almuercitos y los tres hijos la apoyábamos: salíamos de la escuela y llevábamos ollas, pelábamos verduras, carnes o sea el mise en place, ahora lo puedo decir con propiedad. Si bien tengo los sabores criollos de mi mamá, mi papá, que trabajaba entonces en hoteles, me abrió otros menos tradicionales como el maní con jugo de papaya y limón bien cargado o ensalada de apio y aceite de oliva.

A los 14 años ya me “cancheaba” trabajitos lavando platos, por ejemplo. A los 17 ya era independiente y trabajaba como cajera primero y como gerente después en una famosa cadena de comida rápida. A los 19 fui mamá; mi hijo tiene hoy 21 años.

¿Entonces sí sucumbió a su vocación?

Me estaba enfermando por estrés y decidí dejar el trabajo y empezar a estudiar Administración. El papá de mi hijo, con quien tengo buena relación, me dijo entonces ‘a ver, mira, cómo brillas en la cocina, cómo eres feliz’. Yo relacionaba la cocina con las peleas de mis padres, que se separaban y volvían. Años después yo he cortado la brecha de aquella mujer que también sufrió violencia y eso me hace feliz. Lamentablemente muchas mujeres de Bolivia sufren violencia por el hecho de que se sienten menos o porque se cree que no se puede vivir sola. Yo he podido mostrarme a mí misma que sí se puede.

Estudié Gastronomía en la Universidad Los Andes y fui parte de la segunda generación de graduados. Ahí ha sido el enamoramiento con la cocina y desde hace 22 años lo mantengo a nivel profesional. Empecé a trabajar en cocinas y también dando clases en diferentes instituciones como Cefim y volví luego a la Universidad de Los Andes, como directora de la carrera de Gastronomía.

$!Coral en una visita a la Amazonia en busca de sabores.

¿Cómo dio el salto a la nueva cocina boliviana con proyectos tan importantes como Gustu?

En 2011, recibo la invitación del chef danés Claus Meyer, para formar parte de un proyecto que incluiría una fundación y un restaurante. La Fundación era Melting Pot, y el restaurante sería Gustu. Cuatro chefs bolivianos fuimos seleccionados para pasantías en Dinamarca en varias de las cocinas más prestigiosas del mundo, como Noma. Allí aprendí mucho, especialmente a valorar los productos bolivianos que tienen una calidad y diversidad únicas.

Tras la preparación volvimos al país y con la fundación creamos Gustu, que hace comida de autor y debía ser inicialmente una escuela. Trabajamos en todos los detalles, hasta con pala. La propuesta felizmente tuvo aceptación en el país. Estuve en Gustu nueve años, hasta 2019, y lo sigo considerando mi hogar.

Después, con Michelangelo Cestari logramos fondos holandeses para crear otro proyecto: las escuelas Manq’a. Y hubo otros. Me siento afortunada porque yo me considero de las cocineras clásicas, pero he logrado cruzar el puente a la cocina de vanguardia.

¿Y cómo llega a ser jurado de MasterChef Bolivia?

Mucha gente no sabe, pero también hicimos casting. El primer filtro fue con cámaras, la selección fue en La Paz y Santa Cruz en tapas. A Dios gracias estoy en un proyecto tan grande y tan bonito porque el conocimiento siempre lo tenemos que transmitir. MasterChef es una buena ventana para hacerlo con los participantes, pero también con los televidentes.

$!En su trabajo no descuida ni el más mínimo detalle.

¿Cómo se lleva con sus colegas del jurado? ¿Hay discrepancias?

Nos llevamos muy bien los tres. Somos nosotros mismos y uno dice lo que piensa y siente en el momento. Al principio yo decía ¿o estoy mal? cuando ellos captaban otras cosas, pero uno debe estar seguro de lo que sabe hacer. Con Marcos Bonifaz trabajamos poquito en Charly Papas, a Marquito también lo conozco en el rubro. Hay una linda amistad de mucho respeto de parte de los tres.

¿Por qué huele los platos?

Huelo la comida porque en ese proceso entra la parte sensorial que es bien importante. Primero es la vista la que impacta, luego entra en juego el olfato, que es vital para la cata. ¿Acaso no lo hacen los enólogos o los catadores de café? Oliendo yo puedo saber qué ingredientes se han usado o si se ha quemado la comida. La vista engaña. Claro que en la casa o en un restaurante no voy a oler la comida porque no estoy trabajando. En MasterChef soy jurado y debo dar un fallo argumentado.

También es la más rigurosa y exigente en sus evaluaciones.

Soy exigente en todo, desde pedir a los participantes que ordenen sus estaciones; porque ésa es parte del trabajo en la cocina. El otro día, en un restaurante una señora me dijo: “Ah, usted hace de mala en la tele”. Y no, no estamos actuando. Si quieres excelencia debes ser exigente y ello da frutos, he visto el crecimiento en todos los chicos del Master y lo valoro y respeto.

$!Usa boina desde hace una década y tiene razones.

¿Y por qué usa siempre boina, chef?

La boina (ríe con ganas) es chistoso. Siempre me han gustado gorros y sombreros y en mi trabajo en cocina siempre he usado gorro. Un día en Gustu, Michelangelo me dice ‘¿qué haces con gorro de pijama?’ y es que en Gustu, como en Europa, ya no los usan en restaurantes de alta cocina. Yo era la cocinera acostumbrada a gorro y lo he reemplazado por la boina. Quise sacarme varias veces la boina y la gente ya no me reconocía. Sin darme cuenta se volvió una marca y no podría vivir sin mi boina.

Ahora que es un personaje público, ¿cómo vive la fama?

Al inicio, cuando salieron los haters me sentí un poco mal. A veces la gente no tiene el filtro y lastima, pero yo sé quién soy, cuánto trabajo me ha costado llegar, nadie me lo ha regalado. También respeto, son sus opiniones. En contraparte, está el afecto, la gente que me reconoce y me pide fotos. Es impresionante el cariño especialmente de los niños, me hace muy feliz. Creo que llega para todos un tiempo, un momento.

¿Cuál es su próximo reto, Coral?

No sabemos si va a venir un segundo MasterChef, espero que sí. Siempre me he proyectado hacia fuera, por eso no he tenido la idea de montar un restaurante en Bolivia. Siento que lo que estamos viviendo acá, hay que mostrarlo al mundo. Me gustaría estar en otros países, en otros restaurantes hablando de mi Bolivia, de su cocina y de sus productos.

MasterChef nos ha hecho dar cuenta de que muchos no conocemos nuestra comida. Un día hicimos silpancho y había quienes no lo conocían. Nos estamos olvidando de los ancestros, del patrimonio gastronómico y urge revalorizarlo en todo el país.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen.
Para más información puede contactarnos

NOTICIAS PARA TI

OTRAS NOTICIAS