La quinua boliviana, del “sueño a una pesadilla”

De la época dorada que vivió la quinua boliviana hace unos años, se ha pasado a cifras rojas; “hay un cambio dramático que supone una transición de un sueño a una pesadilla”, dice el gerente del IBCE.

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La Paz - sábado, 25 de junio de 2022 - 5:00

La quinua es uno de los alimentos ancestrales más completos y ha sido considerado como un aliado importante en la reducción del hambre y la desnutrición en el mundo, pero los más de 70.000 productores bolivianos del grano han pasado del auge en el negocio a una caída vertiginosa al ver el desplome de los precios y de las exportaciones que otrora lideraba Bolivia.

La causa de esas reducciones está en el aumento de la oferta mundial del grano, rico en proteínas, aminoácidos, vitaminas y minerales, en países que antes no lo cultivaban, pero que comenzaron a hacerlo por las recomendaciones internacionales sobre sus propiedades nutritivas y dietéticas y su adaptación a diversas condiciones geográficas y ambientales.

El alimento es originario de las riberas del lago Titicaca, compartido por Bolivia y Perú, donde la pareja de agricultores aymaras Ismael Cruz y Margarita Zarate cultiva la quinua blanca en la localidad de Ñacoca y la procesan para consumo propio como hacían sus ancestros de forma artesanal elaborando platillos que apoyan su dieta en medio de carencias económicas.

“La quinua es más alimento para nuestro cuerpo, para que sea fuerte y no nos agarren las enfermedades”, sostiene Cruz, mientras que su esposa añade que sus platillos favoritos son el p’esque (guiso), la phisara (preparada con queso) y la quispiña (galletas) por los beneficios del calcio, además de la combinación de quinua con diferentes frutas para preparar jugos.

La pareja apenas tiene cuatro hectáreas de diferentes cultivos, pero sueña con tener más tierras, motocultores, semillas certificadas y obtener apoyo gubernamental para acceder a los mercados internacionales, pues de momento sus eventuales excedentes de quinua son vendidos a comerciantes del vecino Perú a precios muy bajos, equivalentes a unos 6 o 7 dólares por arroba.

“La mejor quinua del mundo”

Los que sí han dado un salto son los agricultores del altiplano sur boliviano, que incluye la región entre los grandes salares de Coipasa y Uyuni, donde se produce la quinua real orgánica o ecológica, que se diferencia por sus granos grandes y de colores y es procesada en la planta industrial de la Asociación Nacional de Productores de Quinua (Anapqui), que visitó France 24 en el municipio de Challapata, en la región de Oruro.

“Para nosotros es la mejor quinua del mundo porque se produce en una zona altamente natural, que está bendecida por los salares, producida a una altitud superior a los 3.600 metros sobre el nivel del mar”, afirma Eduardo Paye, subgerente del programa de quinua natural de Anapqui, una asociación de familias campesinas que exporta a Europa, Estados Unidos, Canadá y China.

Sin embargo, según reconoce el entrevistado, los compradores finales consumen genéricamente el alimento y no reconocen la marca de la quinua real orgánica que demanda esfuerzos y costos adicionales a los campesinos bolivianos para ofrecer un producto con la menor mecanización posible, “con cero pesticidas, cero agroquímicos”.

La quinua real orgánica “es altamente nutritiva y ecológicamente producida”, pero el precio es igual al de la producción de otros países y “eso nos perjudica”, agrega Paye.

“Hay un cambio dramático”

Bolivia cedió hace años el primer lugar de las exportaciones de quinua a Perú y aunque ambos países andinos todavía son los mayores exportadores del grano, actualmente alrededor de 120 naciones han logrado desarrollar de forma experimental y comercial plantaciones en varias regiones del mundo, según datos de Anapqui y de la Fundación Tierra, de Bolivia.

De la época dorada que vivió la quinua boliviana hace unos años, ahora se ha pasado a las cifras rojas, según muestran los datos del privado Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), cuyo gerente, Gary Rodríguez, resumió: “Es doloroso decirlo, pero hay un cambio dramático” que supone una transición “de un sueño a una pesadilla”.

El año pasado, las exportaciones sumaron 61,7 millones de dólares, lo que muestra una caída de 134 millones de dólares frente a los 196,6 millones reportados en el 2014, que fue el mejor año después de que Naciones Unidas declarara el 2013 como el Año Internacional de la Quinua, a propósito de una campaña promovida precisamente por Bolivia.

Los menores ingresos son el resultado de la caída en el precio del grano que se ha situado este año en 2.072 dólares por tonelada métrica, una suma similar a la de hace 15 años y que representa menos de un tercio de los 6.602 dólares que se pagaban en 2014.

La baja de precios también parece haber desincentivado el cultivo del grano en Bolivia: entre el 2020 y el 2021, la producción se redujo casi a la mitad, al pasar de 70.170 a 38.800 toneladas, según cifras del IBCE.

En las cifras globales de exportaciones bolivianas, el valor de la quinua representa un porcentaje de menos del 1 % y en la de productos no tradicionales –excluyendo la industria extractiva–, un 2% y, aunque parece no incidir en la economía nacional, más de 70.000 productores están sufriendo por la baja de precios.

Lo llamativo es que, según apunta Gary Rodríguez, los agricultores peruanos han aumentado su producción y el valor de sus exportaciones de quinua dulce, debido a que tendrían menos costos de producción que la quinua real orgánica boliviana a la que le hacen falta mercados especiales.

Para ayudar a los quinueros, el ministro de Desarrollo Rural, Remmy Gonzáles, anunció hace poco que en ocho meses se ampliará el mercado estadounidense para productos de quinua con valor agregado y que se creará un sistema de certificaciones y denominación de origen para la quinua real orgánica con el fin de obtener un mejor precio por un producto de más calidad.

Según el ministro, el mercado mundial de la quinua es igual a 13.000 millones de dólares y los productores bolivianos pueden mejorar su economía accediendo a los mismos si cumplen con los estándares internacionales y las certificaciones que respaldan la calidad de la quinua real.

“Puede haber cien países que estén ofreciendo la quinua, igual no vamos a alcanzar a la demanda internacional. Ahora hay que trabajar en eso para que tengamos un valor adicional por ser país de origen”, sostuvo Gonzáles.

Los dirigentes quinueros ven con expectativa la ayuda del Gobierno para hacer efectiva la denominación de origen para varias comunidades, un tema que lleva discutiéndose hace casi dos décadas. Esa “herramienta comercial” permitiría tener mejores precios como incentivo para que las nuevas generaciones no dejen sus tierras y migren, algo que ya se vive en Bolivia.

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