El danés que se enamoró de La Paz y se volvió un youtuber que muestra los rincones y sabores ocultos de la ciudad

Sebastián Pilgaart nació en Dinamarca y a los 19 años decidió salir a rodar por el mundo buscando un lugar donde vivir un tiempo. Se encontró con La Paz.

Gente & Lugares
Ivone Juárez
Por 
La Paz - domingo, 28 de agosto de 2022 - 5:00

Sebastián Pilgaart entra al mercado San Antonio que está en la calle 12 de Obrajes, en la zona Sur de La Paz, y las caseras lo reconocen. Sobre todo Alicia, quien vende unos enormes sándwiches de palta que prepara con escabeche, queso, tomate, llajua y una hojitas de quirquiña.

$!El danés con una de las maestra del sándwich de palta en La Paz

Lo vio en YouTube, saboreando y admirándose con los “jugos de naranja a la parrilla” que Mary, una mujer emprendedora y creativa como ella, vende en un carrito en la calle Max Paredes, casi plaza Santa Cruz.

Alicia quiere mostrar a Sebastián Pilgaart cómo prepara sus sándwiches. Así que lo acepta dentro de su quiosco y da inicio a su breve clase al danés trotamundos que se enamoró de La Paz y se volvió un youtuber que muestra los rincones y sabores ocultos de La Paz.

Y Alicia, que está llena de simpatía y comenzó a explorar en el Tik Tok, revela sus secretos gastronómicos al joven de ojos azules y melena rubia. Sonríe y posa junto a él para las fotografías, igual que Patricia, otra experta en los sándwiches de palta del mercado San Antonio de Obrajes.

$!Sebastián prueba el sándwich de Patricia, en el mercado San Antonio

Sebastián Pilgaart causa ese efecto en nuestras caseras y caseros que muchas veces, en lugares insospechados, venden algún plato de comida, un sándwich o una bebida fuera de lo común. Él investiga, los encuentra y los muestra en sus videos de YouTube (pilgartexplores), contando en inglés de qué se trata la experiencia.

Encontró, por ejemplo, el “jugo de naranja a la parrilla”, un extracto tibio que se obtiene de los cítricos que Mary mantiene sobre una parrilla caliente que incorporó a su carrito, en el que lleva las naranjas y su exprimidor manual. Ese video se volvió viral. También halló las salteñas de queso umacha en la salteñería Qué rico de Abraham, en la avenida República.

“Voy a lugares donde los turistas normalmente no llegan. Voy con mi cámara, hablando, interactuando con la gente, y si sale bien hay un video. Si no sale bien, ya no video; fui a explorar pero no hay un video. La idea es que el que vea mis videos sienta que está a mi lado, viviendo la experiencia, sintiendo lo que se siente llegar a un lugar mientras viajas”, dice el trotamundos danés a Página Siete.

Aceptó la entrevista con este medio unas horas antes de que partiera rumbo a Cochabamba, Potosí, luego a Paraguay y Argentina, con la promesa de regresar a La Paz. El encuentro fue en la plaza de La loba, en Obrajes, donde se instaló en su estadía en nuestra ciudad, donde estuvo primero en 2018, antes de las pandemia. Regresó luego de las restricciones.

$!Sebastián Pilgaart en la pasarela de la calle 12 de Obrajes, en la zonaSur de La Paz, después de la entrevista con Página Siete.

¡A rodar por el mundo!

Sebastián Pilgaart salió de su casa a rodar por el mundo cuando tenía 19 años. Hoy tiene 26 y recorrió países de Europa, Oceanía, África, Norteamérica, Centroamérica y de nuestro subcontinente. Lo hizo a través de programas de trabajo voluntario y con los recursos económicos que él mismo genera. Antes de salir de Dinamarca terminó un high school en negocios, que le dio bases para iniciar sus propios emprendimientos.

“Acá, en Bolivia, en La Paz, tuve un restaurante con un socio, pero vendí mi parte”, cuenta. Se trata de Sol y Luna, que se encuentra en el centro paceño.

“Después hice inversiones en bitcóin y ahora estoy creciendo en YouTube, ya monetizando”, añade.

“Para mí lo mejor es ser tu propio jefe”, continúa.

Cuando se le pregunta si no teme al riesgo, el danés responde: “Para mí el riesgo más grande es ser empleado porque no tienes control sobre tu futuro”.

Así piensa Sebastián que nació en un país donde lo común es ser independiente desde muy joven y dejar la casa de los padres. Él dejó la suya para conocer el mundo.

Su primer destino fue Nueva Zelanda, en Oceanía, “un país con una cultura similar a la europea y donde se habla inglés”.

Ahí hizo un voluntariado de cinco meses en un campo de aventura para niños y de equipos de deportes. Cumplido ese tiempo saltó a Perú, donde, por un intercambio, vivió con una familia local durante tres meses. ¿Por qué el cambio de destino tan radical?, es la pregunta.

“Nueva Zelanda está lejos de cualquier parte (risas), quería aprender castellano”, responde el danés.

“Leí mucho sobre el aprendizaje de castellano y sé que el idioma, en países como Perú, Bolivia y Ecuador el acento es relativamente neutral, no como en Argentina y Chile, donde es muy marcado. Perú era un buen lugar para empezar”, explica.

$!Sebastián Pilgaart en Fránkfurt, Alemania.

Después de esos tres meses en Perú, Sebastián Pilgaart regresó a Europa, pero no a su país; se fue a conocer España, Portugal y Alemania. “Regresé a Dinamarca, donde estuve nueve meses y volví a salir”, cuenta.

Eligió como nuevo destino África. Visitó Namibia, Malawi, Mozambique y Zambia.

$!Sebastián en Namibia, África, mientras admira a un elefante.

“En Namibia tuve la suerte de encontrar a un guía de turismo de aventura de África del Sur. Con él llegué a lugares que hubiese sido imposible llegar sin él. Viajamos por el desierto en un Land Rover 4X4 como 26 días, viendo muchos animales salvajes, elefantes, jirafas, leones, ¡fue increíble!”, expresa.

En esa banca de la plaza de La Loba en la 12 de Obrajes, Sebastián aún se emociona recordando esa noche en el desierto, cuando un elefante pasó cerca de la carpa donde acampaban y la golpeó con su enorme trompa. Felizmente no los lastimó. “¡Sentí miedo pero fue impresionante!”, añade.

Después de permanecer alrededor de cuatro meses en el continente africano viajó a América del Sur, específicamente a Chile.

“Llegué a Chile con la idea de encontrar en Latinoamérica un país donde vivir unos años. De Santiago me fui a Punta Arenas, pasé toda la carretera austral y la Patagonia al dedo. Volví al norte, a Argentina y llegué hasta Bolivia”, relata.

Su puerta de ingreso al país fue la ciudad de Potosí. “Al instante me gustó, las cholitas, la cultura indígena que se mantiene viva. En muchos países tienen sus culturas originarias, pero es algo que sólo sacan en el día de su independencia; en Bolivia son la vida real. Eso es especial, por eso me gustó”, dice.

Después de la ciudad de Potosí pasó al Salar de Uyuni, Chuquisaca, Cochabamba, Villa Tunari y Rurrenabaque. Hasta que llegó a La Paz, donde sintió eso que estaba buscando: “un lugar en Latinoamérica donde vivir unos años”.

Llegó a La Paz en 2018. “Era Carnaval, llegué solo pero comencé a conocer gente y me dije: Aquí podría vivir”, recuerda.

Pero Sebastián siguió su viaje. Fue a Paraguay y luego nuevamente a Argentina, hasta que, unos meses después, decidió volver a La Paz, seguramente ya convencido de que estaba donde quería. “Decidí vivir aquí, seguía en contacto con gente de acá”, dice.

Y se estableció en la ciudad. Comenzó a trabajar en el restaurante que luego compró con un socio. “Me gusta La Paz porque saliendo de la ciudad, encuentras muchas cosas. Por ejemplo, montañas donde puedes hacer tracking, están el Illimani, la Cordillera. También están cerca Coroico y Caranavi”, comenta.

$!El danés en La Paz, con las caseras del mercado San Antonio.

Y descubriendo esos lugares y sabores espectaculares de La Paz, muchas veces escondidos ante nuestros ojos, hace un año decidió iniciar su carrera de youtuber. Visita lugares naturales, mercados, calles comerciales, barrios, donde siempre se sorprende, como le pasó en el mercado San Antonio de Obrajes, en el que las caseras le dieron una razón más para quedarse en La Paz. Pero el danés Sebastián Pilgaart quiere seguir rodando por el mundo, sueña con volver a África y llegar a Asia y sus montañas. Sus planes son hacer todo eso realidad con su novia Michel, una paceña.

“La idea es que quien vea mis videos sienta que está a mi lado, viviendo la experiencia, sintiendo lo que se siente llegar a un lugar mientras viajas”.
“Compré un restaurante con un socio en La Paz, vendí mi parte y después invertí en bitcóin. Ahora estoy creciendo en YouTube, ya monetizando”.
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