Los hijos de recolectores apuestan por la universidad y la microempresa

Tienen entre 19 y 25 años. Crecieron entre botellas de plástico y cartones. Aprendieron la venta de residuos de sus padres y ayudan en el trabajo, pero no quieren seguir la cadena de vulnerabilidad.

Gente & Lugares
jueves, 26 de mayo de 2022 - 5:00

Palmira Cadima creció viendo reciclar a su madre. Por entonces, hace más de 30 años, doña Celia Arriarán recorría una Santa Cruz de la Sierra de calles de arena y pocos vehículos. Con una bolsa a cuestas, caminaba durante horas, lo mismo bajo un sol tremendo que un frío penetrante y húmedo, en invierno. Buscaba huesos de res para venderlos a productores de pollos que los molían y convertían en alimento.

En ese momento, la década de los 80, el mundo no hablaba de reciclaje como una necesidad urgente. No veía que reutilizar residuos para convertirlos en materia prima o nuevos productos era un aporte de personas como Celia que, con su esfuerzo, le daban un respiro al planeta.

Palmira (de 37 años) lo veía como un trabajo que generaba ingresos para su familia. El medio con el que, además, ella y sus tres hermanos podían asistir al colegio. En su caso dejó de estudiar un año antes de salir bachiller.

Hoy, 19 años después, todavía tiene ilusión de ser psicóloga. Pero su meta es lograr que María José Osinaga, su primogénita, sea administradora y se haga cargo de una empresa de reciclaje.

María José tiene la misma visión. Este año entró becada a una universidad privada, por lo que sus padres deben pagar cada mes Bs 530. Al ver el entusiasmo de la joven, también abrieron una tienda donde ella compra residuos reciclables para venderlos a firmas que reutilizan botellas de gaseosa PET, plásticos, caré (material para hacer sillas de plástico) cartones y chatarra, entre otros.

Como casi todos los hijos de recicladores en Santa Cruz, la joven ayuda también en la clasificación, lavado y limpieza final de lo recolectado. Sabe que con buena administración y esfuerzo, es posible lograr sueños, como ese que un día tuvieron sus padres, de comprar una casa y una camioneta.

Negocio circular

En la capital cruceña hay 36 asociaciones de recolectores de residuos divididas en tres redes que cuentan con personería jurídica: Red de Recolectores, Bolivia Unida y Arecicruz. Se estima que unas 2.000 personas se dedican a este oficio a tiempo completo, aunque serían muchas más después de la pandemia, como el caso de Adán Justiniano (de 67 años), un fotógrafo de acontecimientos sociales que quedó sin trabajo tras la llegada de la pandemia

Tienen la ciudad dividida por distritos; así, cada miembro cumple un horario y un recorrido fijo. Portan credenciales y respetan sus espacios. Esta forma de organización se empezó a gestar hace 20 años, cuando el desaparecido Programa de Alivio a la Pobreza impulsó la unión de los recicladores para fortalecer sus negocios. Antes trabajaban solos y los compradores o intermediarios los engañaban en el peso y el precio. La discriminación y los malos tratos son sus quejas más frecuentes.

La Fundación Amigarse -oenegé que trabaja con la Red de Recolectores, el grupo más vulnerable- se apresta a publicar una investigación sobre la red que apoya en Santa Cruz de la Sierra. La Región tuvo acceso a algunos datos, como que el 24% tiene entre 19 y 30 años. El 27%, entre 20 y 50, y el restante, supera los 50 años. De esa cifra, 65.5% son mujeres. Además, el 62% son migrantes de todo el país, excepto Pando. El 53% cursó la primaria y el 45%, secundaria, aunque no todos concluyeron esos ciclos. Ellas aspiran a estudiar costura (19%), repostería (17%), gastronomía (15%) y el restante se decanta por la belleza, computación y cotillón, entre otros oficios.

Hay un detalle interesante: todos se ocupan de que sus hijos vayan al colegio y trabajan con miras a que se conviertan en profesionales o estudien alguna carrera técnica.

“Yo solo tuve la oportunidad de estudiar hasta tercero básico. Me criaban mis abuelos y cuando murieron, tenía 13 años. Mi tía me trajo a Santa Cruz a trabajar, cuidando niños”, recuerda Mary Franco (53 años), quien nació en el municipio de Buena Vista.

Su anhelo era que sus tres hijos hicieran lo que ella no pudo. Hasta hace unos años, pagaba los Bs 800 que demandaba una universidad privada al mayor, Moisés. Al cabo de dos años, el joven dejó la carrera.

Ahora la esperanza de Mary está puesta en Nohemí (19), quien cursaba contaduría en un instituto, pero el próximo año quiere apostar por la enfermería. Mientras, tanto ella como su cuñada, Paola, la pareja de Moisés, ayudan a trabajar en el centro de acopio que la familia alquila.

“Como mamá, una quiere que sus hijos se superen. Yo le digo a mi hija, que le agarró la pereza, que ella siga, que es por su bien”, dice Mary, quien continúa colectando cartones, plásticos, botellas pet en alrededores del Parque Urbano, de 5:00 a 12:00, como lo hacía desde hace 12 años cuando llegó “y todo esto era monte”.

Las cifras de un trabajo silencioso

Nohemí y Paola viven en casa de Mary y su marido, un terreno alquilado con unos pocos cuartos de material; un corredor amplio donde van acumulando los costales, y donde en una malla de alambres, cuelgan objetos extraños como el laque de un policía, un casco militar.

Así son las viviendas de los recicladores, quienes actualmente no tienen un centro de acopio público, lo cual muchas veces los obliga a vender en el día y perder dinero. Y es que el negocio es rentable cuando se reúnen cantidades superiores a la media tonelada, y eso solo es posible cuando se juntan varios para hacer acciones conjuntas como alquilar galpones en lugares alejados, de manera que los vecinos no se molesten. Para eso, un reciclador debe recorrer las calles a pie todos los días, con un triciclo adaptado a manera de carretilla o con bolsas cargadas a la espalda. Hay quienes tienen motocargas o triciclos eléctricos, pero son los menos.

Ni Nohemí ni Paola ven esto como algo que quisieran para sus vidas. La primera quiere ser enfermera. Paola no obtuvo los documentos para obtener el título de bachiller, “pero quisiera estudiar Gastronomía”.

Aportar desde otras perspectivas

Las nuevas generaciones de la Red de Recolectores tienen entre 19 y 25 años.

Muchos crecieron entre cartones y plásticos, y su primer juguete fue algún residuo rescatado de los desechos. Ya hay tres profesionales, una de las cuales es una contadora que continúa en el negocio. Otros, como Andrés Zegarra (25) se han propuesto estudiar dos carreras y colaborar con la formación de otros hijos de recicladores.

Desde hace un mes este universitario decidió aplicar sus conocimientos en Ciencias de la Educación para brindar apoyo escolar a niños menores de 13 años. Está a punto de egresar de la Universidad Gabriel René Moreno, y ya cursa el primer año de Derecho.

En este proceso descubrió que quiere tener un centro donde los compañeros de sus padres puedan llevar a sus hijos para recibir orientación. La otra opción, cuenta, es llevar la capacitación a las calles, por lo que está por lanzar un programa para ir a los lugares donde los recicladores se reúnen.

Un martes de frío en Santa Cruz, seis pequeños llegan embutidos en chamarras y gorros de lana, con sus cuadernos a cuestas. Andrés los recibe y los pasa a una mesa larga, donde la mamá de uno de ellos se sienta para mirar cómo su pequeño aprende. El método que aplica el futuro educador ha resultado muy atractivo y sus alumnos se desesperan por llegar a sus clases.

Su papá, Damián, es reciclador desde hace 12 años. No terminó la secundaria, pero otra de sus hijas cursa Comunicación y la tercera está aún en el colegio. El hecho de recibir apoyo es vital para los jóvenes. Ellos conocen las historias de sus padres, los ven recorrer calles con sus carritos o sus bolsas y aunque no todos sufrieron bullyng, otros sí tuvieron que escuchar frases como: “he visto a tu mamá hurgando la basura”.

Nohemí, Paola, María José, Andrés, Mariana ven su futuro desde otra óptica. Aspiran a tener un empleo o a ser sus propios jefes en una microempresa. Hay quienes quieren aportar desde el conocimiento y los que esperan un día volver a las aulas. Ayudar a cambiar sus destinos puede ser tan sencillo como separar los residuos que se generan en casa.

Esta investigación fue realizada por laregion.bo en el marco del Fondo Concursable Spotlight XII de Apoyo a la Investigación Periodística en los Medios de Comunicación, que impulsa la Fundación Para el Periodismo.

Cifras de reciclaje

Agrupaciones • En Santa Cruz de la Sierra hay 36 asociaciones de recolectores de residuos.

Trabajo • Al menos 2.000 personas se dedican a este oficio a tiempo completo en la capital cruceña, según datos de la Fundación Amigarse .

Porcentajes • El 24% de los recolectores tiene entre 19 y 30 años. El 27%, entre 20 y 50, y el restante, supera los 50 años

Estudios • El 53% cursó la primaria y el 45%, secundaria, aunque no todos concluyeron esos ciclos.

Origen • Según datos de Amigarse, el 62% de los recolectores en la ciudad de Santa Cruz son migrantes de todo el país, excepto Pando.

Cantidades • En el país se colectan 2,6 millones de residuos. Aproximadamente 7.002 toneladas por día.

Desperdicio• El 77 por ciento es reciclable, pero solo el 5 por ciento se aprovecha.

7
horas
diarias colectando material de reciclaje tienen los recicladores.
“Me criaban mis abuelos y cuando murieron, tenía 13 años. Mi tía me trajo a Santa Cruz a trabajar, cuidando niños”.
Recicladora, Mary Franco
“Como mamá, una quiere que sus hijos se superen. Yo le digo a mi hija, que le agarró la pereza, que ella siga, que es por su bien”.
Recicladora, Mary Franco
3
Redes
reúnen a los recicladores de Santa Cruz de la Sierra.
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