Luna Sharlotte, la mamá de las trans

Es transexual, estudia Derecho, no deja atrás sus sueños de estilismo y pasa la mayor parte del tiempo ayudando a otras mujeres que nacieron hombres. Junio es el mes de las diversidades sexuales.

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La Paz - domingo, 12 de junio de 2022 - 5:00

Era una noche clara y la recuerda casi a la perfección. Vistió como siempre quería vestir para asistir a la discoteca, el espejo le ofreció la imagen de una chica linda y coqueta. Se quiso así. Salió de casa y comenzó a caminar en busca de su destino. Sintió la caricia de las miradas sobre su cuerpo y en medio de la música escuchó una frase que le marcó de por vida: “Eres la luna que ilumina la noche”. Ahí, en ese lugar, decidió ser para siempre Luna y no Sol; transformarse en mujer y dejar de ser hombre.

Esa noche el nombre la eligió. No pasó lo mismo con Sharlotte, pues se colocó el nombre en honor a dos actrices que tenían su carácter: la primera era una intelectual española y la segunda una ocurrente argentina.

En su adolescencia luchaba por hacerse reconocer como mujer, pero esa noche decidió que iba a seguir un camino sin retorno.

Aquella velada de luna llena casi fue una excepción, quizá por eso la recuerda mágica. “La vida es dura con nosotras. Desde que empiezas a identificarte como mujer trans tienes que saber defenderte”, explica Luna.

Mundo ajeno sueño propio

Se presenta: “Nací en La Paz en 1989, ya tengo alrededor de 28 años. Soy estudiante de Derecho, en cuarto año, de la Universidad Pública de El Alto. Tengo también estudios en ramas técnicas, soy estilista y secretaria ejecutiva del Instituto Berlín”.

En la sesión para Página Siete luce así: morena, cabello amarrado en una coleta, lleva lentes y unos aros redondos grandes, tiene la blusa color mostaza y escotada que le marca una V en el cuerpo, luce generosos senos. El jean negro que usa es apreto y lleva unos tacos afilados.

En su carta de presentación también debería decir que es exigente, sobre todo consigo misma. “En la universidad he tenido problemas con algunas personas que me dijeron maricón o travesti. Siempre he sido una persona muy estudiosa, en colegio era abanderado, en la universidad siempre he intentado marcar la diferencia y que vean que mi identidad trans no me limita. Fui representante de mi curso y veían en mí a una persona estudiosa, inteligente y fuerte. No dejaba que me insulten”. Ella no levantó una pared con las piedras que le lanzaron, sino que aprendió a defenderse.

“Toda la población trans tiene que ser fuerte para enfrentarse a esta sociedad; muchas no lo son y por eso llegan al suicidio. Las que quedamos hacemos frente a las injusticias y queremos ser felices como queremos y no como la gente quiere que seamos felices”, cuenta la alteña que decidió cambiar su identidad cuando tenía 19 años.

Pero no todo es rosa o azul. A veces sufría el rechazo de personas por quienes ella se interesaba. Recuerda: “He conocido a chicos que se estaban enamorando de mí, pero cuando les he dicho que era una chica trans eso les ha hecho cambiar la figura. Como que yo no podía ser lo que ellos querían y me decían que a ellos no les gustaban los hombres”, sonríe con ironía.

Frágil promedio

La Casa Trans está en San Pedro, es parte central en la vida de Luna. Cuenta que hay cuatro similares en el país: en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Trinidad. Allí se brinda atención psicológica y jurídica. “En La Paz pude lograr que además exista orientación en trabajo social, porque creo que es importante que una trabajadora social vea nuestras necesidades. También logré que se sume una médica endocrinóloga para ayudar en la transición a la población trans”.

Luna explica que las poblaciones trans tienen un promedio de vida que va de los 35 a los 40 años. Añade que muchas son personas que dañan sus riñones e hígados por la automedicación.

Hay quienes se operan el busto y su ideal, desde el punto de vista biológico, es llegar a la reasignación de sexo. Este proceso implica dinero y un correcto seguimiento clínico.

Hay algo peor que un mal tratamiento médico. “Es muy compleja toda esta realidad. En este sistema tan machista hay hombres que matan a mujeres biológicas imagínate lo que les pasa a las trans... ese odio es el triple”.

Casos se han visto. La Organización de Travestis, Transexuales y Transgénero de Bolivia (OTRAF) reportó el asesinato de Dayana Kenia, torturada y degollada por su pareja; a Litzy la asesinaron en una discoteca, un grupo de hombres la golpeó y la apuñaló con un destornillador; otra mujer de 19 años que ejercía el trabajo sexual fue ahorcada con el cordón de una plancha.

Más del 90 por ciento de la población trans en Bolivia se dedica al trabajo sexual, cuenta Luna, quien también lidera OTRAF. Menciona las razones para tomar esta decisión: “No hay otras oportunidades de trabajo, el Estado no genera oportunidades de trabajo. Una va a un lugar, digamos que quiere ser cajera y tiene conocimientos de contabilidad, pero la ven trans y los dueños la rechazan porque creen que vas a espantar a los clientes. Empujan a nuestra población trans a ejercer el trabajo sexual por un tema de subsistencia”.

El rechazo empieza en el hogar, no suelen tener el apoyo de la familia y a muchos los botan. De ahí al trabajo sexual hay un paso.

Luna cuenta que sí tuvo el respalo de su familia y dice que lo demás no es importante.

Ella se casó en diciembre de 2016 y lleva una vida de pareja estable. Valora que su esposo sea comprensivo, porque él también tuvo que lidiar con las críticas por unir su vida con ella.

Luego de su boda, las normas fueron revisadas y se prohibió que otras mujeres como ella sigan sus pasos. “Cuando dicen que todos tenemos los mismos derechos, yo no creo”, ironiza.

Mamá trans

Durante la época dura del coronavirus Luna vivió su propia crisis. “En la pandemia he trabajado demasiado, recuerdo que pedía auxilio internacional y nacional para las mujeres trans. Quería que por lo menos se les pueda llevar alimentos a las compañeras. He logrado ayuda, pero yo tenía que ir a repartir esa ayuda a las chicas hasta las puertas de sus departamentos. Fue cuando me enfermé de Covid y estuve una semana mal, pude haber muerto”, relata.

Cuando tocaba las puertas de los hogares que visitaba sus compañeras la recibían como a la mamá que les hacía falta. Quizá por eso comenzaron a decirle “mamá” y hasta ahora en la Casa Trans la tratan así, con una mezcla de cariño y respeto.

Hoy Luna lidera la Casa Trans y asume con la fuerza de un roble su cargo... pero de vez en cuando se quiebra. Como hace tres semanas que empezó a llorar y no paró hasta que botó todo en lágrimas, toda la rabía y la impotencia que tenía dentro. “Nadie me vio, me encerré sola porque no me gusta que me vean frágil”, cuenta la mujer que un día dejó de ser Sol para transformarse en Luna.

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