Mehran Karimi Nasseri, el iraní que vivió 18 años en un aeropuerto

Fue despojado de su nacionalidad y expulsado de su país, anduvo por Europa hasta que Bélgica le dio asilo político. Perdió sus papeles y estuvo en Francia, de donde quería ir al Reino Unido. Ahí quedó varado.

Gente & Lugares
Redacción Diario Página Siete
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La Paz - martes, 15 de noviembre de 2022 - 5:00

En la ciencia ficción, Viktor Navorski quedó varado en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, de Nueva York; pero en la vida real Mehran Karimi Nasseri quedó varado en el Charles de Gaulle. En el cine Navorski quedó inmortalizado por Tom Hanks en la película La Terminal; en la vida real, Karimi Nasseri murió el sábado.

El iraní Nasseri sostenía que era británico, por una supuesta madre escocesa que nadie nunca encontró, Nasseri se autodenominó “Alfred” e insistía en que todos le llamaran “Sir”.

El hombre sin patria

El peregrinaje que llevó a Alfred al aeropuerto de París comenzó en 1972, cuando tras la muerte de su padre médico su familia le dio la noticia de que era hijo ilegítimo. Su verdadera madre era, de hecho, escocesa, o al menos así lo sostenía, pese a que su apariencia indicara lo contrario, narra Infobae.

Su familia lo rechazó y Alfred se fue de casa para estudiar economía yugoslava en Inglaterra. Regresó a Irán en 1974 y se vio envuelto en manifestaciones en contra del Shah. Arrestado y torturado por el Savak, el Ministerio de Seguridad iraní, fue despojado de su nacionalidad y expulsado del país.

Los siguientes años estuvo vagando por Europa en busca de asilo político, hasta que en 1981 Bélgica le concedió el estatus de refugiado y le otorgó documentos de identidad. Ese, que debió haber sido su final feliz, resultó ser apenas el comienzo de su historia de película.

Poco después de eso, a Alfred le robaron sus documentos, o, de acuerdo con otra de las versiones sobre él, se los devolvió a las autoridades “en un momento de locura”. El caso fue que de Bélgica viajó a Francia, donde pasó los siguientes años entrando y saliendo de la cárcel por cargos de inmigración ilegal.

En 1988, Alfred intentó regresar a Reino Unido, pero al llegar al Aeropuerto Charles de Gaulle de París le fue imposible salir de Francia porque no tenía papeles. Como tampoco se podía quedar porque no tenía papeles, las autoridades le dijeron que esperara en la sala del aeropuerto mientras solucionaban la paradoja. Eso hizo, durante años y años.

Alfred se instaló en la terminal e hizo de ésta su hogar. Desde sus confines circulares, él y su abogado Christian Bourget, un reputado experto en Derechos Humanos parisino, lucharon para definir su estatus y enviarlo a Londres. Du-rante más de 10 años libraron una durísima batalla legal que tuvo varios importantes hitos, narra Infobae.

En 1992, un tribunal francés finalmente dictaminó que Nasseri había ingresado legalmente al aeropuerto como refugiado y no podía ser expulsado de él. Pero el tribunal no pudo obligar al gobierno francés a permitirle salir del aeropuerto a suelo nacional.

Bourget y Alfred se concentraron luego en Bélgica, donde esperaban recuperar los documentos de refugiado originales de Nasseri. Pero los funcionarios de refugiados belgas se negaron a enviárselos por correo a Francia, argumentando que Alfred debía presentarse en persona para estar seguros de que era el mismo hombre al que le habían concedido asilo político años antes.

En ese momento, el gobierno belga puso otra traba: negarse a permitir la entrada de Alfred, pues según la ley belga, alguien al que se le haya concedido el estatus de refugiado y que abandonó voluntariamente el país no puede regresar.

En 1995 Alfred tuvo otro chance de “final feliz”, pues el gobierno belga cambió su postura y dijo que le regresaría los documentos de refugiado con la condición de que volviera a vivir en Bélgica.

Pudo haber sido la salida, para entonces llevaba casi una década viviendo en el aeropuerto. Pero Alfred tenía como propósito entrar a Reino Unido, y no estaba dispuesto a dejar la patria que había construido para sí mismo en la Terminal 1 por nada menos.

El digno Sir Alfred

Alfred nunca lució como un refugiado. Su ropa siempre limpia, su bigote bien recortado, su única chaqueta cubierta con una envoltura de plástico, se mantenía colgada de un carrito del aeropuerto, y sus pertenencias estaban cuidadosamente empacadas en una maleta y una pila de cajas de Lufthansa.

La gente le compraba comida, le daba dinero y escuchaba con simpatía su relato. A medida que su historia comenzó a llegar a la prensa, Alfred se transformó en una especie de celebridad surrealista, no solo entre los trabajadores del aeropuerto, sino entre los turistas que incluían una visita a su pequeña patria independiente en la Terminal 1 como parte inicial o final de su viaje a París.

Fue gracias a la prensa que consiguió otra forma de subsistencia. Pues como despertaba tanta curiosidad, le solía cobrar una pequeña propina a los periodistas y directores de cine que buscaban desesperadamente contar su historia, y entre otras cosas, ser quienes lo convencieran de dejar de habitar el aeropuerto, viéndolo como un preso que terminó por amar sus cadenas. Pero Alfred nunca se vio así.

El director Paul Berczeller acompañó un año a Sir Alfred y documentando su vida en el aeropuerto para la película Here to Where, que se estrenó en 2001.

“El banco rojo de Alfred era el único ancla en su vida. Era su cama, sala de estar y sede corporativa. En realidad, eran dos bancos pegados, de unos dos metros y medio de largo en total y suavemente curvados, lo suficientemente anchos como para dormir si mantenía las manos metidas debajo de la almohada...”, narró Berczeller.

Acotó que siempre comía un croissant de huevo y tocino de MacDonald’s para el desayuno y un sándwich de pescado de McDonald’s para la cena.

Pero ni Berczeller ni nadie logró convencerlo de dejar el aeropuerto, aún después de que en 1999 por fin el gobierno de Francia le dio una visa temporal que le permitía no solo salir del aeropuerto, sino irse a donde quisiera.

Luego vino el éxito de La Terminal, cinta inspirada en el iraní. Pasó un tiempo en un albergue con el dinero que había recibido de la película.

Nasseri regresó al aeropuerto, su hogar, hace sólo unas semanas, donde vivió hasta su muerte, a los 77 años, dijo un empleado del aeropuerto, informó BBC Mundo.

77
años
tenía el ciudadano iraní que vivió en el aeropuerto francés Charles de Gaulle.

La exitosa historia de Tom Hanks

La película La Terminal, estrenada en 2004 narra la vida de Viktor Navorski (Tom Hanks), quien viajó a Nueva York desde Krakozhia (país ficticio) para conseguirle a su padre un autógrafo del saxofonista Benny Golson, pero para su sorpresa, cuando aterriza en el aeropuerto, ni su pasaporte ni su visado son válidos. Su país ha sufrido un golpe de Estado y el nuevo gobierno no es reconocido. Viktor está encerrado en el aeropuerto.

Atrapado, tiene que hacer vida en la terminal hasta que su situación se resuelva. Al principio le cuesta hacerse con la rutina del día a día, ya que dormir, asearse, comer y pasar el tiempo no son tareas que se puedan llevar a cabo fácilmente dentro de un aeropuerto. Durante su estancia el protagonista entablará amistad con algunos empleados que, conmovidos por su bondad, hacen su estancia más fácil y le ayudan a aligerar los trámites para que se legalice cuanto antes su situación y pueda abandonar la terminal que se ha convertido casi en un hogar para Viktor.


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