En El Alto combaten la pobreza con los huertos domésticos orgánicos

La Fundación Comunidad y Axión ayudó a varias familias de esa ciudad a construir su propio huerto, que aporta hortalizas y otros alimentos que mejoran la dieta y los ingresos de los productores.

Gente & Lugares
AFP
Por 
La Paz - martes, 24 de enero de 2023 - 5:00

A unos 4.000 metros sobre el nivel del mar, en la populosa ciudad de El Alto, en los Andes de Bolivia, huertos ecológicos urbanos favorecen la seguridad alimentaria y el medioambiente y están empoderando a mujeres pobres.

En esta urbe de 1,1 millones de habitantes y fuerte migración aymara, cientos de mujeres cultivan hortalizas, frutas, plantas aromáticas y medicinales en los patios de sus casas. Todo es orgánico y para consumo familiar.

Dentro de un invernadero de apenas 3,5 por seis metros está Martha Ticollano, un ama de casa de 48 años, de pequeña estatura pero gigante a la hora de explicar lo que siembra y cosecha.

“Aquí tengo apio, acelga, huacataya (hierba aromática), repollo, beterraga, rábano. Aquí hay zapallitos, hay también pepino... hasta zanahoria”, cuenta con una sonrisa que le ilumina el rostro.

Ticollano, quien usa la falda típica de las mujeres aymaras y cubre su cabeza con un gorro de lana, arranca unas hojas de apio y acelga que utilizará para el almuerzo del mediodía para sus cinco hijos, mientras aprovecha para limpiar la hierba del lugar.

Bajo el potente sol que se posa sobre el altiplano andino, se emociona hasta las lágrimas al agradecer a la Fundación Comunidad y Axión, que le colaboró en la construcción de su huerto.

Esta Organización No Gubernamental (ONG), que promueve desde hace más de 15 años el desarrollo social de la ciudad de El Alto, asegura haber puesto en marcha unos 500 huertos ecológicos urbanos desde 2008, de los cuales 400 siguen en pleno funcionamiento.

Afirma que cada una produce, en promedio, 25 variedades de hortalizas, dos árboles frutales y 12 tipos de plantas ornamentales y medicinales. Y no sólo aportan nuevas áreas verdes a la ciudad, sino que activaron la biodiversidad con insectos y aves.

Vecina de Ticollano, Ana Muñoz también siembra, además de hortalizas y legumbres, diferentes hierbas medicinales.

Esta ama de casa de 68 años utiliza hojas de romero para lavarse la cabeza. “Me estaba quedando sin mucho cabello”, comenta sobre esta planta que tendría efectos contra la alopecia.

Para “el dolor de estómago, (utilizamos) manzanilla y cuando tenemos resfrío, hacemos (infusiones) de manzanilla y romero”, explica.

En el mismo barrio Mariscal Santa Cruz, Primitiva Limachi, de 47 años, logró incluso producir frutos propios de climas más templados o tropicales. “Tengo manzanas, higos, mora, frutilla, también tengo plátano y uva”, ennumera.

Independencia económica

El director de la Fundación Comunidad y Axión, Óscar Rea, una organización que canaliza la ayuda a las familias con fondos de ayuntamientos y municipios de España, declara que hasta la fecha los huertos familiares abarcan unos 10.000 metros cuadrados de superficie cultivada.

Señala que la condición de dar asistencia es que sean familias pobres y de al menos cinco integrantes, y destaca que los cultivos domésticos son “orgánicos”, pues no se usan fertilizantes químicos: las familias suelen utilizar como abono los residuos de café molido y cáscaras de huevo.

El proyecto en El Alto está dirigido al autoconsumo, a mejorar la calidad de la alimentación, enfatiza el director Rea.

Ticollano, Muñoz y Limachi coinciden en que sus hábitos variaron y ahora priorizan el consumo de lo que sale de sus huertos, en detrimento de la carne vacuna o de tubérculos, como la papa, el chuño y la oca, principalmente.

“Yo no conocía la ensalada”, cuenta Ticollano, quien antes comía “huevo con papa, con chuño” y carne, pero “ya no”.

Muñoz indica que consumir lo que produce es mejor que comer carne, porque además “está muy cara” en la ciudad de El Alto.

Por ejemplo, un kilo de carne vacuna cuesta 45 bolivianos, unos 6,4 dólares, en un país donde el salario mínimo es de unos 320 dólares, pero existe un alto porcentaje de economía informal, reportó AFP.

Rea resaltó otros beneficios de esta iniciativa. La huerta permitió “la unificación familiar”, porque todos se involucran en los cultivos, explica.

Además, muchas de las mujeres que dirigen estos huertos “sienten independencia económica” respecto de sus parejas, de quienes ya no dependen para la alimentación de su entorno.

Entre el 70 y 80% de los huertos ecológicos urbanos están a cargo del ama de casa, señala Rea, y son ellas quienes, al saber qué alimentos necesita el grupo familiar, deciden qué se debe sembrar y cosechar en el lugar.

“Aquí hay un empoderamiento de la mujer; la mujer se empodera, porque ya tiene la capacidad de sostenerse”, asegura Victoria Mamani, una de las pioneras del proyecto de huertos domésticos orgánicos que en la actualidad trabaja como integrante de la Fundación Comunidad y Axión.

Y agrega: “Ya son capaces de generar sus propios ingresos, porque, como se ve, la alimentación es lo primero para una madre”.

“En El Alto muchas familias tienen un patio donde juntos creamos una huerta ecológica urbana, que se convierte en un ecosistema familiar”, se lee en la página web de la fundación.

Comunidad y Axión

Institución La Fundación Comunidad y Axión nació en la ciudad de El Alto en 2006. “Trabajamos, preferentemente, con niños y niñas, jóvenes y mujeres empobrecidas que habitan en esta ciudad”, se lee en su web.

Labor La institución se preocupa por los efectos del cambio climático en las poblaciones más pobres, que son las más afectadas por este fenómeno. “Por eso trabajamos en la promoción de la seguridad alimentaria familiar y en el cuidado de la Madre Tierra. También realizamos investigaciones”.

Aporte “Estamos convencidos de que los seres humanos necesitamos vivir en comunidades tejidas con ternura y diálogo, construyendo el presente–futuro, cimentado en la justicia social y ecológica, para que todos vivamos bien”, detallan.

Dirección La fundación está en la zona Primero de Mayo, Plan 40, manzana U, número 4.

¿Por qué en la ciudad de El Alto?

Los habitantes de la ciudad de El Alto se ven afectados por el cambio climático, ya sea por el clima imprevisible, el sol fuerte y la inseguridad alimentaria, un conjunto de razones por las cuales la Comunidad Axión trabaja en esa urbe.

“Esta ciudad está habitada en gran parte por familias indígenas que han migrado para estar cerca de La Paz en busca de trabajo, pero han tenido dificultades para mantenerse. La búsqueda de trabajo es competitiva y muchas familias tienen dificultades para procurarse alimentos sanos y asequibles. Estos problemas se han visto agravados por la sequía y por el rápido crecimiento urbano y periurbano”, precisa la web institucional.

Es por eso que la fundación ayuda a las familias de El Alto para que tengan sus propios invernaderos, además llegan a las comunidades y aportan a los más vulnerables a crear una vida mejor para sus familias.


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