La pintora eslovena que se hizo camba y registra la protesta cruceña con pinceladas de convivencia

María Stih, conocida como Ejti Stih, llegó a Bolivia en los años 80, cuando la dictadura militar arreciaba. Nunca olvida a los militares con sus gafas oscuras jurando a Dios y tomando el poder; lo plasmó en su obra que la lleva por el mundo.

Gente & Lugares
Ivone Juárez
Por 
La Paz - lunes, 14 de noviembre de 2022 - 5:00

“Ekeko: ‘Déjenme tranquilo, por favor, ¿no sabían que hace rato me vine para acá...”, escribió Ejti Stih el 31 de octubre en el muro de su Facebook para presentar su pintura que registra el día ocho del paro cívico que realiza Santa Cruz en demanda de censo en 2023.

$!El 31 de octubre Ejti representó a Santa Cruz como el Ekeko.

El cuadro muestra al Ekeko con un sombrero de sao adornado con un cintillo verde y blanco, los colores de la bandera cruceña. El diocesillo de la abundancia andino está sobre el suelo, rodeado por gente que lo apunta con palos, en actitud amenazante.

“Lo que planteo es que el Ekeko, el dios de la abundancia, el que tiene todo; al que lo que le pides te da, se mudó a Santa Cruz, donde hay todo. La gente que viene acá dice que se puede trabajar, se puede vivir, prosperar”, explica a Página Siete la pintora, con ese acento camba con el que aprendió el español y esa risa animada que seguro también es influencia cruceña.

$!Cuadro del 1 de noviembre, la pintora registróasí la amenaza de cerco a Santa Cruz quecoincidió con la fiesta de Todos Santos.

Así, una vez más, la eslovena que se hizo camba registra con lienzos los acontecimientos políticos de Bolivia. Esta vez es la protesta cruceña y lo hace con pinceladas de convivencia.

“Muestro al Ekeko con el sombrero de sao y lo represento como Santa Cruz, porque esta región es un crisol de razas. Aquí hay gente de todo el mundo que convive. Conviven collas y cambas, entre la gente no hay roces; los roces están en otro lado. Aquí la gente convive tranquila. Quiero mostrar eso”, afirma Ejti Stih.

$!La pintora con sus innumerables obras.

Su verdadero nombre es María Stih. Ejti es su apodo, significa “oye tú”. Su mamá la llamaba así desde bebé, en Eslovenia, donde nació el 25 de noviembre de 1957.

Vive en Santa Cruz desde 1980. Tenía 20 años. Llegó como mochilera en busca de unos amigos bolivianos que conoció en Yugoslavia. “Daba una vuelta por EEUU, aún tenía alguito de plata y me vine a Bolivia a visitarlos. Llegué, me enamoré de Lucho, de su charango y de Bolivia, y aquí me tienes”, dice lanzando esa risa dicharachera.

Lucho es el charanguista Luis Fernández de Córdova, su esposo, con quien tuvo dos hijos: Martín, que tiene 32 años, e Inés, de 30.

$!Ejti Stih muestra sus obras

Ejti es de los nuevos cruceños que cuando llegó a Santa Cruz de la Sierra, esta era una ciudad pequeña, con el Trompillo como único aeropuerto. Una urbe que se acaba en el segundo anillo y donde la gente solía recibir la noche sentada en la acera de su casa, conversando. Entonces los edificios eran escasos. “Apenas dos”, recuerda Ejti, que vivía a media cuadra de la plaza 24 de Septiembre.

Desde ahí vio convertirse a la amable Santa Cruz en la metrópoli que es hoy, a la que ama porque le abrió las puertas y le permitió convertirse en una artista de renombre internacional, cuyas obras inspiradas por Bolivia recorren el mundo.

Esta es la conversación con la pintora que hizo su primer óleo a los cuatro años, en el taller de su madre, en Eslovenia. Es también escultora en cerámica y escenógrafa. Tuvo una tienda en el centro comercial Cañoto, donde diseñó trajes para las reinas del Carnaval cruceño.

$!Los impresionantes lienzos de la pintora.

¿Cómo llegó a Bolivia?

De mochilera. Vine a visitar a unos amigos bolivianos. Cuando llegué había un gobierno militar. Lucho, que es músico, tenía un movimiento cultural junto con otros amigos que se reunían en la Tapera Jenecherú. Tocaban en la Casa de la Cultura y como yo estoy condenada a la cultura (risas) lo conocí en ese círculo.

¿Qué referencias tenía del país?

Fui a pedir mi visa en San Francisco, EEUU, y recuerdo que había un afiche con una cholita que subía un cerro con dos llamas. Eso era todo lo que sabía de Bolivia, no tenía idea de adónde estaba yendo y no hablaba ni una pisca de español.

¡Cómo fueron sus primeros días?

Los amigos por los que vine tenían una agencia de publicidad, Publideas, me alojaron y yo me puse a pintar inmediatamente; como no hablaba español, pintando se pasaba el tiempo.

Ivo Kuljis, cónsul de Bolivia en Yugoslavia entonces, me invitó a hacer una exposición en la Casa de la Cultura, en la fecha patria de Yugoslavia. Así de rápido ingresé al mundo cultural de Santa Cruz. Los grandes artistas, como Tito Kuramotto, Herminio Pedraza, Marcelo Callaú y Lorgio Vaca, me invitaron a trabajar con ellos en el taller de artes visuales.

No me fue difícil sentirme contenta en Santa Cruz, sentirme incluida.

$!Cuadro pintado el 13 de noviembre, un día antes del último cabildo cruceño.

¿Vio crecer a Santa Cruz?

Lo que pasó en los últimos 30 años es un fenómeno, ¡cómo esa ciudad pequeña, tranquila, se convirtió en una tremenda urbe con rascacielos! Es increíble. Cuando voy a Eslovenia, veo que en 40 años no cambió nada y Santa Cruz está irreconocible.

¿La gente cambió?

La gente siempre fue sumamente amable, con un gran sentido del humor. No reniega mucho, le cuesta ver lo malo a las cosas. Por ejemplo, ahora tenemos 18 días de paro (al día de la entrevista) y la gente sigue de buen humor.

Tuve la suerte de que el destino me trajera aquí, a Bolivia. Yo le debo a Bolivia mi carrera artística. Estudié en Eslovenia, pero como artista encontré en Bolivia mi estilo, mi manera de contar las cosas. Encontré a Lucho, encontré mi felicidad personal. A este país le debo todo.

¿Cómo influyó Bolivia en su arte?

Cuando estudié en Yugoslavia estaba de moda el expresionismo abstracto, que no tenía ningún mensaje ni contenido literario, por decirlo así; y a mí me gustaba la figura, los dibujos animados, todo lo que tuviera que ver con seres humanos y sus características.

Cuando llegué a Santa Cruz y conocí a Raúl Lara y otros pintores que tenían un estilo particular, figurativo, espectacular, dije: Claro, esto es también lo que se puede hacer. Era otro mundo Latinoamérica, con Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, que en esos años estaban muy en boga. Entonces yo dije: Se puede contar historias en los cuadros. Y eso hago hasta ahora. Encontré la justificación para comentar el mundo con mi pintura.

$!Cuadro pintado el 2 de noviembre sobre el paro cívico cruceño.

¿Bolivia la inspira?

Soy una enamorada de Bolivia y me inspira lo que la rodea. Lo que pasó en estos 40 años en su vida social y política de alguna manera lo documenté. Me interesa, me duele mucho y me mueve lo que pasa alrededor mío. Como todos los días pasa algo, las musas pasan volando (risas).

¿Cuándo comenzó ese registro?

Desde que fui a la plaza 24 de Septiembre y vi a la gente sentada en las bancas; cuando vi a los militares con esas gafas oscuras, aparecían en la tele jurando ante un crucifico. Todas esa cosas eran totalmente nuevas para mí, yo venía de un mundo distinto.

Pero también registré la elección de misses, la ida al cementerio en Todos Santos. Al inicio, claro, como turista, hice una serie mostrando lo originario, gente de Tarabuco, a los chipayas. Pero luego, cuando uno compenetra con una sociedad, cuando siente que la gente lo acepta, lo incluye, siente que entiende mejor un país y trabaja con más derecho, con más opinión... eso me pasó.

¿Cuál considera su mejor obra?

Es difícil decir eso. Las cosas siempre pasan en capítulos, una tras otra, pero, definitivamente, para mí, que era una recién llegada, la mejor fue el registro del fin de los gobiernos militares, en octubre de 1985, cuando regresó la democracia. Había un viento, un espíritu que no se puede comparar con nada.

¿De qué mundo vino?

De un mundo de cultura. Mi padre era escritor, gerente de varios teatros, de la compañía estatal de cine de Eslovenia. Mi mamá pintora, hacía ilustraciones, trajes de teatro y escenografía. Vine de un país, entonces Yugoslavia, donde vivían muchas naciones, distintas, y había un solo partido, el Partido Comunista. Mis padres me enseñaron que a uno le tiene que importar el mundo y decir lo que piensa.

¿Alguna vez fue censurada?

Sí, pero prefiero no comentarlo.

Está muy activa en estos días. Casi a diario hace una pintura

Sí, es que estamos aquí hace días, sentados, algo tengo que hacer (risas). Lo que pasa es que en este último paro se siente un ambiente social muy especial, porque la protesta en Santa Cruz es pacífica, es de vecinos que en la nochecita salen, comparten, discuten y hasta bailan. Es una protesta sui generis que me parece un fenómeno social que vale la pena ponerlo en la pintura. Nunca vi algo parecido.

$!Cuadro del 4 de noviembre, Ejti mostró el ambiente de las vigilias.

¿Cuántos cuadros ya pintó?

Son muchísimo, no llevo la cuenta, la política siempre fue mi tema principal (risas).

¿La política boliviana es su ninfa?

Sí, y es muy dinámica (risas).

¿Acata el paro en Santa Cruz?

Claro, soy una camba más, en realidad una boliviana más.

No sólo pinta, ¿cómo acogió Bolivia sus otras facetas artísticas?

Con mucho cariño. Hice una exposición en el Museo Nacional de Arte sobre mi trabajo como costumography, con trajes y bocetos incluidos porque era algo novedoso. Hice escenografías en Eslovenia, donde gané el premio más importante. Vine a Bolivia con esa experiencia.

En otra oportunidad, con la Camerata del Oriente, pinté cinco noches en vivo. Mientras la Camerata tocaba, yo pintaba en 25 minutos un cuadro que medía más de cuatro metros. Vengo de una familia de intelectuales y me parece que las artes tienen que convivir entre ellas. Los artistas deberíamos comunicarnos mejor y trabajar más juntos.

Tengo un libro editado por Plural Editores, en el que 15 escritores bolivianos escribieron cuentos inspirados en mis cuadros. El libro también se publicó en Europa con otros 15 escritores. Tuvo mucho éxito.

$!El 10 de noviembre, Ejti Stih presentó este cuadro en su muro de Facebook.

¿Cuáles son sus planes para después del paro?

Soy la directora voluntaria del Espacio de Arte Manzana 1. Hace siete años, junto a Juan Bustillos y Valia Carvalho, fundamos la galería de arte.

Del 23 al 27 de noviembre tendremos el Foto Festival, un encuentro de siete fotógrafos, todos world press photo, y de tres editores de las revistas de fotografía National Geographic, Leica de Alemania, GEo de Francia.

El 14 de diciembre tengo una exposición de mis obras en Brasil. En 2023, por ahora, tengo exposiciones en Alemania, Holanda y Croacia. Tengo cuadros de conflictos en Bolivia que aún no mostré, los llevaré.

¿Qué le desea a su patria por decisión?

Que podamos vivir en paz, en prosperidad y tranquilidad, lo que deseamos todos, y que podamos tener libertad de expresión y podamos diferir en opiniones.

“Crecí en un mundo de intelectuales, donde se me enseñó que a uno le tiene que importar el mundo y que debe decir lo que piensa”.

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