Porvenir: miedo y recarga laboral alejan a mujeres de controles de salud

En la comunidad pandina las mujeres suelen dejar de acudir a recoger sus pruebas por falta de tiempo, ellas suelen tener hasta tres trabajos. El cáncer es una de las preocupaciones de la zona.

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La Paz - viernes, 13 de mayo de 2022 - 5:00

Patricia llegó corriendo al Centro de Salud de Porvenir (Cobija). Entró al consultorio con su niño en brazos y pidió que se le haga un examen de Papanicolau. Esta prueba es la más importante para determinar si una mujer tiene cáncer, o no, en el cuello uterino. “¿Tienes tus resultados del año pasado?”, consultó Marcel Kruger, la ginecóloga. “No”, respondió la mujer de 30 años.

Ella no conocía sus resultados porque no volvió al centro de salud, como le pidieron que hiciera 15 días luego de la toma de muestras. En ese momento Kruger no se sorprendió ni molestó porque no era la primera vez que ocurría. “Es como haberse hecho los estudios en vano. Esto pasa muy a menudo, por eso tratamos de guardar los archivos lo mejor que podemos. Creo que, como son muchos días de espera, ya no vienen porque están muy ocupadas”, explica la doctora.

Para Gladis Fariña, que está sentada en la puerta del consultorio mientras la ginecóloga conversa con Página Siete, las mujeres no vuelven por los resultados porque tienen miedo. “Si tengo cáncer, ¿qué va ser de mi vida, de mis hijos?, eso nos preguntamos y por el miedo a conocer un resultado malo para nosotras entonces alguna no volvemos. Mientras no sabes la verdad es como que no doliera”, comenta quien fuera por más de dos décadas una líder indígena de la región.

Las instituciones que apoyan las campañas de detección de cáncer de mama y de cuello uterino suelen motivar la asistencia de las mujeres con algunos incentivos, aquello se recibe de buen agrado porque en Porvenir viven familias de escasos recursos. Entregan desde ralladores de metal y bañadores de plástico hasta calendarios, cuadernos y bolígrafos. Por ejemplo, la entidad financiera Crecer ofreció poleras durante una campaña de salud en Porvenir. Esta entidad tiene un programa de responsabilidad social que vela por el bienestar de las mujeres.

En resumidas cuentas, si cada día van hasta cuatro mujeres por sus análisis al centro médico, ese fin de semana, 25 y 26 de marzo, se alcanzó la cifra de 23 mujeres... un récord.

Contrarreloj: sin tiempo para el descanso y tampoco para la salud

A las orillas del río Tahuamanu, en Porvenir, el olor de la comida es tentador. Las mujeres que venden son cocineras y pescadoras a la vez. Este municipio intermedio está ubicado a 30 kilómetros de la capital pandina y tiene 12.000 habitantes, aproximadamente.

Ellas son el pilar de la economía de los hogares. Es el caso de Magdalena López Aguilera, que vende pescados hace 10 años y también es maestra de primaria. Las 88 horas de trabajo en aula ya no fueron suficientes cuando falleció su esposo y toda la responsabilidad de los tres hijos recayó sobre sus espaldas.

De lunes a viernes continúa trabajando como maestra y los fines de semana vende chicharrón de paiche, surubí, sudado de pescado y otras delicias. “Somos mujeres muy sencillas, humildes y trabajadoras porque tenemos que serlo”, indica mientras su restaurante se llena de clientes y las tres ayudantes van pidiendo las órdenes de comida. Por un momento parecen hormigas trabajadoras. “Son madres y mujeres proveedoras, tienen que serlo porque no hay otra solución”, explica Fariña.

“Yo me hago mis controles de salud, pero a veces da un poquito de vergüenza y la verdad es mejor que vengan mujeres médicas. Otra cosa, yo no me pude hacer el examen de mama porque no hay los equipos”, lamenta. Magdalena asegura que los bingos, rifas y ferias han dado resultados porque vio a muchas mujeres llegar para hacerse los controles médicos. “Antes no se escuchaba del cáncer y ahora apareció mucho y más que todo las mujeres”, sentencia.

La jornada de la multifacética mujer es una carrera de obstáculos. Vencer al sueño de la madrugada no es problema, pero sí cuando las fuerzas físicas no le permiten llevar todos los insumos desde su casa, en el ingreso del poblado, hasta las orillas del río donde está su restaurante al aire libre. “Sin tiempo andamos, pero para trabajar siempre tiene que haber tiempo porque yo creo que de aquí no nos vamos a cambiar y mi sueño es que mis hijos crezcan bien y sean profesionales”, expresa.

Ni Magdalena ni ninguna de nuestras entrevistadas tiene un dato certero, pero los análisis de uso de tiempo indican que las mujeres dedican hasta 13 horas al día trabajando en tareas de cuidado. Incluso enfermas, muchas no dejan de hacerse cargo del cuidado de los menores de edad y personas adultas mayores de un hogar.

El jefe de turno del único centro médico del municipio es el doctor Juan Carlos Suárez Rodríguez. Él contó a este medio que tienen un consultorio de planificación familiar para explicar las opciones de métodos anticonceptivos.

“El fin de semana tuvimos una feria para la prevención de cáncer cérvico uterino y todo el personal salió a informar a las mujeres porque es importante no descuidar su salud”, cuenta el doctor cruceño que llegó allí hace 11 años.

Para el galeno es cierto que hay mucho temor a conocer resultados positivos a cáncer, pero también ve que la distancia entre las comunidades es un obstáculo con el cual es difícil lidiar. “Este es un municipio alejado de la capital y hay personas en comunidades más alejadas todavía que tienen familias numerosas y desde muy jóvenes. Llueve y las carreteras son de tierra. Llegan y ya están mal”, detalla.

En este centro de primer nivel trabajan ocho médicos, uno está de vacación. En enfermería son 24 enfermeras que se dividen labores en tres turnos. El hospital de segundo nivel más cercano está en Cobija y el de tercer nivel, con todas las especialidades médicas, es el Hospital Messuti, que fue habilitado solo para atender a pacientes con coronavirus.

Sin datos precisos

Bolivia siempre ha tenido problemas de datos y en el tema de cáncer no existe un registro oficial. La Organización Mundial de la Salud calcula que cada año son aproximadamente 16.000 nuevos casos. El cáncer de cuello uterino, de próstata, de mama y de útero son los más frecuentes en las bolivianas. En tanto que lo más común entre los hombres es el cáncer de próstata.

Entre las políticas de salud se incluye la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) y los exámenes de detección de la enfermedad. En experiencia del doctor Suárez, las mujeres además de estos males también enferman por infecciones urinarias.

“Somos una zona endémica de fiebre tifoidea hay problemas por la contaminación del agua. Vemos casos de salmonela, malaria y dengue”, cuenta el médico. Una de las enfermeras que pide guardar su nombre en reserva relata que “cuando hay campañas de salud la mujer se siente más motivada y cada centro manda anuncios que las animan. Una va y le dice a otra, le avisa a su amiga y les recomiendan: ‘qué tal que tienes una bolita o algo y les dices que se hagan ver’”.

No siempre son malas noticias. La ginecóloga cuenta que aquella paciente de 30 años (Patricia) que se hizo nuevamente Papanicolau tuvo resultados negativos al cáncer. La mujer se fue... y vaya a saberse cuándo volverán a verla.

Esta investigación, parte de una serie de reportajes, fue realizada con el apoyo del fondo concursable de la Fundación Para el Periodismo (FPP) en el marco del proyecto Vida Sin Violencia, un proyecto de la Cooperación Suiza en Bolivia en alianza con la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (ASDI), implementado por Solidar Suiza.

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